Pepe Gutiérrez-Álvarez / Kaos en la Red
Después de tantas derrotas, la situación para la izquierda difícilmente podía ser peor, y nos queda mucho trecho para levantar cabeza, esta es una ocasión para las alternativas audaces.
Creo que era Tácito el que decía que cuando la situación es mala, y no existen alternativas visibles, lo mejor son las soluciones audaces. Se trata ante todo de dar luchar contra la cultura de la derrota en la que casi nos hemos instalados, una situación que podría decirse con una de aquellas frases tan propias de la dura postguerra, y en la que entre los derrotados se podía escuchar: “Estoy tan acostumbrado a las derrotas, que cuando me viene algo bueno no me lo creo”.
Ese algo bueno es una nueva generación que está llegando cuando los últimos veteranos –los del 68- que habían protagonizados tiempos de esperanzas, ya se están agotando, sobre todo después de la experiencia fallida de de IU. Hemos llegado a tal extremo que hoy no se puede hablar ya de “izquierda transformadora” sin una amarga ironía...Sin embargo, no hay situación sin salida, sobre todo cuando maduran una serie de condiciones que están anunciando la posibilidad de superar este callejón sin salida en el que se ha metido la izquierda institucional, una izquierda boca abajo que gestiona una lucha de clases en la que todas las iniciativas las tiene en la mano las multinacionales, y los antiguos márgenes del reformismo social se han agotado ya hace mucho tiempo…
Personalmente. tuve la primera noticia de la propuesta por “las europeas” liderada por el movimiento por un Partido anticapitalista en Francia, justamente en medio del ciclo de conferencias sobre el mayo del 68, un tiempo que me sirvió bastante para conocer mucho mejor la situación de EA. Desde el primer momento se posicioné a favor, y creo que mi posición queda bastante explicada en artículos como “Besancenot o el lenguaje caluroso”, por cierto, con más lecturas que otro sobre Paul Newman, por algo será. La lectura de algunos de los textos del debate en trance, no han hecho más que reafirmar esta posición inicial que trataré de explicar lo más brevemente posible.
No creo que mi análisis sea el de Don Óptimo, como me han atribuido algunas amistades políticas. Sí es cierto que personalmente encuentro motivos para cierto optimismo en relación a un tiempo precedente, cuando pesaba mucho más el pesimismo de la inteligencia. Quizás sirva como ejemplo mi propia experiencia, muy marcada en los ochenta-noventa por la acumulación de derrotas con la que concluyó el siglo pasado… Cofundador de la Fundación Andreu Nin, y animador inicial, dejé de serlo a principios de los noventa harto de charlas sin público, proyectos editoriales sin salida, más los rifirrafes de rigor. Retomé el proyecto en el 2005, y la verdad, charlas, libros, artículos. No tanto como prometía un enaltecido Wilebaldo Solano, muy por encima de las expectativas. Esta no es una anécdota particular porque las situación de retroceso está vivida desde la óptica de la no resignación…
Algo está cambiando, pero los obstáculos son muy fuertes. A la suma de derrotas, algunas tan capitales como la del “socialismo real”, habría que añadirle las nuestras propias, la de la Transición por supuesto, pero también la de la LCR…Ser optimista después de todo era obviamente algo fuera de lugar. La derrota dejo descolocado a los aparatos cuyo cinismo se alimenta de la penuria en las expectativas, y el caso del proyecto Anguita con IU sería un buen ejemplo. Y fuera de los aparatos, lo que quedaba era un vacío. Un vacío que no podía ser ocupado por las viejas guardias desubicadas y desmoralizadas, refugiadas en el culto de pasados mejores o el ombliguismo ideológico, pero tampoco por unas nuevas generaciones desarticuladas antes de nacer, sin capacidades para darle una vuelta a una situación desoladora…El vacío acentuó todavía más el viejo desarreglo entre la voluntad de lucha y la capacidad analítica. De ahí que a pesar de todas las grandes “movidas”, todavía no podamos hablar de un nuevo sujeto, y que el altermundialismo lo sea únicamente potencialmente, como promesa.
En una generación nos habíamos quedado sin el escalón básico del viejo movimiento obrero, sin partidos “traidores”, ni tan siquiera reformistas. Algunos focos de resistencias como los independentismos han seguido un curso integrador (BNG, izquierda de ERC), o más incierto como el de izquierda arbetzale, y lo que se ha construido más allá (Endevant, etc), carecen de talla y entidad ante tanta frustración. Pueden tener mucho voluntad pero carecen de herramientas de explicación y de alternativa al no situarse ante lo que hay que hacer, o sea ante la exigencia de dar respuesta radicales al neoliberalismo, lo que solamente se puede hacer transformando los medios existente o sea ayudando a las nuevas generaciones a crear nuevos instrumentos, trabajar porque estos dejen atrás los burocratismo. Se trata de impulsar movimientos que no queden atrapados por la ausencia de perspectivas.
Sin embargo, la evidencia del surgimiento de un nuevo ciclo que ya empezó a manifestarse en la segunda mitad de los años noventa, está ahí. No tanto quizás en las capacidades de las alternativas, como en las propias calamidades del capitalismo que conoce un nuevo curso de enorme desprestigio (destrucción ecológica, guerras, despilfarro, etc), que no ha hecho más que acentuarse en los últimos tiempos. Esto ha posibilitado algo que servidor hacía mucho no presenciaba, discusiones airadas en lugares de trabajo, bares y encuentros familiares, sin olvidar una creciente indignación juvenil, un potencial que necesita un curso de expresión. Entre otras cosas porque no hay partidos reformista o “centristas” (como nuestros maoístas de los sesenta-setenta), capaces de atraerlos.
Todo esto multiplica nuestra responsabilidad por más que no dejamos de ser una organización-reflejo. En IA, aunque sea con peculiaridades propias, también se da la dicotomía entre una vieja generación –el último puente- cansada, machacada por derrotas especialmente sentidas porque fueron parte viva de nuestra historia, y por lo tanto, deseosa de que llegue de una vez el relevo, y con muy poca fe para cualquier aventura que comporte riesgos. Este sentimiento creo que resulta particularmente acentuado en el caso electoral, un factor serio de desánimo incluso en los “mejores tiempos”…Y una nueva generación que todavía no está en condiciones de efectuar dicho relevo. Esa es la realidad dominante, pero también aquí existen cambios. En lugares como Madrid, Barcelona, Granada, Burgos, y quizás otros que no conozco de mis periplos, ya hay una juventud que aguarda, y ha comenzado a andar aunque sea con la lentitud que obliga el “gran impasse” de estos tiempos.
Pienso que esta mutación hacia una alternativa de “pensamiento fuerte” como lo es IA no habría sido posible sin experiencias tan fuertes y cercanas como la de LCR francesa, y puedo hablar por mí. Cuando algunos colegas jóvenes me comentan que pocos de mi edad, bla, bla, bla, no puedo olvidar una desolación atemperada tanto por las fracciones de movimiento y de camaradas que seguían (tengo en mente Miniwatt), y lo de la LCR que me permitió reconectar con nuestra corriente, y rehacer unas cuentas que no me salían en los ámbitos más existenciales. Cuando hablo de la LCR también pienso en el factor inicial de una candidata como Arlette Laguiller, por la que nadie daba un duro, y menos servidor que seguro hizo su choteo al enterarse. También lo hizo El País cuando salió elegido Alain (“Los trotskistas y los cazadores entran en el Parlamento europeo”, titularon la noticia).
Tenemos que vencer nuestras propias limitaciones para hacer una apuesta que nadie va a hacer. Sí se hace bien puede permitirnos realizar el salto cualitativo que nos permitiría entrar en una nueva fase, lo que podría significar ampliar la base, y acceder a un equipo nuevo en los lugares donde permanecemos más estancados o en donde todavía no hemos dado el primer paso. Creo que el discurso contra el capitalismo encontrará un sentimiento revigorizado, sobre todo sí se sabe conectar con problemas concretos. En este sentido creo que sería muy importante aprender de nuestros camaradas franceses y portugueses, y buscar la “clientela” especialmente entre la juventud trabajadora muy específicamente. Estaría muy bien remover cuales han sido las consignas de mayor calado para darle un cuerpo político…
Es más, pienso que solamente el esfuerzo por aproximarnos al paso de lo que podíamos llamar el “giro francés” expresado por jóvenes como Oliver Besancenot, ya será de por sí un buen paso, e incluso un salto cualitativo en una situación general de “impasse”. Como organización corremos el riesgo que quedar seducidos por la contemplación de las dificultades. Sí existe una posibilidad de demostrar de vestirnos de largo, esa es la que se debate. Incluso puede actuar como un paliativo contra ciertos pesimismos, sin duda justificables por todo lo que nos ha llovido, pero que finalmente pueden resultar como un tapón que evite la expansión de unas energías que están ahí, demostradas en la práctica en lo que algunos han llamado el “fenómeno Besancenot”. Eso es además de los más natural, cuando ha existido una continuidad real en una formación revolucionaria siempre se ha dado una tensión entre las nuevas generaciones que quieren ir más allá, contra las antiguas que temen perder lo logrado. Lo nuestro es haber llegado hasta aquí salvando al menos los muebles al final de la película. En este tiempo nos hemos curado bastante de sectarismos y patriotismos, y por lo tanto, esta apuesta es también una apuesta por una nueva cultura militante, mucho más abierta. Para ellos tendremos que aprender a escuchar otras voces, tenerlas muy en cuenta, y no temer integrarlas en un debate donde el límite está claro. Estamos contra el capitalismo por diez mil motivos generales, pero sobre todo cotidianos. Estamos por dar una respuesta que pasa ante todo por la reconstrucción de un escalón social lo más amplio posible.
No creo que una organización que se pretende revolucionaria, se asuste de los problemas, de los riesgos. Se trata de una situación única que poco o nada tiene que ver con tiempos en los que “nos pasaban por las urnas”. Se trata de responder a un desafío del que hacemos todos los días propaganda correcta, y sí no lo hacemos, el riesgo puede ser pero inverso. Que produzca mayor desánimo a los que todavía no han tenido tiempo de contaminarse de un pesado marcado por un legado de derrotas y más derrotas.
Hay que levantar de nuevo la piedra. Hay que dar salida a un potencial incomformista que late entre los nuevos luchadores que quieren tener un proyecto de futuro.
Izquierda Anticapitalista




