Crónica de un aviso de bomba que no fue
 

Dinosiso Ramos, Gerente General, junto con miembros de seguridad de la Universidad Complutense, desalojan la Facultad e intentan impedir el encierro programado

La Asamblea de Estudiantes de Ciencias de la Información y la Coordinadora de Asambleas de Escuela y Facultades (CAEF) habían programado para las 21:00 horas el inicio de un encierro para manifestar su rechazo a la Ley de Extranjería y "expresar su solidaridad con los más desprotegidos". Pero a las 19 horas, cuando algunos estudiantes llegaban para pasar la noche y otros todavía estaban en clase, miembros del personal del centro universitario apagaron las luces y comenzaron a desalojar el edificio.

Kike Andrés/Madrid

Estudiantes y profesores no entendían nada. Los que iban al encierro dejaban sus pertenencias en la cafetería mientras se procedía al desalojo de todas las personas sitas en la Facultad bajos excusas contradictorias: un aviso de bomba, unas tuberías rotas, el inicio de una fumigación,... Como consecuencia unos dos mil estudiantes se encontraban en las puertas del edificio, sin comprender lo que pasaba. Al contrastar entre ellos lo sucedido aparecían las inconexas respuestas del personal de la Facultad y se extendió el rumor de que lo que se trataba era de impedir el encierro. Los estudiantes se agolpaban en la única puerta abierta del edificio, donde cinco mimbros de seguridad de la Complutense y Dionisio Ramos Martínez, Gerente General, mantenían bloqueado el acceso al recinto.

Miembros de la Asamblea de Estudiantes recorrían los 'corrillos' explicando la situación. Y mientras tanto la tensión en la puerta entre los estudiantes y los miembros de seguridad iba en aumento. Comenzaron entonces los gritos de "Al PP el fascismo se le ve", "Libertad de expresión", "Esta es nuestra casa, no nos podéis echar"... Se pedía la dimisión del rector de la Universidad Complutense, Rafael Puyol Antolín , y la del Decano, Fco. Javier Davara Rodríguez.

Una estudiante subió a un saliente de hormigón y leyó un comunicado de la Asamblea de Estudiantes: "Los órganos de Gobierno de la Universidad nos niegan los Derechos Fundamentales. El Rectorado está llevando a cabo una política represiva y dictatorial, vulnerando nuestros derechos de estudiantes, pero con su represión de corte franquista nos hacen más fuertes. ¡Venceremos!". Todos los estudiantes allí reunidos comenzaron a aplaudir y a vitorear a la improvisada oradora.

Un estudiante miembro de la Asociación George Orwell, discutía con los guardianes de la puerta. El universitario, Raúl Camargo, exclamaba: "Esto es una vergüenza. Esto es inadmisible, y no es la primera vez que se nos impide expresar nuestra opinión. El Rector Puyol es un pleistoceno franquista, y Dionisio Ramos ya nos echó una vez de su despacho diciendo que dábamos asco". La gente gritaba enfervorecida apoyando a su compañero.

El momento crítico se vivió cuando los miembros de seguridad de la Complutense intentaron cerrar la puerta de la Facultad. Los estudiantes se abalanzaron frenéticamente para impedirlo y uno de los vigilantes sacó la porra y la blandió ante los más osados. Comenzó un violento forcejeo entre universitarios y los de seguridad que llegaron a las manos. La gente golpeaba los ventanales violentamente. Afortunadamente la cosa se calmó en breve, accediendo a mantener abierta la polémica puerta.

La policía apareció un hora después, a las 20 horas, confirmando que no había peligro de bomba. Pero la gente no entendía como únicamente dos personas habían podido registrar todo el enorme edificio, sin ningún apoyo logístico, en algo menos de treinta minutos. Eso no se lo creía nadie.

El momento mágico de la noche sucedió cuando aparecieron las cámaras de Telemadrid. La televisión en este país lo puede todo. La gente subía el volumen de la protesta, chillando y coreando más consignas. Finalmente se permitió el acceso al recinto. Los estudiantes exigían explicaciones y una vez dentro, se acusó a los responsables de seguridad de querer evitar un encierro permitido por Elena Lowi, vicedecana, y alegando que se había permitido el acceso porque había llegado la televisión. Los ataques de unos y otros, reunidos en varios grupos, se fueron atenuando hasta que, el polémico y criticado Dionisio Ramos, abandonó la Facultad y se comenzaron los preparativos para acondicionar el encierro.

Finalmente nadie dio una explicación coherente. Nadie supo decir porque se había desalojado la Facultad. Evidentemente, nadie se creyó lo del aviso de bomba y mucho menos las otras justificaciones. En la mente de la gente quedó una sensación de intento de abortar su encierro. Un intento de represión. Que jugaron con algo tan serio como es un aviso de bomba y que el terrorismo no es algo con lo que se pueda trivializar. Pero los estudiantes ya están acostumbrados a tanto acto sin explicación, y desencantados con los altos mandos de la universidad, que se muestran cada vez menos receptivos con las peticiones y deseos de lo universitarios. Para variar, no se exigirán responsabilidades a nadie

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