Declaracion del MIR chileno, a 33 años del Golpe

Martes 12 de septiembre de 2006

A 33 años del golpe militar en Chile y de la muerte en combate de Salvador Allende, transcribimos, en primer lugar una declaracion del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) chileno.

En segundo lugar, y como no solo se trata de recordar, sino tambien de aprender, parte de una entrevista realizada en 1973, a su Secretario General Miguel Enriquez. (Miguel Enriquez cayò peleando contra la dictadura pinochetista en octubre de 1974). (Nota de Agenda Radical *)

11 de setiembre de 2006, A 33 años del Golpe

A los Familiares de Nuestros Camaradas Caídos.
A las Organizaciones Hermanas de Lucha Revolucionaria.
A los Pueblos del Mundo que resisten la ofensiva del imperio.
A Nuestros Militantes, Simpatizantes, y Ayudistas.
Al Pueblo de Chile, su Juventud y Trabajadores.

33 años han pasado del golpe gorila, que con pinochet a la cabeza, restauró el poder de los ricos y poderosos en nuestro país. Las experiencias de lucha y resistencia desarrolladas contra los perros guardianes del poder es motivo de orgullos para los rojoynegros, nos alumbran lecciones y aprendizajes de las cuales empaparnos para hacer crecer y avanzar la fuerza y organización del pueblo pobre y marginado.

Creemos, sin embargo, que en esta coyuntura los esfuerzos deben tener sentido de actualidad, de transformación del presente y de proyección hacia lo por-venir. Creemos que el mejor saludo y el honrar la memoria de nuestros hermanos y hermanos caídos pasa, necesariamente, por dar continuidad a la lucha popular. Por avanzar decididamente en el fortalecimiento de las instancias políticas y sociales que permitan darle vida, visibilidad, y proyección a las embrionarias fuerzas populares y libertarias.

La ausencia de liderazgos definidos al interior del sistema político (léase estilo bachelet) ha provocado un insospechado despertar de la lucha social y gremial al interior de la sociedad chilena. Si desde los sillones desde el poder se pensó que el efecto bachelet acentuaría la desmovilización popular se han equivocado rotundamente. Desde la coyuntura desatada por los estudiantes secundarios se ha instalado un sentido común favorable hacia los intereses populares, y cobra legitimidad creciente el organizarse y luchar por demandas políticas y sectoriales.

Sin duda dentro del campo revolucionario no se detectan ni calibran las señales que el propio pueblo está enviando. En un extremo (derecho) de la izquierda se ve la organización y la movilización social como elemento de presión para generar cambios al interior del sistema político, vale decir, la eterna prioridad de los intereses partidarios por sobre los del movimiento social. Desde esta óptica parece mas importante transformar el sistema electoral binominal que fortalecer las emergentes fuerzas organizadas del pueblo, y bajo planteamientos supuestamente leninistas (“todas las formas de lucha”) se busca canalizar las potencias populares para que deban expresarse dentro de los cauces de la institucionalidad oficial y burguesa, anulando de paso las capacidades creativas, el ejercicio de autosoberanía, y las dinámicas verdaderamente democráticas que han estado surgiendo desde la siempre rica, creativa, y diversa, base popular. Importa mas que el partido tenga representación en el parlamento que masificar criterios de organización, lucha autonomía, y contra poder.

Otra señal de desvarío la muestran aquellos que priorizan procesos de construcción interna, de “profesionalización de cuadros”, y por tanto, abandonan los territorios populares que ellos mismos levantaron para dedicarse a tareas de carácter interno. No hay que confundirse: nadie habla de menospreciar la formación y la construcción de cuadros (tarea estratégica para la revolución por lo demás), el tema es el enfoque con que plantea este importante aspecto de la lucha.

Para nosotros, siempre con humildad, la lucha de clases y la militancia revolucionaria es la mejor escuela donde se forman los y las revolucionarias. Es al interior del pueblo y sus organizaciones donde se aprenden las herramientas programáticas, técnicas, y metodológicas, con las cuales potenciar y desarrollar la lucha popular. De esta manera reivindicamos el sentido dialéctico de la formación de los nuevos (y antiguos) militantes de la revolución. No creemos ni apostamos a forma eruditos en marxismo y economía, buscamos militantes integrales, multifacéticos, alegres y creativos, que construyan poder de los pobres desde la realidad misma, no sólo desde su “comprensión”.

Creemos que el error de esta apuesta se profundiza y acentúa en la actual coyuntura política, desde hace 16 años que no se observaba un semestre tan activo en luchas sociales, en reivindicaciones sectoriales y gremiales. Comienza a irrumpir en la cara del chile exitoso el rostro curtido de la organización popular, no solo en cantidad, sino que también en la profundidad de las demandas.

Se comienza a perfilar señales de reanimación de organización popular, de la legitimidad que ha ido cobrando el organizarse y luchar. Los pescadores de mehuin, las comunidades mapuche, los trabajadores de la minería del cobre, las reivindicaciones de los trabajadores de la salud, las exigencias de los profesores, la lucha de los estudiantes secundarios y universitarios, el movimiento de allegados y deudores habitacionales, las organizaciones derechos humanos, el avance de las organizaciones territoriales, conforman sin duda un abanico amplio de exigencias y estilos diversos en su interior. Pero los revolucionarios debemos saber estar a la altura de las circunstancias y ser capaces de plantear tácticas coherentes con los periodos para hacer avanzar la lucha de nuestro pueblo.

Mientras las orgánicas priorizan sus desarrollos particulares, el pueblo y sus organizaciones en lucha muestran el camino. Lo que podamos hacer hoy en día repercutirá de forma directa en el futuro de nuestro pueblo. El honrar a nuestros combatientes, mártires, y prisioneros, debe traducirse en ponerse de lleno a la construcción y organización popular. Hoy, como hace 33 años, el camino lo marca el pueblo.

¡ES LUCHANDO COMO AVANZA EL PUEBLO!

Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR de Chile

 


 Esta entrevista fue realizada a Miguel Enriquez a pocas semanas del Golpe de Estado de Septiembre de 1973.


Pregunta: A su juicio ¿por qué cayó el gobierno de Chile?

Respuesta: La crisis del sistema de dominación que hacía años venía desarrollándose en Chile, cristalizó en el ascenso al gobierno de la Unidad Popular, agudizando la crisis interburguesa y multiplicando el ascenso del movimiento de masas. Esto generó condiciones que permitían, si se hubiera utilizado el gobierno como instrumento de las luchas de los trabajadores, culminar en la conquista del poder por los trabajadores y en una revolución proletaria. Pero el proyecto reformista que ensayó la UP se encarceló en el orden burgués, no golpeó al conjunto de las clases dominantes, con la esperanza de lograr una alianza con un sector burgués, no se apoyó en la organización revolucionaria de los trabajadores, en sus propios órganos de poder, rechazó la alianza con soldados y suboficiales, y prefirió fortalecerse al interior del aparato del Estado capitalista y en el cuerpo de oficiales de las FFAA buscando sellar una alianza con una fracción burguesa. La ilusión reformista, permitió a las clases dominantes fortalecerse en la superestructura del Estado y desde allí iniciar su contraofensiva reaccionaria, primero apoyándose en los gremios empresariales, luego en la pequeña burguesía y finalmente en el cuerpo de oficiales de las FFAA entonces derrocar sanguinariamente al gobierno y reprimir a los trabajadores. La ilusión reformista la pagaron y pagan hoy cruelmente los trabajadores, sus líderes y partidos, que trágica y heroicamente la defendieron hasta el último minuto, confirmando dramáticamente hoy, la frase del revolucionario francés del siglo XVIII Saint Just: "Quién hace revoluciones a medias no hace sino cavar su propia tumba".

P: ¿El fracaso de la izquierda, en su opinión, cancela por un largo período la lucha por el socialismo en Chile?

R: No nos parece el momento de revivir antiguas diferencias en el seno de la izquierda, pero a la vez, nos parece necesario que los trabajadores y la izquierda obtengan todas las enseñanzas que la experiencia chilena entrega, para nunca más incurrir en errores. Por ello preciso: en Chile no ha fracasado la izquierda, ni el socialismo, ni la revolución, ni los trabajadores. En Chile, ha finalizado trágicamente una ilusión reformista de modificar estructuras socioeconómicas y hacer revoluciones con la pasividad y el consentimiento de los afectados: las clases dominantes. 

 



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