Nuestro colesterol nos impide ver su hambre


La muerte de un buen número de soldados de diferentes países europeos que tenían como elemento común su presencia en las contiendas de los Balcanes (especialmente en Bosnia y en Kosovo)ha vuelto a traer a la actualidad política el empleo de munición con Uranio empobrecido. Su uso ya se había producido en la guerra de Irak, pero la ausencia de un número significativo de afectados entre el contingente europeo había evitado la atención de los medios de comunicación de este continente. Aunque se trataba de algo conocido, no pasó de ser una más de las campañas que libran algunas organizaciones sociales contra un muro de silencio -y del subsiguiente desinterés- que sólo se rompe en pequeña escala. La novedad en este caso era que los afectados son "nuestros héroes", los "valientes muchachos" que habían ido a los Balcanes a detener el sufrimiento causado por Milosevic (esto último sin comillas).

No es por tanto ninguna casualidad que la atención se haya mantenido enfocada en "nuestros soldados", ignorando los daños a la población civil "que defendimos" y que evidentemente tiene que resultar más afectada, ya que sigue residiendo en la zona de peligro. Una vez más los medios potencian la misma visión de la realidad: sobre todo nos preocupa nuestro colesterol, que nos impide ver su hambre.

Aunque las autoridades siguen insistiendo en el cada vez menos creíble soniquete de no está probada la relación de causa-efecto entre el empleo de Uranio y la aparición de ciertos tipos de cáncer, lo cierto, es que ya pocos dudan de que esas "novedosas armas" sean la causa del problema.

El Uranio se emplea como punta de los proyectiles debido a su alta densidad y sus propiedades de ignición lo que aumenta la capacidad de penetración de las armas y por tanto su poder destructor. El riesgo estriba en que una vez producida la colisión se forman aerosoles, sobre todo compuestos por óxidos de Uranio, que al ser inhalados pueden dar lugar a dosis radiactivas significativas. La carga radiológica por exposición externa (el Uranio no se incorpora al organismo) y por ingestión, muy probablemente resulten menores en casi todos los casos. No vale por tanto insistir en que no hay riesgo porque se analizó el terreno con un equipo especializado en detectar agentes químicos o radiactivos, ya que los análisis en situación de guerra no son precisamente muy finos, y además es compatible niveles de radiación bajos o moderados con contaminaciones internas significativas.

Existe un problema adicional y es que si el Uranio se ha incorporado al organismo resulta muy difícil de detectar, ya que al ser un emisor fundamentalmente de partículas "alfa" el propio organismo actúa de blindaje de dichas partículas que son muy poco penetrantes. No vale pues la realización de técnicas de detección sencillas como los dosímetros externos o incluso el análisis de orina sin buenos equipos. Es preciso analizar orina con espectrómetro de masas para obtener una aproximación de la contaminación interna por Uranio o utilizar un contador de cuerpo entero si se aspira a evaluaciones más precisas. De ninguna de estas técnicas disponía el ejército cuando descartó los problemas de contaminación de soldados.

Existe además otro problema y es que los efectos biológicos de las bajas dosis radiactivas son "estocásticos", es decir, que dos personas que reciban una misma dosis, una puede sufrir un daño (típicamente ciertos cánceres) y la otra resultar ilesa. Todo ello dependiendo de factores genéticos, ambientales, alimentarios...Es preciso por tanto realizar estudios epidemiológicos o dosimetría cromosómica para adivinar los efectos. No se han realizado, aunque los datos empiezan a ser preocupantes. Existe además otro problema: las enfermedades que inducen tienen períodos de latencia hasta que se manifiestan. De forma nada paradójica, las leucemias y ciertos linfomas son las que tienen períodos menores. Y son los que primero han aparecido.

Un último comentario, la aparición de plutonio añade gravedad al asunto. El Plutonio es un elemento que no existe en la naturaleza. Se debe a la acción humana al bombardear átomos de Uranio-238 con neutrones. Su presencia en los proyectiles indica que el Uranio provenía del reprocesado de combustibles nucleares irradiados, o que se había contaminado deliberadamente. Ambas opciones señalan que la voluntad de matar después del bombardeo era explícita. No sólo a los militares, sino a la población civil...¡La población civil "que defendíamos"!.

Ladislao Martínez

Ecologistas en Acción

Sumarios:
El riesgo estriba en que una vez producida la colisión se forman aerosoles, sobre todo compuestos por óxidos de Uranio, que al ser inhalados pueden dar lugar a dosis radiactivas significativas.

Existe además otro problema: las enfermedades que inducen tienen períodos de latencia hasta que se manifiestan. De forma nada paradójica, las leucemias y ciertos linfomas son las que tienen períodos menores. Y son los que primero han aparecido.
 

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