¡Aumento de los poderes para el “soberano” del Elíseo! ¡La democracia abofeteada!

Viernes 29 de agosto de 2008

Rouge*

Lejos de las preocupaciones cotidianas del conjunto de la población, el lunes 21 de julio, diputados y senadores reunidos en Congreso en Versalles, han votado la revisión constitucional querida por Sarkozy. Además de que habrá tenido que tirar de todo lo posible para reunir los tres quintos necesarios –con un margen de un voto…- esta reforma no introduce ningún progreso democrático, ningún verdadero nuevo derecho para los ciudadanos. ¡Muy al contrario!.

No es una victoria de la democracia

Sarkozy tenía prisa por completar el cuadro de las contrarreformas liberales con un texto que presidencializaba aún más las instituciones, ofreciéndole así medios suplementarios para gobernar contra la voluntad de los ciudadanos (de la forma en que procedió para hacer ratificar el tratado de Lisboa, en febrero), que le ayudaba a asegurarse el acentuamiento del control de la opinión pública (a través de los medios de comunicación, por ejemplo), que consagraba la servidumbre de las Cámaras a la vez que les daba una nueva imagen, que atrofiaba pues aún más una democracia profundamente mutilada por la Vª República desde los orígenes. Esto es ya algo realizado bajo la cobertura, por supuesto, de algunos artificios y engañiflas que han permitido divertir a la galería…

La dimensión esencial de la contrarreforma se refiere al derecho otorgado al presidente de la República de dirigirse en adelante al Congreso, pudiendo solamente su declaración “dar lugar, fuera de su presencia, a un debate que no es seguido de ninguna votación”. No se ven abolidos ni su derecho de disolución de la Asamblea nacional, ni su poder exclusivo de convocar referéndum legislativos, ni la posibilidad para él de recurrir a los poderes especiales o de mantenerse cuando es objeto de una desautorización popular; el monarca del elíseo adquiere una preeminencia acentuada y, sobre todo, una auténtica “facultad de conminar a la representación nacional”. Dicho de otra forma, se encuentra aquí legitimada la práctica sarkozyana del poder, esa mezcla explosiva de bonapartismo exacerbado y de autoritarismo disimulado tras una postura populista.

Una verdadera reforma política

Una reforma democrática radical exigiría la convocatoria de una asamblea constituyente y la supresión de la elección por sufragio universal del presidente de la República, clave de bóveda del bonapartismo institucionalizado. Exigiría también un mandato único renovable una sola vez, un sistema proporcional integral por regiones con corrección nacional tomando en cuenta los restos, el derecho de voto para todos los residentes extranjeros, el ejercicio garantizado del derecho a la autodeterminación para los departamentos y territorios de ultra mar.

Exigiría la supresión del Senado y su reemplazo por una asamblea surgida de los movimientos sociales. Debería radicalizar el derecho del suelo, oponiendo a la noción genealógica de identidad la de una ciudadanía ampliada a todas las personas que viven y trabajan en el territorio. Debería suprimir la tutela prefectoral sobre los municipios (heredada del Imperio), promover una expansión de la democracia municipal y reemplazar el Consejo constitucional (nombrado) por una comisión parlamentaria elegida por mayoría de dos tercios. Debería, sobre todo, favorecer el reconocimiento de derechos de control y de autogestión en los lugares de trabajo, reducir el tiempo legal de trabajo para facilitar la rotación de los mandatos y la desprofesionalización de los poderes, instituir la revocabilidad de los electos por sus mandatarios y alinear su paga con el salario de los trabajadores.

 23 de julio de 2008.

 

*Traducción de Alberto Nadal.

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