Cinzia Arruzza
Los estudiantes y los docentes siguen son sus manifestaciones opuestos a la contra reforma de la educación y a las restricciones presupuestarias. La manifestación del pasado 14 de noviembre congregó a 300 000 personas.
Desde varias semanas, una movilización estudiantil extraordinaria invade las plazas y las calles de toda Italia. De los días anteriores a la huelga general del 17 de octubre, convocada por sindicatos de base, a hoy, decenas de universidades y centenares de escuelas han entrado a formar parte de la lucha. Esta movilización implica a todos los sectores de la educación, los niños de las escuelas elementales y sus profesores, los institutos, los estudiantes universitarios, los precarios de la investigación y de la universidad, los institutos de investigación.
Esta explosión ha sido provocada por las medidas del gobierno Berlusconi a partir del mes de agosto. Se trata de una serie de importantes reducciones de gastos presupuestarios (47% para las universidades), motivada por supuestos despilfarros, el excedente de personal y la necesidad de hacer frente a la crisis económica. Esas reducciones presupuestarias se añaden a la contrarreforma de la escuela elemental, aprobada el 29 de octubre en el parlamento, a pesar de las protestas de estos últimos días. Estas disposiciones llegan después de 15 años de restricciones en la educación, en particular en las universidades italianas.
Una de las novedades de este movimiento es la preocupación expresada por el estudiantado con respecto a su porvenir, una vez finalizada su carrera. Toma hoy conciencia que su diploma ya no constituye un elemento de mejora de su condición de vida y de ascenso social. Al contrario, conocerán la precariedad, la flexibilidad y la casi imposibilidad de construirse un futuro autónomo de sus padres. A la luz de esta toma de conciencia, el movimiento estudiantil busca una alianza con el mundo laboral, dándose como objetivo la generalización de la movilización.
Las próximas semanas serán decisivas para defender la autonomía política del movimiento y para abrir una discusión que vaya más allá de las medidas del gobierno Berlusconi y mostrando las responsabilidades del centro izquierda. Frente al rechazo absoluto de ceder por parte del gobierno, es ahora necesario evitar el reflujo, obtener victorias parciales, escuela por escuela y universidad por universidad, en lo referente al derecho a los estudios y a la precariedad del profesorado. Esas victorias podrán dar fuerza a las movilizaciones y permitir, finalmente, avanzar sobre reivindicaciones más radicales y sobretodo, favorecer la extensión de la movilización al resto de la sociedad.
La primera reunión nacional del movimiento, en la universidad de la Sapianza (Roma), concluyó con la decisión de participar en la huelga general del 12 de diciembre, convocada por el sindicato CGIL. Una huelga sin embargo insuficiente- sólo 4 horas- que por el momento, no prevé manifestación nacional.
La oleada excepcional de movilización en la educación estas últimas semanas ha desplazado el debate político. Abre la posibilidad de hacer pagar el precio político de la crisis económica a la burguesía italiana. Hace renacer la esperanza de una resistencia social frente a la ofensiva violenta de la derecha y de la patronal. El destino de esta reapertura del espacio político y social a la izquierda depende, en gran medida, de la ampliación de la movilización a otros sectores sociales.

































































