Amor y sexualidad (IV parte). [Alexandra Kollontai]

Jueves 3 de agosto de 2006

AMOR Y SEXUALIDAD -IV parte- [Alexandra Kollontai]

 

Extraído del libro “Alexandra Kollontai (1972-1952)” de Ana de Miguel Álvarez, Ediciones del Orto y Biblioteca de Mujeres.

 

“…Según Engels el amor sexual es por su propia naturaleza exclusivista y así lo prueba la tendencia hacia la monogamia etimológica en la clase trabajadora. Ann Foremann ha señalado al respecto que esta posición teórica es “profundamente no marxista en cuanto que proyecta sobre los hombres y las mujeres unas características esenciales, una sexualidad estable, inalterada por los cambios en las relaciones sociales”. En algunos de sus escritos más ortodoxos Kollontai también alude al amor monogámico como el ideal de la humanidad, pero en los más personales expresa su convicción de que ese es “su” ideal y el de su generación, pero que no responde a lo que parece ser la evolución de las relaciones sexuales, especialmente entre las jóvenes generaciones.

El amor ha surgido del instinto biológico de la reproducción, pero a lo largo de los milenios de vida social y cultural se ha espiritualizado para llegar a convertirse en un complejísimo estado emocional. El amor se puede presentar bajo la forma de pasión, de amistad, de ternura maternal, de inclinación amorosa, de comunidad de ideas, de piedad, de admiración, de costumbre y de cuantas maneras imaginemos. La humanidad, en su constante evolución, ha ido enriqueciendo y diversificando los sentimientos amorosos hasta el punto de que no parece fácil que una sola persona pueda satisfacer la rica y multiforme capacidad de amar que late en cada ser humano.

 

Para Kollontai esta complejidad de la emoción amorosa y esta ambigüedad o diversidad de los sentimientos choca frontalmente con el ideal burgués de propiedad y exclusividad...

…¿No resulta importante y deseable que las personas se hagan más ricas, más diversificadas? Si el alma posee varias cuerdas y el espíritu toca varios aspectos a la vez…—

“… ¡Qué soniquete utópico producen todas esas fórmulas matrimoniales!¡Qué blandorras cataplasmas revelan ser, recortadas en el sombrío telón de nuestra estructura familiar actual!¡La “unión libre”, el “amor libre”!. Para que tales fórmulas puedan nacer, es preciso proceder a una reforma radical de todas las relaciones sociales entre los hombres; aún más, es preciso que las normas de la moral sexual, y con ellas toda la psicología humana, sufran una profunda evolución, una evolución fundamental. ¿Acaso la psicología del hombre de hoy está realmente dispuesta a admitir el principio del “amor libre”?¿Y los celos, que arañan incluso a los espíritus mejores?¿Y ese sentimiento, tan hondamente enraizado, del derecho de propiedad no sólo sobre el cuerpo, sino también sobre el alma del compañero?¿Y la incapacidad de inclinarse con simpatía ante una manifestación de la individualidad de la otra persona, la costumbre bien de “dominar” al ser amado o bien de hacerse su “esclavo”?¿Y ese sentimiento amargo, mortalmente amargo, de abandono y soledad que se apodera de uno cuando el ser amado ya no os quiere y os deja?¿Adónde, desde el fondo de sus cuitas, volverá sus ojos el hombre “solo”, el individualista?

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