Pepe Gutiérrez-Álvarez / Kaosenlared
El interrogante es trágico y doloroso, y se encuentra un poco en boca de todos y todas los que estuvieron o habríamos estado con la República: porqué perdió la República. Aquí hubo un desastre, los peores ganaron a los mejores (lo dice hasta J. R. y lo que sigue es: pues bueno hay lo que hay), el sueño fue derrotado por la pesadilla, la vida y la esperanza por la muerte y la depresión, la liberación por la barbarie, la libertad por una dictadura que -y esto es lo más importante- todavía hipoteca claramente presente y futuro. El precio fue la mayor tragedia que recuerden los tiempos, y el alcance del mal social se hará otra durante siglos. Sus repercusiones internacionales fueron desastrosas comenzando, reforzó la dictadura en Portugal, el colonialismo en el Magreb, fue un referente primordial para monstruos como Pinochet o Videla, etcétera, etcétera.
Se ha hablado del retroceso de la ciencia, en la cultura García Lorca fue sustituido por José Mª Pemán, Max Aub por Alfonso Paso, Luis Buñuel por Rafael Gil, los maestros laicos y cultos por los la letra con sangre entra, pero sobre todo fue una auténtica hecatombe para el pueblo llano, para la cultura popular, para las mujeres y los niños que ganaron en derechos más que en siglos, el cristianismo volvió a ser el de siempre, el del beaterio y la hipocresía...en resumen, un desastre total, absoluto, y por lo tanto, la pregunta que ya se hacía en el ámbito más cercano, cuando surgía la necesidad de "hablar de todo aquello", De una historia que se puede resumir como sigue: Aquí ganaron los de República, cuando "el Alzamiento" (1), aquí no se mató a nadie, pero cuando llegaron "esta gente", mataron a todos los "rojos" que pudieron, a las mujeres las pelaron, le dieron aceite de ricino y la pasearon con carteles...Luego, pará y los titos tuvieron que hacer la guerra, y esto fue, sin la menor duda, lo peor que les pudo pasar en la vida. Tanto era así que convertía en relativo todo lo demás...
Para los abuelos, gente de otros tiempos, la República fue muy incauta, creyó que las cosas de siempre se podrían cambiar así como así, y los desórdenes lo acabaron por estropear todo. En el círculo de papá, que eran apenas unos muchachos que acababan de dejar los pantalones cortos en 1936, cuando apenas si se habían enterado de las ideas y los movimientos, el "quid" de la cuestión estaba en la división, idea que el hombre reforzaría con el tiempo escuchando a sus compañeros de trabajo de Barcelona. "Esta gente" tenía un solo mando, no se detenían ante nada mientras que aquellos infelices (los republicanos del pueblo), se quedaron esperando porque decían que ellos no tenían nada que temer, pues no habían hecho nada. Yo ya había sentido en la escuela el significado de aquella premisa militar romana de "Divide et impera", y todo lo que sentí por entonces me pareció razonable por mucho tiempo.
Cuando se publicó Por qué perdimos la guerra, el famoso libro de Carlos Rojas en 1970, y cuando leímos su contenido hacía ya tiempo que se estaba dando un debate en los medios más o menos clandestinos. Tanto Francecs Pedra, el patriarca anarquista, como los compañeros comunistas de las reuniones estaban básicamente desacuerdo en que la causa principal de la derrota fue internacional. Mientras que el franquismo contó con el apoyo de las potencias fascistas, de "los moros", Portugal, y Pedra subrayaba: "y del capitalismo internacional", la República se quedó aislada. Ni tan siquiera le vendían armas. Solamente la URSS, México, y la Brigadas Internacionales ayudaron de verdad.
Pero aquí acababan las coincidencias. En tanto que los amigos comunistas insistían en que "no se daban las condiciones objetivas y subjetivas" para una revolución, Pedra nos contaba que la República se había mostrado más dura con el movimiento obrero -o sea la CNT- que con Juan March y los que conspiraban. Que había apoyado a los empresarios que hacían "lock-aut" (palabra que nos tuvo que explicar medio centenar de veces, era la "huelga de los patrones", sobre todo de los terratenientes que decían a los jornaleros: "!Ahora comed República)¡". Que había habido insurrecciones, y que, en definitiva fue la revolución, el pueblo armado, el que contrarrestó la sublevación El pueblo organizó el campo y las industrias en un sistema de "autogestión" que asombró el mundo...
Sobre esta discrepancia se construyó una variación entre los jóvenes. Los de las juventudes persistían en el esquema de sus mayores, otros ampliamos encontramos nuevos argumentos a los razonamientos empíricos de Pedra, de entrada porque entonces comenzaron a aparecer estudios y aportaciones (las de Broué-Témine, Peirats) que profundizaban, y ampliaban lo que nos contaba. Por otro lado, el desprestigio del estalinismo crecía casi por día, al menos en su variante digamos "clásica", lo del maoísmo era una variación que se justificaba por lo que se creía ver en la "Gran Revolución Cultural Proletaria" (ahora resulta sorprendente que una "revolución" que parecía la más participativa y deslumbrante de la historia, haya quedado tan desmitificada. Y es que en realidad no se trataba de una revolución).
No nos gustaban sus normas jerarquizadas de organización, su repudio a los debates, a la libertad de crítica. Después del optimismo de Kruschev aparecieron los oscuros Breznev y Kosyguin, y la entrada de los tanques soviéticos en Praga en agosto de 1968, conmovió hasta el PSUC. Ya nada fue igual, por lo demás, en el gran referente de mayo del 68, la actuación del partido comunista francés (justificada por el "gran jefe" Carrillo), nos pareció inadmisible. A las cuentas del presente se les añadía las del pasado. La Rusia de Stalin se había negado en un principio a "tomar partido" por la República, y cuando lo hizo, fue, primero, para atenerse a sus propias exigencias geoestratégica (las mismas que aceptaban de pleno la actuación de las democracias occidentales, incluyendo sus exigencias imperialistas), y segundo, para aplicar y extender sus métodos policíacos. Por supuesto, esto no contradecía el hecho de que millares de comunistas que creían antes en "el partido" que en las ideas y en los análisis, dieran lo mejor de sí mismos o de sí mismas como Matilde Landa o Juana Doña.
Por supuesto, el debate sigue vivo y ha inspirado nuevas ediciones, ahora con más razón ya que se tienen más datos, más reflexiones y perspectivas. Algunos de ellos retoman el hilo del pasado como la obra de Carlos Rojas recopila 63 testimonios que vuelven a plantear los debates abiertos sobre las razones de la derrota del bando republicano, y vuelve al principio más elemental: ¿hasta qué punto fueron importantes sus luchas internas? Y a la consiguiente, ¿cuáles fueron las razones de dichas divisiones?, divisiones que, por cierto, ya existían. También existieron en mayor o menos grado en la derecha, pero ésta tenía un referente en "la tradición", un modelo de actuación claro, la Alemania nazi, y un medio contundente: el ejército (previamente depurado de elementos republicanos, y por supuesto de cualquier elemento de piedad, o humanidad. La victoria lo justificaría todo...
Conviene recordar que el libro de Rojas causó en aquel un considerable impacto (2), Reproducía abiertamente la versión de los vencidos de manera directa o indirecta, a través de sus propios respuestas o de trabajos que lo habían hecho, Tenía la virtud de empezar pro el final, reproducía fragmentos de testimonios, opiniones y vivencias que hasta el momento habían resulta inasequibles y que ahora recupera de manera ampliada Planeta, Ofrece nuevamente una amplia selección de textos breves y gráficos de 63 hombres y mujeres de distintas escuelas y oficios (militares, políticos, intelectuales). Un relato poliédrico que se cierra significativamente con el discurso "Venceréis pero no convenceréis", de Miguel de Unamuno, que sentencia una verdad bíblica en el lado de los llamados "nacionales" (concepto solamente admisible si se acepta que España era suya), y que deja un terrible mal gusto de boca porque habían tantos motivos para que la República ganara esta guerra que los que pudieron haber para que los aliados ganaran al Eje. Por cierto, cuando lo hicieron en 1945, reeditaron la misma traición a la República, y Stalin volvió a hacer lo propio, Franco fue reconocido con el contubernio de la socialdemocracia europea
En una onda muy semejante se sitúa la obra de Josep Sánchez Cervelló, ¿Por qué hemos sido derrotados? que trata de explicar la suma de causas militares y políticas (sobre todo internas), que contribuyeron a la derrota de la República, y divide la respuesta en dos partes, más un prólogo donde Sánchez Cervelló expone su condición de miembro de una familia de rojos al tiempo que proclama su intención de evitar una historia maniquea, intentando comprender y explicar una realidad que André Gide matizó diciendo que el dilema entre República y franquismo era lo más parecido que podía haber entre el bien y el mal. Evidentemente, como ya ocurre entre las personas, siempre encontraremos una objeción en las personas que más admiramos y un punto de humanidad en la que más odiamos, y no fue por casualidad que más tarde o más tempranos mucha gente proveniente del franquismo acabó engrosando la lucha contra la dictadura. Gente mala que anda la hubo en la República, por supuesto, pero nadie comparable a Franco, Mola, Queipo o de aquel capitán Rojas de Casas Viejas
En este caso el autor ha trabajado con abundancia diversas fuentes primarias (especialmente de archivos, pero también orales), algo de agradecer en obras de voluntad didáctica. El autor entra de pleno en los episodios menos complacientes del campo republicano. las maniobras del Gobierno del PNV que llevaron al Pacto de Santoña, las de Acció Catalana en la misma línea, los episodios menos líricos de las colectivizaciones, deteniéndose en resistencias campesinas como la de La Faterella, ya estudiada por Josep Temes, sobre la actuación del estalinismo en los acontecimientos de mayo de 1937, así como en las debilidades y contradicciones militares del bando republicano. El repaso tiene la virtud de ofrecer un repaso que ayuda a situar las cosas y a reanimar un debate que no se cerrará ni en este ni en ningún otro aniversario. Quizás por eso el autor resulta tan parco en las conclusiones finales de una obra que resalta la serie que está publicando Flor del viento de Barcelona, que junto con la de España en armas de Espuela de Plata (Renacimiento, Sevilla), están cubriendo una vasta y apasionada aproximación a la historia (y de los debates) interminables sobre la crisis española de los años treinta, una clave inexcusable para entender nuestro propio tiempo.
La voluntad de abarcar todas las escuelas no llega en el autor de estas líneas hasta el extremo de dilapidar sus dispendios en otra obra más del hispanista "nixoniano" Stanley G. Payne, presente en las librerías con 40 preguntas fundamentales sobre la Guerra Civil, tanto por una natural antipatía moral, como por el hecho de que ya son excesivos los libros sobre la guerra y la revolución que se agolpan en casa, y que me están impidiendo abordar otros temas no menos vigentes y apasionantes. .
---1) El amigo Antonio Cruz de DESPAGE tuvo el acierto de llamarme la atención sobre este concepto, otro más de los tantos manipulados por los golpistas. Alzarse tiene en castellano unas connotaciones de superación, de rebeldía, que solamente puede corresponder a cuando los de abajo se "alzan" contra los señores y la tiranía, dejan el sometimiento para elevarse a la categoría de insumisos. Por lo tanto, nada que ver con la horda "africanista" que ocuparon su propio país imponiendo desde el primer día la medida del terror, tanto para exterminar cualquier vestigio de resistencia como para marcar a las tropas el terreno a las tropas involuntarias que arrastraban tras de sí.
---2) En un reciente debate en Ateneo de Barcelona (30-03-07), Francesc Bonamusa aludió al hecho de que por aquella época ya se había editado el Homenatge a Catalunya, de Orwell, en tanto que él sufría los arañazos del régimen por haber publicado un artículo sobre los comunistas...Ciertamente, el régimen ya había aprendido a jugar las cartas de la "guerra fría", y trataba de oponer las demás izquierdas a los comunistas y a la URSS, no solamente con la poumista. La "apertura" tenía también malas intenciones contra editoriales del exilio como Ruedo Ibérico o Losada, y abarcó a autores ligados al PCE como el inolvidale Manuel Sacristán.
Izquierda Anticapitalista




