La Europa de los negocios, de tropiezo en tropiezo
Europa | política

Alex Callinicos *

La semana pasada los estudiantes y los trabajadores en Francia obtuvieron una victoria contra las leyes laborales neoliberales. Se trata del último eslabón de una serie de contratiempos para las clases dominantes del continente.  En poco tiempo se cumplirá un año del rechazo de la Constitución Europea en el referéndum francés. Este hecho marca el comienzo de una serie de derrotas del programa neoliberal en Europa, cosa que ha llevado al establishment empresarial global a un arrebato de ira.

"Europa se ha estancado en su camino hacia el cambio económico", dice el New York Times en su edición del viernes de la última semana: "Luego de las elecciones extremadamente reñidas de esta semana en Italia, Europa experimenta el profundo sentimiento de que a causa de los gobiernos débiles y de la división de la opinión pública, las tres naciones más grandes del continente son incapaces de realizar los cambios económicos que la mayoría de los líderes políticos consideran necesarios para restablecer el crecimiento."

"Lo que está en juego, según opinan muchos expertos europeos, es la capacidad de las tres grandes naciones -Alemania, Francia e Italia- para adaptarse a un mundo globalizado en el cual los altos costos laborales europeos y su bajo crecimiento poblacional podrían presagiar una caída a largo plazo, tanto de su poderío económico como de su influencia política."

Vulnerabilidad

El problema es real. A diferencia de Inglaterra, las mayores economías continentales aún conservan grandes sectores manufactureros. Esto significa que son especialmente vulnerables frente a la competición por costos de producción más bajos, fundamentalmente en relación con China.

El establishment político, empresarial y de los medios de comunicación en toda Europa está firmemente comprometido con la agenda de Lisboa que adoptó la Comunidad Europa en el año 2000. Se trata de un paquete de "reformas" de libre mercado que podrían recortar drásticamente las prestaciones del bienestar y las protecciones que obtuvieron los trabajadores durante el siglo veinte.

El problema es que existe un hiato inmenso entre el establishment y la masa de población. Antes de las elecciones italianas, un economista del Banco de América dijo al Financial Times:

"Italia necesita dosis masivas de reformas pro-crecimiento, desregulación y liberalización de los mercados de productos y de trabajo. y de privatización para reducir la aún muy fuerte presencia del estado y producir un inmenso shock en la administración pública.

[Pero] "El electorado prefiere una protección y un gasto social mayores, antes que impuestos más bajos y reformas profundas del lado de la oferta."

Las grandes empresas italianas han perdido las esperanzas de lograr "reformas" bajo la conducción errática y corrupta de Silvio Berlusconi. Tuvieron esperanzas en que Romano Prodi -quien como Primer ministro de Italia en 1996-8 llevó a cabo los recortes necesarios para que Italia ingresara en el euro- tendría una decisión más firme para lograrlo. Pero su triunfo por una exigua mayoría podría conducir a que el nuevo gobierno tenga que depender de los votos de la mucho más radical Rifondazione Comunista.

El compromiso popular masivo con el estado de bienestar es el escollo en el que ha encallado la agenda neoliberal europea. En Alemania, el gobierno de centro izquierda de Gerhard Schröder comenzó a realizar "reformas" que recortaron los subsidios de desempleo.

En las elecciones federales del último mes de septiembre, millones de votantes desertaron de los dos grandes partidos, y muchos de ellos terminaron votando a la Linkspartei, una nueva alianza radical de izquierda.

Los partidos tradicionales se vieron forzados a realizar una "gran coalición" en torno a Angela Merkel, la líder conservadora de la Democracia Cristiana, pero los empresarios temen que Merkel no sea lo suficientemente fuerte como para poner por obra nuevos recortes del estado de bienestar.

Pero es en Francia donde la resistencia al neoliberalismo ha sido más intensa. La rebelión contra la ley de Contrato de Primer Empleo (CPE) del primer ministro Dominique de Villepin -ley, ésta, que hubiera facilitado el despido de los trabajadores jóvenes- ha sido la última de una serie de revueltas que ya llevan más de una década.

El ciclo comenzó con las huelgas del sector público en noviembre y diciembre de 1995, que derrocaron al primer ministro del presidente Jacques Chirac. Le siguieron las huelgas masivas de profesores en mayo y junio de 2003 y el rechazo a la constitución europea el año pasado.

La derrota del CPE hizo que el columnista del Financial Times, Martín Wolf, prácticamente se retorciera de ira: "Especialmente en Francia, la población parece creer que cualquiera puede -y debe- ser tratado como un funcionario público.

"Buscan una combinación milagrosa de seguridad laboral casi absoluta y prosperidad creciente. En un mundo que cambia rápidamente, esto es una muestra de desorden cognitivo colectivo."

Edwy Plenel, el anterior editor en jefe del diario liberal de izquierda Le Monde, se salió de sus casillas ante el voto por el no a la constitución europea, considerando que se trataba de una "revolución nacional" en ascenso -refiriéndose al régimen francés pro-nazi de Vichy-.

Este tipo de abuso no puede encubrir el hecho de que, a pesar de que los partidos políticos más importantes y los medios de comunicación lo apoyen unánimemente, el establishment ha fracasado estrepitosamente en sus intentos de persuadir a la masa de las personas sobre la necesidad y la deseabilidad de la "reforma" neoliberal.

"El cleroh [intelligentsia] antiliberal ha ganado básicamente la batalla intelectual en prácticamente toda Europa", gimotea Charles Grant del Centro para la Reforma Europea, una agencia blairita. "Fomentan la idea de que la economía liberal conduce a una visión casi dickensiana de trabajo infantil y ancianas llorando por las calles."

Movimiento

El punto de verdad en todo eso es que, desde los tardíos 90, el movimiento en contra de la globalización neoliberal ha emergido como una fuerza política poderosa en la Europa continental.

Hay una crítica sistemática al neoliberalismo, del tipo de la que ha estado difundiendo ampliamente el mensual Le Monde Diplomatique, y a la que han contribuido pensadores como Pierre Bourdieu, Noam Chomsky y Susan George.

Attac -fundada en 1988 para oponerse a la especulación financiera internacional- fue una fuerza importante en la campaña contra la constitución europea en Francia.

Su filial alemana trabajó con las centrales obreras con el objetivo de oponerse a las reformas de Schröeder y a la directiva Bolkestein de la Comunidad Europea, que constituyen una amenaza para los salarios y las condiciones laborales de los trabajadores.

En Italia, las protestas masivas contra la celebración de la cumbre del G8 en Génova en julio de 2001 y los movimientos pacifistas, han logrado que los opositores a la globalización neoliberal se convirtieran en una fuerza importante aliada a la Refondazione Comunista.

Pero el problema para las clases dominantes europeas es mucho más profundo. La masa de trabajadores europeos continúa comprometida con el proyecto de la socialdemocracia tradicional: usar el poder del estado para protegerlos de los peores efectos del capitalismo.

Los partidos más importantes del movimiento de los trabajadores abandonaron ahora ese proyecto, sumándose a las filas del neoliberalismo.

Esto abre un espacio a su izquierda. Como han puesto de manifiesto las elecciones alemanas, muchos votantes socialdemócratas desertaron de sus partidos tradicionales y están buscando alternativas políticas.

El desafío que enfrenta la izquierda radical y revolucionaria europea es demostrar que pueden ofrecer esa alternativa, como lo intenta Respect en este momento en Inglaterra.

Si tienen éxito, entonces se habrá probado que la crisis de las clases dominantes europeas es aún peor de lo que ellas piensan.

* Alex Callinicos es autor del Manifiesto anticapitalista, Barcelona, Crítica, 2003.

** Publicado en Socialist Worker, 22 abril 2006. Traducción para www.sinpermiso.info : María Julia Bertomeu