¡Ningún ser humano es ilegal! ¡Todos los derechos para todas las personas!

Lunes 2 de octubre de 2006

corriente alternaEditorial Corriente Alterna 44 - octubre 2006 

El inicio de la precampaña electoral de las municipales y autonómicas de mayo del año que viene está marcando ya la actuación política en todos los frentes tanto del gobierno ZP como del partido de Aznar-Rajoy, seguidos de cerca por el resto de partidos. En este sentido, y en ausencia de fuerte presión desde la izquierda política y social, la tendencia a la derechización es cada vez más visible. Nada refleja más claramente esto que la lucha del PSOE por arrebatar una parte del electorado al PP mediante el nuevo discurso de "tolerancia cero" ante la inmigración "ilegal" que acompaña al drama humano de las muertes sucesivas, las repatriaciones forzadas y el blindaje de fronteras por mar, tierra y aire frente a la población más afectada por esta injusta globalización neoliberal.

En efecto, la ofensiva represiva desplegada contra la inmigración procedente del Africa subsahariana, cuantitativamente menor en comparación con el total pero magnificada mediáticamente como una verdadera "invasión", supone una clara concesión a las presiones xenófobas de la elite política canaria y, por desgracia, de una parte de la población del archipiélago y española. Esa actitud se da justamente en relación a una región cuyos motivos políticos, económicos y ambientales de la situación de "emergencia humanitaria" en que se encuentra obligarían a tratar como refugiados a quienes llegan a nuestras costas y, por tanto, a acogerles en territorio de la UE. Es cierto que todavía en las declaraciones de algunos ministros se reconoce implícitamente esa situación crítica ("la necesidad y el hambre no tienen fronteras") y que se ha propuesto un plan de "ayuda" con la idea, eso sí, de que suponga "inversiones en Africa contra la inmigración" (¿no sería mejor pagar la deuda histórica que existe con esos pueblos si tenemos en cuenta el expolio de recursos básicos y la sobreexplotación de seres humanos que desde hace siglos se ha hecho de esa zona y de esos pueblos?). Pero en los hechos lo que se está imponiendo es ese discurso de la Europa fortaleza que sólo permite acoger a aquella mano de obra necesaria para el funcionamiento de la "economía de mercado" y siempre en condiciones de exclusión política y cultural que no faciliten a los nuevos residentes acceder a la ciudadanía plena.

Hasta algunas voces empresariales han tratado de matizar las declaraciones tan beligerantes de José Blanco en las que decía que el mercado laboral estaba ya saturado, interesadas como están en seguir beneficiándose de una mano de obra de "usar y devolver" periódicamente. Porque en esta cuestión actúan tres lógicas diferentes: la del "pánico identitario" que afecta a unas poblaciones europeas envejecidas, temerosas de que los nuevos inmigrantes "no comunitarios" debiliten su "cohesión nacional", compartan algo de su "bienestar" y amenacen su "seguridad"; la del mercado, es decir, la de la mano de obra, tanto cualificada como, sobre todo, no cualificada, que los empresarios demandan en el marco de una creciente precarización de la fuerza de trabajo; y, en fin, la de las necesidades y los derechos humanos básicos y, en concreto, el de libre circulación de las personas frente al libre movimiento de capitales por todo el planeta y, por lo tanto, la ilegitimidad moral de cualquier cierre de fronteras a quienes son víctimas de la economía política neoliberal. El gobierno de ZP ha optado por privilegiar la primera buscando conciliarla con la segunda (aceptando, eso sí, mantener en la "irregularidad" a los centenares de miles que se encuentran ya en nuestro país y estableciendo cuotas discriminatorias de entrada basadas prioritariamente en la migración procedente de Europa del Este y de determinados países de América Latina), en abierta confrontación con la tercera, es decir, la del respeto no sólo a los derechos básicos de los "expulsables" sino también a los de los residentes estables en nuestro país (ni siquiera el gobierno se atreve a reconocer su derecho al voto en las municipales del próximo año).

Con respuestas como ésta ante un fenómeno imparable (como demuestran la actual experiencia estadounidense y, por no ir tan lejos, la que se vivió desde nuestro país a Alemania o Suiza durante los años 60, pese al mito de que todos iban con "papeles"), el gobierno de ZP no hace más que adaptarse a la ola racista que se extiende por Europa dejando relegada a pura retórica su discurso sobre la "alianza de civilizaciones", con mayor razón cuando esa "tolerancia cero" se está practicando contra una población que en su mayoría profesa la religión musulmana.

Otro aspecto en el que la tendencia a la derechización es innegable es el referente al nuevo escenario político abierto en Euskadi con el alto el fuego permanente de ETA. Desde que éste se hizo público todavía no ha habido ningún gesto positivo concreto por parte del gobierno, ni siquiera el acercamiento de presos a cárceles vascas, mientras se mantiene la presión judicial y persiste la incertidumbre sobre la legalización de la izquierda abertzale ante las próximas elecciones municipales debido a la continuidad de la injusta Ley de Partidos. Parece como si Zapatero quisiera utilizar su tesis de que este proceso será "largo, duro y difícil" para forzar a Batasuna a rebajar el listón de sus demandas y, de paso, justificar la necesidad de un mayor reforzamiento electoral de su partido como condición para dar algún paso adelante en el futuro, a sabiendas de que con el PP en el gobierno la alternativa sería peor todavía.

Con el probable descafeinamiento de la Ley de Memoria Histórica también quedará demostrada esa cesión a las presiones derechistas por parte del gobierno, ya que se ha pasado de la defensa retórica de la legitimidad de la Segunda República a la equiparación de los dos bandos e incluso al temor a anular los injustos juicios del franquismo. No es ésta una cuestión baladí ya que, como se ha escrito recientemente a raíz de la experiencia alemana, "la lucha por determinar quién escribirá este pasado, y en qué términos lo hará, no está, ni mucho menos, decidida": renunciando desde las instituciones a desafiar al revisionismo de extrema derecha y a hacer el ajuste de cuentas definitivo con la dictadura, se desaprovecha de nuevo una oportunidad para escribir ese pasado desde el antifranquismo y superar uno de los principales déficit de la "transición".

También en política exterior, pese a la aparente "misión de paz" de las fuerzas españolas en Líbano, se puede comprobar la voluntad de reconciliación con el "amigo americano" no sólo haciendo la vista gorda a los vuelos de la CIA sino, sobre todo, mediante la reafirmación de la presencia militar permanente en Afganistán pese al rotundo fracaso que está teniendo la OTAN en esa zona. A esto se suman las buenas relaciones con el rey de Marruecos en perjuicio del pueblo saharaui o la defensa que de los intereses de multinacionales como Repsol se está haciendo en países como Bolivia.

En política económica y social no hay grandes novedades sino mantenimiento de la continuidad con la etapa anterior, reforzada por la contrarreforma fiscal y la posible aprobación de unos presupuestos que, ya que pretenden contar con el apoyo de CiU -probable ganador de las elecciones catalanas del 1 de noviembre gracias al "Estatut de la Moncloa"- y PNV, seguirán haciendo cada vez más menguante el ya debilitado Estado de bienestar. Habrá que ver en ese contexto qué van a poder dar de sí leyes llenas de grandes promesas como la de Dependencia u otras como la LOU, subordinadas como van a estar ambas a la lógica competitiva del mercado.

Con este rápido diagnóstico no se trata de negar las diferencias que el PSOE mantiene con un PP cuya sintonía mayoritaria con el neoconservadurismo de Bush y con la extrema derecha mediática y militante es patente. Tampoco de ignorar los avances en el reconocimiento de determinados derechos civiles o, más recientemente, en el deseable frenazo a las nucleares tras el cierre anunciado de la de Garona en 2009. Pero todo esto no puede ocultar la naturaleza social-liberal de una política y un partido que, sin embargo, ha sabido utilizar muy bien a ese PP para confundir y mantener paralizada a la izquierda política y a una parte significativa de la izquierda social. Así ha ocurrido con Izquierda Unida y con los grandes sindicatos y ello ha tenido efectos muy negativos para la necesaria recuperación de la movilización en la calle contra esa misma derecha y frente a un PSOE cada vez más timorato ante ella. Lo vivimos en el pasado con la LOE y lo hemos comprobado recientemente con las dificultades vividas para generar una amplia protesta contra la agresión israelí a Líbano y en solidaridad con el pueblo palestino, frenadas por el apoyo parlamentario unánime a una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que, si bien ha contribuido a un precario alto el fuego, es claramente injusta y respeta la impunidad del Estado de Israel.

Sólo luchas como las que en muy distintos lugares se están emprendiendo contra la especulación y la corrupción urbanística e inmobiliaria, las de los jóvenes que se están autoorganizando en su exigencia de una vivienda digna y en su denuncia de la precariedad, o las de los trabajadores despedidos de SEAT y otras empresas parecen anunciar un nuevo despertar frente a la tendencia a la pasividad y la resignación o a la mera apuesta por el "mal menor" cuando lleguen las próximas elecciones. Por eso es preciso dar pasos adelante hacia una mayor coordinación de las redes críticas y alternativas de los movimientos sociales, superando sectarismos y buscando confluir en torno a campañas comunes que ayuden a demostrar que existe otro camino distinto tanto del que hegemoniza el PSOE como del que opta por el repliegue en la lucha local o sectorial. Junto a esa reactivación de la izquierda social, Espacio Alternativo seguirá insistiendo en la necesidad de abrir ámbitos de debate y convergencia estratégica entre aquellos sectores que, dentro y fuera de IU, apuestan por una izquierda anticapitalista y alternativa.

 

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