Lars Henriksson*
La industria automóvil es el sector que conoce actualmente las repercusiones más duras de la crisis financiera y económica; el cataclismo puede compararse al atravesado por la industria siderúrgica y del carbón en los años 1970-80, con decenas y decenas de miles de empleos suprimidos en Europa y en el mundo. Este tsunami social debido a una crisis de sobreproducción estructural se combina con una aceleración del cambio climático al que contribuyen con fuerza los transportes automóviles. La solución capitalista es sencilla: llamamiento a la ayuda del estado para obtener subsidios públicos, bajada brutal de la producción y despidos masivos.
¿Se va a permitir que los estados ofrezcan miles de millones de euros de ayuda a la patronal para que mande a la gente al paro a la vez que mantiene una producción nociva para el clima?. Hay, al contrario, que aprovechar esta crisis para exigir la puesta bajo control público de la industria automóvil y su reconversión inmediata para otra producción, ecológicamente útil (tranvías, vagones, autobuses, trenes, materiales aislante) con mantenimiento de todos los empleos y salarios.
El dinero existe, así como las capacidades técnicas para ello. Los trabajadores del automóvil están altamente cualificados y estarán ciertamente motivados para guardar su empleo y producir cosas útiles para la sociedad. Lo único que falta es la voluntad y la valentía políticas. Una solución obrera y ecológica es pues posible para, a la vez, salvar el clima y los empleos, lo que demuestra en los textos siguientes nuestro compañero sueco Lars Henriksson, que ha tomado la iniciativa de llevar a cabo una campaña con este tema en su empresa Volvo. ¡Un ejemplo a reproducir en toda la industria automóvil europea!.
Unir el movimiento obrero y el movimiento por el clima.
El pasado mes de junio “Volvo” (que forma parte de la Ford Motor Corporation desde 1999), anuncia el despido de 1200 trabajadores en Suecia, de ellos 600 en la fábrica de Torslanda, a causa de la bajada de las ventas. En septiembre, la compañía anuncia tener que despedir además a al menos otros 900 trabajadores en Torslanda. Frente a la crisis del sector automóvil, he decidido lanzar una iniciativa que podría unir los movimientos obrero y los de defensa del clima defendiendo la idea de que la mejor forma de salvar nuestros empleos podría ser dejar de producir coches nocivos para el clima –que por otra parte ya ni siquiera se pueden vender- a fin de reconvertir las empresas automóviles para una producción sostenible.
El primer texto es un artículo escrito para la revista “Kvasten” (“La escoba”), retomado bajo la forma de panfleto para los obreros de la fábrica de montaje final de “Volvo cars” en Goteborg. El segundo texto es un panfleto que he escrito para la “Climate action”, igualmente distribuido en la fábrica Volvo y en la ciudad de Goteborg.
Artículo en « Kvasten » (La
escoba) :
Las recientemente anunciadas reducciones de efectivos en la empresa, con 900 trabajadores afectados además de los despidos anteriormente anunciados, han provocado un profundo sentimiento de abatimiento en la fábrica. Pocas cosas son tan deprimentes como no poder hacer nada en una situación así. La principal pregunta que se plantea es pues la siguiente: ¿hay algo que podamos hacer, más allá de la simple esperanza pasiva de una salida más favorable?
En principio hay dos maneras de reaccionar. En la primera, no se hace nada, se deja que la dirección actúe como quiera mientras se cruzan los dedos con la esperanza de que esta situación no nos afecte personalmente. Cuando se piensa en la forma en que los patronos han gestionado la empresa hasta ahora y como la situación mundial se degrada con las crisis bancarias, el calentamiento climático y la recesión económica generalizada, esta actitud no es probablemente una muy buena idea. Ninguno de nosotros va a poder escapar a ella, ni quienes sean despedidos, ni quienes piensa que no lo serán, ¡ al menos esta vez!. ¿Qué podemos hacer pues?. El problema es muy amplio la soluciones están lejos de ser evidentes, pero renunciar y resignarse es siempre la peor de las respuestas. Deberíamos al menos comenzar a discutir nuestro futuro.
Una primera cosa razonable sería reducir el tiempo de trabajo sin reducción salarial. Es una pura locura que algunos tengan que trabajar cada vez más duramente y durante más tiempo mientras que otros son mantenidos en el paro. En lugar de consagrar sumas importantes en subsidios de desempleo, el dinero podría ser utilizada para preservar y crear empleos para todos, con menos horas por persona. Los grandes salarios de los patronos podrían igualmente de forma sencilla ser disminuidos sin poner en mala situación la “competitividad” de las empresas.
Estas medidas no podrán hacerse fácilmente, exigen decisiones políticas, pero debemos empezar por algo. La gran ventaja, es que en cuanto estas decisiones sean tomadas, son inmediatamente aplicables. Trabajar menos horas no exige grandes cambios y tendría ciertamente efectos positivos, con menos bajas por enfermedad ligadas al estrés o accidentes de trabajo ligados a la fatiga. No es tampoco una petición surrealista. Los sindicatos suecos han peleado –y se han reforzado- durante mucho tiempo por la reducción del tiempo de trabajo, así como numerosos sindicatos de Europa, y han logrado a veces imponer disminuciones de horas de trabajo sin pérdida salarial.
Una cuestión diferente, mucho más amplia, concierne a la viabilidad y la utilidad de continuar produciendo a largo plazo automóviles. Con cada vez menos petróleo y problemas climáticos crecientes sin cesar, no es sencillamente sostenible fabricar coches y se hará totalmente absurdo hacerlo en un futuro muy cercano, importando poco su calidad, precio o su “mejor” respeto del medio ambiente en términos de impacto ecológico. No es una cuestión cuya solución será fácil y rápida. Pero si no le hacemos frente y esperamos simplemente que otros se ocupen de ella, hay muchas posibilidades de que nos encontremos pronto todos sin empleo. Transformar la producción automóvil puede parecer una tarea imposible para quienes trabajamos al más bajo nivel de la empresa. ¡Pero la verdad es más bien que nosotros somos los únicos que podemos hacerlo!. Ninguna ayuda o solución puede esperarse de los patronos. Su “lealtad” hacia la empresa o fábrica no va más allá de la remuneración que les proporciona.
Lo que puede darnos un poco de esperanza es que tenemos una organización, nuestro sindicato –incluso si muchos nos preguntamos dónde está estos días. Es particularmente para este tipo de cuestiones de amplitud para lo que tenemos necesidad de nuestros sindicatos. Ahora que nos encontramos frente a serias amenazas a nuestro futuro, es el deber de los sindicatos actuar. No solo suplicando al gobierno que conceda más subsidios a una producción que está hundiéndose. Sino más bien para lanzar un debate con investigadores en transportes y otras personas a fin de elaborar soluciones alternativas a la producción de coches, que se convierten cada vez más en un lujo para los ricos y los poderosos de este mundo.
Para esto, no podemos contar con nadie más para iniciar tal trabajo. Y este debate deberá imperativamente incluirnos, a nosotros, trabajadores del automóvil. Si queda solo en manos de los dirigentes y permanentes sindicales, no veremos muchas acciones y movilizaciones para apoyarlo.
Hay ciertamente muchas ideas y sugestiones que podrían surgir entre nosotros. Pero para suscitarlas y hacerlas emerger, el sindicato debe volver a funcionar como un sindicato. De una parte para informar sobre la situación real, pero sobre todo para escuchar y lanzar una discusión sobre lo que deberíamos hacer. Debería exigir que recibiéramos una hora más al mediodía para organizar las asambleas de trabajadores en las cantinas y los almacenes de la empresa –lo que no debería ser demasiado difícil dado que la fábrica permanece inactiva durante varios días por semana. Si la delegación de la empresa no quiere hacerlo, los delegados de los diferentes talleres y sectores pueden hacerlo –los 10.000 trabajadores de la fábrica Volvo están divididos entre varios talleres y sectores, cada uno con su propio delegado. Podemos organizar una asamblea durante las pausas en los diferentes departamentos y demandar que nuestros representantes sindicales se unan a ella.
Lo que está pasando es algo muy serio. ¡No podemos ya seguir sentados y esperar nuestra condena a muerte!.
Panfleto de Acción Clima:
“¡Salvar los empleos!”
“¡Salvar el planeta!”.
Los anuncios de “reducción
de los costes laborales” y de despidos han seguido los unos a los otros durante
todo el otoño. La crisis de Volvo Cars es probablemente la más profunda jamás
vista y Volvo Tucks anuncia también recortes. Las consecuencias han comenzado
ya a hacerse notar e infligirán un golpe duro a todos los suecos del oeste del
país.
Sobreproducción y crisis son hoy la regla en la industria automóvil y han sido intensificadas por la crisis financiera. Pero tras la recesión actual, se amplifican otros problemas que conciernen al producto mismo: el petróleo está agotándose y se hace cada vez más evidente que el clima del planeta no puede ser salvaguardado si se aumenta sin cesar el transporte por carretera de personas y mercancías. Construir cada vez más coches se convierte claramente en una locura.
Frente a estos enormes problemas, es fácil dejar caer los brazos con fatalidad. Pero podríamos más bien pensar en el otro sentido: si no es ni sostenible ni beneficioso continuar produciendo coches, tenemos al contrario una soberbia oportunidad para convertir la producción automóvil en algo diferente, para hacer productos útiles a la sociedad y duraderos a largo plazo. ¡Y que crean empleo!.
Desmantelar la industria echando a los trabajadores al paro es quizá una buena solución para los patronos y los accionistas, pero ciertamente no para los empleados y seguro que no para la sociedad en general. Al contrario, los conocimientos técnicos y el oficio que existen a todos los niveles de la empresa entre los trabajadores podrían ser puestos al servicio de una producción que no amenace nuestra supervivencia a largo plazo.
Esto no se producirá por si mismo y exige al contrario que todos quienes dependemos de diferentes formas de la industria del automóvil actuemos y nos comprometamos en este sentido.
* Lars Henriksson es obrero en la fábrica de montaje “Volvo Cars” en Goteborg y miembro del Socialistiska Partiet, sección sueca de la IV Internacional.
** Traducido del francés de la web www.lcr-lagauche.be por Alberto Nadal para Izquierda Anticapitalista.

































































