Jose Antonio Errejón/Rebelión
1. El significado de la reforma.
La Reforma Laboral aprobada por RD ley 3/2012, de 10 de febrero es una medida de un gobierno intervenido por la troika en nombre de los acreedores del Estado español y orientada a ofrecer garantías para conseguir la suavización de las exigencias de déficit. Es claro que Rajoy buscaba el aplauso de las instituciones comunitarias y, sobre todo, de Merkel, para hacerse merecedor de un trato de benevolencia de cara a suavizar las condiciones e cumplimiento de los objetivos de déficit para 2012 y 2013. Es asimismo claro a estas alturas que nadie espera que la reforma pueda crear empleo ni aún de la peor calidad, al menos no en el corto plazo, que se supone que es la razón por la que invocando el art 86º de la Constitución, se ha tramitado como RD ley.
Yo creo que es ya un valor admitido que con un despido más barato, los empresarios van a despedir más, que con posibilidad de modificar condiciones sustanciales como los salarios, van abajar los salarios y que todo ello va a repercutir en una nueva contracción del consumo y la demanda que va a llevar a más cierres de empresas y a más desempleo, alimentando un poco más el círculo vicioso en el que se encuentra la economía española, el verdadero causante de su gravísima situación, el que hace que las agencias de calificación, después de reclamar la austeridad para reducir el déficit y pagar los préstamos, clame ahora contra la debilidad económica 1ue impedirá devolver lo prestado.
Y creo también que el PP, la CEOE, los grandes bancos, las clases dominantes lo saben mejor que nadie, que no se trata de un absurdo empecinamiento de un grupo de dogmáticos neoliberales. Creo que las clases dominantes españolas han entrado en este envite no para hacer una reforma laboral sino para ganar una importante batalla política, una batalla más ó menos larvada en las últimas décadas que forma parte de una guerra sin cuartel, la guerra contra la gente trabajadora y el pueblo, una guerra vivida durante casi medio siglo bajo una cruel dictadura y luego aletargada en el régimen constitucional y que, cuando este entra en crisis, reverdece con toda su violencia. Una guerra para la que la crisis de las deudas soberanas y del euro ofrece una ventana de oportunidad.
Es imprescindible subrayar esta naturaleza. Algunos progresistas bienintencionados albergan la esperanza de recuperar un escenario de crecimiento en el que haga posible la restauración del pacto social, mediante las políticas expansivas de la demanda que junto al estímulo al consumo, fomenten la economía productiva que permita, a medio y largo plazo, incrementar los ingresos públicos y, con ellos, reducir el déficit y el endeudamiento. Sobre esta base es posible, según ellos, alcanzar un compromiso con el sector sano de los emprendedores deseosos de encontrar financiación para sus proyectos de inversión generadores de riqueza auténtica y de puestos de trabajo. Parece como si disponer de capitalistas “productivos” ó “especuladores” fuera producto de una elección personal ó de la ideología, cuando no de la excesiva influencia de los economistas neoliberales en la creación del sentido común de la época (¿y como lo alcanzaron?)
Me recuerdan estos argumentos los también bienintencionados con el que la gente del PCE defendía la existencia de una burguesía progresista con la que formalizar el Pacto por la Libertad que debería poner fin a la Dictadura franquista; y sus resultados prácticos- me temo- pueden correr la misma suerte
El objetivo último de esta contrarreforma laboral forma parte de un proyecto de derrota histórica sobre el mundo del trabajo para asentar un modelo de acumulación basado en:
El abaratamiento del despido como forma de aligera los costes de explotación en circunstancias adversas.
La destrucción progresiva de los derechos laborales y hasta de la existencia misma del Derecho del Trabajo, de las instituciones de defensa y protección de los trabajadores y de los más desfavorecidos. La brutal reducción de salarios para obtener excedentes y beneficios no por la vía de aumentar la productividad sino por la del aumento de la explotación.
Un modelo de acumulación basado en el aumento de la explotación absoluta, en la liquidación de las instituciones y mecanismos de defensa de los trabajadores, en la reducción de los costes salariales y el descenso del peso del consumo obrero en el total de la demanda. Ninguna intención, pues, de sostener el diálogo social y la concertación entre las organizaciones patronales y las sindicales como instituciones centrales en el régimen del 78.
En esta batalla, como ha dicho Baylos, la derecha “confisca espacios decisivos de poder contractual colectivo”, asalta instituciones y ámbitos nucleares del pacto social que soportó la Constitución del 78, preparándose a atacar alguna de las más odiadas como el papel asignado a los sindicatos ó las posibilidades nunca cumplidas de los artículos 128º y 131º.
2. La respuesta debe ser firme y meditada
Forjar la más amplia unidad entre la gente de abajo, evitar enfrentamientos innecesarios respetando los puntos de vista y las posiciones de los demás, buscando los puntos de unión en la defensa de los derechos sociales y ciudadanos. Este es un tiempo difícil, en el que desde el campo popular se deberán desplegar el máximo de energía, inteligencia y capacidad para forjar amplias alianzas. Los sindicatos de trabajadores deben formar en la vanguardia pero esta no es exclusivamente su pelea. Es la pelea de cuantos vivimos de un salario, de cuantos estudiamos y trabajamos, e cuantos entendemos el vivir en sociedad como una tensión de solidaridad y cooperación más que de rivalidad y competencia. Es una lucha por la ciudadanía y la democracia, ambas amenazadas por la ofensiva de los poderes políticos y económicos, que pretenden abrir una nueva era de sojuzgamiento y postración colectiva, que proponen a los pueblos la sumisión como la forma más indolora de sobrevivir bajo su puño de hierro.
Todos las personificaciones del trabajo y la cooperación, individuales y colectivas, están comprometidas en esta lucha. Entre ellas y en lugar destacado, esa magnífica expresión de dignidad y ciudadanía que ha brotado de lo más profundo de la sociedad y que llamamos 15m ó movimiento de los indignados. Para volver a situarse en la vanguardia de la ciudadanía libre, para que la energía de los jóvenes y no tan jóvenes que lo integran vuelva a enardecer con su generosidad las ansias de libertad y justicia de nuestro pueblo
Pero esta es una lucha que va a ser larga y dura y el enemigo (sí, el enemigo) está en una situación de ventaja y dispone del apoyo, siquiera sea pasivo, de lo más débil y vacilante de la gente de abajo. Por eso estamos obligados a economizar esfuerzos, a proteger nuestras organizaciones, a no facilitar la labor represiva y desorganizadora del Estado y los medios de comunicación afines al PP.
Y tenemos que ser inteligentes en el uso de nuestros medios.“La fecha de la HG no la puede señalar Rajoy” ha dicho Toxo con acierto, ante las que más que evidente señales del Gobierno y la derecha mediática para provocar a los sindicatos a una convocatoria a todas luces prematura de la Huelga General, imitando la provocación de su maestra Thatcher a los mineros británicos en 1979 saldada con una derrota de la que aún no se ha recuperado el movimiento sindical.
La lucha contra la RL es una lucha defensiva que hay que ganar para:
- Demostrar que la lucha es rentable. Por décadas se ha asentado una cultura, un sentido común en el mundo del trabajo desvalorizador de la acción colectiva a favor de la acción delegada y la tendencia a la adaptación al mal menor.
- Combatir la cultura de la resignación y el sentido común de “tenemos que apretarnos todos el cinturón” entre los de abajo. Ideas ambas asociadas a otra ampliamente difundida pr todos los medios de producción de conciencia (sumisa),consistente en afirmar que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y ahora nos toca un esfuerzo solidario para salir todos juntos de la crisis.
- Recuperar a toda una generación, entre 20 y 30 años, condenada por el capitalismo y el PP a errar por la vida como una “generación excedente” para que se incorpore a la vida activa de la única manera que tiene algún sentido humano, luchando contra su destrucción individual y colectiva. Algunos países han pagado con cercees la pérdida de sus generaciones más jóvenes.
- Renovar sustancialmente la acción sindical y las formas del conflicto, así como las formas de identidad colectiva en el mundo del trabajo. Entre las medidas que hay que abordar en este apartado, es urgente acometer una reforma de la normativa sobre negociación colectiva para incorporar, de alguna manera, un cuadro básico(=mínimo) de derechos para el conjunto de trabajadores de empresas en las que se externalizan determinadas partes de la actividad de la empresa madre ó principal. Se trata de frenar la degradación de derechos y la destrucción de tejido sindical consecuencia de los agudos procesos de externalización en las grandes empresas y el sector público. En este último serviría, además, para anular los argumentos de los pretendidos menores costes de la externalización, que suelen ser utilizados para la posterior privatización de los servicios públicos .
- Aún de carácter defensivo, la acción sindical no puede volver, como si nada hubiera pasado a los apacibles tiempos del diálogo social. La negociación colectiva como fuente del Derecho laboral debe ser vista de una forma dialéctica, en un tiempo en el que las patronales apuestan decididamente por la destrucción de la capacidad contractual de los trabajadores.
- Que en el curso de la lucha se evidencie la condición inherente del daño que representa el capitalismo para los y las de abajo.
- Que en este mismo curso seamos capaces de descubrir e inventar formas e instrumentos que tengan además la condición de prefiguradoras de nuevas formas de sociabilidad no capitalistas.
- Los anticapitalistas tenemos la responsabilidad de hacer llegar nuestra propuestas a los ámbitos de opinión más amplios entre la gente de abajo. Eso nos impone imprimir un ritmo más vivo a nuestra práctica política, nuestra línea de intervención no va a surgir de largos y pausados períodos de reflexión y debate. O, mejor, las tareas de reflexión y debate forman parte indistinguible, desde ahora, de la propia intervención en las luchas contra el capitalismo realmente actuante, contra el Gobierno y sus políticas.
- Nuestro campo no es tan angosto como el que a veces, dejándonos llevar por el pesimismo, tendemos a creer. Pero es verdad que las organizaciones en que nos encuadramos están muy divididas, con frecuencia por motivos que exceden/ajenos a la realidad presente de la lucha de clases en nuestro país. Nunca ha estado menos justificado el sectarismo que en nuestros días. Nuestras diferencias, que existen y no podemos ignorarlas tiene que ver, con frecuencia, con la complejidad de la época que nos ha tocado vivir, y con los diferentes enfoques y experiencias que hemos vivido cada uno. Pero una realidad amenazante, la de una guerra desatada por un enemigo dispuesto a infligirnos una derrota sin precedentes os obliga a encontrar las razones de nuestra unidad con toda urgencia. Muchos de nuestros análisis se han quedado viejos pero la evolución presente del capitalismo actualiza con intensidad impensada las ideas esenciales que durante siglos han alimentado la fuerza y combatividad del movimiento obrero.
3. Epílogo
Las manifestaciones que el pasado domingo han recorrido las principales ciudades del país parecen haber sido un éxito de asistencia que anima a pensar que existe en la sociedad una reserva de energía y disposición para enfrentar esta agresión del Gobierno y la patronal. De cara a los cálculos para la convocatoria de la Huelga General habrá que considerar la diferencia entre una y otra forma de protesta, teniendo en cuenta los temores que para el ejercicio de la huelga están propagando los medios afines al Gobierno. En tal sentido no debiera fijarse toda la atención en la convocatoria a fecha fija de la HG. El PP tiene todo un año por delante en el que es difícil pueda recoger otros frutos de sus políticas que no sean una acentuación d la recesión económica con más paro y mayor caída en el consumo. El efecto de las subidas en el IRPF se verá en el mes de junio y para entonces el PP carece de ningún conejo que pueda sacar de la chistera y distraer la mala leche que se va a desatar entre la gente afectada. Es verdad que es un plazo muy largo y se corre el riesgo de diluir las ganas de luchar del personal. Hay que considera asimismo los efectos desmovilizadores derivados de la propia aplicación de la reforma, el miedo a sus efectos una vez se haya visualizado el tremendo poder que ha puesto en manos de los empresarios.
Estos efectos, que no pueden ser desdeñados, pueden sin embargo ser contrarrestados si se acomete desde ahora un plan de movilizaciones (y movilizaciones no debe ser entendido siempre como manifestaciones) que tenga como eje principal de actuación una campaña de explicaciones sobre la contrarreforma, combinada ó complementada con campañas destinadas a poner de relieve los efectos de las políticas privatizadoras especialmente en sanidad y educación sobre los de abajo, de tal manera que cuando se lance la convocatoria de HG, haya todo un bloque social de colchón para los huelguistas que apoyen su acción de paralización productiva.
Probablemente la estrategia de las direcciones sindicales no coincida con este planteamiento, porque su opción preferente es conseguir sentar al Gobierno a negociar aspectos determinados de la reforma (negociación colectiva, reforzamiento de uso papel consultivo en los supuestos de extinción de contrato y movilidad geográfica y funcional y en general en la apreciación de las circunstancias de “dificultades económicas”, etc) dando otros por amortizados como los asociados a las reducciones salariales sea por cláusulas de descuelgue ó por otras. Es este un formato de HG similar a los que se han venido haciendo en los últimos años, una huelga de presión con el objetivo puesto en la mesa d negociación, asociada al propio calendario de convalidación legislativa de la reforma. Es un formato que ha funcionado otras veces-parcialmente, en el 2002-que requiere de algún punto de coincidencia de intereses con el Gobierno- p.ej.el temor de este a una caída del consumo y un incremento de las cifras del paro-, junto con una oposición parlamentaria que pueda apoyar esta presión al Gobierno para negociar
Ninguna de estas condiciones parece darse en el momento actual. El Gobierno parece haber descontado los efectos de la recesión y el aumento del aumento del paro y el descenso del consumo que va a producir en el corto plazo esta reforma. Y, al contrario, parece convencido, porque así lo repite machaconamente la prensa de derechas, que los recortes en derechos laborales, vestidos como leña a los sindicatos, cotizan bien en el mercado electoral del que extrae sus apoyos
Por lo demás, ya ha acotado su margen de negociación, estrictamente limitado a “mejoras técnicas” que en ningún caso podrán afectar al corazón de la reforma. Es este un envite estratégico en el que el gobierno del PP está actuando como el partido de todo el mundo de los negocios, una parte de los cuales, por cierto, le reprocha no haber ido más lejos p. ej. reduciendo las prestaciones por desempleo ó reduciendo el plazo de ultraactividad de los convenios. La totalidad de la clase empresarial, incluyendo la mayoría de los autónomos, ha visto una oportunidad histórica de operar una mutación sustancial en las relaciones laborales- incluyendo los tan odiados sindicatos y derechos laborales- y no es fácil que la vayan a dejar pasar, contando con ese poderos aliado que es el miedo existente entre la gente trabajadora de que la cosa pueda ir “aún peor” si se plantea la menor resistencia.
De modo que este lance se va a plantear a “cara de perro”. Las direcciones sindicales deben entender que el viento ha cambiado y que algunos ámbitos en los que tradicionalmente han cosechado algunos apoyos, ó están desactivados ó no están dispuestos a dar esos apoyos mientras que la rentabilidad de los mismos no presente un perfil más nítido. No tienen otro remedio que mirar a su lado, a lo que ocurre en el mundo de los movimientos sociales y ciudadanos, a los que durante tanto tiempo han vuelto la espalda. Mirar las grandes movilizaciones que se han producido y están produciendo en la defensa de los servicios públicos y contra su degradación, como la “marea verde” en defensa de la educación pública ó la lucha contra la privatización del canal de Isabel II en Madrid, en las que muchos de sus afiliados están trabajando codo con codo con las gentes el 15M
O simplemente advertir de dónde les ha venido el principal y más combativo apoyo del que gozaron el domingo pasado, cómo ha sido posible que miles de personas que no están afiliadas a sindicato alguno no han dudado en sumarse a estas manifestaciones, incluso desde una actitud crítica con las políticas sindicales, porque han entendido que esa era su lucha, la lucha de todos.
Desde el 15 de mayo del pasado año, las calles y plazas de las principales ciudades se han poblado de una especie de vitalidad colectiva y ciudadana como o se veía desde los tiempos de la transición. Es en las calles y en las plazas dónde hay que dar, también, la pelea contra esta contarreforma laboral. El día de la huelga general las calles y las plazas tienen que estar llenas de gente afirmando los derechos de la ciudadanía contra la imposición de la contrarreforma laboral por esta casta financiera
De lo más profundo de la sociedad civil están emergiendo fuerzas e renovación de las prácticas y los contenidos del hacer colectivo. Una crisis tan profunda como la que vive la sociedad española puede ser una ocasión histórica para que afloren estas fuerzas de renovación y no se marchiten de forma prematura, si otras fuerzas y movimientos sociales ya institucionalizados las prestan su concurso para aplicar de forma eficaz la energía y la capacidad de cambio de la que son portadoras.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
Izquierda Anticapitalista




