Mariona
Cruelles
El movimiento
estudiantil vive un curso convulso: ocupaciones, protestas, manifestaciones
y acciones de toda clase se han visualizado en todas las universidades
públicas. Después de años de lucha y de movilizaciones, solo ahora
las voces contra el llamado Espacio Europeo de Educación Superior se
empiezan a oír.
El objetivo
es la apertura al diálogo y la reformulación de los profundos cambios
que se pretenden instaurar en la universidad a nivel europeo. La convergencia
europea no parte de un diagnóstico de la situación actual de la universidad
y de sus problemas reales (déficit, falta de infraestructuras, carencia
de financiación, condiciones de trabajo precarias, estructuras de gobierno
autoritarias y represivas, externalización de servicios básicos...),
sino que se propone replantear el modelo docente en base a las necesidades
de la economía de mercado. De esta manera el proceso no da soluciones
a las necesidades reales del sector estudiantil, ni tampoco a las condiciones
precarias del mercado laboral actual en torno al cual se quiere hacer
esta reforma.
Durante el
mes de noviembre los encierros y ocupaciones han sido -además de una
manera de extender la lucha- una herramienta crucial de información,
organización y coordinación entre alumnos, facultades y universidades.
Por otro lado las ocupaciones en la Universidad Autónoma de Barcelona
han puesto de manifiesto que la única forma de negociar con el gobierno
y la universidad es paralizando la docencia.
Hemos aprendido
mucho en la lucha. Tras haber sido capaces de hacer realidad una autogestión
de la universidad a todos los niveles -cooperativa de consumo, cocina,
limpieza , reciclaje, organización de clases y actividades, difusión
e información a la comunidad estudiantil, profesorado y personal no
docente, creación de espacios de debate y decisión, etc.- las ocupaciones
muestran que otra universidad es posible.
Es evidente
que si hacemos crecer el movimiento y las conciencias, podemos conseguir,
ahora sí, un cambio radical en el concepto de educación. Introduciendo
cambios en la docencia, pero también en el modelo de gestión del campus.
Llegado este
punto hace falta crear una estrategia común a todas las universidades
y centros educativos para frenar definitivamente la privatización.
Se debe trabajar por unificar las protestas y las acciones en todo el
Estado, y a la vez llevar la lucha a una dimensión europea. Es necesario
impedir el proyecto patronal de reconversión de la educación e impulsar
una transformación general de todos los servicios públicos a partir
de mecanismos de autogestión. Vistos los resultados, es imprescindible
la convocatoria de una huelga general indefinida en todos los centros
educativos para exigir, no sólo la congelación del proceso, sino también
la derogación de las leyes educativas estatales y autonómicas.
Son muchas
las luchas abiertas en la actualidad, en este contexto nacional e internacional,
pero tenemos que entender que la del sector educativo es clave. La
educación es la base de todas las luchas en busca de un mundo más
justo. Es la base de la conciencia social, son los modelos que queremos
para el futuro.
La educación
pública y popular sin elitismos, la socialización del conocimiento
por su propio valor y no por el valor impuesto en el mercado laboral,
son condiciones necesarias para transformar la realidad en un sentido
progresista.


































































