Anticapitalista cien por cien

Martes 2 de diciembre de 2008

Pepe Gutiérrez-Álvarez / www.kaosenlared.net

Al constituirse como parte de un proyecto europeo, Izquierda Anticapitalista ha dado un paso hacia delante que –como no podía ser menos- está creando polémica.

Pues de eso se trata. Como “viejo roquero” (aunque en confianza, a mí lo que va es el flamenco pata negra), y por lo tanto con colegas por doquier, soy uno de esos tipo a lo que se le pregunta en las “manis” o por correo, y tú que dices.

Salvo que el contertulio sea de los que comen lengua, me suelo reservar para saber antes que es lo que dicen él o ella, y por lo tanto escucho las objeciones y las reservas con el mayor interés…

He oído medio en broma que ésta es una crisis económica más, que el capitalismo sabe más por viejo que por diablo, etc., pero no es así. Es una crisis que viene después de la agresiva lucha de clases por arriba y en medio del robo con nocturnidad y alevosía de las privatizaciones; es además una crisis ecológica global y energética y una crisis alimentaria en los países del sur, sin olvidar del rápido descrédito de los políticos-gerentes. La crisis anterior, coincidió con la descomposición del “socialismo real”, y sucedió a una fase histórica de “Estado social”, con una clase trabajadora que había progresado; pasamos a ser emigrantes a recibir emigrantes. La actual llega al final de “neoliberalismo feliz”, después de que las diferencias sociales se hayan multiplicado hasta el insulto. Trae una acuciante necesidad del “Gran Dinero” por aumentar la competitividad…

En nombre de esta competitividad destructiva y ladrona se intensificación muy especialmente las agresiones neoliberales contra el llamado “modelo social europeo", o lo que queda, del retroceso que ya se está notando en el empleo, en el aumento de la pobreza (cada vez más femenina por cierto), en el deterioro de los sectores que antes eran bandera de orgullo del “Welfare state”: la vivienda, la escuela y la universidad, la sanidad, las pensiones... Los jóvenes que hasta ahora merecían ser cruelmente satirizados por Albert Pla (“!Qué mal estamos, pero que bien no los pasamos¡”, sentirán en sus carnes como van cayendo la protección social, como el mercado de trabajo se “reforma” hasta llegar hasta el ideal empresarial de reducir los derechos a un papel (mojado). El número de puestos de trabajos perdidos y/o devaluados se incrementaran a ojos vista…el sistema había llegado a gozar de tanta confianza en sí mismo que hasta se había atrevido a lanzar el “globo sonda” de la directiva de las 65 horas semanales, hermana gemela de la directiva de la vergüenza contra los derechos de los y las trabajadoras inmigrantes. Se trataba de medir la reacción, y sí la mayoría seguía las pautas del “sindicalismo moderno”, pues adelante, pero no para detenerse ahí. Se trataría de regresar a la época del “jornal”, a aquellos tiempos en los que los trabajadores carecían de los derechos más elementales.

Sí, me dice uno de mis buenos amigos, ya sí contra lo que estoy. Lo que ya no tengo tan claro es por lo que estoy. Y cuando se dice la palabra “clase obrera”, mi amigo pone los ojos en blanco como si estuviese rezando.

La verdad es que después de ver hasta donde ha llegado la izquierda y el sindicalismo realmente existente, era como para rezar.

Pero el pesimista es un optimista mal informado, y le aseguro que se acabó el broquel, que mayor milagro sería que con todo lo que está lloviendo no se diera –como se está dando- un aumento de las luchas sociales durante los últimos años dentro de la UE, aunque sea de forma harto irregular, y por más que aquí, con algunas derrotas añadidas, vayamos atrasados. Cierto que la dinámica dominante sigue siendo más bien defensiva, pero ya hay que hablar de excepciones, además, ahora son más concordantes, ¡hasta están obligando a las izquierdas sindicales a arrimarse un poco¡. Aunque sea con atraso, se está cumpliendo la premonición de aquel empresario que al presenciar una de las movilizaciones del Foro Social, declaró que mientras no llegaran a las empresas. Pues ya están llegando, y uno ha aprendido de tiempo atrás (en los sesenta) como pueden cambiar los escenarios. Me comentaba un viejo colega que en 1930 pasó por delante de unas pompas monárquicas en Madrid. Malhumorado ante tanto gentío se acercó a un señor, y le preguntó que era lo que pasaba. Pues nada, que era los fastos tales de Alfonso XIII, pero a continuación le añadió: “Pues no vea usted la que se armó aquí con la puta de la reina”. Al año siguiente el rey tuvo que hacer mutis por el foro. Yo no digo que vaya a pasar igual, pero sí que hasta las situaciones más estancadas se pueden precipitar.

Sí pero ahora tienen más barricadas, y eso es verdad. No hay más que ver la foto de de Llamazares con una sonrisa Colgate cuando se aproximaba su Majestad, general de los ejércitos. O las miserias de Fidalgo y Toxo, eso por no preguntar por donde han quedado los críticos de Comisiones. Esta situación se parece en no poca medida a la que se dio en los años sesenta, cuando fue necesario recomponer todo el movimiento social comenzando por los peldaños más simples. Igual que entonces, las nuevas generaciones que se incorporen a la lucha tendrán que romper con una burocracia sindical que negocia por arriba prebendas para los sectores más tradicionales de la clase obrera. Eso está claro, además, tendrá que improvisar nuevos métodos de lucha porque las empresas son muy diferentes a las del capitalismo clásico. Pero sí entonces esto se llegó a hacer a través de medios tan impensables tiempo atrás como lo podían ser el sindicato vertical o la misma Iglesia, ahora se buscarán fórmulas nuevas. Se dice que las nuevas generaciones han perdido mucho “sentido social”, es posible, pero con el franquismo sentido social había sido literalmente machacado. Además, los jerarcas se felicitaban por lo que llamaban “el milagro español”.

En realidad, en última estancia, toda esta discusión sobre el antes y el ahora de la clase obrera se reduce a una cuestión política, o dicho de otra manera, a la forja de unas expectativas políticas “utópicas” que, las mismas que habían dejado de existir con la Transición más bonita del mundo en por de la cual tuvo lugar el suicidio de las izquierdas tradicionales, sobre todo de las comunistas, del PCE-PSUC que en los sesenta-setenta fueron los principales pilares de la reconstrucción de los movimientos con un discurso que decía, ahora todos juntos por la libertad, de manera que mañana podremos habar avanzar hacia el socialismo…Quien no entienda el fracaso de esta estrategia, estrategia ligada por lo demás a lo parámetros del “socialismo real” en el que “el partido” era el depositario del pueblo, el Comité Central el depositario del partido, y el secretario general el “monarca” del Comité Central o del Ejecutivo, que más da. Este esquema entendía la política como el arte de la maniobra, y la militancia como una forma de división del trabajo en el que unos pensaban o “lideraban” y la mayoría cumplía fielmente con las directrices… 

Ya hemos visto hasta donde puede llegar la socialdemocracia, pero no todo el mundo ha sacado la conclusión más obvia, a saber, que esta “socialdemocracia” no tiene nada que ver con la socialdemocracia “clásica”, no ya con la de Bebel o Jaurès, es que ni tan siquiera con la que negoció las reformas semisocialistas (al decir de Marcuse) el “Estado del Bienestar gracias a tres factores: 1) el miedo a la revolución (o al “comunismo); 2) al apoyo de un movimiento obrero muy fuerte que a las malas podía llegar muy lejos, y 3) a la existencia de una fase de expansión económica, a la “tercera revolución industrial” que siguió el final de la II Guerra Mundial..La socialdemocracia actual apenas si puede presumir en no ser tan impopular como la derecha. Evidentemente, no es igual que la derecha, pero según como, también puede ser peor. En realidad, su papel ante los inversores –tan bien defendidos por el antiguo obrero Montilla-, es de saber imponer medidas antipopulares a cambio de algunas medidas (por ejemplo, el matrimonio homosexual) que la derecha no es capaz de llevar a cabo…Sí la derecha hubiera aplicado las medidas de “ayuda social” a la Banca, las denuncias y las críticas habrían sido mayores; si la actitud “solidaria” de Saura con los “mossos d´ esquadra” la hubiera…

Escucho a algunos conocidos ya no tan amigos, comentarios como hombre, ya que la revolución n ose ve por ninguna parte, es importante que la izquierda institucional mantengan al menos ciertas conquistas. Esa es una canción que estuvo muy de moda, pero que muy de moda con Felipe González, y desde entonces la izquierda social ha ido descendiendo peldaño tras peldaño. Sí se quiere mirar a una realidad en la que lo que importa es el juego político pues sí, Maragall es más simpático que Montilla, y Montilla más “social” que…Pero no es ahí donde hay que mirar. Hay que mirar hacia las cuestiones socioeconómicas, y en este punto podríamos decir como en Rebelión en la granja, de George Orwell, que ya se sabía donde estaban las diferencias entre los humanos explotadores y los jerarcas de los animales. Cualquiera que sepa mirar, podrá observar que no hay el menor vestigio de oposición al neoliberalismo en la “alta política”. Se ha renunciado a plantear batalla más allá de los discursos, y en eso los profesionales de la política son unos maestros. Discursos como el de Joan Coscubiela sobre la “agitación social” en medio del congreso de Iniciativa seguro que ha motivado más de un chiste entre los grandes señores que dominan el cotarro.

La película es conocida: después de la desaparición del PCI, el declive irreversible PCF, luego llegó el desastre de Rifondazione en Italia después de su apoyo a Prodi, han demostrado por sí hacia falta que el “frente único” con la mal llamada socialdemocracia no contribuye en influir a ésta hacia la izquierda. Lo que importan son las dinámicas económicas, y esa, ya están marcada. Lo que varía son las maneras de su aplicación. Al entrar en ella, lo que se consigue es que se de el fenómeno de los comunistas con el programa mínimo bajo cero. Esto es ya así hasta en los municipios, donde la izquierda reformista pudo ejercer y lograr determinadas conquistas, por lo menos hasta los años noventa. Ahora dependen de las constructoras, ni tan siquiera son capaces de crear vivienda social, ni tan siquiera de ofrecer una ayuda social a la población más necesitada porque esto es lo primero que se recorta de los presupuestos…No hay vida (de izquierda) en el socialiberalismo. Tampoco sirve de nada ser “comunista marca registrada”, el que suele clamar contra el capitalismo en los discursos pero luego sigue con la lógica de los aparatos…

Bueno,  también suele suceder que las amistades se cansen de la discusión y que se despidan hasta mañana. Estoy de acuerdo con ellos a condición de seguir porque nos han tocado tiempos de grandes decisiones, en los que es mejor equivocarse que permanecer esperando que la situación cambie. Está cambiando pero hay que empujar más.

Así es que, buenas noches y buena suerte para el anticapitalismo.

 

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