Por Diosdado Toledano
El resultado de las elecciones al Parlament de Catalunya reflejan las tendencias de fondo que venían experimentándose en la sociedad catalana en los últimos tiempos, y que tuvieron una primera expresión electoral en las pasadas elecciones municipales en el Principado, particularmente en la ciudad de Barcelona.
La removilización social que se ha producido en los dos últimos años, en especial durante las grandes manifestaciones contra la Europa del Capital y la Guerra en el 2002 en Barcelona, contra el PHN, en la huelga general contra el decretazo laboral del gobierno del PP, en la histórica movilización contra la guerra imperialista en Irak, y en muchas otras luchas y resistencias contra las consecuencias sociales y económicas del neoliberalismo, ha tenido su traducción política electoral, aunque distorsionada, dado el carácter esencialmente institucional de las políticas que defienden o practican las candidaturas del PSC, ERC e ICV-EUiA.
En este contexto social hay que incluir la crisis abierta en el modelo de estado como consecuencia de la ofensiva neocentralista del gobierno del PP, a la que se subordina y da legitimad el PSOE a través del llamado “Pacto antiterrorista”. En efecto, la histeria del gobierno de Aznar contra el “Plan Ibarreche”, la agitación del fantasma del “separatismo”, la demonización de fuerzas nacionalistas moderadas como ERC por líderes del PP como el ex ministro del interior Mayor Oreja, etc., han terminado por proyectarse e incidir, en sentido contrario al esperado por el PP, en el resultado final del proceso electoral autonómico de Catalunya.
La combinación entre radicalización en la cuestión nacional y creciente contestación a las políticas del neoliberalismo, especialmente entre la juventud víctima del paro y de la precariedad laboral, y capas sociales urbanas, ha producido un desplazamiento hacia la izquierda en la composición del Parlament. Si en las elecciones de 1999, la suma de escaños de CiU y PP era de 68, y la del PSC, ERC e ICV 67, en las del 2003 la suma de CiU y PP desciende a 61, y la de los tres partidos de la izquierda se amplía a 74 diputados. Dentro de este desplazamiento a la izquierda, se ha producido una importante redistribución interna, el PSC disminuye su peso en 8 escaños, mientras ERC pasa de 12 a 23 diputados, y la coalición de ICV con EUiA de 3 a 9 diputados.
Un zoom sobre el resultado electoral
La participación electoral ha alcanzado el 63,4% (casi dos puntos más que en 1999).
CiU obtiene 1.018.115 votos y pierde más de 160.000 votos (-6,8%), y retrocede de 56 a 46 escaños en relación a las elecciones de 1999. Los estudios posteriores (1) sobre el balance de los flujos electorales entre CiU y las otras opciones muestran que los votos pedidos por CiU durante la campaña electoral se han distribuido por este orden hacia ERC, PSC, abstención, PP e ICV-EUiA.
PSC obtiene 1.026.030 votos y pierde respecto a las anteriores elecciones más de 157.000 (-6,6%) y pasa de 52 a 42 escaños. Sin embargo esta disminución debe ser matizada al participar ICV en las elecciones de 1999 en las candidaturas del PSC en Tarragona y Gerona por cuyas listas obtuvo dos diputados. El flujo electoral entre PSC y las otras opciones se ha dirigido principalmente a ICV y ERC, y la abstención. A pesar de ser la fuerza mas votada, el PSC ha obtenido 4 escaños menos que CiU. Ello es consecuencia de una ley electoral (2) obsoleta e injusta que distribuye el número de escaños entre las cuatro provincias según el censo electoral del año 1976, que no tiene en cuenta las importantes variaciones de población y de censo entre provincias (fuerte disminución en las provincias rurales, y fuerte incremento migratorio hacia Barcelona).
ERC obtiene 542.045 votos, y gana 271.000 votos (+7,8%), casi duplica los resultados de 1999, pasando de 12 a 23 escaños.
ICV-EUiA consigue 240.358 votos, ganando 117.583 votos (+3,4%) y pasando de 3 a 9 diputados. Sin embargo, este resultado es de difícil comparación con la elección de 1999, o en todo caso debe ser matizado. En las presentes elecciones ICV se ha presentado en coalición con EUiA (que obtuvo 44.334 votos en 1999) y ha concentrado los votos en la coalición a diferencia de lo sucedido en 1999 donde participó en candidaturas del PSC, por las que obtuvo dos diputados.
PP consigue 390.650 votos, más de 93000 votos (+2,4%) que en 1999, pasando de 12 a 15 diputados.
Las negociaciones para formar gobierno
Las primeras reacciones para decantar o condicionar la formación de gobierno se produjeron al final de la noche electoral. CiU exhibiendo los reflejos de quien tiene y quiere conservar el poder a toda costa se proclamaba triunfadora por ser la fuerza con mas escaños, transformando el fracaso de las expectativas del PSC en victoria propia (con el descaro de quien es responsable de no haber reformado una ley electoral que le beneficia en exclusiva), y propone un gobierno nacionalista de coalición con ERC.
Los dirigentes del PSC, aturdidos por unos resultados que no esperaban, siguieron defendiendo su propuesta de gobierno “plural de izquierdas” con ERC e ICV-EUiA, a sabiendas que a partir de ese momento la llave para formar dicho gobierno la tiene ERC, y en menor grado la coalición de ICV-EUiA (la suma de escaños entre PSC y ERC, 42+23=65, no garantiza la mayoría para gobernar que es de 68 escaños).
La dirección de ERC propone un gobierno de concentración, del cual se excluye al PP, y abre una estrategia de negociación con CiU y el PSC, con dos primeros objetivos: Escenificar un proceso que calme a los votantes venidos respectivamente desde las fuentes de CiU y el PSC, y sobre todo, obtener los mejores resultados para su partido en la subasta de poder institucional y concesiones programáticas. En este sentido, esta estrategia le ha rendido sus primeros frutos positivos: La Presidencia del Parlament, a pesar que es la tercera fuerza en votos, ha sido para ERC con los votos a favor de CiU y PSC…..
Para algunos dirigentes de la coalición ICV-EUiA los resultados, en el fondo, han sido agridulces. El avance de ERC es mal digerido y el excesivo retroceso del PSC preocupante pues hace más incierta la formación de un gobierno de la “izquierda plural”, y por tanto, el acceso al gobierno de ICV...
La mejor confesión de los efectos catastróficos del resultado de las elecciones catalanas sobre la estrategia de tensión neocentralista del PP, que entre otras consecuencias, rompe el aislamiento de Euzkadi y del Plan Ibarreche, ha sido la burda intromisión de los líderes del PP en la formación del gobierno catalán. A cada declaración de Aznar, Arenas o Rajoy advirtiendo sobre el riesgo de gobernar con ERC, o ceder a sus aspiraciones, se fortalecía aun más la posición de ERC ante la opinión pública catalana.
A su vez, las declaraciones, en parecido sentido, de los barones del PSOE, debilitaban aún más la posición del PSC a la hora de negociar el gobierno, y su programa, con ERC…
La pugna entre presiones “fácticas” y la voluntad de cambio en lo social y nacional, se está dirimiendo en estos momentos en la negociación de gobierno. Tres opciones están en juego, gobierno “Plural de izquierdas”, gobierno de coalición nacionalista entre CiU y ERC, gobierno de amplia alianza entre CiU, ERC y PSC. Otras opciones son posibles pero menos probables. La ausencia de transparencia en las negociaciones, la ambigüedad calculada de ERC, tiene consecuencias negativas, y abre el paso a maniobras de última hora. En este sentido las últimas conversaciones sin luz y taquígrafos de Jordi Pujol y Carod Rovira son preocupantes ¿le habrá convencido de la bondad de un pacto CiU, ERC, PSC?
Las primeras votaciones en el Parlament para elegir Presidente y formar gobierno se realizarán el 15 y 16 de diciembre, para entonces, con gran probabilidad, el suspense habrá terminado.
Los programas, los gestos y las realidades
La negociación del programa de gobierno, entre fuerzas de marcado carácter institucional, y sin excesiva tradición de fidelidad a sus programas partidarios, o a la simple letra escrita, es una carrera a la baja…
Dos ejes principales aparecen en la negociación, lo social y lo nacional. En cuanto a lo primero, las medidas contempladas en los respectivos programas para reducir drásticamente el paro y la precariedad son limitadas e insuficientes, ¡ni siquiera se establece el objetivo de alcanzar la media europea a lo largo del mandato, la semana de 35 horas tampoco merece mayor atención!.
En cuanto a los compromisos para impulsar determinadas medidas que implican un mayor gasto, no se exponen con claridad los recursos para garantizarlos. Salvo ERC que plantea una vía efectiva con un nuevo sistema de financiación de la Generalitat que toma como referencia los modelos vasco y navarro.
Sobre la política de privatizaciones, salvo la defensa de los niveles públicos existentes en los sectores de educación y sanidad, el silencio más absoluto ante el proceso de privatización del transporte público ferroviario. Ninguna intención de devolver a la economía pública sectores estratégicos anteriormente privatizados, energía, comunicaciones, etc.
En relación al eje nacional, hay una común coincidencia en constatar el carácter obsoleto del actual Estatut de Autonomía, y la necesidad de discutir y aprobar un nuevo Estatuto que facilite un mayor autogobierno de Catalunya. Hasta aquí el acuerdo, sobre los contenidos y sobre el método de su gestación y legitimación es donde aparecen importantes diferencias. Al menos en el inicio….
La política de gestos: En el transcurso de las negociaciones para formar gobierno, el líder de ERC Puigcercós declaró que para su partido la consulta a la ciudadanía sobre el nuevo Estatuto, como paso previo a su discusión en las Cortes de Madrid era una condición “sine qua non” para formar gobierno con el PSC o con CiU. La alegría de Ibarreche, como la de quienes participamos de la idea que el ejercicio del derecho de autodeterminación es clave para resolver los conflictos originados por la negación u opresión de los derechos nacionales, duró poco. Al poco tiempo la dirección de ERC desautorizaba a Puigcercós, al afirmar que la consulta popular previa no era una condición para formar gobierno.
Las realidades: La realización de los moderados compromisos en materia social como nacional van a chocar con importantes obstáculos. No nos referimos solamente a las fuerzas fácticas, neoliberales, socioliberales o neocentralistas, de Catalunya y del estado español. Es necesario tener en cuenta y pronunciarse sobre el actual modelo antidemocrático, centralista y neoliberal de la Unión Europea, que va a ser consagrado en la Constitución Europea, y cuya firma por los representantes de los gobiernos está prevista para el 9 de mayo del 2004, y que será sometida a referéndum en varios países europeos, entre ellos el estado español, coincidiendo con las elecciones al Parlamento Europeo de 13 de junio del próximo año.
La posición globalmente favorable del PSC y de CiU a esta Constitución, el Si crítico de ICV en esta materia, la ausencia de pronunciamiento claro de ERC hasta la fecha, no auguran nada bueno para el cumplimiento, si quiera de sus moderados compromisos electorales o de gobierno.
Si a ello sumamos su larga trayectoria de gestión neoliberal o socioliberal en las instituciones que han gobernado, con el ejemplo paradigmático del ayuntamiento de Barcelona (3), la conclusión resultante es una fuerte desconfianza a que el llamado gobierno “plural de la izquierda” vaya a cumplir sus compromisos, y aun menos, dar satisfacción a las esperanzas de sus electores. Con mayor razón, un gobierno de frente nacional, donde ERC quedaría preso de CiU, o un gobierno entre CiU, ERC y PSC, significará un cambio efectivo hacia una política social, o de solución democrática a los derechos nacionales.
Tareas para construir la esperanza de Otra Catalunya verdaderamente “Lliure y Socialista”
Para los marxistas revolucionarios/as, para la izquierda anticapitalista consecuente, para los internacionalistas se presenta un reto al que hemos de responder:
Impulsar la movilización por los objetivos sociales y nacionales, reforzando en extensión y radicalidad a los movimientos sociales existentes, de manera independiente, sea cual sea el gobierno que se forme.
Rechazamos la formación de un gobierno donde esté presente la derecha nacionalista CiU que ha gobernado durante 23 años Catalunya, en el último periodo en alianza con el PP, pero al mismo tiempo, declaramos nuestra desconfianza, sustentada en la experiencia vivida, a que el llamado gobierno “de la izquierda plural” vaya a resolver de modo satisfactorio las necesidades de los trabajadores/as, de los jóvenes, mujeres, inmigrantes, y a dar una solución democrática a las justas reivindicaciones nacionales.
Sobre la base de la experiencia conocida, estamos convencidos que la presencia de fuerzas que se proclaman “transformadoras” en un gobierno de la “izquierda plural” lejos de favorecer una dinámica desde la sociedad para presionar y empujar a ese gobierno hacia el cumplimiento de sus moderados compromisos, las convertirá en rehenes de dicho gobierno a través de los mecanismos de corresponsabilidad gubernamental, y de integración en las prebendas del aparato de la Generalitat. En este sentido nos pronunciamos porque conserven su independencia de actuación fuera del gobierno.
Declaramos nuestra firme voluntad de impulsar la movilización social, y de impulsar, de manera abierta y participativa, con otras fuerzas de la izquierda anticapitalista consecuente, e internacionalista, sean de carácter social, socio-político, o político, de los espacios de encuentro y debate que permitan avanzar en la construcción de un instrumento político, plural y democrático, que nos permita avanzar en la transformación radical de la sociedad, derrotar el capitalismo y el centralismo autoritario, y construir Otra Catalunya, en el marco de Otra Europa, de Otro Mundo, sobre bases igualitarias, democráticas y solidarias.
Notas:
(1) Los datos sobre el balance de flujos electorales entre las diversas candidaturas están extraídos del trabajo de campo realizado por la empresa “Vox pública” en coordinación con un organismo de la Universidad Pompeu Fabra durante los dias 19 a 23 de noviembre, y publicado en “El Periódico” edición de 30 de noviembre.
(2) En las anteriores elecciones un diputado/a de Barcelona necesitó 47.500 votos, mientras uno de Girona 26.000, y otro de Lleida 20.800.
(3) En el ayuntamiento de la ciudad de Barcelona, gobernado por el PSC en alianza con ERC, e ICV, se ha aplicado una política coherente con las directrices neoliberales, privatización de los servicios, permisividad con la especulación, opción por obras faraónicas de imagen en lugar de impulso a las políticas sociales, medidas represivas contra los ocupas, contra los inmigrantes, etc. No es casual, que sea en Barcelona donde la pérdida de votos del PSC haya sido mas pronunciada, de lo cual se han beneficiado ERC e ICV, al aparecer con una imagen más alternativa a pesar de si corresponsabilidad en el gobierno.
Izquierda Anticapitalista




