Día 25 de Noviembre - Día internacional contra la violencia machista
Mujeres de Izquierda Anticapitalista
27 años han pasado desde ese 1er Encuentro Feminista de Latinoamérica y el Caribe en memoria de las hermanas Mirabal, tres activistas políticas asesinadas en 1960 a manos de la policía secreta del dictador Trujillo en la Republica Dominicana. Encuentro en el que las mujeres lanzaron una denuncia internacional contra la violencia de género a nivel doméstico y la violación y el acoso sexual a nivel de estados incluyendo la tortura y los abusos sufridos por prisioneras políticas. Solo 9 años desde que la ONU reconoció oficialmente este día.
Un día de denuncia internacional, que sigue año tras año, que recoge y carga con el peso de la historia, que exige sumar nuevas fuerzas, conseguir nuevos compromisos y avanzar en el cambio necesario y posible. Una lucha de todas y todos.
A tres años y medio de la entrada en vigor de la Ley Integral contra la Violencia de Género
Hace pocas semanas se cumplieron los tres años y medio de la entrada en vigor de la Ley Integral de Medidas de Protección contra la Violencia de Género. Una ley que surgió después de años de largas demandas y fuertes presiones y peticiones por parte de las organizaciones feministas y sociales para dejar así atrás una vieja concepción -aunque ni tan lejana ni del todo erradicada socialmente- en la que el maltrato machista era considerado como un problema de índole privado que no requería la intervención de los poderes públicos.
Pese a los avances realizados, la ley ha tenido poco impacto en aspectos fundamentales del recorrido que deben realizar las mujeres que sobreviven a la violencia de género, como la atención sanitaria de calidad, el acceso a recursos de atención integral, la asistencia letrada o la consolidación del principio de no discriminación.
El estado de implementación de esta ley muestra entre otros déficits, la falta de medios materiales y humanos para llevar a cabo las órdenes de alejamiento y vigilancia las 24 horas al día, la asistencia y la sensibilización entre los profesionales que tienen que intervenir, y la falta de ayudas económicas a las víctimas. Un balance de los resultados en estos tres años y medio deja un sabor agridulce, si bien se han dado avances, hay ciertos ámbitos donde la situación es más grave ahora que antes.
Uno de los principales problemas, pero no solo, es la falta de financiación. Según apunta el último informe de Amnistía Internacional sobre este tema, en 2005 se estableció un fondo de 10 millones de euros, ya de por si insuficiente, que aumentó a 12 en 2006, pero que cayó a la mitad en 2007 con 6,5 millones. Una reducción financiera que a nivel político no tendrá excesivas dificultades para justificarse ante el contexto de crisis actual, pero que socialmente no resulta ni convincente, ni aceptable.
En tres años, se ve también que los sobreseimientos de casos se han multiplicado por 180% mientras que las denuncias apenas han subido un 38%, un desfase demasiado grande como para ajustarse a la realidad, que refleja sobretodo un exceso de trabajo en los juzgados.
De hecho, según los datos del Consejo General del Poder Judicial, 52 mujeres murieron en 2005 a manos de su pareja o excompañero sentimental. Un número que aumentó en 2006 con 62 y en 2007 con 74 mujeres muertas. Unas cifras que además no toman en cuenta, por ejemplo, las mujeres que mueren meses después fruto de la agresión, o que acaban recurriendo al suicidio.
Por ello exigimos una evaluación abierta de la ley para una mejora de la misma ante la realidad de un contador que nunca se pone al cero, y que cuenta solo en 10 años con 850 muertes.
Pero no solo de leyes viven la mujeres
La violencia física contra las mujeres es solo una de las expresiones de la violencia machista. Es la manifestación más extrema de la relación desigual de poder entre mujeres y hombres que asienta sus raíces en las propias bases de este sistema económico capitalista.
Un sistema basado en la explotación “del otro” –un otro que para empezar somos nosotras las mujeres-. Un sistema que ha desarrollado instituciones y mecanismos para imponer y perpetrar una situación de subordinación y explotación de las mujeres.
Veamos ejemplos de ello en este país, las diferencias salariales entre hombres y mujeres vienen siendo de un 38%. La tasa de paro de las mujeres se mantiene cuatro puntos más elevada que la de los hombres. Los trabajos peor remunerados y el trabajo a domicilio son realizados en un 80% por las mujeres. El 22,6% de las mujeres tiene un trabajo remunerado a tiempo parcial respecto a un 3,8% de los hombres. De hecho la famosa media jornada más que un “tiempo elegido” para conciliar la vida laboral y familiar ha sido para muchas mujeres su única oportunidad.
Más ejemplos, son las presiones sociales que se proyectan sobre nuestros cuerpos, sobre los cuerpos de mujer, para que busquemos asemejarnos a unos cánones más pensados para gustar que para gustarnos; o las creencias sociales que la “realización como mujer” se consigue solo a través de la maternidad; o la aceptación como normalidad de fingir un orgasmo pensando más en contentar a la pareja que a una misma; o la asunción de tener que andar con miedo por la calle cuando es de noche ante la posibilidad de poder ser agredida sexualmente; o el tener que lidiar con esas continuas presiones morales de lo que una debe y no debe hacer por el hecho de ser mujer y sus consiguientes remordimientos cuando se actúa de manera distinta sobre estas premisas o se las cuestiona.
Todo ello son ejemplos también de la violencia machista estructural, son signos cotidianos del llamado patriarcado.
Pero ante ello, ni la resignación, ni la aceptación de que es una desafortunada lotería que toca día sí día también pueden ser parte de la respuesta.
Tejiendo redes, articulando luchas
Los avances y conquistas en los últimos años son evidentes y muchos de ellos se deben y explican gracias a la lucha y el compromiso del movimiento feminista. Feminismo que sigue siendo ahora más actual y necesario que nunca, cuando el disfrute de ciertas conquistas sociales puede darnos una falsa percepción de que ya está todo hecho, y asentarnos en un conformismo pobre lejos de haber cambiado la realidad.
La lucha feminista es una tarea de toda lo sociedad, de todas nosotras y nosotros. Por ello vemos con interés algunas de nosotras iniciativas como las Asambleas de Hombres por la Igualdad.
Queremos y necesitamos trabajar desde un feminismo que luche contra todo tipo de opresión, que persiga la igualdad social, que garantice plenamente el derecho de las mujeres a decidir, sin tutelajes ni coacciones sobre nuestras vidas, afectos, sexualidad y maternidad. Una lucha por la liberación de la mujer, por nuestra liberación, que no será plenamente posible si no se cuestiona también el sistema capitalista que genera y precisa de esta división, enfrentamiento, de excluidas y excluidos.
Por ello desde Izquierda Anticapitalista - Espacio Alternativo pensamos que es necesario transformar las reglas de este juego, ahora más que nunca es necesario articular respuestas y proyectos que pongan la centralidad en los temas sociales.
Y año tras año y día tras día lo seguiremos repitiendo más fuerte, con nuevo aliento, con el necesario convencimiento de que las cosas pueden y deben cambiar, con las formas más clásicas o innovando en la movilización, con la convicción de que serán más las y los que nos sumaremos en la lucha, pero con el mismo mensaje claro de siempre ¡Por el fin de la violencia machista! ¡Viva la lucha feminista!... hasta conseguirlo

Izquierda Anticapitalista




