Unión Europea: Esperando el "Espíritu de Saint Denis"

Martes 21 de octubre de 2003

Por [b]G. Buster[/b]

[b]La caja de Pandora de la Conferencia Intergubernamental[/b]

A pesar de la “positiva recepción” del Consejo Europeo de Salónica al proyecto de Tratado Constitucional elaborado por la Convención /1, es evidente que la Conferencia Intergubernamental ha abierto una caja de Pandora. Su inauguración el 4 de Octubre en Roma, por un Berlusconi que pocos días antes justificaba a Mussolini, se encontró con la protesta en la calle de decenas de miles de manifestantes antiglobalización y sindicalistas de la CES. Pero también con un bloqueo interno que ha reabierto cuestiones fundamentales en el proyecto constitucional de la Convención: la composición de la Comisión, el reparto interno de votos y la capacidad de bloqueo en las instituciones comunitarias, el nivel de comunitarización de la política exterior y el papel de un ministro de asuntos exteriores de la UE, el funcionamiento legislativo del Consejo….

No se trata de cuestiones menores, sino de elementos claves de la articulación de la gobernanza de la Europa-potencia, que muestran las dificultades del eje franco-alemán para imponer su modelo de funcionamiento en la UE ampliada a 25 estados miembros. Una parte de esas dificultades tienen su origen en la competencia inter-imperialista agudizada con la II Guerra de Irak. Si la hegemonia de EE UU no esta en cuestión (como tampoco la Alianza Atlántica), si lo esta la autonomía y la defensa más o menos firma de los intereses de la UE como proyecto estratégico de las clases dominantes europeas. La guerra de Irak, y ahora la “reconstrucción”, han dividido a la “nueva” y la “vieja” Europa, han bloqueado la posibilidad de un referéndum sobre el Euro en Gran Bretaña –y la incorporación de Blair al eje franco-alemán-, y han debilitado el impulso de creación de la Europa-potencia, que se apoya básicamente en el eje franco-alemán y el consenso intergubernamental, ante la debilidad creciente y desprestigio de la Comisión Prodi.

Si Paris y Berlin han sabido apoyarse en las movilizaciones masivas contra la guerra de Irak para mantener su pulso con la Administración Bush en el Consejo de Seguridad de NN UU, su intento de reconstruir una base social que aceptase como un mal menor las reformas neoliberales del “Espíritu de Lisboa” en nombre de la “competitividad” frente a EE UU y Japón, esta teniendo muchas más dificultades. En Francia, la huelga de los enseñantes antes del verano ha creado una nueva situación social y la crisis larvada del Gobierno Raffarin, que no es más aguda por el ensimismamiento fantasmagórico del PSF y la crisis de sus viejos aliados del Gobierno de la “izquierda plural”, incapaces de ofrecer la menor resistencia por miedo al desbordamiento de la extrema izquierda. En Alemania, Schröder ha sido capaz de frenar el último motín de un sector de los parlamentarios del SPD ante las reformas neoliberales, con el chantaje de abrir inmediatamente la crisis que será inevitable en las elecciones generales, y de ahogar los pitidos contra su política de reformas en el Congreso de IG-Metall. El resultado negativo del referéndum sueco para la incorporación al Euro no ha ayudado tampoco precisamente a mantener el impulso franco-alemán.

En esta situación, a Chirac y Schröder le están creciendo los enanos en la Conferencia Intergubernamental. Las advertencias de Joschka Fischer de que cualquier propuesta de modificación del proyecto de Tratado Constitucional de la Convención debe de ir acompañado de una fórmula de consenso alternativa -y la amenaza abierta de recortes de las ayudas por parte de los estados miembros que son contribuyentes netos en las negociaciones para las perspectivas financieras comunitarias en el 2006-, no han impedido que España y Polonia sigan exigiendo mantener la cuota de poder y de bloqueo que obtuvieron en el Tratado de Niza en detrimento de los “grandes” estados miembros. Ni que los pequeños estados miembros mantengan su campaña para estar representados directamente en la Comisión con derecho de voto poniendo en cuestión el “método de directorio”. Ni que Prodi haga populismo comunitario poniendose al frente de las protestas de los estados miembros pequeños para asegurar pocos días después que lo importante es la “inteligencia” de los Comisarios no la cartera que ocupen. Como tampoco que los sectores más euroescépticos lancen su propia campaña por un referéndum europeo sobre el Tratado Constitucional, con la esperanza de que fracase y deslegitimarlo.

Este ha sido el escenario con el que se ha inaugurado el 4 de octubre la Conferencia Intergubernamental y en el que se ha celebrado el Consejo Europeo de 16 y 17 de octubre. La ausencia de cualquier proceso constituyente democrático no puede ser más evidente. Los debates y los forcejeos entre los estados miembros, ligando a las negociaciones otros intereses y temas, como las perspectivas financieras del 2006, prometen una erosión continua de la credibilidad y la legitimidad del Tratado Constitucional que acabe acordándose en la Conferencia Intergubernamental. Pero si la capacidad para imponer una nueva resolución en el Consejo de Seguridad para la reconstrucción de Irak ha sido un test fundamental para la credibilidad de la hegemonía internacional de EE UU y la administración Bush, la capacidad de imponer un “consenso” rápido en los debates de la Conferencia Intergubernamental es también una prueba de fuego de la capacidad de liderazgo comunitaria del eje franco-alemán.

Los debates intergubernamentales sobre el futuro de la UE se han convertido en una muestra más de la crisis de legitimidad de las políticas neoliberales y las reformas institucionales necesarias para continuar impulsándolas. El marco “optimo” escogido por las clases dominantes europeas para imponer estas reformas con el mínimo coste político y social, la UE, esta en una crisis profunda. La Comisión, imponiendo las políticas neoliberales “desde arriba”, juega con su supuesto prestigio tecnocrático, sus compensaciones parciales y focalizadas a través de las ayudas estructurales, para intentar evitar que agudicen la crisis política y social en el interior de los estados miembros. Pero dada la falta de legitimidad, la opacidad del proceso de decisión y finalmente las consecuencias, no ha podido evitar que la resistencia social a estas políticas se convierta en enfrentamientos con los gobiernos de los estados miembros, ampliando la propia crisis de la UE. Por el contrario, la “contaminación francesa” -que ya en 1995-96 y mas tarde en el 2003 ha sido capaz de frenar las reformas de su gobierno-, se sigue extendiendo y ha alcanzado ya incluso a nuevos estados miembros, como Polonia.

[b]Sobran las razones para un NO a la Constitución de las oligarquías europeas[/b]

A medida que se desarrollan las negociaciones de la Conferencia Intergubernamental, las ilusiones sobre el carácter “progresista” del Tratado Constitucional se desvanecen. En primer lugar, porque la gente empieza a conocer el contenido del borrador de la Convención. Es imposible mantener con un mínimo de seriedad que dicho borrador supone un paso hacia delante en la construcción de un “modelo social europeo”, una “Europa de progreso” o como se le quiera llamar. Se trata de un texto que pretende hacer ley europea la gestión neoliberal de la economía europea, recortar los derechos sociales existentes en muchos estados miembros, imponer una gobernanza oligárquica contra toda legitimidad democrática, militarizar y “securizar” las sociedades europeas agitando el fantasma del “terrorismo internacional”.

Tampoco se sostiene el argumento de que un No a la Constitución de las oligarquías europeas equivale a aceptar el Tratado de Niza, como pretenden algunos partidarios del “SI crítico” en la izquierda. Si las clases dominantes europeas se han tomado la molestia de organizar una Convención y la Conferencia Intergubernamental es porque son perfectamente conscientes de que el Tratado de Niza nunca ha sido una base de legitimidad suficiente, no ya para la construcción de la Europa-potencia que necesitan, sino para el propio funcionamiento de la UE tras la Ampliación. Basta recordar el resultado del único referéndum que hubo sobre Niza en un estado miembro, Irlanda: un No claro y rotundo al inicio de militarización de la UE que implicaba y a la desigualdad institucional entre los estados miembros que instauraba. Costó un segundo referéndum, al borde del abismo legal comunitario, con enormes presiones, chantajes y promesas de ayudas económicas, para que el gobierno irlandés consiguiera que su población aceptara Niza.

Por el contrario, las razones para un No a este proyecto de Constitución de las oligarquías europeas son fáciles de resumir en ocho carencias básicas:

No hay un proceso constituyente basado en la soberanía de los ciudadanos y los pueblos de Europa. El Tratado Constitucional nace de un acuerdo intergubernamental, es una carta otorgada por los poderes existentes no el resultado de un ejercicio de soberanía de los ciudadanos y los pueblos.

No establece una Europa federal, sino que sigue subordinando el proceso de construcción europea a los acuerdos intergubernamentales del Consejo y a la dinámica del mercado único. Mientras que se centraliza y coordina la gestión neoliberal del mercado único, se mantienen las políticas sociales en los estrechos límites de los estados miembros existentes. Impone por ley un modelo económico europeo neoliberal y rechaza por ley un modelo social europeo. El Parlamento Europeo, única institución representativa de los ciudadanos europeos, sigue limitado y subordinado en sus poderes legislativos por el Consejo. No asegura el ejercicio de los derechos individuales y sociales recogidos en la Carta de Derechos Fundamentales, ya de por si inferiores a la media europea, porque el Titulo VII que los interpreta los subordina a la legislación de cada estado miembro. La desigualdad de los ciudadanos se convierte así en norma, así como la desigualdad de las personas que, como en el caso de los emigrantes, quedan expuestos a la ilegalidad.

No promulga una política de paz, sino que mantiene la guerra como opción, la subordinación de la UE a las obligaciones de los estados miembros socios de la OTAN, crea un ejercito europeo y da un impulso institucional a una política comunitaria de armamento.

No garantiza el derecho de autodeterminación de los pueblos europeos, sino que fija y articula el funcionamiento de la UE a partir de los estados miembros existentes, que son el único marco de desarrollo de cualquier tipo de autonomías administrativas, culturales o políticas. Ni siquiera garantiza la igualdad entre los estados miembros, porque institucionaliza las “cooperaciones reforzadas”, los centros y las periferias.

No permite una política social y económica al servicio de la satisfacción de las necesidades de los ciudadanos. Establece por ley límites a la capacidad presupuestaria de la UE, prohíbe su endeudamiento, su capacidad impositiva fiscal, políticas económicas anti-cíclicas. Garantiza la independencia del Banco Central Europeo y somete a la UE a un régimen de austeridad permanente. Cualquier avance social es condicionado a una “alta competitividad”.

No crea una administración europea transparente y responsable democráticamente. La Comisión seguirá siendo una administración opaca y autónoma, con iniciativa legislativa para proponer sus reglamentos, decisiones y leyes para su adopción por el Consejo y el Parlamento Europeo. La confusión institucional comunitaria no respeta en ningún caso la división de poderes y el control democrático institucional existente en los estados miembros.

No promueve una Europa verde, sino que subordina el desarrollo sostenible y el respeto por el medio ambiente a los intereses del mercado y las políticas neoliberales.

[b]El “Espíritu de Saint Denis”: por la refundación democrática y social de Europa[/b]

El reto que tiene ante si el Foro Social Europeo es dar un marco europeo a las luchas de resistencia dispersas que se dan en cada estado miembro contra las reformas neoliberales del “Espíritu de Lisboa”. Esa es la gran aportación que puede hacer el “movimiento de movimientos”. Comprender el reto que se plantea a nivel europeo, como un terreno privilegiado para disputar la correlación de fuerzas de las clases dominantes de nuestro Continente. Para ello necesita analizar y hacer frente a los instrumentos institucionales que articulan la hegemonía de las clases dominantes a nivel europeo. Es decir, levantar una campaña común por el No al proyecto de constitución neoliberal de la Unión Europea.

A pesar de la crisis de la UE, hay que rechazar la salida en falso de creer que es posible un repliegue al ámbito del estado-nación. El mercado único comunitario es una realidad que engarza la economía europea con el mercado mundial. No es posible ya la “resistencia en un solo país” a las políticas neoliberales. La batalla se juega en el marco europeo, en la capacidad de levantar una solidaridad de la clase trabajadora que imponga la redistribución y derechos sociales para todos más allá de los estados miembros, más allá incluso de las actuales fronteras de la UE, superando las dinámicas de división y segregación social y geográfica de la Europa potencia y de la Europa fortaleza.

La resistencia sindical coordinada a nivel europeo es otro elemento imprescindible. Junto con la campaña por el No a la Constitución de la oligarquía europea, debe permitir ir estableciendo las bases de una refundación democrática y social de Europa, de un proyecto contra-hegemónico basado en la extensión de los derechos de ciudadanía, en la perspectiva de su ejercicio constituyente en un Congreso de los Pueblos de Europa.

El primer paso práctico es exigir la celebración de referendums en cada estado miembro. Dinamarca, Irlanda, Francia, Luxemburgo, Paises Bajos, España, Portugal y República Checa han anunciado ya su compromiso de celebrarlos. Italia, Bélgica y Eslovenia es muy probable que les sigan. Pero países centrales en el proyecto europeo como Alemania, Gran Bretaña y Polonia intentan ratificar el Tratado Constitucional con una mera aprobación parlamentaria, excusándose en su carácter intergubernamental. ¿Qué ocurrirá si un estado miembro dice NO? ¿Cómo afectaría a la actual crisis de legitimidad de la UE? No hay respuesta a estas preguntas, como tampoco la hubo cuando Irlanda dijo No al Tratado de Niza y fue una de las causas desencadenantes del actual proceso constitucional.

Para que otra Europa sea posible, la de los ciudadanos y los pueblos, el Foro Social Europeo debe convertirse en una toma de conciencia colectiva de los intereses y objetivos comunes que nos permitan empezar a jugar el peso de las mayorías contra el secuestro oligárquico de nuestra soberanía y articular esas mayorías en la resistencia social y en alternativas políticas. Esa es en definitiva nuestra mejor arma: comprender que, si actuamos juntos, somos mucho más que ellos, que la Europa de la solidaridad puede ser mucho más fuerte que la Europa potencia neoliberal.

1/ Sobre el desarrollo de los debates de la Convención y un primer análisis del borrador del Tratado Constituyente, ver G. Búster, “El Futuro de Europa y la Izquierda Alternativa”, publicado en Rebelión (http://www.rebelion.org/)

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