El Partido Socialista Escocés se queda fuera del Parlamanento después de dos años turbulentos

Roque Martínez

 

El Partido Socialista Escocés (SSP) se fundó en la década de los 90 en un contexto hostil, no ya por la apuesta que suponía la creación de una fuerza política que unificaba la izquierda anticapitalista frente a les fuerzas neoliberales (laboristas, conservadores, nacionalistas de derecha…) en Escocia, sino también por la incomprensión del carácter nacionalista del nuevo partido por parte de la izquierda inglesa.

Sin embargo, en las elecciones al parlamento escocés de 2003, el SSP consiguió una representación de 6 diputados (4 mujeres y 2 hombres).

Pero la publicación en un periódico sensacionalista del magnate Robert Murdoch de ciertos aspectos de la vida privada del dirigente Tommy Sheridan (había estado varias veces en un club de alterne de Manchester entre 1996 y 2002), provocó que durante dos años se discutiera en los órganos del partido sobre esta cuestión con bastante frecuencia.

La resoluciones que se tomaron respectaron tanto los planteamientos de Sheridan como  la coherencia ideológica del conjunto del partido. Es el 20 de agosto de 2006 cuando Tommy escribe un artículo en la prensa planteando la intención de separarse del SSP, alegando la falta de apoyo del partido frente a los ataques a su vida personal, y anunciando su intención de constituir una nueva organización, Solidarity, a la que se suman dos organizaciones: el SWP (homólogo de En Lucha) y el CWI (homólogo del Militante).

Así la izquierda anticapitalista se presenta a las elecciones al parlamento escocés de mayo de 2007 dividida y enfrentada entre sí. El efecto, en medio de una fuerte presión hacia el “voto útil” por la polarización de la campaña en torno al tema de la independencia, es una derrota sin paliativos de toda la izquierda (SSP, Verdes y Solidarity), que pasa de tener 15 a sólo dos diputados, los que obtiene el partido Verde.

Los nacionalistas forman gobierno

Otros partidos también han perdido. Por primera vez en 50 años los laboristas han dejado de ser la fuerza más votada (46 parlamentarios). En cambio, el Partido Nacionalista Escocés (47), con una propuesta nacionalista e independentista ha pasado a ser la primera, los conservadores (15) y los demócratas-liberales (16). También perdió la credibilidad del sistema, con cien mil votos declarados nulos porque la gente no entendía como rellenar los boletos de voto.

Cuando la socialdemocracia había asumido el neoliberalismo y la izquierda aparece dividida, los y las ciudadanas de Escocia han apoyado una propuesta nacionalista (la promesa de un referéndum) en ruptura con ciertas políticas que laboristas y conservadores han estado realizando en estos 50 años, pero no con el liberalismo.

La derrota contundente del SSP y de Tommy Sheridan (la figura de Solidarity) en las urnas ha de representar un punto de inflexión y reflexión. Una vez más la escisión de la izquierda tiene más que ver con personalismos (subordinación de la organización a intereses personales) que con diferencias en la aplicación concreta de los acuerdos congresuales. Las diferencias que había cabían perfectamente en una misma organización.

El SSP ha sido coherente en la defensa en la calle de políticas sociales, nacionales, económicas, ecológicas, antirepresivas y de defensa de la clase obrera frente a las políticas planteadas y aplicadas tanto por el laborismo como por los conservadores.

El proceso electoral ha terminado. Ahora toca poner en práctica el plan que el conjunto del SSP decidió en su último congreso y aprovechar las contradicciones que se van a producir con el nacionalismo moderado en el gobierno en cuestiones como el referéndum por la independencia, el cierre de las nucleares y un sinfín de temas sociales.