Pedro Aranda - ERA
El gobierno social-liberal del PSOE en los últimos años ha mostrado lo que mucha gente esperaba, a pesar de las formas simpáticas de Zapatero. Un gobierno que ha continuado aplicando las medidas neoliberales, debilitando las rentas bajas, luchando contra los movimientos sociales y reprimiendo las disidencias políticas que no caben el sistema monárquico heredero de la dictadura.
La desilusión provocada en los sectores de izquierda de la sociedad, muy movilizados en la última época del gobierno Aznar, ha dado la iniciativa política a la derecha, que ha tenido la supremacía en la movilización social, apoyándose en los bastiones católicos y los grupos de extrema derecha, que han conseguido hacer oír su voz xenófoba, homófoba y españolista gracias a las masivas movilizaciones de carácter ultraconservador.
Después de 4 años de gobierno neoliberal del PSOE apoyado por una Izquierda Unida subalterna sin proyecto propio y partidos nacionalistas varios, el carácter neoliberal de los gobiernos y bases mismas del Estado español no deja duda. Solamente una pocas leyes como la del matrimonio entre parejas del mismo sexo, o de dependencia (mejorables sin duda) han mostrado un carácter diferente a lo que sería un gobierno de la derecha clásica. Leyes que en su mayoría han quedado sin efecto por la falta de financiación o tan vacías de fuerza práctica que nada tienen que ver con lo esperado por cobardía política, como en el caso de la ley sobre memoria histórica. Y un conflicto político en Euskadi con un proceso de paz en el que “los progresistas” han tenido posturas más conservadoras que el propio PP, y cuya mejor manera de escapara a sus responsabilidades ha sido continuar la represión generalizada sobre la izquierda independentista, llegando más allá de ella en un espiral de represión muy peligrosa.
En el terreno sindical, la represión patronal y judicial de los sindicalistas más activos no es compatible con el discurso presidencialista del buen talante, y muestra claramente al servicio de qué intereses se sitúa este gobierno. Los sueldos de l@s trabajadores ven perder su poder adquisitivo a un ritmo galopante, y no solamente en el último mes, como pudiera parecer si atendemos a los medios de comunicación del poder. Las familias trabajadoras cada vez más “entrampadas” y con dificultades para llegar a fin de mes, con hipotecas por las nubes, ven un futuro cada vez más incierto.
En resumen, un gobierno que continúa la lógica de trasvasar de las rentas más bajas a las más altas a través de reformas fiscales, de su permisividad con la especulación inmobiliaria, con sus apuestas educativas que se basan el proyecto mercantilizador europeo y las contrarreformas laborales que nos dejan con casi ningún derecho social de paro y defensa frente al patrón.
Los movimientos sociales han sido débiles durante estos años en comparación con la última legislatura de Aznar. Pero motivos no han sobrado para la movilización: precariedad creciente en todos los campos, guerras imperialistas en las que sigue participando el Estado español, asesinato continuado de mujeres, persecución y represión de inmigrantes, ataques a libertades políticas, ataques al medio natural tanto en las costas como en el interior, etc. Aunque por otro lado, a la menor coordinación ha habido resultados visibles: el movimiento por una vivienda digna, el estudiantil contra la mercantilización, el republicano que ha hecho mella en el discurso pro-borbónico, el antifascista que ha logrado hacer suyas las calles en un momento tan difícil, los medios de comunicación alternativa que se hacen cada vez más eco. Es por ello que parece acertado decir que con más organización y articulación, en los próximos años podremos hablar de movimientos de masas no tan a la defensiva y dispersos como en la etapa actual. El fortalecer coordinaciones permanentes, dotar de discurso articulado, unificar luchas dispersas, parece ser uno de los principales retos para conseguir victorias futuras.
Ante unas elecciones en las cuales la izquierda institucional está integrada en el pragmatismo capitalista sin dar alternativas y la izquierda anticapitalista tiene una implantación muy débil, no existen las opciones que presenten a las masas una posibilidad de ruptura capaz de tomar las calles; en esta situación l@s revolucionari@s debemos tener clara la perspectiva de futuro: que la lucha es el único camino, para acumular fuerzas en la perspectiva de la construcción de una herramienta política capaz de ayudar fomentar y fortalecer los movimientos de masas, la creación de una izquierda sindical capaz de victorias aunque sean parciales, y la coordinación de las fuerzas anticapitalistas, bastante dispersas en el actual periodo.

































































