¡FRENTE A LA EUROLANDIA NEOLIBERAL, POR UNA EUROPA DEMOCRATICA, SOCIAL Y DE LOS PUEBLOS!
La Cumbre de Niza (7-10 de diciembre del 2000) debe ser juzgada ante todo por el objetivo que ella misma se marcó: preparar a la Unión Europea institucionalmente para la ampliación. Y en este sentido, no cabe duda que detrás de las formulas sobre la composición de la Comisión, el reparto de diputados en el Parlamento Europeo o la atribución de los votos en el Consejo a los Estado-miembros, hay una realidad transparente y cruda: se trata de un reparto de poder entre los grandes estados (Alemania, Francia, Reino Unido y, en menor medida Italia) para a continuación proyectar el clientelismo institucional que ejercerán sobre el resto de los países europeos en zonas de influencia desde el Atlántico a la frontera con Rusia.
Como todos los repartos de poder, éste también ha sido profundamente antidemocrático. ¿Qué mandato popular o electoral tenía ninguno de los jefes de estado o de gobierno que participó en la Cumbre para negociar y decidir sobre la forma que adoptaran hasta el 2004 las instituciones europeas, o sobre la creación de una fuerza de intervención rápida de 60.000 hombres, o sobre la liberalización de los servicios, o la cesión de soberanía nacional a través del voto futuro por mayoría cualificada en el Consejo para multitud de temas? La respuesta es ninguno. Los parlamentos de los Estado-miembros y el europeo se limitaran a ratificar a posteriori el nuevo Tratado de Niza. Los europeos seguimos siendo súbditos a quienes sus gobernantes otorgan lo que creen más conveniente, es decir lo que más interesa a las distintas oligarquías neoliberales europeas.
En este sentido nada más llamativo que el debate sobre la Carta de Derechos Fundamentales "proclamada" con ocasión de la Cumbre y cuyo objetivo es crear la ilusión de que con ella se abrirá un proceso constituyente europeo que nos eleve a la categoría de ciudadanos. El esfuerzo por superar el "déficit democrático" europeo se ha limitado en su elaboración a organizar una Convención de supuestos representantes de los parlamentos y destacados miembros de la sociedad civil, pero escogidos a dedo. Para además rechazar después las propuestas de la propia convención en todo lo referente a derechos sociales y sindicales y acabar proclamando un texto que no recoge tan siquiera los derechos ratificados por los Estado-miembros en las Convenciones de Derechos Políticos y Sociales y Económicos de Naciones Unidas.
Resulta asombrosa cierta ingenuidad social-liberal y social-demócrata frente a la Carta y al método seguido para su elaboración. La ideología europeísta de la social-democracia se limita a creer que si se refuerzan la Comisión y el Parlamento Europeo –hoy nido de una de las tecnocracias más inútiles del planeta-, y se elimina el derecho de veto en el Consejo, los gobiernos de la "tercera vía", toque "verde" incluido, serán capaces de aplicar políticas a favor de los trabajadores europeos, de igual manera que los gobiernos han hecho hasta ahora a favor del capital en todos los temas del mercado y la moneda únicos.
Nos piden calma a los demás, especialmente a quienes nos oponemos en la calle a este robo de nuestros derechos, para que se pueda ir reformando "poco a poco" el contenido antisocial de la Carta y se pueda inscribir en una futura constitución europea, a elaborar por un método parecido. Mientras tanto, se niegan derechos fundamentales como la libre circulación de las personas, incluidos miles de manifestantes italianos a los que se retuvo en la frontera francesa, se restringe el derecho de reunión y manifestación en Niza o se priva directamente de libertad por ser joven y vasco. No estamos dispuestos a esperar, no estamos de acuerdo ni con el contenido ni con el método y queremos dejar de ser súbditos y convertirnos en ciudadanos europeos aquí y ahora, para tomar la palabra y decidir sobre nuestro futuro y el de nuestro continente, asolado durante el siglo XX por dos guerras calientes y una fría en nombre de los mismos intereses de las oligarquías europeas que ahora nos piden calma.
En el proceso de construcción de un estado neoliberal fuerte europeo de "nuevo tipo" (que es lo que se esconde detrás del debate recién lanzado sobre la "gobernancia" europea), Niza no es sino un primer paso provisional, que fija un equilibrio muy inestable con el objetivo de priorizar la ampliación hacia la Europa Central neoliberalizada por diez años de ajuste post-comunista y hacer imposible al mismo tiempo la consolidación del propio "modelo social europeo" que la social-democracia dice defender. Ni la Comisión ni el Consejo pueden hacer funcionar esa Europa ampliada de los 27 con las reformas institucionales aprobadas en Niza. Por eso, el primer paso es ya abrir un debate sobre el Post-Niza, cuya primera cita será en diciembre del 2001 en el Consejo Europeo de Bruselas y más tarde en el 2004 una nueva Conferencia Intergubernamental.
Basta con escuchar a quien será el presidente del Consejo Europeo de Bruselas, el Primer Ministro belga Verhofstadt, para comprender el modelo de Unión Europea ampliada que se nos quiere imponer: "Una Europa politicamente fuerte que asuma un primer plano internacional... capaz de intervenir por si misma en los Balcanes... que no tenga que esperar que su aliado americano tome la iniciativa...que asuma sus responsabilidades fuera de sus fronteras, como en Africa...que opte con las otras grandes potencias del mundo por un sistema equilibrado de comercio mundial sin proteccionismo, con una misma posición en justicia e inmigración y con una plataforma socioeconomica cómun que complemente la unión monetaria." (Boletín Europa nº7881).
La polémica sobre si el método intergubernamental (decisiones de los Gobiernos en el Consejo) o el comunitario (iniciativas de la Comisión y discusión posterior en el Parlamento y el Consejo) es el más conveniente para unir a Europa esconde en realidad su división práctica en "geometrías variables" y una jerarquía de intereses entre los Estado-miembros del núcleo duro de la "cooperación reforzada", los estados marginados o en cuarentena y aquellos de la periferia poscomunista que negocian su adhesión como un ajuste estructural permanente hasta su absorción por el mercado único.
Frente a la Europa neoliberal, hay que coordinar los movimientos de resistencia populares y sindicales (como en la Plataforma Niza 2000 o Hemen eta Mundua), y ampliar la brecha abierta por las manifestaciones de Niza para ofrecer un modelo de construcción europea basada en la ciudadanía, la ampliación de los derechos políticos, sociales y económicos (que ignora la Carta "proclamada"), la defensa del gasto social y los servicios públicos, las jubilaciones dignas, la sanidad y la educación para todos, incluidos los trabajadores que ellos llamas "ilegales", la negociación sindical colectiva en el ámbito europeo y la solidaridad humana, pero no las "intervenciones humanitarias", con el Tercer Mundo.
El debate por una Europa democrática, de los pueblos y social será central en los próximos tres años. Una Europa que pueda darse una constitución en un proceso constituyente digno de ese nombre, que asegure el derecho a la libre decisión de los pueblos, que garantice un sueldo mínimo digno para todos sus ciudadanos, así como los derechos sociales y económicos que fueron ya ratificados por los actuales estados miembros en las Convenciones de Naciones Unidas. Este es un debate que lejos de escuchar en televisión en boca de eurotecnócratas, tenemos que llevar a sindicatos, ONGs y nuevas organizaciones populares como ATTAC.
En este camino es fundamental empezar por unir las fuerzas de la izquierda alternativa. Se dio un primer paso en Oporto y un segundo en París, donde en diciembre del 2000 se reunió la izquierda anticapitalista europea para abrir debates y coordinar resistencias, en una dinámica que intenta ser paralela con los Consejos Europeos. La próxima cita será en Gotenborg, en Suecia, y la siguiente en diciembre del 2001 en Bruselas. Espacio Alternativo participa en este proceso y le dedicará todos los esfuerzos que merece, de cara a la Presidencia española de la UE, en el primer semestre del 2002.
G. Buster
Sumarios:
¿Qué mandato popular o electoral tenía ninguno de los jefes de estado o de gobierno que participó en la Cumbre para negociar y decidir sobre la forma que adoptaran hasta el 2004 las instituciones europeas?
queremos dejar de ser súbditos y convertirnos en ciudadanos europeos aquí y ahora, para tomar la palabra y decidir sobre nuestro futuro y el de nuestro continente
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