Grecia: Para comprender la sublevación
internacional

Giorgos Velegrakis (desde Atenas)

Mientras que el gobierno sólo ofrece como perspectiva la represión de las manifestaciones, la situación griega sigue siendo explosiva.

El sábado 6 de diciembre, un alumno de 15 años, Alexis Grigoropoulos, fue asesinado en el centro de Atenas por un policía. Este evento ha sido el pretexto del estallido de la revuelta de los jóvenes por toda Grecia. Al principio, esa revuelta concernió esencialmente a los jóvenes pero, quince días después, se transformó en una verdadera revuelta social. Estos acontecimientos han conducido no solamente a una crisis generalizada de la política neoliberal del gobierno, sino también a una protesta de una amplitud sin precedentes contra el sistema político y las instituciones.

Los primeros días, la rabia del pueblo se expresó por medio de las ocupaciones de escuelas y universidades, de manifestaciones de decenas de miles de personas en todas las grandes ciudades griegas, de ataques a comisarías de policía y de conflictos violentos con la policía. Hoy, la revuelta engloba igualmente a una parte de los trabajadores, los cuales ocupan ayuntamientos, administraciones locales, e incluso el edifico de la federación única de los trabajadores del privado (Gsee, de mayoría social demócrata), exigiendo la huelga general. Las consignas ya no sólo responden a la represión policial y al asesinato del joven alumno: son también portadoras de un mensaje político contra el paro, la precariedad y la crisis económica. Por último, la mayoría del pueblo griego exige la dimisión del gobierno.

Los jóvenes, que tienen como arma la rabia contra el sistema y la desobediencia frente al poder, han atacado a los símbolos del Estado y de la riqueza, levantándose contra un sistema que no les garantiza nada y les roba la vida. Con ellos, el proletariado, que sobrevive mal que bien. Pero también los inmigrantes, los gitanos, los “sin techo”, y todos los que no tenían ninguna razón para no dudar en quemar y romper, todos los que están siempre excluidos y viven en condiciones deplorables. Por último, los jóvenes precarios y los jóvenes parados participan también en los acontecimientos.

El gobierno ha intentado garantizar su propia supervivencia y formar una opinión pública favorable al orden y a la ley. Intentó darle relieve al conservadurismo con el fin de poder aislar y reprimir la revuelta. Para ello, el primer ministro, Costas Caramanlis, imitó a De Gaulle durante la revuelta de Mayo del 68 (llamamiento a la nación) y a Sarkozy durante la revuelta de los jóvenes de los barrios marginados (represión y “determinación”). A pesar de esos esfuerzos, fracasó estrepitosamente en el intento de garantizar la constitución de un bloque hegemónico encargado de la “vuelta a la normalidad”

El Partido comunista griego no ha tenido problema para posicionarse del lado del gobierno, adoptando un discurso antiviolencia y manifestándose por separado. Syriza (coalición de la izquierda radical) habla de un fenómeno social y de una rabia justificada, y pone el acento sobre los problemas encontrados por la juventud griega. De ese modo, Syriza no se ha sometido a una falsa lógica de cohesión social, y ha mostrado su presencia en la calle. La izquierda extraparlamentaria y el movimiento anarquista han logrado acercarse el uno al otro, dando una continuidad al movimiento. La pregunta es saber en qué medida la izquierda superará sus divergencias en la calle.

Nadie es capaz de prever el futuro de esta revuelta. Lo que es seguro, es que ya nada será como antes. Este movimiento es un “ensayo general” para las revueltas venideras. Revela la crisis profunda del sistema capitalista internacional. No hay que hacer concesiones a la idea de una “vuelta a la normalidad”. Esta revuelta debe llegar a ser un peligro para el sistema y una oportunidad para los movimientos sociales y la izquierda. Hay que luchar para que esta ebullición social se transforme en crisis de la ideología y de las políticas neoliberales, pero también en una crisis radical del sistema político y de sus instituciones.