Pablo Fernández
El 26 de enero de 1917, Rosa Luxemburgo escribía a una amiga desde la cárcel:
“Eso de entregarse por entero a las miserias de
cada día que pasa es cosa para mí inconcebible e intolerable. Fíjate,
por ejemplo, con que fría serenidad se remonta un Goethe por encima de
las cosas. Y sin embargo no creas que no hubo de pasar por amargas
experiencias. Yo no te pido que hagas poesías como Goethe, pero su modo
de abrazar la vida –aquel universalismo de intereses, aquella armonía
interior- está al alcance de cualquiera, aunque sólo sea en cuanto
aspiración. Y si me dices, acaso, que Goethe podía hacerlo porque no
era un luchador político, te replicaré que precisamente un luchador es
quien más tiene que esforzarse en mirar las cosas desde arriba, si no
quiere darse de bruces a cada paso con todas las pequeñeces y miserias”.
La cotidianidad de los campamentos intenta asemejarse todo lo posible a lo que más o menos podría ser el funcionamiento de una sociedad socialista: tareas compartidas, derechos y responsabilidades asumidos de forma colectiva.
El resultado es inspirador: volver a la metrópoli tras convivir con 600 personas en clave de armonía deja un síndrome que costará días sacarse de encima.
No sólo yo ando “shockeado”, parece que es algo general.
Dejar objetos de valor y que al volver sigan en su sitio o disfrutar de una sexualidad libre y maravillosa nos acercan a ese “otro mundo posible” que perseguimos.
En el plano más estrictamente político me referiré a tres cuestiones:
1. La idea compartida de que no llegaremos a ese tipo de sociedad de manera natural. Mientras el modelo económico-social por el que hoy se rige el mundo siga vigente nuestras aspiraciones serán insatisfechas.
2. Más concretamente a nivel europeo el vacío político dejado por la derechización de los referentes políticos tradicionales de la clase trabajadora: los partidos socialistas y comunistas, plantea un escenario político excepcional que requiere de iniciativas políticas marcadas por la flexibilidad táctica y grandes dosis de audacia.
3. La delegación del Estado español, entre 100-150 participantes, representaba una síntesis de la actual coyuntura política. Decenas de jóvenes que entran en política para construir la nueva izquierda anticapitalista debatieron sobre los errores y los aciertos del pasado, sobre feminismo, sindicalismo, las tareas del momento y los retos de futuro.
Ha sido una experiencia enriquecedora en muchos sentidos.
“Salinas, ¡la vida puede ser maravillosa!”, le dice el comentarista futbolero Andrés Montes a Julio Salinas durante los partidos que retransmiten en La Sexta.
Tiene razón.
Izquierda Anticapitalista




