Cayucos

Jueves 11 de septiembre de 2008

Nuria Álvarez

Estos días ha salido en los medios la noticia de otro cayuco llegado a las costas españolas, con 14 cadáveres a bordo. Venía de Mauritania, dijo la presentadora de televisión. Otro muerto encontrado en el mar. Y 45 tripulantes que habrían muerto de haber tardado un día más en ser rescatados.

Otra vez la misma noticia, más o menos. Aparecen una vez más las imágenes de la Cruz Roja, los africanos en muy malas condiciones, las imágenes de los cadáveres (esta vez se veían las imágenes de los cadáveres), y como colofón se mencionan de alguna manera las medidas de control fronterizo. Aunque a veces los inmigrantes se amotinen contra sus salvadores o se lancen al agua para no ser "rescatados", cargándose el guión sin saberlo. Esta vez sin embargo, la presentadora menciona que gracias a las medidas de control fronterizo se ha reducido el número de los que llegan. Pero en lo que llevamos de año, ya se ha igualado el número total de muertos del año pasado.

Un momento. Algo parece que no encaja. Se ha reducido el número de pateras. Ha aumentado el número de muertos. (¿???) La pieza de puzzle que falta creo que es la externalización de fronteras. Externalización de fronteras, nos explicaba un orgulloso representante del FRONTEX (agencia europea de control de fronteras) en un seminario el año pasado, es llevar las medidas de control fronterizo fuera, principalmente a Marruecos. A cambio de cooperación militar y policial y de ayuda al desarrollo. (Marruecos es el principal receptor de ayuda al desarrollo española, y desde 2001-2002 esta ayuda está condicionada al control fronterizo por parte de Marruecos).

Externalización de fronteras significa que los inmigrantes cada vez salen desde más lejos, hacen travesías más largas y peligrosas, y mueren en mayor número antes de llegar. Como este cayuco que venía de Mauritania, como los que vienen cada vez más de la zona del Sáhara Occidental, donde al parecer Marruecos sí que hace la vista gorda para deshacerse de saharauis. Como los que han llegado también de Senegal y aún más abajo. Cada vez más al sur, para esquivar las patrullas marroquíes y españolas, los disparos marroquíes, las torturas a los detenidos, a los que luego liberan en medio del desierto entre Marruecos y Argelia.

La externalización de fronteras, de la misma familia que la subcontratación, la deslocalización, la desgregación, tiene el valor añadido de que nos permite no ver lo que estamos haciendo. Por un módico precio -o más bien gratis, a cambio de la solidaridad española de la ayuda al desarrollo- el ejército y la policía marroquí asesinan por nosotros a los que llevan meses atravesando Africa con el sueño de iniciar una nueva vida en Europa. Supongo que los políticos del gobierno deben de estar dándose palmaditas en la espalda, encantados por la eficacia de sus medidas de control.

Si así es, creo que se podría avanzar más y conseguir resultados aún mejores. En los muros de Ceuta y Melilla, donde la policía marroquí y a veces también la española disparan a los que intentan cruzar, se podrían sembrar minas antipersonales de las que España exporta en grandes cantidades. Así se utilizaría tecnología nacional y los costes serían más bajos. Por otro lado, se podrían disponer equipos de la Cruz Roja a ambos lados del muro con periodistas empotrados, que suministrarían imágenes impactantes y emotivas a los medios de comunicación sedientos de noticias durante el verano. Además se reduciría el número de entradas ilegales. Aunque aumentaría el número de muertos.

Parece ciencia ficción, pero dentro de poco los inmigrantes sin papeles en Europa podrán ser encerrados durante un año y medio, y sin derecho a ningún tipo de asistencia jurídica, en grandes prisiones especialmente concebidas para ellos -los centros de internamiento de extranjeros, que se encuentran hoy en día en un limbo jurídico-. Y esto gracias al Pacto de Inmigración europeo impulsado por Sarkozy y aprobado con el apoyo de los socialistas. Simbólicamente, todas estas medidas deshumanizadoras tomadas contra los inmigrantes son también ataques a nuestros familiares y antepasados que tuvieron que emigrar, y sufrir el desprecio y la explotación de otros que entonces estaban mejor. Si no lo recordamos, es que se ha roto la cadena de la memoria.

Un filósofo alemán /1 dijo que “existe entre los hombres, debido a que son hombres, una solidaridad en virtud de la cual cada uno es co-responsable de toda injusticia y de todo mal cometido en el mundo, y en particular de los crímenes cometidos en su presencia, o sin que los ignore. Si yo no hago lo que pueda para impedirlos, soy cómplice. Si no he arriesgado mi vida para impedir el asesinato de otros hombres, si me he mantenido quieto, me siento culpable en un sentido que no puede ser comprendido de manera adecuada ni jurídicamente, ni política ni moralmente [...] En algún lugar en la profundidad de las relaciones humanas se impone una exigencia absoluta: en caso de ataque criminal o de condiciones de vida que amenacen el ser físico, no aceptar vivir más que todos juntos o bien nada en absoluto”.

 

Notas

1 -(Karl Jaspers, La culpabilité allemande, pp. 60-61. Citado por Frantz Fanon, Peau noire, masques blancs, Editions du Seuil, 1952, p. 72. La traducción es mía).


 

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