El desenlace final de las elecciones locales y autonómicas y la crisis abierta en la Asamblea de Madrid han revelado los límites tanto del desgaste sufrido por el gobierno de Aznar como del relativo ascenso del conjunto de las fuerzas de izquierda, ya que ni aquél ha sido desplazado de sus parcelas fundamentales de poder ni el PSOE ha podido resistir a la primera prueba de esa "otra forma de ser, otra forma de gobernar" que predicaba. Sólo en Euskadi se comprueba de nuevo la incapacidad de PP y PSOE para reducir los apoyos a las fuerzas partidarias de la libre autodeterminación de la sociedad vasca, incluidas las reciente e injustamente ilegalizadas.
Nos encontramos, por tanto, ante un escenario en el que es previsible la continuidad en su ofensiva por parte del gobierno del PP en todos los planos (incluido, como acabamos de ver, el religioso) y sin que los movimientos sociales puedan contar con mayores facilidades para proseguir con la misma intensidad un ciclo de luchas que tuvo su máxima expresión en la jornada del 15-F.
Varias son las interpretaciones que han ido apareciendo sobre los resultados electorales: el peso de los dos decenios de neoliberalismo, la distancia tradicional entre la movilización en la calle y su reflejo en las urnas debido a las diferentes motivaciones que influyen en el comportamiento electoral -con mayor razón en unas elecciones en las que no estaba en juego la cuestión del gobierno central-, el hecho de que el momento "caliente" de la guerra de Iraq hubiera pasado, o los nuevos "miedos" difundidos por el poder, ya sea contra la "inseguridad ciudadana", la inmigración o el "terrorismo" y el "separatismo". Pero no podemos olvidar tampoco el hecho de que, pese a que fuerzas como el PSOE hayan participado en las movilizaciones contra la guerra, ni éste ni otros partidos aparecían como alternativas opuestas a las políticas que desarrolla el PP en muchos terrenos y esto ha podido influir también en una parte del electorado que no encontraba diferencias sustanciales entre unos y otros partidos. Probablemente IU y otras organizaciones y candidaturas de ámbito nacional y local (además de un voto en blanco nada despreciable en determinados lugares) han sido las que han recogido el apoyo de los sectores más activos y alternativos de los movimientos sociales en su voluntad de infringir al PP un voto de castigo desde "la izquierda de la izquierda", junto con muchas gentes que hoy se encuentran desconcertadas tanto frente a los resultados globales como ante el escándalo de corrupción en el seno del grupo parlamentario del PSOE en Madrid.
Esa sensación de frustración participativa en el plano electoral contrasta sin embargo con el entusiasmo colectivo que se vivió en las movilizaciones contra el Plan Hidrológico, el "Prestige" y, sobre todo, la guerra, y que contribuyó a una repolitización ciudadana y a la entrada en política de una nueva generación. Existe ahora el riesgo de que esa experiencia tan rica en construcción de redes y en socialización de valores, formas de organización y de lucha en las que la imaginación creativa y la innovación se han manifestado por tantas partes, se vea desperdiciada tanto por los efectos que pueda tener la constatación de la capacidad de resistencia de la derecha política y social como por el retorno al primer plano de la corrupción y de la creciente influencia de los grupos de presión empresariales, dispuestos a impedir cualquier freno a su insaciable afán de lucro, en particular en el negocio inmobiliario y urbanístico en donde el "dinero negro" se mueve con creciente libertad.
Ni hemos entrado, por consiguiente, en un nuevo ciclo político ni el PSOE parece estar en condiciones de ganar las próximas elecciones generales a un PP dispuesto, además, a explotar al máximo cualquier debilidad de sus adversarios y a seguir buscando la confrontación con la mayoría de la sociedad vasca, a sabiendas de que cuenta con la colaboración -o la oposición timorata en el mejor de los casos- de la izquierda parlamentaria española y de la "opinión publicada" en su intento de imponer un verdadero estado de excepción en Euskadi.
La posibilidad o no de poner un freno a ese proyecto de consolidación de un régimen que recuerda cada vez más al "tardofranquismo" -aunque en casos como el de la Religión llegue en el ámbito escolar a ser todavía peor- y que se apoya en el nuevo orden geopolítico global diseñado por Bush junior, basado en la guerra permanente, el desmantelamiento de los derechos sociales y bienes públicos y el recorte creciente de libertades básicas, depende de nuevo y cada vez más de que seamos capaces de reforzar las redes, colectivos y organizaciones que se han ido desarrollando en los últimos años en el marco de ese "movimiento de movimientos" que tiene en la Cumbre de la OMC en Cancún de septiembre y en el Foro Social Europeo de noviembre en París sus dos citas más centrales y próximas. La izquierda alternativa presente en ayuntamientos y parlamentos autonómicos debería contribuir a la construcción de ese movimiento, fomentando en su ámbito respectivo la mayor democracia participativa posible y las mejores vías de convergencia en la lucha común contra el gobierno de la derecha y los nuevos planes neoliberales y militaristas de Bush y, ahora más claramente si cabe y pese a sus tensiones internas, de la Unión Europea (en donde se nos quiere imponer un proyecto de Constitución que, entre otros aspectos, legitima la OTAN, ignora a los pueblos y a la ciudadanía como protagonistas y apuesta por la "Europa fortaleza" y la cooperación militar "antiterrorista").
Pero la experiencia de la Asamblea de Madrid confirma también la urgencia de ofrecer la posibilidad de otra política y otra forma de hacerla, alejándolas ambas tanto de la adaptación a las constricciones neoliberales y autoritarias de este régimen y de los "poderes fácticos" como de las tendencias a la reproducción de las elites políticas que se dan en todos los partidos, incluidos los de izquierda. Sin la ruptura con todo esto no será posible ninguna regeneración de la izquierda y será más fácil que se extienda el rechazo a "la política" por parte de muchas gentes que quieren seguir luchando contra el estado actual de las cosas. Espacio Alternativo se esforzará por contribuir a esa tarea mediante la configuración progresiva de un polo anticapitalista y alternativo.
Tenemos por delante una dura y difícil tarea de hacer recobrar la confianza en sus fuerzas a quienes participaron en el más intenso ciclo de luchas vivido desde el comienzo de la transición política, con el fin de seguir oponiendo al resultado de las urnas la denuncia y la deslegitimación de las políticas de este gobierno así como propuestas alternativas basadas en la búsqueda de una solución dialogada al conflicto vasco, la defensa de los servicios públicos, las pensiones y las libertades básicas y la lucha por otra Europa, una Europa que parta del derecho a la ciudadanía de toda persona residente en su territorio y de la libre unión de los pueblos que la forman, y otro mundo justo, sin guerras y habitable.
23 de junio de 2003-06-23 / Espacio Alternativo