Esto es desde luego recurrente, cada década nos toca a los/las aragoneses/as movilizarnos contra el trasvase y hacer de nuevo profesión de fe en el victimismo de los territorios interiores. Para cualquier observador extraño a este solar, este rasgo de la sociedad aragonesa no deja de ser pintoresco.
Y es que esta intermitencia en la movilización antitrasvasista, autonomista e identitaria no dejan de ser fruto, entre otras cosas de la incompetencia de nuestras elites políticas y de la clara voluntad de desmovilización y desarticulación de lo ciudadano que representan estas elites. ¿Cómo explicar sino, que debamos estar en esta lucha todavía y que ni siquiera el Gobierno de Aragón reconozca el conflicto interno que tiene? ¿Cuándo recibirá Marcelino Iglesias a los afectados por grandes embalses de los Pirineos?
En la historia más reciente, el éxito en la movilización en Aragón se ha traducido en exiguas victorias políticas y por ello nos vemos obligados hoy a enfrentar luchas que ya deberían estar superadas. Pongamos pues en el frente de esta movilización condiciones que nos garanticen la permanencia de la participación y el éxito de la sociedad civil. Pongamos en un lugar preeminente la democratización, descentralización en la gestión y aprovechamiento del agua. Hay que remover el escenario hidráulico y hacerlo compatible con un modelo de desarrollo sostenible, territorialmente equilibrado y democrático, pues solo así conseguiremos contener y abordar los conflictos futuros (que sin duda se producirán) con ámbitos de participación y decisión donde estén representados todos los intereses y culturas asociadas a la gestión del agua.
El nuevo Instituto Aragonés del Agua
es un paso en esa dirección y sin embargo servirá de poco
si no se consigue una democratización del organismo de cuenca: la
CHE, y su autonomía como organismo o se logra mayor cota de autogobierno
en esta materia. De todos modos el nuevo organismo como la junta de gobierno
de la CHE no hacen sino intentar filtrar la participación, más
para desactivarla que para incorporarla. Por ello sería importante
que las organizaciones que se reclaman de izquierda emplazaran al Gobierno
de Aragón a dotar de contenidos reales a ese instituto, así
como darle un carácter comarcal y no provincial (todos sabemos que
son las diputaciones provinciales y como se articulan las mayorías
en ellas). El nuevo instituto no debe ser en ningún caso el instrumento
del Gobierno de Aragón para abordar la privatización del
recurso sino para su socialización entendida esta desde todas las
perspectivas posibles: aprovechamiento, gestión, participación,
investigación, educación, concienciación...
Ni la montaña contra el llano, ni el maño/a contra la montaña.
La efervescencia mediática en torno al conflicto del agua ya comienza a producir sus nuevos tópicos, que son poco inocentes. Y las gentes que apoyamos, por decirlo así, la línea COAGRET, además del socorrido atributo de ser los del NO, también últimamente nos han disfrazado con otro traje que nos sienta bastante mal, el de buscar el enfrentamiento entre aragoneses.
El caso es que su propia fracaso como gobernantes y como hacedores de alternativas les llevaron al monumental engaño del Pacto del Agua en 1992 y felices se las prometían. Políticos de todo el espectro (salvo honrosas excepciones y no me refiero solo a los de la Chunta) se dedicaron entonces a envolverse en algo parecido a un irredentismo pantanero en busca de nichos de votos que engrosaran sus lealtades. Absortos en sus obligaciones y con su prepotencia habitual no fueron capaces de percibir el cambio cultural que se estaba produciendo en el pueblo de izquierdas aragonés, que siempre, bonachón él, se lamía sus heridas de derrotas pasadas y caminaba por donde le decían sus políticos de referencia.
Sin embargo en el Pirineo y en la Ibérica ya andaban escocidos hace mucho. Ni expropiaciones voluntarias, ni magos de la restitución son capaces de engañar ya esas gentes. Andaban revueltos y buscando un razonamiento que fuera capaz de incorporar argumentos que se derrotaran en su propio terreno a los economicistas y fríos razonamientos de la Administración y, de los gestores de empresas y, el mismo tiempo, representaran sus valores materiales y postmateriales de casa, supervivencia, cultura, país y memoria. Como bien indica Gaspar Mairal el único medio de abrir ese hueco era la lucha. Pero no la lucha contra llanos y regentes, con quienes se tiene una mano permanentemente tendida, sino una lucha para no quedar, una vez más, marginados cuando se toman decisiones que les afectan.
Esta lucha es por aumentar la base social democrática de la gestión del agua y eso también es para el llano. Quizás eso explique por que algunos dirigentes de los regantes se han quedado aislados a la hora de defender el Trasvase, pues aunque los sindicatos defiendan el Pacto del Agua, también los regantes quieren participar en la gestión y asumen un principio genérico de equilibrio territorial.
En Zaragoza la discusión está abierta y es ardua. Pero es patente la incorporación de colectivos y personas a la discusión desde un punto de vista de racionalidad y participación. A pesar de toda la dimensión rural de la simbología del agua, es en Zaragoza donde se debe hacer un poderoso esfuerzo para ampliar la base social de la Nueva Cultura del Agua y existe una sensibilidad social bien patente en este sentido –campañas de Ecología y Desarrollo- como de cualquier reivindicación ecologista ampliamente difundía –residuos, ILP de Energías Limpias, Rubiattron, etc. -. Enfrente están, no lo olvidemos, poderosas coaliciones de intereses y con poderosos medios de comunicación y políticos, pero, no es menos cierto, que el desbordamiento en las movilizaciones es para esos órganos políticos y mediáticos un importante toque de atención. La imagen, muchos la conocerán, los políticos aragoneses están a punto de caer de una rama rota y piden ayuda, el pueblo de izquierdas les grita a sus políticos: Habéis estado serrando la rama que os sostenía en el árbol que plantamos entre todos ¿y ahora nos pedís ayuda?...
Existen bases para hablar directamente entre aragoneses (también en toda la cuenca) y sin demasiadas mediaciones.
Para qué sirve la Lucha
Aunque el mundo se acabara mañana y ya careciera de importancia ni pantanos ni nada, esta lucho como tras habría servido. Es importante comprender el mundo y tratar de reducir la vorágine de la realidad a lo comprensible y solucionable. El único modo generar realidades alternativas es practicándolas de un modo insumiso. Para detener el trasvase y sus tremendas consecuencias ambientales en el Pirineo hay que crear una realidad en Aragón y en la Cuenca del Ebro incompatible con ese proyecto desde todas sus perspectivas social, cultural, política... y eso significa tomar la responsabilidad de nuestro destino colectivo y también el individual, es madurar como colectivo y contemplar la vida de tú a tú y donde digo vida puedo decir historia. Son palabras demasiado grandes y que suenan: o sensibleras, o demagógicas, pero al plantearme la pregunta son las que han surgido.
Lo que yo quería decir, es que en esta lucha ya se han dado muchos pasos adelante y algunos atrás, pero la perspectiva de mayor victoria es que demuestra y demostrara que la lucha renta.
Y mañana más
Cuando acabo de escribir este texto, unas 600.000
personas de toda la cuenca se han movilizado en un proceso complejo con
diferentes referentes y propuestas. Desde el paro del Pirineo contra los
grandes embalses (paro total en las comarcas pirenaicas ignorado en la
prensa llamada nacional), sacado adelante a pesar de burocracias sindicales
y partidistas, hasta la manifestación nacional del 8 de Octubre
(400.000 manifestantes) donde Aragón salió a la calle para
reconstruir su identidad compleja, moderna y por lo tanto conflictiva,
recuperando su voluntad de ser: "un pueblo de agua en un seco país",
pasando por las mas de 120.000 personas de la cuenca del Ebro que se fundieron
en un Abrazo al Ebro en Zaragoza, expresando su rechazo al PHN y al Trasvase,
reclamando un desarrollo sostenible y territorialmente equilibrado y por
la masiva contestación en les Terres del’Ebrecon una movilización
de 20.000 personas en Tortosa (ignorada también por esa prensa cada
vez más nacional). En fin que el proceso de movilización
en mes y medio supone un otoño de reivindicaciones democratico-ecologístas
de difícil parangón en la historia del estado español
y, sin embargo, no parece que el conjunto de la izquierda del estado haya
percibido la importancia de este movimiento y la necesidad de intervenir
en él dando forma a las reclamaciones de justicia, democracia y
desarrollo sostenible que son implícitas a él. Las próximas
citas en la Rioja, Madrid y Barcelona comenzaran a dar la medida de la
implicación real de las izquierdas en este proceso y sobre el desafío
de articular propuestas que representen los valores emancipatorios dentro
de él.
MARIANO ALFONSO
Sumarios:
Hay que remover el escenario hidráulico y hacerlo compatible con un modelo de desarrollo sostenible, territorialmente equilibrado y democrático,
Pero es patente la incorporación de colectivos y personas a la discusión desde un punto de vista de racionalidad y participación
es en Zaragoza donde se debe hacer un poderoso esfuerzo para ampliar la base social de la Nueva Cultura del Agua y existe una sensibilidad social bien patente en este sentido
Enfrente están, no lo olvidemos, poderosas
coaliciones de intereses y con poderosos medios de comunicación
y políticos, pero, no es menos cierto, que el desbordamiento en
las movilizaciones es para esos órganos políticos y mediáticos
un importante toque de atención
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