corriente alterna nº 2
un papelón rojo, verde y violeta
La lucha por las 35 horas y la política de tiempos
Albert Recio, Espai Roig, verd i violeta
| Con acentos diversos, va ganando fuerza
la lucha por reducir la jornada a 35 horas semanales y
combatir las horas-extra. Hay que celebrar está situación
aunque los planteamientos que se realizan difieren en las
propuestas concretas, por cuanto lo más importante es
que se empiece a situar un campo de debate y confrontación
que posibilita la apertura de nuevos espacios de
intervención. Aunque la corriente principal plantea la reducción de jornada como una medida de lucha contra el paro, en todas las discusiones aparecen también referencias a las condiciones de vida y trabajo de la población. Y es en esta doble faceta donde las corrientes alternativas debemos ser capaces de abrir un debate social de mayor calado. Como medida exclusiva para reducir el desempleo la reducción de jornada tendrá efectos limitados: los aumentos de productividad o la persistencia de las horas-extra pueden reducir sus afectos. Sin contar con la resistencia empresarial a una medida que entienden ataca sus costes y su bolsillo. Traducir en empleos las reducciones de tiempos de trabajo exige no sólo la existencia de una ley, sino también capacidad de negociar empresa por empresa una reorganización de la actividad que promueva el empleo. Exige crear una presión social y articular unas medidas que reduzcan el riesgo de desinversiones. Exige desarrollar políticas públicas de formación laboral para evitar "cuellos de botella" para garantizar que los puestos de trabajo creados tienen quien los puede ocupar. Y exigen una política sensata par evitar que la reducción de jornada en el sector publico no se traduzca en deterioro del servicio. La cuestión de las horas extra es aun más compleja. Hoy trabajan mucho los empleados y técnicos de niveles más elevados y las personas empleadas en pymes y empresas de servicios. Repartir el empleo en el primer caso sólo será posible si se quiebra con la estructura jerárquica, los sistemas de promoción autoritaria y la cultura meritocrática que dominan estas áreas. En el segundo se trata básicamente de luchar contra la ausencia de poder y los bajos salarios que caracterizan a estos empleos. Una lucha seria por una jornada laboral justa exige por tanto no solo la movilización en torno a una ley de 35 horas, también una actuación continuada de presión y negociación para entrar en el núcleo duro del poder empresarial: el de la organización de la producción. Alcanzar estos objetivos requiere por tanto una movilización social continuada. Y esta sólo es posible si la gente encuentra un sentido a su lucha. Las 35 horas plantean al mismo tiempo la necesidad y la oportunidad de discutir de cuestiones más amplias que sitúen la demanda en un contexto social más amplio y ayuden a invertir la dependencia cultural del trabajo asalariado bajo control capitalista. Por ello debemos situar la jornada de trabajo en relación a diversas cuestiones: - Una jornada laboral compatible con la actividad reproductiva, exigiendo que la organización de las actividades sociales permita a todo el mundo satisfacer necesidades básicas, socialmente discutidas, que requieren recursos y tiempo - Una jornada laboral que permite el desarrollo personal de las personas, su participación en la vida política y social, su formación continuada y su vida de relaciones personales - Una jornada laboral asociada a una actividad productiva ecológicamente razonable, que requiere una reducción de las producciones indeseables y que debe orientarse hacia modelos de vida menos consumistas y más orientados a modelos de consumo responsables y formas de vida más relacionales. - Un replanteamiento de los tiempos de hombres y mujeres que no sólo se plantee el reparto de las actividades mercantiles y no mercantiles, sino que considere las posibilidades de convertir en servicios públicos algunas actividades reproductivas que hoy recaen sobre la esfera familiar (y sobre las mujeres en particular) - Una política de tiempos que parta de una voluntad igualitaria, en cuanto al reparto del esfuerzo laboral, y que considere que las horas no son idénticas: los trabajos nocturnos, festivos, los turnos afectan a la salud y la vida personal. Una política de tiempos debe plantearse con soluciones compensatorias y jornadas desiguales para las actividades menos deseables socialmente. - Una política de tiempos es, es definitiva un camino para discutir nuestro sistema de producción y de organización de la vida. |