Pese a los retrocesos y la desmovilización, Catalunya sigue siendo de izquierdas

Lunes 6 de noviembre de 2006

revolta globalCada vez más, la situación exigirá un auténtico gobierno de izquierdas que se atreva a romper con las políticas neoliberales.

Declaración de "Revolta Global"

Las elecciones autonómicas del 1 de Noviembre no han resuelto las incertidumbres que pesan sobre el futuro gobierno de Catalunya. Ciertamente, al otorgar una mayoría parlamentaria a las fuerzas del tripartito, las urnas han puesto de relieve una vez más la existencia de una mayoría de izquierdas en el país, de profundas aspiraciones sociales y democráticas.

Aun así, la abstención, que representa el 45 % del electorado, y a la cual hace falta añadir el fenómeno de los votos en blanco ( 60.000) y de las numerosas papeletas nulas, afecta muy significativamente a sectores del pueblo trabajador en el cinturón industrial de Barcelona. Estos fenómenos también muestran la frustración y desencanto de muchos militantes de movimientos y organizaciones sociales, y de los sectores más combativos de la sociedad catalana, que no se sienten identificados con la izquierda parlamentaria existente. En estas mismas poblaciones, la irrupción de una formación populista, de discurso demagógico y lerrouxista, como es "Ciudadanos de Catalunya", pone de manifiesto una peligrosa fractura social que las políticas neoliberales están propiciando aquí como toda Europa, y de las que el "gobierno catalanista y de izquierdas" no ha sabido alejarse.

La desafección ciudadana hacia la política oficial atraviesa todo el espectro parlamentario. CIU gana las elecciones en todas las circunscripciones de Catalunya... a pesar de haber perdido cerca de 100.000 votos respeto a los comicios del 2003. Lejos del terremoto electoral anunciado, la derecha nacionalista sólo progresa pues de dos escaños. El dato más significativo, sin embargo, lo constituye el descenso del PSC, que pierde 240.000 votos (90.000 en la ciudad de Barcelona) y queda considerablemente debilitado. Sus votos perdidos van mayoritariamente a la abstención, en una proporción considerable a Ciudadanos... y en número importante también a ICV-EUiA. La coalición que lidera Joan Saura se beneficia así de su defensa del tripartito entre todo un sector de el electorado socialista, irritado por la defenestración de Maragall e inquieto ante la posibilidad de un acuerdo del PSC con la derecha. Pero, incluso en este caso – ICV-EUiA es la única fuerza que crece en número de votos y en escaños -, conviene matizar que, en muchas localidades obreras tradicionales, como por ejemplo Badalona, Sant Adrià, Santa Coloma o l’Hospitalet, no sólo no logra ningún progreso en términos absolutos, sino que incluso retrocede. Este síntoma es particularmente revelador con respecto a EUiA, cada vez más subsumida en el proyecto fuertemente institucionalizado de Iniciativa y que no alcanza a fortalecerse significativamente entre la clase trabajadora (ni entre la juventud más consciente y combativa). Finalmente, pese a la pérdida de dos escaños, ERC resiste bastante bien la acometida, desmintiendo los vaticinios catastrofistas de los medios de comunicación.

Entonces, ¿quién gobernará? El respeto de la voluntad popular mayoritariamente expresada indica que deberían ser las izquierdas. Catalunya corre el peligro, no obstante, de encontrarse con un gobierno de CIU o con una "gran coalición" entre la derecha nacionalista y el PSC. La denominada "sociovergencia" es, indudablemente, la opción preferida por el PSOE, que encara el tramo final de la legislatura con una agenda económica y social marcadamente liberal, con la cuestión de Euskadi sobre la mesa y con la necesidad de desactivar las campañas de erosión del PP. Pese al espíritu conciliador que han mostrado en Madrid durante este periodo, IU y ERC siguen oliendo a azufre para toda una parte de la opinión pública. La alianza con CIU, fuerza más "respetable" y reconocida por la oligarquía española, empezó a fraguarse en el curso de la negociación estatutaria y se ha ido confirmando a través del voto de los presupuestos generales o de la nueva reforma fiscal. "Estabilidad" es la palabra que más se ha repetido estos días en Ferraz y en la Moncloa. "Estabilidad" es lo que reclama con insistencia la patronal catalana, intuyendo que la bonanza económica propiciada por el boom inmobiliario puede tener los días contados y que nos acercamos a un periodo de turbulencias y conflictividad, propiciado por los desajustes sociales y las injusticias que comporta este modelo.

Las presiones son pues fortísimas sobre un PSC que todavía está digiriendo los desastrosos resultados del ’"efecto Montilla". El debilitamiento de este partido, inducido justamente por el giro hacia la derecha del PSOE, es ahora utilizado por los círculos dirigentes de Madrid como un argumento a favor de la "sociovergencia". ¿Qué forma podría adoptar esa alianza? ¿Directamente la de un gobierno CIU-PSC, fórmula preferida por un Artur Mas consciente de su victoria pírrica y deseoso de asegurarse el apoyo socialista? ¿O bien la de un gobierno en minoría de CIU, sostenido por un PSC desempeñando alternativamente el papel de aliado puntual y de falsa oposición? Acompañar a la derecha hasta el Palau de la Generalitat o cederle el gobierno... En un caso como en el otro, se trataría de una estafa sin paliativos de la voluntad democrática de la ciudadanía. Recientemente burlada con un Estatut que acabó siendo "de rebajas", la soberanía de este pueblo se vería una vez más pisoteada mediante una solución gubernamental impuesta en clave española... y destinada a agravar las políticas dictadas por los grandes intereses privados.

Oficialmente, la dirección del PSC se inclinaría por una reedición del tripartito, temiendo comprometer gravemente su propio futuro con cualquiera de estas opciones. Pero, ¿es necesario acaso recordar que el gobierno anterior y la propia presidencia de la Generalitat ya fueron dinamitadas desde Madrid con la connivencia de esta dirección? Ahora es cuando adquieren todo su sentido las altivas declaraciones de Montilla, formuladas a lo largo de la campaña electoral, contra "los ecologistas de salón que querrían paralizar el crecimiento de Catalunya", el compromiso del candidato socialista con los grandes proyectos vinculados a los lobbys de la construcción y la energía (como el Cuarto Cinturón del área metropolitana de Barcelona y la Línea de Muy Alta Tensión), las tomas de posición contrarias a las nuevas regularizaciones de inmigrantes y favorables a la represión sindical (cómo en el caso de los trabajadores y trabajadoras del aeropuerto del Prat, acusados de "sedición" tras la ocupación de las pistas de aterrizaje durante la protesta del pasado 27 de julio), la afirmación de no "querer gobernar con hipotecas" (en clara referencia a posibles demandas de ERC en el terreno del autogobierno o del derecho a decidir)... En una palabra: cuanto más desautorizado ha sido por su propio electorado, más querría Montilla "atar en corto" un eventual nuevo tripartito y someterlo a una severa disciplina, comprimiendo las contradicciones que provocaría semejante deriva derechista. No podemos, por lo tanto, descartar la hipótesis de una negociación repleta de exigencias tan humillantes que acabe haciendo imposible un acuerdo con Iniciativa y los republicanos, y nos precipite en brazos de la "sociovergencia".

No menos rechazable seria la opción de un "gobierno nacionalista" sobre la base de un pacto entre CIU y ERC. Más allá del miedo que siente la misma burguesía de negocios catalana ante la hostilidad que esto desataría en Madrid, la concreción de tal variante generaría una nefasta confusión política y peligrosas divisiones entre las clases populares, pues sometería el independentismo progresista e integrador - con el que s identifican las bases republicanas – al liberalismo agresivo de CIU y a su nacionalismo identitario.

La explicación de todo radica en la correlación de fuerzas que se ha ido estableciendo en Catalunya y en el conjunto del Estado durante este último periodo. El tripartito de hace tres años no resultó de una simple posibilidad que brindaba la aritmética parlamentaria, sino de todo un ciclo de movilizaciones ciudadanas de gran magnitud – contra la guerra, contra las agresiones al territorio, contra el autoritarismo de Aznar... – que fueron socavando el poder del PP y, en Catalunya, determinaron el ocaso del reinado pujolista. Estos comicios anticipados han llegado, por el contrario, tras tres años de expectativa de los movimientos sociales y de ausencia de oposición a las políticas continuistas del PSOE – y del propio tripartito – por parte de unas burocracias sindicales pactistas y de una izquierda "transformadora"... que se ha revelado profundamente posibilista con sólo acercarse del poder. Y llegan también tras toda una serie de golpes que las multinacionales han descargado sobre el movimiento obrero, desde los despidos de SEAT hasta el reguero de deslocalizaciones que ha afectado al tejido industrial de Catalunya, y tras la frustración que supuso la reforma estatutaria. He aquí las premisas de la deriva derechista de todas las propuestas. Incluso hemos podido ver a Carod-Rovira cortejando a la patronal de Fomento, y a ICV-EUiA, pese a su reivindicación de un gobierno de izquierdas, presentar un programa vaporoso, sin ninguna medida antiliberal enérgica, concebido a propósito para poder encajar en una eventual reedición del tripartito bajo la batuta de Montilla.

No son estas soluciones gubernamentales, ni estas políticas conciliadoras las que pueden evitar la degradación de un clima social que se tornará cada vez más deletéreo. El respeto de los anhelos ciudadanos, del mismo modo que la evolución de la situación en su conjunto, está poniendo a la orden del día la necesidad de un auténtico gobierno de izquierdas, decidido a desbordar los límites del social-liberalismo, a enfrentarse al dictado de las grandes corporaciones financieras e industriales, a defender los servicios públicos, a combatir la especulación inmobiliaria, a hacer que paguen los más ricos, a integrar la nueva inmigración con plenos derechos de ciudadanía, a reabrir el camino hacia la autodeterminación... Por ahora, no obstante, la salida inmediata y más factible al deseable fracaso de la "sociovergencia" sería una reedición del "gobierno de las izquierdas", verosímilmente con un programa todavía más adaptado a las exigencias privatizadoras y desreguladoras del capitalismo. Ciertamente, un nuevo tripartito impediría provisionalmente el acceso a la Generalitat de la derecha y sus planes liberales más belicosos, evitando cuando menos una sensación de impotencia y desaliento entre la clase trabajadora y la juventud, que estarían así en mejores condiciones para seguir luchando. Pero, si sus resistencias y movimientos no llegasen a amplificarse y unificarse, imponiendo medidas sociales eficaces y progresistas, los efectos devastadores de la precariedad, los cierres de empresas y las desigualdades crecientes prepararían, una vez más, el regreso de CIU al poder... y favorecerían el desarrollo del populismo y de la extrema derecha.

Así pues, avanzar hacia una perspectiva de políticas de ruptura con el neoliberalismo, cada vez más urgente y necesaria, tan sólo será posible en base a la más amplia movilización de la gente trabajadora, de la ciudadanía democrática, de las mujeres que sufren las peores iniquidades, de la nueva generación precarizada... Nada será tan decisivo como construir paso a paso esta movilización, combatiendo cualquier actitud de resignación ante la nueva acometida de las políticas neoliberales que se prepara. Junto con el impulso de la movilización social y contando con las energías que liberará, hay que seguir trabajando en la construcción de un verdadero referente político de la izquierda anticapitalista. Es decir, de una fuerza independiente respecto a la izquierda social-liberal y gestionaria, que rompa con el posibilismo y que ofrezca una alternativa creíble - sobre todo a la calle, pero también en las urnas – a las opciones políticas progresistas actualmente existentes. Para conseguirlo, haría falta la confluencia de los esfuerzos de la izquierda social más combativa y consciente, del sindicalismo de lucha de clases, de los movimientos democráticos, del independentismo revolucionario... Desde "Revolta Global" nos comprometen a obrar en este sentido.

3/11/2006. 

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