Esther Vivas *
A pesar de sus límites y debilidades,
el Foro Social
Mundial (FSM) sigue
siendo el mayor espacio
de encuentro, de intercambio y de
debate, a nivel internacional, de
aquellos actores que se oponen al
modelo de globalización neoliberal.
Después de su séptima edición, celebrada
en Nairobi, es un buen momento
para parar y reflexionar acerca
de su trayectoria y los retos que
enfrenta en el futuro.
Un breve balance de Nairobi
El FSM celebrado en Nairobi ha significado
un toque de atención de lo
que podría sucederle al Foro si no
cambian ciertas dinámicas. A continuación
señalamos algunas de estas
amenazas. En primer lugar, cabe señalar
la posible mercantilización del
evento. En esta última edición, el comité
promotor optó por organizar todos
los aspectos logísticos a partir de
la contratación de empresas privadas.
Llegando incluso a firmar un acuerdo
con la multinacional de la telefonía
móvil Celtel como patrocinadora oficial
del encuentro. Una cuestión que
despertó las airadas críticas de los
sectores más militantes del FSM que
denunciaron estos hechos.
Otro peligro es la posible “oenegización” y moderación y su alejamiento de los movimientos sociales de base. En Nairobi, esta dinámica ha sido evidente con la excesiva sobre representación de ONG del Norte, de las iglesias y sus respectivas asociaciones religiosas que al contar con mayores recursos económicos han copado el evento. El enorme costo para la inscripción de actividades y el alquiler de espacios ha sido monopolizado por aquellos que tenían mayor capacidad financiera en detrimento de aquellos movimientos de base que, a pesar de su alcance local y regional, no tenían suficientes recursos económicos. Esto ha influido en el discurso público del Foro que ha sido copado por aquellos que instaban a un capitalismo de rostro humano y ha silenciado a las voces más radicales y alternativas.
Más fallos
En este sentido, la lista de errores y
debilidades de esta última edición podría
continuar: con una entrada que
fue excesivamente cara para los movimientos
sociales kenyatas y la población
local; una lógica ‘gigantista’
que llevó a alquilar un recinto con
unas dimensiones totalmente desproporcionadas
en relación al número
real de participantes; y las dificultades
con las que se encontró el sector
más movimentista y combativo del
foro, la Asamblea de Movimientos
Sociales, a la hora de llevar a cabo sus
actividades que no estaban ni incluidas
en el programa ni contaban con
un espacio para llevarse a cabo.
Pero a pesar de todas estas limitaciones es necesario señalar la capacidad de respuesta de los sectores más radicales que forzaron la entrada gratuita de la población local mediante acciones directas en las puertas del recinto; las iniciativas contra la mercantilización del evento con la ocupación de algunos restaurantes privados; o la aprobación en el último Consejo Internacional del FSM de un código de conducta para los organizadores regionales del evento que impida que se repitan estos errores. Tampoco podemos olvidar algunos aspectos muy positivos como el aumento de la convergencia entre movimientos sectoriales (antiguerra, migraciones, mujeres, contra la deuda...) y la elaboración de una agenda común de movilización.
Puntos fuertes
Y es que a pesar de sus debilidades,
uno de los principales logros del
FSM ha sido su capacidad de consolidar,
a lo largo de sus ocho años de
trayectoria, un espacio de convergencia
y de encuentro de todos aquellos
actores que se oponen a la lógica
neoliberal. Un amplio abanico de organizaciones
y movimientos sociales
que, a pesar de sus diferencias políticas
y estratégicas, han sido capaces
de converger, de construir y de mantener
este referente común.
Otra de las principales fortalezas ha sido lo que algunos han considerado su principal debilidad: el limitarse a ser un espacio de encuentro y no convertirse en una organización formal capaz de elaborar, por ejemplo, un manifiesto programático. Pero es que la diversidad y la amplitud del FSM radica en unos acuerdos de mínimos, la Carta de principios del FSM, que asumen todos estos actores. Se trata de un frágil equilibrio que debe de mantenerse si se quiere garantizar la continuidad del evento.
Pero estas limitaciones no han impedido que los sectores más combativos hayan buscado espacios propios de convergencia. Desde sus orígenes y en paralelo al FSM, se ha impulsado una Asamblea de Movimientos Sociales capaz de elaborar un calendario conjunto de movilización con un importante impacto a nivel global, como así lo demostró el llamado a la acción del 15 de febrero contra la guerra del año 2003. Un Asamblea necesaria y complementaria a la dinámica del FSM y que permite ir más allá, donde el Foro no puede ni debe llegar.
Otro de los grandes logros del FSM y del movimiento altermundialista ha sido su capacidad para acabar con el discurso único del neoliberalismo y deslegitimar a las instituciones internacionales que lo promueven. El grito de “otro mundo es posible” ha sido la respuesta unánime de aquellos que se oponen a la globalización neoliberal y a la mercantilización de la vida.
De lo global a lo local
Si el FSM surgió con una lógica anti
Davos y con un perfil discreto en su
primera edición en enero del 2001, el
segundo y tercer Foro significaron la
proyección internacional del evento
consiguiendo un gran impacto mediático
internacional y un importante
reconocimiento, no sólo a nivel interno
del movimiento, sino también
entre sus adversarios. En este sentido,
el Foro fue evolucionando desde
una postura reactiva a una propositiva,
de la crítica a la elaboración de
propuestas y alternativas.
Debemos de señalar, también, la capacidad de descentralización del evento tanto en su esfera internacional, con la celebración del cuarto FSM en Mumbai (India) abandonando su lugar de nacimiento en Porto Alegre; como con la organización de innumerables foros sociales tanto a nivel local como regional y continental. Una apuesta política que se ha mantenido y que dio lugar a un sexto FSM policéntrico en 2006, en Caracas, Bamako y Karachi, y a esta séptima edición en Nairobi. La descentralización ha permitido el fortalecimiento regional de los organizadores del Foro y el relativo acercamiento del mismo a nivel local.
La incógnita acerca del futuro del FSM dependerá de los movimientos, organizaciones y colectivos que lo integran y de los pasos que den en un futuro. Pero lo que está claro es que éste sólo tendrá sentido en la medida en que sea capaz de promover alianzas amplias y alternativas concretas que rompan con la lógica capitalista y patriarcal y que tengan utilidad para la organización y el fortalecimiento de las luchas reales.
* del Grupo de Investigación en Participación Ciudadana y Movimientos Sociales del IGOP (Universidad Autónoma de Barcelona)

































































