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También aquí

En el Estado español el contexto de desmovilización tiene profundas raíces en nuestra historia reciente: reforma pactada de la dictadura franquista, derrota del no en el referéndum de la OTAN y, tras años de un gobierno socialista que llevó al traste las ilusiones populares depositadas en él, victoria por mayoría absoluta del PP. Elementos todos ellos que nos diferencian en cuanto a situación a la de vecinos tan próximos como Francia –que experimentó una convulsión en el 68 y fuertes oleadas de movilizaciones sociales desde el 86 al 98– o Portugal donde aparecen alternativas electorales de izquierda radical que retoman la legitimidad rupturista de la Revolución de los claveles.

Pero, a la vez que constatamos lo anterior, están apareciendo signos esperanzadores, si bien todavía débiles y con retraso, frente a las políticas neoliberales. En los últimos tiempos, están cobrando fuerza diversas manifestaciones de esas culturas antagónicas que están surgiendo frente a la nueva ofensiva capitalista de la globalización: Las medidas proclamadas por la OMC, las crecientes desigualdades en el plano internacional, o el lastre que la deuda externa supone para buen número de países, están siendo cuestiones contestadas desde diversos sectores sociales, fundamentalmente jóvenes, que, cuestionando en diferente grado los pilares sobre los que se asienta el orden atlántico, manifiestan una subjetividad antagónica, que, negando la subordinación, se construye desde referentes y análisis diferentes.

Nuevas expresiones del internacionalismo solidario

El éxito de la consulta popular por la abolición de la deuda externa y la progresiva extensión de las plataformas por el gravamen de los movimientos de capitales especulativos evidencia la existencia de un importante sector de población mayoritariamente joven y con un alto nivel formativo que rechaza las manifestaciones más injustas del sistema global capitalista, contribuyendo así a configurar nuevas subjetividades antagónicas emergentes.

Necesidad del antiracismo militante

Por otro lado, se están desarrollando movimientos fruto de las contradicciones que el nuevo escenario global está provocando, referidas, en buena medida, a la lucha por los más elementales derechos ciudadanos, y cuya aparición puede dibujar el límite de los modelos jurídico-políticos existentes. Así, la lucha de los/as trabajadores/as inmigrantes por la conquista de los derechos laborales es también la lucha por esa ciudadanía sujeto de derechos sobre la que se asienta el actual Estado democrático y de Derecho. Por su parte, el incipiente movimiento antirracista puede jugar un enorme papel en la extensión de la lucha por estos derechos, desde una concepción íntegra y radical del concepto de ciudadanía. En definitiva comienza a darse un combate soterrado por parte de los/as emigrantes del Tercer Mundo en los países industrializados (también en nuestro país) por el derecho a ser reconocidos, a su existencia legal y se han suscitado importantes movimientos de solidaridad de las poblaciones autóctonas (pese a la aparición de importantes fenómenos xenófobos y fascistas como los de El Ejido o Tarrasa). La lucha de los trabajadores emigrantes de El Ejido es un símbolo por la recuperación de una identidad de clase, la dignidad, la igualdad y la reivindicación de una sociedad multicultural y solidaria.

Posibilidades para el sindicalismo clasista

A la par, los ataques a los tímidos avances dados por el Estado de bienestar en nuestro país, están siendo percibidos, por gran parte de la población, como una ofensiva contra derechos básicos, generando movimientos de defensa de lo público, en los que se encuentran un amplio abanico de la izquierda, con la negativa a la privatización y la reivindicación de participación como banderas principales. En el contexto de desmovilización social fue un signo alentador la reciente Huelga General de la construcción reivindicando salud y seguridad en el puesto de trabajo, por lo que implica de exigencia y defensa de calidad y derechos en el desempeño profesional.

El conjunto del movimiento obrero ha experimentado cambios importantes en su papel ante la sociedad en el Estado español. Actualmente la clase obrera no juega el papel político central que jugó en el pasado pero la persistencia de la contradicción capital-trabajo, el papel objetivo estratégico que juegan los/as asalariados/as por su ubicación en las relaciones de producción y su peso numérico en la sociedad hacen que si bien hoy por hoy no se puede hablar de la clase obrera como potencial sujeto revolucionario central, tampoco se puede plantear un cambio social sin su concurso. Por ello es importante que los sindicatos (la organización social más importante de los/as trabajadores/as y de la sociedad desde el punto de vista de su peso) inicien una reorientación de fondo en su trabajo en el mundo globalizado.

Algunos de los retos que tienen por delante junto al de conseguir una mayor independencia respecto a las políticas gubernamentales ofreciendo de nuevo alternativas globales a las orientaciones neoliberales son: el impulso de formas de coordinación en el seno de las multinacionales y en los ámbitos regionales (Unión Europea por ejemplo), establecer nuevas relaciones con el conjunto de los/as asalariados/as hoy mayoritariamente no afiliados/as, estimular su participación en las decisiones, dar cabida y organizar a los/as trabajadores/as emigrantes hoy ajenos a la sindicalización, profundizar en su atención a las reivindicaciones específicas de las mujeres, organizar a los/as precarios/as y desempleados/as y a los/as jóvenes por tanto, procurar su implantación en los tipos de empleo y empresas de nueva creación que no responden a los criterios de la gran fábrica fordista ni a las empresas del sector público, fomentar su democratización interna dando lugar a la participación efectiva de las minorías y procurar sistemáticamente su convergencia con el resto de las organizaciones sociales.

Vigencia del feminismo radical

El proceso de globalización ha golpeado específicamente a las mujeres acentuando las desigualdades existentes y poniendo en peligro conquistas parciales tanto en el terreno del empleo (peor calidad y retribución que el de los hombres) como en el de su emancipación del papel tradicional de “cuidadoras” de la familia (en la medida en que el Estado abandona parte de sus obligaciones en el terreno de la salud, la educación y la atención a la tercera edad). Durante años el trabajo molecular, difuso y transversal del movimiento feminista tanto en el terreno de las ideas (actuando como intelectual colectivo) como en el de la organización y las iniciativas (mediante un trabajo social constante desde el anonimato), ha logrado no solo su mantenimiento sino también impregnar a amplios sectores de la sociedad de los valores que representa y ha permitido la movilización social (más limitada de la que sería deseable) frente a las agresiones físicas, sexuales y morales de las que son objeto las mujeres a manos de sus verdugos machistas. Las próximas Jornadas de Córdoba del movimiento feminista y la organización de la Marcha Mundial de Mujeres son indicadores de un nuevo aliento público del movimiento.

Avances del ecologismo político

El movimiento ecologista, por otro lado, tras el éxito del proceso de unificación que ha llevado a la creación de Ecologistas en Acción, es un exponente más de esa lucha democrática por la defensa de valores garantizados constitucionalmente y directamente relacionados con la defensa de la identidad, la preservación de la singularidad y la reivindicación de la diversidad. Pese a que la componente ecologista de nuestra apuesta alternativa ha sido anteriormente desarrollada en otros documentos, hoy cabe destacar que la crítica al productivismo es una pieza clave en el enfrentamiento con los dogmas del neoliberalismo y sus instituciones internacionales. La seguridad ecológica juega un papel central en la actividad, programas alternativos y convergencias internacionales en temas tan centrales como el agua, la energía, las biotecnologías y la biogenética
 

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