Claudio Katz(1)
El impacto de la crisis mundial sobre
América Latina suscita tres tipos de discusiones: la incidencia
económica inmediata, los efectos políticos de largo plazo y las medidas
sociales requeridas para enfrentar el descalabro financiero.
ESPECULACIONES POS-DESACOPLE
En
el terreno económico, la crisis ha producido un generalizado desplome
de las Bolsas y fugas capital, que han contraído el crédito. La
depreciación de las materias primas induce a la recesión, el desempleo
se expande y se agota el crecimiento con desigualdad que predominó en
los últimos cinco años.
También la esperanza en un desacople se
ha diluido y decae la expectativa de evitar el temblor, por haberlo
sufrido anticipadamente durante la década pasada. La protección
esperada de tres escudos -reservas sustanciales, menor deuda en
relación al PBI y superávit fiscal- ya resulta insuficiente.
Esas
barreras probablemente habrían contrarrestado el desplome internacional
acotado que prevalecía hasta septiembre del 2008. Pero el
desmoronamiento financiero asumió una dimensión muy superior desde esa
fecha. Esta vez América Latina es receptora del tsunami. Soporta desde
afuera la conmoción que protagonizó en repetidas oportunidades. ¿Qué
gravedad tendrá este golpe en comparación a otras zonas de la periferia?
Algunos
economistas estiman que el efecto bursátil será más agudo que en las
economías centrales por la fragilidad local de los mercados
accionarios. Pero esperan una incidencia manejable en los bancos, que
han limpiado mayoritariamente sus balances durante los desplomes
anteriores. También evalúan que las entidades financieras se encuentran
menos contaminadas con títulos tóxicos (hipotecas) y operaciones
especulativas (securitización, derivados). La reducida gravitación del
crédito en la zona redujo la envergadura de esas transacciones2.
Otros
diagnósticos destacan que la situación fiscal luce mejor que en Europa
Oriental. También estiman que la retracción de las exportaciones será
más digerible queen África, aunque más impactante que en Asia.
Atribuyen esta adversidad a la gran
concentración de ventas en una limitada canasta de productos básicos3.
Pero
el principal problema de estas evaluaciones es su carácter efímero.
Irrumpen y desaparecen de la crónica periodística con asombrosa
velocidad. Un día se coloca a Latinoamérica fuera del vendaval y a la
jornada siguiente en el centro de la tormenta.
Algunas
estimaciones presentan, además, un tono sospechosamente sesgado. El
FMI, por ejemplo, considera que Argentina, Venezuela y Ecuador afrontan
mayores amenazas de cesación de pagos que México, Chile o Colombia.
Esos mensajes están en realidad plagados de resentimiento hacia los
gobiernos contestatarios y los deudores incumplidores4. Ninguna
caracterización seria surge de esasespeculaciones.
TRES EFECTOS
América
Latina recepta, en primer lugar, la crisis de sobre-acumulación global
que generó la aglomeración de capitales ficticios en la esfera
financiera. Dado el reducido alcance del endeudamiento personal en la
región, este impacto no se traduce por ahora en bancos corroídos por
préstamos irrecuperables.
Pero el crack ha creado una necesidad
de liquidez en las economías centrales,que provoca fuertes
sustracciones de fondos. Especialmente los bancos extranjeros
transfieren recursos desde América Latina hacia sus casas matrices.
Estas repatriaciones ya afectan a un cuarto del total de recursos
manejados por esas entidades en las
economías emergentes.
También
los segmentos internacionalizados de las finanzas regionales son
vulnerables al desplome global. Algunos fondos privados de pensión
–enlazados al vaivén especulativo mundial- acumulan pérdidas que
amenazan su supervivencia (especialmente en Chile).
América
Latina soporta, en segundo lugar, la sobreproducción de mercancías, que
caracteriza a la crisis actual. Este excedente fue desencadenado por el
modelo de competencia mundial en torno a salarios descendentes, que
generalizó el neoliberalismo. El efecto de este desequilibrio se
verifica particularmente en las ramas más globalizadas de la industria
regional. El sector automotor sufre, por ejemplo, la misma plétora de
productos que golpea a las economías metropolitanas5.
Este
sobrante es dramático en México, que exporta vehículos ensamblados a
Estados Unidos y en Brasil, que soporta una destrucción de empleos
equiparable al registrado en la primera potencia. El panorama es
igualmente problemático en Argentina, a pesar de la extraordinaria
rentabilidad que tuvieron las automotrices en los últimos años.
El
ajuste industrial que sacude a Latinoamérica es impuesto por las
empresas transnacionales, que reorganizan su producción a escala
mundial. En el sombrío clima actual ya no se escuchan elogios a la
globalización neoliberal, ni alabanzas a cualquier tipo de inversión.
Las terribles consecuencias de la fabricación mundial integrada -bajo
los principios de la competencia y el beneficio- comienzan a salir a flote.
Pero
la mayor amenaza en ciernes para la zona proviene de un tercer impacto
mundial: la abrupta caída de los precios de las materias primas. Este
desmoronamiento revierte el crecimiento del último quinquenio, que se
apoyó en una significativa mejora de los términos de intercambio (33%
en comparación al promedio de la década
precedente). Esa coyuntura
permitió incluso alcanzar volúmenes de exportación superiores a la
deuda externa en el 2006 y el 2007.
Pero el cambio de tendencia
afecta ahora las balanzas comerciales y los presupuestos públicos. El
crecimiento consecutivo al 5,5% anual desde el 2003 ha quedado atrás.
El PBI del 2008 se desaceleró a 3,3% y todas las estimaciones del 2009
se están ajustando hacia abajo.
Muchos economistas sostienen que
América Latina podrá soportar igualmente el huracán, si adopta medidas
audaces de reactivación keynesiana. Estas iniciativas ya se están
implementando para aumentar la liquidez, expandir el crédito público y
subvencionar la industria. Los debates sobre su efectividad o
suficiencia han ganado la primera plana6.
Pero, en los hechos,
esa viabilidad depende de la magnitud de la crisis y no tanto del
acierto de los correctivos. Las políticasmonetarias y fiscales
anticíclicas inciden dentro de ciertos límites. Pueden reanimar la
demanda o detener la caída de la producción en un cuadro recesivo, pero
tienen poca influencia en una depresión en picada
Por ahora el
colapso financiero golpea con mayor furia a las economías centrales,
pero Estados Unidos, Europa Central y Japón cuentan con recursos
superiores para intentar un contrapeso. Pueden ensayar reactivaciones
con el sostén del Tesoro y emiten los dólares, euros y yenes que
utiliza América Latina. Además, incrementan el
déficit fiscal, mientras la región continúa atada a las normas del superávit.
En síntesis, en la cambiante coyuntura latinoamericana tiende a estrecharse el
margen de las políticas macroeconómicas que intentan frenar el vendaval.
¿BENEFICIOS DE LARGO PLAZO?
El
escenario que emergerá de la crisis dependerá de desenlaces políticos
imprevisibles y autónomos de la tormenta económico-financiera. Basta
recordar que la depresión del 30 fue zanjada con una guerra mundial y
que la Unión Soviética se desmoronó por la implosión de un régimen,
para notar cuán gravitante es la incidencia
de los acontecimientos políticos.
América
Latina se encuentra en un punto de cruce de tendencias geopolíticas
contradictorias determinadas por tres procesos: la autonomía regional,
la postura de Estados Unidos y el perfil de Brasil.
En el primer
terreno de independencia zonal, algunos analistas estiman que la
adversidad actual tendrá efectos favorables, si se repite lo ocurrido
en los años 30. Recuerdan que la debacle de entre-guerra generó
condiciones propicias para la gestación de los procesos posteriores de
industrialización7.
Pero olvidan que el impacto inicial de la
gran depresión fue una dolorosa depreciación de las materias primas. La
sustitución de importaciones apareció sólo ulteriormente, como
consecuencia del proteccionismo y la guerra mundial y se instrumentó en
una región, que pudo mantenerse al margen de esa conflagración.
La
única comparación apropiada, hasta el momento, es con el shock adverso
que inicialmente generó la gran depresión. Nadie puede predecir que
sucederá posteriormente. Una eventual reproducción del contexto de
posguerra choca no sólo con la ausencia de confrontaciones bélicas
interimperialistas, sino también con la mayor
internacionalización de la economía.
Es cierto que algunos rasgos de autonomía regional ya aparecieron en
Sudamérica
antes del estallido actual, especialmente en el plano financiero. En el
último quinquenio de crecimiento se registraron recompras de títulos
públicos y reducciones del endeudamiento, que guardan cierto paralelo
con lo ocurrido luego de la gran depresión. Pero la continuidad de esta
atenuación de la carga financiera es un interrogante.
Lo
importante es percibir que un desmoronamiento económico en el centro
del capitalismo, no amplía necesariamente los márgenes de acción de la
periferia. La crisis de los 70 demostró que puede suceder lo contrario.
Esa
conmoción empalmó inicialmente con un marco favorable para el Tercer
Mundo. La derrota de Vietnam había recortado la capacidad de
intervención norteamericana y el encarecimiento de las materias primas
mejoraba los ingresos de la periferia, en el novedoso marco que rodeaba
a la OPEP. Un bloque de 77 a 125 países No Alineados proponía el
establecimiento de un Nuevo Orden Económico Internacional. Promovía
estabilidad de precios para las materias primas, mayor acceso a los
mercados desarrollados, transferencias de recursos al Sur y
participación de la periferia en las decisiones de ONU.
Pero
este curso quedó abruptamente clausurado en los 80 con la ofensiva
neoliberal. Mediante aumentos de tasas de interés y recortes de la
demanda de insumos que provocaron la depreciación de los productos
básicos, las grandes potencias retomaron su control del Tercer Mundo.
América
Latina soportó el brusco aumento de su endeudamiento -y en lugar de un
desahogo post-30- padeció un desplome equivalente a la gran depresión.
El breve alivio de las desigualdades internacionales quedó sustituido
por una nueva etapa de polarización global, que perduró hasta el fin
del siglo XX.
Este antecedente ilustra cuán acotado y frágil
puede resultar un período de autonomía periférica. Se pueden ponderar
las numerosas diferencias que distinguen la etapa actual de los años
70, comparando por ejemplo el viejo rol de la Unión Soviética
con el
papel reciente de China. Pero resulta imposible definir si estos
cambios serán ventajosos o desfavorables para la periferia. Más
especulativo aún es presagiar un escenario de nueva industrialización
independiente para América Latina.
MULTIPOLARIDAD OPRESIVA
La
apuesta a un beneficio latinoamericano de la crisis actual se apoya en
la previsión de un escenario multipolar. Muchos analistas estiman que
la región podría aprovechar la mutación del marco global, para adoptar
políticas más autónomas8.
Ese período de mayor dispersión o
equilibrio entre fuerzas capitalistas del planeta es ciertamente una
posibilidad. Pero resulta decisivo subrayar que no favorecería por sí
mismo a las mayorías populares. Más bien fortalecería a las clases
dominantes locales vinculadas con las potencias hegemónicas. Esta
hipótesis es omitida por la tesis multipolar.
El mayor ascenso
geopolítico de China, India o Rusia seguramente incluiría agudos
conflictos con los capitalistas del centro, pero tendería esencialmente
a asentarse en la asociación con esos sectores. Estas alianzas se
forjaron durante las últimas dos
décadas y dieron lugar a llamativas compras de activos en las economías avanzadas por parte de las multinacionales emergentes9.
Estas
mismas tendencias han persistido luego del estallido global y se
verifican en el financiamiento asiático del déficit norteamericano. La
activa participación oriental en el rescate de los bancos
estadounidenses y el traspaso de empresas quebradas a propietarios de
ese origen forman parte de este mismo proceso10 .
En las últimas
décadas la dominación global estuvo en manos de una tríada de potencias
encabezadas por Estados Unidos. El imperialismo clásico -de países que
derrotan y subordinan a sus rivales por medio de la guerra- fue
sustituido por el imperialismo colectivo.
Norteamérica ha liderado
en las últimas décadas un poder compartido con Europa y Japón. Un
eventual escenario multipolar surgiría de la
incorporación de nuevos asociados a ese entramado. Remodelaría la opresión y obstruiría la emancipación popular11.
LA CRISIS DE DOMINACIÓN ESTADOUNIDENSE
La
localización central de la crisis en la economía norteamericana agrava
los problemas que enfrenta la primera potencia en América Latina. Estas
dificultades derivan de fracasos políticos militares extra-regionales
(Medio Oriente) y rebeliones antiimperialistas en la zona.
Desde
el fallido proyecto del ALCA se registra una pérdida de posiciones del
gigante del Norte, que ha dado lugar al estancamiento de los Tratados
de Libre Comercio. Un afianzamiento del giro proteccionista actual
acotaría adicionalmente el
alcance de esos convenios. Cualquier
aumento significativo de los aranceles en la principal economía del
continente haría trastabillar a los TLCs.
La crisis actual
golpeará especialmente a los socios fronterizos de Estados Unidos.
México afronta el desplome del mercado que absorbe el 90 % de sus
exportaciones, en un explosivo contexto de retorno de emigrantes,
deterioro social y crimen organizado. El viejo idilio con el Nafta se
ha transformado en una pesadilla. También la expectativa estadounidense
de capturar PEMEX ha decaído, junto al desmoronamiento de varias
multinacionales mexicanas dependientes de la economía estadounidense12 .
Más
grave es la situación de los pequeños países centroamericanos atados a
la afluencia de remesas. La escasa significación pasada de los
emigrantes latinos en la economía del Norte (1,7 millones en 1970)
contrasta con su enorme gravitación actual (17, 4 millones en 2005). La
repatriación -que ya genera el desempleo masivo en la
metrópoli- afectará directamente las relaciones de Estados Unidos con estas naciones13 .
El
contexto político que afronta el Departamento de Estado es más adverso
en Sudamérica. Como resultado de grandes conmociones políticas y
sociales, gran parte de los gobiernos han tomado distancia de su vieja
subordinación al Norte. Durante el año pasado Estados Unidos quedó
marginado de las negociaciones para enmendar dos
conflictos claves: la incursión militar de Colombia a territorio
ecuatoriano
y el frustrado golpe derechista en Bolivia. Debió soportar, además, la
inédita expulsión de dos embajadores (Venezuela y Bolivia), que hasta
ahora no retornado a sus cargos.
Algunos analistas estiman que
este marco obligará a Estados Unidos a atenuar su control sobre América
Latina. Consideran que el Departamento de Estado adoptará una postura
más condescendiente (o menos interesada) en el futuro del continente.
Suponen,
especialmente, que Obama podría también deslizarse hacia actitudes que “superen los vestigios de la guerra fría”14 .
Pero,
en realidad, el nuevo presidente no se dispone a introducir cambios
significativos en el área latinoamericana. Retirará los presos de
Guantánamo, pero no devolverá el enclave a Cuba, ni juzgará a Bush por
las torturas. Aliviaría las restricciones para viajar a la isla, pero
sin levantar el embargo y buscará acercamientos diplomáticos que eviten
reconocer la derrota imperial. Habrá que ver si aligera el
encubrimiento al terrorismo de estado en Colombia y si atenúa el acoso sobre Venezuela y Bolivia.
La
continuidad de políticas imperialistas consensuadas con los
republicanos ha sido la norma de todas las administraciones demócratas.
Seguramente Obama retomará una combinación de garrote y zanahoria, con
más incidencia diplomática (tradición de
Clinton) que brutalidad descarada (herencia de Bush).
Los
virajes que el nuevo presidente debe encarar en el plano interno no se
proyectan a la política exterior. Un mandatario de color –que no
representaba inicialmente al establishment- enfrenta un terremoto
social sin precedentes desde Roosvelt, en un contexto de
ransformaciones democráticas inéditas desde Kennedy. Este
aluvión interno obliga a cambiar la agenda tradicional. Pero el libreto para el Patio Trasero se mantiene sin variantes.
Desde
hace siglos los gobiernos estadounidenses implementan estrategias de
sujeción basadas en la doctrina Monroe. Tarde o temprano la primera
potencia encarará una contraofensiva, cuyos anticipos ya se vislumbran
en la reactivación de IV flota. Con
el pretexto del narcotráfico (o
del terrorismo), el Comando Sur de Miami gana terreno. Ya reúne más
personal civil dedicado a la Latinoamérica que todos los departamentos
diplomáticos y comerciales de Washington. Las bases de Colombia tienen
extensiones en Perú y existe una novedosa hipótesis de intervención
militar a México15 .
La primera potencia perdió en la última
década cierta gravitación económica, frente a sus competidores
europeos. Las empresas del Viejo Continente desplazaron a las compañías
norteamericanas en el monto de las inversiones externas16 .
Pero
la Unión Europea no aspira a reemplazar a su rival y se ha limitado a
ensayar tratados de libre comercio calcados del ALCA. Habrá que ver,
además, cómo la crisis global afecta al artífice español de la avanzada
europea. Las compañías ibéricas deben lidiar con una montaña de
pérdidas, que las obliga a retirarse y vender activos17.
Es
cierto también que Estados Unidos ha debido tolerar la primera
incursión comercial china, la visita de la marina rusa a Cuba y los
viajes de funcionarios iraníes a Venezuela. Pero estas presencias
amenazan menos que Europa la dominación tradicional norteamericana.
Ningún dato corrobora, por lo tanto, las tesis de la indferencia (o la
resignación) de Estados Unidos frente a Latinoamérica.
¿DECLINACIÓN INEXORABLE?
Ciertos
analistas atribuyen el futuro desahogo latinoamericano a una
declinación estructural e inevitable de Estados Unidos. Las versiones
más vulgares de este enfoque son habitualmente recogidas por los medios
de comunicación. Han sido enunciadas por futurólogos de instituciones
próximas al Departamento de Estado y auguran el liderazgo de Europa o
Asia y el ascenso de nuevas potencias (China, Rusia, India). Luego del
fracaso neoconservador de Bush, algunos le han puesto fecha al fin de
la primacía norteamericana (año 2025)18 .
Esos pronósticos contrastan con el deslumbramiento pro
norteamericano
que prevalecía en la década anterior y también con la euforia mediática
que rodeó al ascenso de Obama. Los mismos medios –que teorizan la
agonía de Estados Unidos- resaltaron
los atributos del nuevo
presidente para restaurar el sueño americano. En este sube y baja, el
fin del imperio y su resurrección se alternan con sorprendente
velocidad19 .
Otros teóricos de la decadencia ponderan esta
regresión. Estiman que permitirá superar las desventajas de la
dominación global en el terreno económico (menor productividad) y
político (creciente
desprestigio). Con esta visión transmiten una idílica imagen de renuncia estadounidense a sus prerrogativas20 .
Pero
es bastante absurdo presentar al imperialismo norteamericano como
víctima de una supremacía indeseada. El Pentágono y el Departamento de
Estado ejercen un rol mundial opresivo a favor de empresas
norteamericanas y custodian los grandes lucros que genera esa
dominación.
Desde una óptica muy diferente, los analistas serios
han buscado aplicar la tesis de la declinación norteamericana a
Latinoamérica. Presentan datos significativos del retroceso tecnológico
y productivo de la primera potencia y evidencias de su debilitamiento
para ejercer la hegemonía frente a sus rivales21 .
Pero este
enfoque contiene un reconocimiento problemático: el dominio militar
estadounidense persiste sin rivales a la vista y es aceptado por sus
competidores. Esta ausencia de reemplazante bélico (europeo o asiático)
es particularmente decisiva, en el esquema de la escuela sistémica.
Esta corriente asocia cada etapa de la historia
contemporánea con la existencia de una potencia dominante o en curso de ejercer esa supremacía22.
Como
los candidatos a ocupar ese liderazgo no pasaron la prueba de las
últimas décadas (Alemania en los 70, Japón en los 80, Unión Europa en
los 90), habría que ser más cauteloso con los pronósticos sobre China.
La
supremacía norteamericana atraviesa por una crisis, cuyo desemboque
final es una incógnita. No está escrito en ningún lado que concluirá
con el ascenso de un contrincante o con el reciclaje del propio
liderazgo. Resulta imposible determinar, por el momento, si Estados
Unidos atraviesa un retroceso acotado o definitivo.
Pero el
trasfondo teórico de este problema es la controvertida noción de auge y
decadencia de los imperios. Esta tesis de reemplazos cíclicos de la
supremacía mundial presupone una filosofía de etapas predeterminadas de
la historia. Es un enfoque con razonamientos fatalistas, que choca con
la asignación de protagonismo a los sujetos
sociales. La
interpretación de la historia como un devenir de la lucha de clases -en
un marco de condiciones objetivas- es incompatible con la regla de la
dominación imperial
sustitutiva.
EL NUEVO PERFIL DE BRASIL
La
actual discusión sobre la regresión estadounidense contrasta también
con la imagen de una superpotencia imponiendo sus prioridades a
Latinoamérica, que acompañó al debut del neoliberalismo. Este cambio
indica una crisis del viejo rol
pretoriano del Pentágono,
protegiendo a clases dominantes frágiles, estados inestables y elites
poco autónomas. Especialmente en Sudamérica no se verifica actualmente
el tipode sujeción neo-colonial, que rige por ejemplo en varias
regiones de África.
Es incorrecto observar a las principales
clases dominantes locales como títeres de un imperio. Actúan como
grupos de explotadores con intereses y estrategias propias, en un
escenario que difiere
sustancialmente del marco semicolonial. Este
cambio de contexto es soslayado por muchos teóricos de la
recolonización, que sólo resaltan la reinserción subalterna de la
región en el mercado mundial o la reaparición de formas de sujeción
prenacionales23 .
Con esta visión se pierde de vista no solo el
retroceso de la dominación norteamericana, sino también la nueva
gravitación de Brasil. No se registra que este país es el gran
candidato a comandar una multipolaridad opresiva en Sudamérica.
A
pesar del bajo crecimiento de últimos años, las empresas
transnacionales de ese origen se han consolidado en toda la región. Se
apoderaron del 50% de la principal actividad económica uruguaya
(industria de la carne), comprando tierras y controlando un tercio de
la faena. Capturaron varias firmas estratégicas de Argentina
(especialmente Pecom y Loma Negra) y ya manejan el 95% de la soja
exportada desde Paraguay.
A principios de la década, Petrobrás
se apropió del 45% del gas, el 39% del petrolero y de toda refinación
de Bolivia. En Perú dos conglomerados brasileños controlan el grueso de
las minas de zinc y fosfato. En Ecuador gestionan varios yacimientos
estratégicos y administran los principales proyectos de obra pública.
La
expansión sudamericana de las multinacionales brasileñas se ha
sostenido en la financiación oficial (BNDES). Esos créditos han crecido
más que los fondos aportados a la región por el FMI o el Banco Mundial.
Las compañías de Brasil sustraen materias primas, dominan fuentes de
energía y abastecen mercados de consumo. Su principal núcleo
-Petrobrás, Gerdau, VM, Oderbrecht, Friboi, Marfrig, Vale- opera con
elevados niveles de internacionalización24.
El principal
proyecto de estas firmas es un conjunto de autopistas e hidrovías
programados en el IIRSA (Infraestructura regional sudamericana). Este
plan involucra a todos los países vecinos y se localiza
prioritariamente en la Amazonia. Apunta a explotar los gigantescos
recursos naturales de esa región25 .
La expansión multinacional brasileña se apoya también en la agresiva
diplomacia
de negocios que desarrolla Itamaraty. Esta política ha provocado
numerosos conflictos. Petrobrás se opuso a las nacionalizaciones
dispuestas por Evo Morales y Lula buscó imponer términos leoninos a las
indemnizaciones en juego. También en
Ecuador, Brasilia llamó inmediatamente a consultas a su embajador ante los cuestionamientos oficiales que recibió la empresa
Oderbrecht, por represas construidas con fallas estructurales.
Es
probable que el próximo conflicto involucre a Itaipú, ya que Paraguay
tiene vedado el manejo soberano de sus recursos hidroeléctricos. Debe
vender la energía excedente a una tarifa inferior al precio de mercado,
para solventar una deuda odiosa con el acreedor brasileño26.
GEOPOLÍTICA DE DOMINACIÓN
Para
sostener la política de las corporaciones, Brasil se militariza con
tecnología francesa. Se construyen submarinos, aviones y
helicópteros destinados a custodiar los intereses de esas compañías, en las vastas regiones inexploradas del subcontinente.
Este
correlato militar de la expansión multinacional no se limita al radio
fronterizo. Desde el 2004 Brasil lidera las fuerzas de ocupación que
reemplazaron a los marines en Haití. Garantiza allí una política
neoliberal, que agrava la tragedia de hambre, pobreza y emigración,
utilizando los métodos policiales que ensayó en las favelas. Esas
acciones han facilitado el ingreso de las firmas brasileñas al Caribe.
La estrategia geopolítica en curso apunta a lograr desde UNASUR, el
ambicionado
asiento brasileño en el Consejo de Seguridad. Con este objetivo
Itamaraty amplía el radio de alianzas (ahora con México) y estimula el
ingreso de Cuba a Grupo Río.
Lula repite la política de lobby
que desarrolló Felipe González, para posicionar a las empresas
españolas en América latina. Como busca garantizar la estabilidad de
negocios arbitrados por la diplomacia brasileña, rechaza las
pretensiones separatistas de la extrema derecha sudamericana (Santa
Cruz, Beni, Pando y Tarija en Bolivia, Zulia en Venezuela, Guayas en
Ecuador).
Brasil subordina incluso la continuidad del MERCOSUR a su liderazgo.
Demorará
la moneda común y el parlamento regional hasta que tenga asegurada esa
conducción. Tampoco renuncia a estrategias unilaterales. En la última
reunión de la OMC abandonó a sus aliados del G 20, para buscar un
compromiso directo con los países desarrollados.
Pero la
dirección del bloque sudamericano requiere neutralizar políticamente a
Venezuela (dentro o fuera del MERCOSUR) y resolver los conflictos
comerciales con Argentina. Sólo fuertes beneficios geopolíticos pueden
atenuar las constantes quejas de los industriales de Sao Paulo hacia el
vecino del Sur.
Todo indica, por lo tanto, que Brasil busca
ocupar los espacios creados por la crisis de dominación estadounidense.
Pero aspira a cumplir este rol sin chocar con la primera potencia.
Tratará de saltar un escalón dentro de la coordinación hegemónica que
ha prevalecido desde la posguerra. Las clases dominantes brasileñas
pretenden jugar un rol más visible, pero al mismo tiempo más integrado
al imperialismo colectivo.
¿Cómo responderá Estados Unidos?
Hasta ahora predomina la indefinición. En el 2007 Bush suscribió un
acuerdo estratégico con Lula para desenvolver una política común de
agro-combustibles. El abaratamiento del crudo y las disputas aduaneras
en torno al etanol amenazan ese convenio. Pero muchos opinan que Obama
podría retomar ese tratado, para asociar al principal país sudamericano
a la dominación global27.
SEMIPERIFERIA Y SUBIMPERIALISMO
En
su nuevo rol dominante Brasil tiende a jugar un rol subimperialista.
Este papel se está gestando bajo la cobertura de intereses regionales
compartidos y no resultará menos adverso para los pueblos, que la
opresión tradicional ejercida por el imperialismo estadounidense o
europeo.
El término de subimperialismo surgió en los años 60
para retratar una expansión de Brasil conectada a las prioridades del
Departamento de Estado. Con el prefijo “sub”, Ruy Mauro Marini indicaba
el carácter tardío y periférico de la nueva potencia y su asociación
subordinada con Estados Unidos28 .
La denominación distinguía
una acción imperial emergente (Brasil) de una función ya dominante
(Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia). También aludía a diferencias
con imperialismos menores (Suiza, Bélgica, España), extinguidos
(otomano, astro-húngaro) o fallidos (Rusia, Japón).
La palabra
subimperialismo podría erróneamente sugerir una delegación del poder
central a servidores de la periferia. Pero en el caso brasileño siempre
apuntó a resaltar el proceso opuesto de mayor autonomía de las clases
dominantes locales. La aplicación de ese concepto para la región
difiere, por ejemplo, de su uso para el caso de Israel (que actúa por
mandato del Pentágono) o de sub-potencias como Australia y Canadá, que
actuaron siempre adheridas al eje anglo-norteamericano. Una analogía
más próxima a Brasil sería el rol jugado por Sudáfrica, en la región
austral del continente negro.
Hace cuarenta años el
sub-imperialismo brasileño debutaba como gendarme anticomunista, en
acciones de una dictaduracomprometida con la guerra fría. En la
actualidad, Brasil sostiene el orden capitalista por cuenta propia
(ocupación de Haití), se abastece con pertrechos de Francia y pone
serios límites a la plataforma de los marines en Colombia.
El
acierto más perdurable de los primeros teóricos del subimperialismo fue
captar la transformación de las viejas burguesías nacionales
(promotoras del mercado interno), en burguesías locales (que priorizan
la exportación y la asociación con empresas
transnacionales). Marini
denominó “cooperación antagónica” al proceso de internacionalización
del capital local y polemizó con los autores que presentaban ese
viraje, como un acontecimiento favorable al desarrollo del país29 .
Este
giro multinacional de las clases dominantes se ha consolidado en las
últimas dos décadas y se plasma actualmente en la expansión de las
firmas brasileñas hacia los países vecinos. Marini atribuía este
despliegue foráneo a la estrechez de un mercado interno, afectado por
la fragilidad del poder adquisitivo. Estimaba, además, que los
grandes
capitalistas brasileños acentuaban la compresión del poder de compra,
recurriendo a formas de superexplotación de los trabajadores.
Los
seguidores de esta tesis han resaltado el agravamiento contemporáneo de
estos desequilibrios, en ausencia de un consumo de masas equiparable al
fordismo de las economías avanzadas30. Estas carencias impulsan a las
multinacionales a invertir en el
exterior, los capitales sobrantes que genera la restrictiva acumulación interna.
Como
resultado de esta contradicción Brasil adopta conductas subimperiales,
antes de haber alcanzado el poderío que tuvieron las principales
economías centrales en los siglos XIX y XX. Esta asimetría ilustra las
modalidades contemporáneas que adopta el desarrollo desigual y
combinado.
La noción de sub-imperialismo contribuye a superar el
simplificado esquema de centro-periferia e indica la variedad de
relaciones que genera la polarización del mercado mundial. Retrata la
existencia de formaciones intermedias, que algunos pensadores han
teorizado con el concepto de semi-periferia.
Este término alude
a frecuentes situaciones intermedias de la historia del capitalismo.
Indica el surgimiento de potencias desafiantes que alcanzaron
liderazgos (EEUU, Japón, Alemania) o fallaron en el logro de esa meta
(Italia, España, Rusia)31.
Las semi-periferias han sido
subimperialismos (o imperialismos) potenciales que prosperaron o
abortaron. En Sudamérica esta evolución se frustró en Argentina durante
la primera mitad del siglo XX, pero continúa abierta para Brasil.
Múltiples razones económicas, políticas y sociales explican esta
evolución divergente.
Las nociones de semiperfiera y
subimperialismo permiten captar el dinamismo contradictorio del
capitalismo. Este sistemaperiódicamente transforma las relaciones de
fuerza en el mercado mundial. Una fotografía congelada del centro y la
periferia impide registrar estos cambios. No permite captar, por
ejemplo, mutaciones históricas tan
sorprendentes como el salto procesado por China en las últimas décadas.
Los
dos conceptos intermedios también chocan con la estrecha clasificación
de los países latinoamericanos en colonias, semicolonias y capitalistas
dependientes. Este modelo es particularmente insuficiente para una
región –que a diferencia del resto de la
periferia- logró una
emancipación temprana del yugo colonial. Por soslayar situaciones
semi-coloniales durante gran parte del siglo XX, Brasil tiende a saltar
hacia un estadio subimperial.
ESTATISMO PARA LOS PODEROSOS
Mientras
que el margen de autonomía, la reacción estadounidense y el rol
multipolar de Brasil son incógnitas abiertas, el severo impacto
inmediato de la crisis ya está a la vista. La preocupación central de
toda la región es actuar frente a un tsunami que augura desempleo y
pobreza.
Las medidas que se están adoptando en las tres principales
economías
de la región socorren a los capitalistas, con los recursos públicos que
necesitan los desamparados. En México se dilapidan reservas para
contrarrestar una corrida contra la moneda nacional, que podría
frenarse instaurando un severo control de cambios. En
Brasil, el
Tesoro puso a disposición de los banqueros 50.000 millones de dólares y
los bancos públicos ya anunciaron que absorberán las pérdidas de las
entidades privadas. En Argentina se decretó una moratoria de los
capitales fugados que perdona la evasión
impositiva.
La misma
consideración oficial reciben los grandes industriales. En México
fueron incorporados a un mega-plan de inversiones públicas. En Brasil
obtuvieron reducciones de gravámenes y planes para sostener la
reactivación de las ventas. En Argentina son
particularmente
agraciados los empresarios de la construcción y los productores de
bienes durables. Este mismo auxilio al capital se verifica en Chile y
en Colombia.
Estas orientaciones apuestan a una reacción
positiva de los poderosos. Suponen que los flujos gubernamentales de
dinero inducirán a los capitalistas a mantener el nivel de actividad.
Pero olvidan que esa decisión depende de la dudosa preservación de la
rentabilidad.
Los planes buscan sostener también el consumo, pero sin medidas de
redistribución del ingreso. Sólo intentan incentivar el gasto de la
alta clase media, induciendo compras que disuadan el ahorro en divisas.
Por
ese camino se agrava la emergencia social, que ya generan las
suspensiones, los despidos y la desaceleración productiva. Como no se
introduce un ingreso mínimo equivalente a la canasta familiar, la
crisis tiende a golpear frontalmente el bolsillo popular.
La
protección del grueso de la población requería destinar los fondos
públicos a preservar salarios, ampliar el seguro al desempleo o
incrementar los gastos en salud, educación pública y vivienda. Pero el
intervencionismo actual favorece a las clases dominantes.
En la
instrumentación de ese estatismo, actualmente convergen los keynesianos
y con los neoliberales. Especialmente los cultores de la privatización
han procesado un vertiginoso giro pragmático. Ahora cuestionan la
sabiduría del mercado y aplauden el gasto público.
El viraje
estatista igualmente preserva la variedad de matices social-liberales
(Tabaré, Lula) y neo-desarrollistas (Cristina Kirchner), que ha
prevalecido en los últimos años. La nacionalización de los fondos de
pensión que se dispuso en Argentina para prevenir el colapso de las
jubilaciones y recaudar fondos para la reactivación- es un ejemplo de
estas diferencias. Las singularidades nacionales del intervencionismo
obedecen especialmente a la intensidad de la lucha social o al
deterioro económico-social precedente.
Pero la tónica dominante
es hacia una convergencia de políticas económicas, que no implica
coordinación. Hasta ahora cada gobierno actúa por su cuenta,
especialmente en el plano comercial. La política de salvarse a costa
del vecino es muy visible en las devaluaciones competitivas y en los
aumentos de aranceles. Si este tipo de reacciones ha puesto en peligro
la continuidad de la Unión Europea, también puede conducir al naufragio
de la integración sudamericana.
EXPERIENCIAS Y ALTERNATIVAS
En
cualquier escenario próximo los pueblos sufrirán duros embates, si no
logran afianzar su resistencia al capital. Esta conclusión es la
principal lección de los colapsos financieros que padeció la región
durante la década pasada. Esas debacles desencadenaron rebeliones que
permitieron acumular importantes experiencias políticas
y sociales.
Los
alzamientos revirtieron en Bolivia un largo ciclo derechista, tumbaron
en Ecuador a varios presidentes neoliberales, suscitaron en Venezuela
una acentuada polarización y condujeron en Argentina al histórico
levantamiento del 2001. También generalizaron la batalla por anular
privatizaciones, nacionalizar recursos naturales y
democratizar la vida política32.
Los
oprimidos de América Latina conocen las dramáticas consecuencias del
salvataje a los capitalistas y deben prepararse para enfrentar la
agresión social que acompañará al nuevo socorro de los banqueros.
Frente
a este escenario los movimientos sociales, las organizaciones políticas
comprometidas con la lucha y los economistas radicales ya debaten
propuestas alternativas. En varios encuentros se han fijado las bases
de esta plataforma (Caracas, Buenos Aires, Pekín, Belem)33.
Estos
programas rechazan las medidas de regulación y control estatal que
socializan las pérdidas capitalistas. Llaman a la movilización para
supervisar cómo se utilizan los recursos públicos y denuncian las
amenazas que afectan a los derechos populares.
Los planteos que
se han esbozado priorizan el mantenimiento del empleo, la prohibición
del despido, el reparto de las horas de trabajo sin modificar el
salario y la nacionalización de las fábricas que cierren o despidan.
Estas medidas son necesarias frente a la complicidad gubernamental con
los recortes empresarios de puestos de
trabajo. La intermediación
estatal en negociaciones, para reducir salarios a cambio de preservar
el empleo, es otra cara del atropello social en curso.
Tres
medidas en debate son particularmente acuciantes. En primer lugar, la
nacionalización sin ningún tipo de indemnización de los sistemas
financieros, para asegurar el control oficial del crédito en la
explosiva coyuntura actual. El rescate de los
banqueros debe ser
reemplazado por la expropiación de sus bienes. Los estados deben
recuperar el costo de mantener en funcionamiento los bancos,
absorbiendo las propiedades de sus accionistas y administradores. La
nueva Constitución de Ecuador – que prohíbe estatizar las deudas
privadas- brinda un fundamento para esta acción.
Mientras se
realiza un catastro de las grandes fortunas hay que prevenir la fuga de
capitales, mediante estrictos controles de cambio y cierres de las
sucursales off shore. La apertura de los libros contables es también
indispensable para conocer la situación de
cada entidad. Hay que
anticiparse al agravamiento del colapso, asegurando el funcionamiento
del sector que articula toda la actividad económica.
La segunda
medida impostergable es la suspensión, revisión y anulación de las
deudas públicas externas e internas. Mientras que la crisis borra
pasivos multimillonarios en las economías centrales, América Latina
continúa pagando. Las cláusulas de riesgo sistémico que se utilizan en
Estados Unidos para retasar el monto y los plazos de obligaciones, no
se instrumentan en la región.
Es el momento de seguir el camino
que inició Ecuador, al poner en marcha una auditoria integral tendiente
a deslindar los fraudes de los pasivos reales. La Comisión que revisó
los títulos emitidos entre 1976 a 2006, encontró un escandaloso
incremento del endeudamiento (de 240 millones de dólares en 1970 a
17.400 millones en el 2007).
También descubrió ausencia de registros y renegociaciones fraudulentas, que condujeron a pagar sumas superiores a lo recibido34.
Si
se implementa en forma consecuente, esa suspensión del pago de la deuda
ilegal tendrá un enorme impacto sobre la región. Sustituirá el repetido
default, por una decisión soberana de colocar a los acreedores en el
banquillo de acusados.
La tercera medida que impone la crisis es
la nacionalización del petróleo, el gas y la minería. Permitiría
preservar los recursos que América Latina necesita para protegerse del
temblor global. Este camino ya ha sido iniciado por Venezuela y Bolivia.
Evo
decidió recientemente nacionalizar una petrolera (Chaco), que había
incumplido con el traspaso de acciones al estado dispuesto por el
gobierno. Al denunciar el “carácter electoralista” de esta iniciativa,
la derecha transparenta la popularidad que tiene este tipo de medidas.
Pero
las nacionalizaciones se adoptan con muchas vacilaciones y recurriendo
a erróneos pagos de indemnizaciones. En plena caída de los precios de
las materias primas estas erogaciones pueden resultar fatales35 .
EL CONTEXTO POLÍTICO
La
crisis global modifica la percepción general que habitualmente existe
de las medidas drásticas. En medio de un colapso que ha resquebrajado
la ideología neoliberal, nadie se asusta con llamados a nacionalizar,
estatizar o suspender pagos de la deuda. Es el momento de aprovechar
este contexto para resguardar a la población
latinoamericana, adoptando decisiones contundentes. ¿Pero hay condiciones para implementar un viraje radical?
Ciertos
analistas estiman que el contexto político se ha tornado desfavorable
desde que la derecha recuperó terreno electoral (Chile, México),
afianzó un régimen criminal (Colombia), obtuvo victorias sectoriales
(agro-sojeros de Argentina) y sepultó los atisbos
reformistas de varios gobiernos (Brasil, Uruguay).
Ciertamente
la derecha prepara contraofensivas en todos los países. Pero hasta
ahora ha perdido las grandes batallas. Fracasó con el golpe de estado
en Bolivia, falló con la provocación de Colombia sobre Ecuador y no
pudo consumar ningún ensayo de separatismo regional. Tampoco ha podido
restaurar la unanimidad derechista de los años 90, en un marco de
continuada gravitación de los avances logrados en la conciencia
antiliberal y antiimperialista36.
Pero existen, además, varios
gobiernos nacionalistas radicales (Venezuela, Bolivia, Ecuador), que
podrían tomar en sus manos la implementación del programa popular
frente a la crisis. Estos procesos se distinguen de las
administraciones centroizquierdistas (Tabaré, Cristina, Lula, Bachelet)
en tres planos: recurren a la
movilización, chocan con el imperialismo y las clases dominantes e intentan medidas de redistribución del ingreso.
La
singularidad progresiva de estos gobiernos volvió a corroborarse frente
a la masacre de Gaza. Evo y Chávez adoptaron una actitud ejemplar de
ruptura con Israel, que contrastó con la neutralidad diplomática de sus
colegas sudamericanos. Su postura se diferenció también de la criminal
complicidad que caracterizó a casi todos los
gobiernos árabes.
En
Ecuador, Bolivia y Venezuela se han consagrado, además, importantes
avances democráticos a través de nuevas Constituciones, aprobadas al
cabo de fuertes disputas electorales con la derecha. En el Altiplano,
por ejemplo, se reconoció el estado plurinacional, la separación de la
Iglesia del estado y la prohibición de bases militares
extranjeras.
Pero
los gobiernos nacionalistas radicales enfrentan grandes disyuntivas.
Mantienen el apoyo popular, pero las concesiones al capital y la
ausencia de medidas radicales tienden a generar fatiga. La crisis
global abre una oportunidad para superar ese desgaste con nuevos
impulsos. La prioridad es neutralizar el golpismo de la derecha e
impedir el retorno de los conservadores. Pero también es indispensable
evitar un congelamiento de las transformaciones sociales, que
estabilice la capa de opresores que germina dentro de los procesos
populares.
En Bolivia se han ganado nuevamente las elecciones
con más del 60% de los votos, pero la derecha mantiene su fuerza en las
regiones adversas. En lugar de aprovechar la derrota del putch
secesionista, se optó por incorporar a la Constitución varias demandas
de la oligarquía (especialmente el carácter no retroactivo de los
límites a la propiedad agraria).
En Venezuela persiste el vigor
de los programas sociales y se ha obtenido un contundente triunfo
electoral, que revierte los resultados más adversos de comicios
anteriores. Pero al mismo tiempo se afianza la “boliburguesía” asociada
con el gobierno, que recicla la desigualdad social y recrea la
repudiada corrupción.
También en Ecuador se consolida la
soberanía política, pero han aparecido fuertes tensiones entre el
gobierno y el movimiento indigenista, que legítimamente protesta contra
la entrega de áreas mineras a la explotación transnacional.
Es
el momento de superar estas dificultades radicalizando los procesos
nacionalistas, reforzando un eje político-regional con Cuba y
revitalizando el ALBA. Esta asociación introdujo principios de
intercambio solidario, reafirmó criterios de acción antiimperialista y
planteó reformas sociales. En los últimos meses incentivó la
implementación
de un sistema de compensación monetaria y multiplicó los acuerdos con
la zona del Caribe. Pero muchas medidas dependen de un financiamiento
petrolero amenazado por la crisis.
El ALBA podría cumplir un
papel más significativo en el nuevo contexto, como ámbito de
formulación y ensayo de las respuestas populares al tsunami económico.
Una decisión clave es el retiro del CIADI, que ya inicio Bolivia. Es
vital también la campaña
por abandonar el FMI y el Banco Mundial, para sentar las bases de nuevos organismos de cooperación y solidaridad.
El
ALBA ha buscado contrarrestar el estancamiento que impuso Brasil al
proyecto de Banco Sur y al sistema monetario latinoamericano (SUCRE).
Se han discutido mucho las normas de funcionamiento de esa entidad
(voto por país o proporcional al capital aportado), así como el volumen
o el destino de los fondos.
Pero mientras persista la tendencia
de las clases dominantes a protegerse individualmente del colapso
financiero, estas iniciativas no prosperarán. Sólo los oprimidos -que
actúan sin la compulsión del beneficio y la competencia- pueden
garantizar la unidad regional. La crisis global crea nuevas condiciones
para avanzar hacia esa meta.
UN PROYECTO ANTICAPITALISTA
América
Latina cumplió un papel de vanguardia en la resistencia contra el
neoliberalismo, pero la crisis actual plantea otro desafío: ocupar un
rol de avanzada en la batalla contra el capitalismo. Este sistema es el
responsable de los descalabros actuales y sucontinuidad exigirá mayores
sufrimientos populares.
Sólo un camino erradicación de la
explotación, el desperdicio y la desigualdad vigentes permitirá
contrarrestar la miseria y el paro que augura la debacle en curso. Este
sendero exige adoptar medidas antiliberales y anticapitalistas.
Las
respuestas serán efectivas si facilitan una transición al socialismo,
opuesta a todos los proyectos de regular el capitalismo. El estatismo
en boga tiende a recrear las crisis, al cabo de penosos salvatajes
solventados por la población.
Dos perspectivas históricas
diferentes están en juego en todos los debates del movimiento social.
El Banco del Sur, por ejemplo, puede concebirse en ambos sentidos.
Mientras que un rumbo socialista exigiría utilizar los fondos de esa
entidad para financiar la reforma agraria, las mejoras populares y las
cooperativas, el modelo capitalista induciría a respaldar las empresas
locales, que disputan mercados con sus rivales extra-regionales.
La
misma disyuntiva determina lineamientos diferentes para el Fondo
Regional del Sur (sistema monetario de compensación de pagos). Podría
facilitar la redistribución del ingreso o emular los mecanismos
capitalistas de estabilización, que rigen en Asia o la Unión Europea.
El camino socialista requiere el retiro del FMI y del Banco Mundial,
mientras que el sendero capitalista apuntala la ilusión de democratizar esos organismos.
Sólo
la perspectiva socialista permitirá organizar una economía al servicio
de las necesidades populares, con formas de planificación democrática
que atenúen (y eliminen posteriormente), las traumáticas turbulencias
del ciclo capitalista. El socialismo del futuro no guardará ninguna
conexión con las fracasadas experiencias de totalitarismo burocrático
del siglo XX. Pondrá en marcha la autogestión colectiva que se necesita
para forjar una sociedad igualitaria. 20-2-09
1Economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda). Su página web es: www.lahaine.org/katz
2The Economist-La Nación “América Latina se prepara para tiempos duros”, 22-1-09.
3The Economist-La Nación, ¿“Emergentes: ¿caída o tropezón”?, 20-1-09.
4 The Wall Street Journal-La Nación, “La sequía del financiamiento comercial pone en jaque a
los mercados emergentes”, 22-12-08.
5 Hemos analizado esta combinación de sobre-acumulación de capitales y sobreproducción de
mercancías en: Katz Claudio, “Codicia, regulación o capitalismo”(30-12-08) y “Lección
acelerada de capitalismo” (4-10-08), http://katz.lahaine.org
6Por ejemplo, Vanoli Alejandro. “Cómo inmunizar a la argentina en el casino global”, Clarín, 16-8-07.
7Esta
tesis plantea, por ejemplo, Cardoso Fernando Henrique, “Ante una
reingeniería de las finanzas mundiales”, Clarín, 15-10-08.
8Es la tesis que presentan: Gersh Alain. El consenso de Pekín Le Monde Diplo, noviembre
2008, Sercovich Francisco. “Globalización: los nuevos desencantados” Clarín, 19-8-07, Golub
Philip “Hacia un mundo descentralizado”, Le Monde Diplo, noviembre 2008, Buenos Aires.
9Algunos periodistas utilizaron el término NAN (Nuevas Naciones Adquisitivas) para describir
este proceso, que incluyó la transferencia de una parte de British Petroleum a capitalistas
chinos, así como de la canadiense Inco a empresarios brasileños y de la norteamericana Asaco a
potentados de la India. Cohen Roger. “El mundo está al revés”, La Nación, 2-6-08.
10Los países del sudeste asiático tienen en su poder la mitad de la deuda EEUU y China jugó un
papel directo en los salvatajes de Fanny Mae y Freddie Mac. Bular Martine, “El poder mundial
se desplaza”, Le Monde Diplo, noviembre 2008.
11 El concepto de imperialismo colectivo ha sido desarrollado por Amin Samir, “US imperialism,
Europe and the middle east”, Monthly Review vol 56, n 6, November 2004.
12
Una empresa de este tipo -como Cementos mexicanos-se encuentra en un
estado crítico por la retracción de insumos que provocó el desplome del
negocio inmobiliario. The Wall Street Journal-La Nación, “Cemex, un
símbolo de la globalización ahora hace frente a su costado adverso”,
11-12-08.
13 Un detallado análisis de estos problemas presenta:
CanalesAlejandro. “Incluidos y segregados”, Crisis de hegemonía de
Estados Unidos. Siglo XXI, México, 2007.
14 Es la conducta que
sugiere: Tokatlian Juan Gabriel, “Fin a la guerra fría en América
Latina”, Clarín, 20-1-09. Tokatlian Juan Gabriel. “Obama y el cambio”,
Pagina 12, 19-11-08. Tokatlian Juan Gabriel, “Un golpe a la hegemonía
de EEUU”, La Nación, 6-10-08.
15La IV flota tiene previsto
navegar por ríos interiores, con un equipamiento equivalente a la V
flota (Golfo Pérsico) o la VI flota (Mediterráneo). Introducirá un
complemento marítimo al
control aéreo y territorial que Estados
Unidos detenta de la zona. Boron Atilio, “La IV flota destruyó a
Imperio”, ALAI, 21-8-08. Boron Atilio, “Gatopardismo imperial”, Página
12, 21-1-09. Dufour Jules. “El regreso de la cuarta flota y el futuro
de América Latina”,
www.Mondalisation.ca/, 28-8-08.
16 Cammack Paul. “Signos de los tiempos: capitalismo, competitividad y el nuevo rostro del
imperio en América Latina”. El imperio recargado, CLACSO, Buenos Aires, 2005.
17Estas empresas invirtieron en la región 165.000 millones de dólares (10% de PBI español) y
ahora
predomina una oleada de ventas, visible en la salida del grupo Marsans
de Aerolíneas, la nacionalización de los fondos de pensión en Argentina
(manejados por el BBVA) y la estatización venezolana de filiales
locales del Santander. También Repsol se desprende de sus
participaciones
en Venezuela, Bolivia y Ecuador. The Wall Street Journal-La Nación,
“Las inversiones en América Latina les cuestan caro a las empresas a
las empresas españolas”, 4-12-08.
18Fukuyama Francis. “Nuevos
desafíos geopolíticos” Clarín, 29-9-08. Gray John, ¿Fin del liderazgo
estadounidense?”, Clarín, 1-10-08. Diament Mario, “Adiós a la era de
EEUU”, La Nación, 17-5-08.
19Con la Obamania recuperaron terreno
los que apuestan a un resurgimiento basado en la capacidad
norteamericana para absorber inmigrantes. Oppenheimer Andrés, “EEUU y
la era post-Bush” La Nación, 25-11-08.
20 Roubini Nouriel. “La decadencia del imperio americano” Global EconomMonitor, 9-08.
21Guillén
Arturo. “La declinación de la hegemonía estadounidense y sus
implicaciones para América Latina”. Ponencia al Segundo Coloquio de la
SEPLA, Caracas, 14-16 noviembre de 2007.
22 Es el enfoque de
Wallerstein Immanuel, Capitalismo histórico y movimientos
anti-sistémicos: un análisis de sistemas – mundo, 2004, Akal, Madrid,
(cap 28).
23 Estos enfoques remarcan también la subordinación de
las elites locales al capital foráneo y la restauración de formas
primitivas de acumulación basadas en la depredación. Un debate sobre
estos temas plantea por Sorans Miguel, “¿Hay una recolonización
mundial?”, Correspondencia Internacional n 26, octubre-diciembre 2008.
Ver también: Salinas Figueredo Darío. “Las coordenadas de la política
estadounidense”. Crisis de hegemonía de Estados Unidos. Siglo XXI,
México, 2007.
24
La proporción de las ventas externas en comparación a las internas es
muy significativo en todas estas compañías. Un completo análisis de
estas empresas presenta: Luce Mathias, “La expansión del
subimperialismo brasileño”, Patria Grande, n 9, diciembre 2008.
25
on 514 proyectos de energía, transporte y comunicaciones a desarrollar
diagramados concebidos para el período 2005-2010. Verdum Ricardo,
“Financiamento a megaproyectos: novos desaíos”, Contra Corriente,
Janeiro 2009. Tautz Carlos “A Amazonia como alvo
principal”, Contra Corriente, Janeiro 2009.
26 Lamarque Cecile, “El tratado entre Paraguay y Brasil: un escándalo que duró demasiado”, www.cadtm.org/spip.php, 25-12-08.
27
Oppenheimer Andrés, “Una decisiva alianza energética”, La Nación,
20-1-09. Pagni Carlos, “La estrategia latinoamericana de Barack Obama”,
La Nación, 18-1-09
28 Marini Ruy Mauro. “La dialéctica del
desarrollo capitalista en Brasil”. Subdesarrollo y revolución, Siglo
XXI, 1985. Marini Ruy Mauro. Dialéctica de la dependencia, ERA, México,
1985.
29Marini Ruy Mauro. “Razones del neo-desarrollismo”. Revista Mexicana de Sociología año XL, vol. XL, 1978.
30Osorio Jaime. “Una cartografía para redescubrir América Latina”. Oikos, n 18, 2 do semestre
2004.
31
Wallerstein Immanuel Capitalismo histórico y movimientos
anti-sistémicos: un análisis de sistemas – mundo, 2004, Akal,
Madrid.(cap 5)
32 Hemos analizado estas rebeliones en Katz
Claudio, Las disyuntivas de la izquierda en América Latina. Ediciones
Luxemburg, Buenos Aires, 2008, (cap 1)
33-Conferencia
Internacional de Economía Política: Respuestas del Sur a la crisis
económica mundial, Declaración Final, Caracas, 11-10 2008 -“Salvar a
los pueblos, no a los bancos”, Declaración de la Sociedad de Economía
Política y Pensamiento Crítico, Buenos Aires, 24, octubre 2008. -The
global economic crisis: An historic opportunity for transformation,
Pekín, October
2008,http://www.cadtm.org/IMG/article -“We won’t pay
for the crisis. The rich have to pay for it”, Declaration of the
assembly of social
movements at the world social forum, Belem, January 2009.
34Tamayo Eduardo. “Las deudas se pagan, las estafas no”, ALAI, 20-11-08. http://katz.lahaine.org
35
La compra de acciones de la siderúrgica Sidor –perteneciente al grupo
argentino Techint-en Venezuela por 1650 millones de dólares es un
ejemplo de estos desaciertos. Actuando como representante directo de
los capitalistas, el gobierno de Cristina Kirchner presionó por
acelerar esos pagos.
36Las periódicas encuestas de
Latin-barómetro indican fuerte apoyo popular a las movilizaciones,
crítica a las desigualdades sociales y cuestionamientos del mercado, La
Nación, 17-12-08.

































































