Pascual Serrano / Rebelión
El presidente de Georgia, Mikhail Saakashvili, está informando sobre el desarrollo del conflicto en Osetia del Sur en alocuciones oficiales en las que aparece una bandera de la Unión Europea. Como es sabido, Georgia no pertenece a la UE. La presencia de la bandera europea de fondo supone una burda manipulación de quien pretende presentarse ante la opinión pública internacional con una legitimidad y autoridad europea que no le pertenece. No existe ninguna razón que justifique que un gobierno que no pertenece a la Unión, no está en proceso de incorporación ni posee ningún acuerdo especial con la UE utilice su bandera.
Por su parte, las autoridades de la Unión Europea no han hecho ningún comentario al respecto. No deja de ser paradójico que mientras el jefe de la diplomacia europea, Javier Solana, pide a ambas partes -Rusia y Georgia- a que establezcan un alto el fuego, una de ellas informa de sus operaciones militares flanqueado por una bandera de la UE. Sin duda, el silencio de la Unión Europea supone la ausencia de su necesaria neutralidad.
Si a la falta de democracia en el seno de las instituciones europeas, los ciudadanos ahora debemos sufrir el uso de sus símbolos de forma arbitraria por cualquier gobierno del mundo con el silencio de los representantes europeos, es evidente que ningún respeto nos merece una unión que tampoco hace respetar en la comunidad internacional la utilización de sus banderas y símbolos. ¿O es que tomamos parte de esa sutil forma en conflictos militares internacionales sin el necesario debate institucional y consulta democrática?

































































