Feminismo, término poliédrico
corriente | feminismo | en teoría

Sandra Campañón (Revolta Global)

El pasado mes de octubre se celebró en Barcelona el III Congreso Internacional de Feminismo Islámico, organizado por la Junta Islámica de Cataluña.

Con ponentes de más de diez países, el público también era de procedencia diversa: mujeres, y también hombres, en general jóvenes, de lugares tan lejanos como EE.UU., Senegal, Suecia o Brasil entre otros, además de la presencia de diversas activistas del movimiento feminista catalán. De las más de 480 personas inscritas, la mayoría pertenecían a alguna organización; quizás por eso sorprendió una pregunta de entre el público:

Esto del feminismo islámico, ¿exactamente qué es? A mi me suena como “sindicalismo cristiano”…

Para responder, basta fijarnos en el tipo de ponencias del congreso, que en general giraron en torno a dos ejes complementarios.

Por un lado, tenemos una defensa del Islam como una religión de igualdad y que en su vertiente jurídica reconoce muchos derechos a las mujeres, más que otras religiones. Se denuncia la lectura androcéntrica que a manudo se hace del Corán, ya que desde un punto de vista teológico la discriminación de las mujeres no se sustenta (por motivo de espacio, no se entra en detalle).

Desgraciadamente, se trata de una posición minoritaria dentro del Islam, pues topa con dos grandes inconvenientes. Presupone el conocimiento del árabe clásico y un mínimo de estudios para poder acceder directamente a la lectura del Corán, que la mayoría de la población musulmana no tiene. Además, en general, quien interpreta y transmite el Corán son hombres y hacen una lectura androcéntrica al servicio de un sistema patriarcal que ahoga las otras interpretaciones.

Por otro lado, se entiende el feminismo islámico como una cara más del feminismo, el que ejercen las mujeres que se definen como islámicas, tanto desde un punto de vista cultural como religioso. Se enfatiza la defensa de los derechos de las mujeres, no sólo como una lucha por su igualdad y emancipación, si no que, de nuevo, el feminismo es una cuestión de derechos humanos y una lucha por un cambio social a favor de toda la Humanidad. Es en estas charlas en las que se oyeron más intervenciones de tipo antineoliberal, tanto por el público como por las ponencias.

El feminismo siempre es revolucionario porque quiere transformar toda la sociedad

Una organización que se diga internacionalista debe afrontar diversos retos si quiere dotar de contenido ese adjetivo. Debe rehacer el discurso y eliminar el sesgo etnocentrista que pudiera haber; muchas de las sociedades africanas, por ejemplo,  se organizan de forma que cuestionan el término patriarcado como sistema universal.

Debe aprender de la lucha de las mujeres de otros lugares, ya que el objetivo es común y muchas han sido y son líderes de revueltas. Pero primero debemos descubrir a las mujeres que tenemos más cerca. Como me dijo la activista guineana Remei Sipi: “Para crear redes, ¿sabes cuál es el problema? Que no nos veis. ¿Por qué ninguna habitación de Ca la Dona tiene nombre de mujer africana? No nos veis”.