Las negociaciones PSOE-IU
UNA NUEVA FASE LLENA DE ESPERANZAS... Y RIESGOS

Concha Denche y Jaime Pastor (miembros de Espacio Alternativo y de la Presidencia Federal de IU)

La iniciativa presentada por Almunia el lunes 24 de enero ha significado, más allá de sus intenciones fundamentalmente electorales, un cambio importante en la actitud mantenida hasta ahora por el PSOE frente a IU. Pese a que su oferta era presentada con unos puntos programáticos que aparecían como “irrenunciables” y a que exigía la retirada de IU de 34 provincias, la respuesta de la dirección federal de IU aceptando el diálogo y haciendo una contraoferta programática fue acertada.
Las expectativas creadas en amplios sectores de la izquierda social y el alarmismo surgido en las filas del PP confirman que había que intentar llegar a un compromiso que fuera aceptable por ambos partidos. Finalmente, se ha llegado a una declaración de intenciones alrededor de un programa de gobierno, junto con un acuerdo unitario para el Senado. Se impone, por tanto, una valoración de lo ocurrido.
Cuando se hizo pública la propuesta del PSOE, las gentes de Espacio Alternativo, coherentes con nuestra crítica a metáforas desafortunadas y a errores tácticos graves cometidos en el pasado, apoyamos la respuesta dialogante del compañero Frutos. Eso sí, en la Presidencia Federal dejamos muy claro que había que contestar en el terreno programático, poniendo el acento en nuestro desacuerdo con los puntos relacionados con política económica, fiscal, exterior y defensa y “lucha contra el terrorismo” que aparecían en el documento de Almunia. También dijimos que no cabía aceptar la retirada de las provincias que se nos exigía. En resumen, se trataba de hacer la experiencia, con la mejor pedagogía posible, de hasta qué punto podía establecerse un nuevo marco de unidad de acción de la izquierda frente al PP, tratando de estimular así la voluntad de una mayoría social de forzar un cambio de gobierno el próximo 12 de marzo.
En ese proceso de negociación entre las dos fuerzas políticas, y después de conocer la versión definitiva del acuerdo programático,  éste incluye puntos como las 35 horas, subida de pensiones, cierre de dos centrales nucleares, reforma de la ley electoral y avance hacia la federalización del Estado; pero sin llegar a concretar con claridad algunos de ellos -como, sobre todo, las 35 horas- y sin incorporar otros sustanciales como deberían ser la supresión de las ETTs, la paralización de las privatizaciones, la apuesta explícita por una salida dialogada al conflicto vasco, el 0,7 % para la ayuda a los países empobrecidos, y manteniendo los compromisos internacionales en política exterior y defensa. En esas condiciones de limitada aproximación programática no tenía sentido aceptar las sucesivas peticiones de retirada de 14 o de 8 provincias, pero tampoco hacer una propuesta de coalición electoral a escala estatal, alternativa que por cierto no fue incluida explícitamente en lo aprobado por la PF de IU del 25 de enero. Consideramos que la delegación de IU, con su oferta de coalición electoral, llegó a crear una confusión enorme entre una parte importante de la afiliación de IU, desconcertada ante la escasa transcendencia dada a la persistencia de diferencias políticas en cuestiones clave, máxime cuando en el pasado ofertas similares habían sido demonizadas e incluso -con nuestro desacuerdo- fueron motivo de expulsión de sectores y federaciones de IU.
 Finalmente, en la Presidencia Federal reunida el 2 de febrero no hemos votado a favor del acuerdo programático alcanzado, ya que consideramos que en el mismo se han hecho concesiones especialmente graves, particularmente en lo que se refiere a política exterior y de defensa y al conflicto vasco, cuestiones nada secundarias cuando se está firmando un programa de gobierno.
Respecto a la propuesta de acuerdo para la elección del Senado, dadas las características de la misma, nos ha parecido aceptable siempre que sea asumido por las distintas Federaciones de IU y se base en un compromiso programático mínimo, ya que no implica la confusión de siglas.
Tiempo habrá para extraer lecciones de este proceso. Si, por un lado, se supera ya la enemistad autista entre ambas fuerzas políticas, por otro mucho nos tememos que en el caso de IU surjan nuevas tensiones internas en función no sólo de cuáles sean los resultados electorales sino, sobre todo,  de si la dirección federal  se muestra capaz de mantener el equilibrio entre una política unitaria y la defensa de un perfil propio de izquierda transformadora y anticapitalista. En este caso creemos que no lo ha conseguido.
Pero ahora lo importante es mirar hacia adelante y contribuir a que el desbloqueo de las relaciones entre las dos fuerzas de izquierda de ámbito estatal ayude a crear una dinámica unitaria no sólo entre ellas sino también con el conjunto de las organizaciones sociales y de las izquierdas nacionalistas.  Por ese camino, y desde el respeto a la autonomía de cada formación política y social, quizás podamos conseguir la derrota del PP el 12 de marzo y abrir por fin un nuevo ciclo de movilización social y de giro a la izquierda. Un giro que, por supuesto, exigiría un mayor contenido de izquierdas al programa acordado y que sería incompatible con los pactos que probablemente la dirección del PSOE, con tal de llegar a toda costa a la Moncloa, pretenderá alcanzar con fuerzas de derecha como CiU.

Madrid, 2 de febrero de 2000