La gravedad de la crisis actual pone a la orden del día, en primer lugar, la necesidad de organizar la resistencia contra las medidas antisociales que preparan los ejecutivos. Hay que tomar todas las iniciativas unitarias posibles para removilizar a la sociedad al máximo. Pero la resistencia no es suficiente, es necesario trabajar por construir un referente anticapitalista portador de un proyecto de sociedad alternativo y coherente, capaz de aportar objetivos y reivindicaciones a la vez radicales y realistas a las luchas.
Así pues, se impone una doble tarea para los revolucionarios:
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Preparar las luchas de resistencia lo más amplias y unitarias posibles.
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Construir un referente anticapitalista claramente delimitado y con una independencia política total respecto a los gobiernos social-liberales y a las fuerzas políticas que les dan su apoyo.
A continuación, pasamos a proponer algunas medidas de urgencia que deberían estar en la base de una salida progresista y anticapitalista a la crisis actual. Unas medidas que sólo podremos imponer gracias a un movimiento social de conjunto que cambie en profundidad la correlación de fuerzas actual, que suyas tales medidas y que sea el resultado de una convergencia real de las luchas y resistencias en curso: contra los cierres de empresas, contra la privatización de la educación y la sanidad, contra Bolonia…
Son posibles otras medidas ante la crisis, a favor de la mayoría social. Con la crisis las políticas neoliberales han sufrido un fracaso estrepitoso. Dos cuestiones están de nuevo en el centro, el reparto de las riquezas y la cuestión de la propiedad.
- Defender a los trabajadores. El punto de partida sobre la urgencia social: defensa del empleo contra los despidos, creación de empleo público, aumento de los salarios, freno a las privatizaciones. No corresponde a los trabajadores pagar la crisis, corresponde a los capitalistas. “¡Salvar a los pueblos y no a los bancos!”. Ese es el planteamiento que debiera ser el nuestro: defender las condiciones de trabajo y de vida de millones de trabajadores que están golpeados por la crisis.
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Uso del dinero público. El dinero público debiera emplearse en crear puestos de trabajos dignos que empleen a los desempleados y precarios, y en proveer de servicios públicos de calidad a la población, que ahora los necesita más que nunca. Para ello, es necesario cuestionar abiertamente el Pacto de Estabilidad y Crecimiento impuesto por Bruselas.
- Origen de los recursos. Primero, aclarar que existen recursos, como evidencian los planes de rescate. Es una cuestión de voluntad política, de forzar qué uso se les da a los recursos disponibles. Además, los estados deberían promover de forma coordinada una reforma de los sistemas impositivos a favor de su progresividad, combatir eficazmente el fraude e ilegalizar los paraísos fiscales, lo que permitiría empezar a contar con suficientes recursos públicos.
- Sistema financiero regulado y público.
Por otra parte, las ayudas incondicionales al sector financiero privado deberían ser sustituidas por una apuesta decidida por un sistema financiero público al servicio de las necesidades sociales actualmente insatisfechas, que permitiese financiar además la reconversión ecológica de la economía. Contra las desreglamentaciones financieras, las tasaciones de las transacciones financieras, los paraísos fiscales, el no pago de la deuda, el control de los capitales, el levantamiento de los secretos bancario y comercial, la nacionalización de los bancos sin indemnizaciones y su creación a nivel estatal o para estatal, como el Banco del Sur apoyado en Cuba y los regímenes progresistas. Debe acompañarse de una puesta en cuestión de la propiedad privada bancaria, por la nacionalización integral de todo el sistema bancario, financiero y de crédito. Esta nacionalización, para no volver a las “viejas nacionalizaciones” debe acompañarse del control de los trabajadores, de los asalariados y de la población.
- Sectores en dificultades. Frente a la quiebra del sistema bancario o el hundimiento de ciertos sectores como grandes empresas, si es preciso, para salvar el empleo, hacer incursiones en la propiedad privada de estas grandes empresas, no hay que dudar en ir en esa dirección defendiendo su nacionalización bajo control de los trabajadores. Puesta en cuestión de la propiedad. No defendemos solo un nuevo reparto de las riquezas sino también un cambio de las relaciones de propiedad. Queremos reemplazar la propiedad privada del capital y de las grandes empresas por la apropiación pública y social de la economía a través del control o de la gestión por los trabajadores.
- Impulsar una nueva reglamentación de los mercados laborales, que invirtiese la dinámica del abaratamiento del despido y garantizase el empleo estable y de calidad, permitiría revertir la caída de los salarios sobre la renta nacional.
- La crisis es también ecológica. Reconversión del modelo productivo y de consumo
basado en la lucha contra el calentamiento climático, una organización diferente de la política de transportes, de la política de energía, la lucha contra la polución y la degradación del medio ambiente de los barrios y el campo. Hay que partir de la exigencia de desarrollo duradero en materia ecológica para volver a dar sentido a la idea de planificación económica. Ahí también la crisis va a llevar a clarificaciones.
Hay
un formidable punto de apoyo para defender la viabilidad de estas
medidas: los miles de millardos de dólares concedidos a los bancos…
en algunas horas o días… mientras las cajas siguen vacías para
los asalariados, los parados, los pueblos. Hay que derrocar la
tendencia tomada desde hace 25 años en el reparto de las riquezas,
consagrar estas riquezas al empleo, a los salarios, a la seguridad
social, a los servicios públicos y no a la especulación financiera.
Por ello, muchas cuestiones, temas y reivindicaciones pueden pasar de
la propaganda a la agitación, de las explicaciones generales a
propuestas concretas, a objetivos de movilización o luchas.
Este tipo de medidas permitiría invertir el ajuste salarial en curso, cuestionando así una lógica económica que, tal y como el estallido y la gestión de la crisis nos recuerda, es por definición autista respecto a las necesidades sociales. Además ahora es evidente, incluso para sus defensores más convencidos, la inviabilidad de la fórmula neoliberal de gestión del capitalismo. Y, a su vez, el neoliberalismo no fue más que la respuesta frente al agotamiento de la fórmula keynesiana, que saltó por los aires con la crisis de los años setenta. Ambos elementos –la crisis evidencia explícitamente la indiferencia de la lógica capitalista respecto a las necesidades sociales, a la par que obliga a dicha lógica a buscar una fórmula de gestión alternativa– actualizan la pertinencia de un proyecto anticapitalista.
Glosario
Acumulación de capital: El desarrollo del dinero en medio de acumulación, es decir, en capital, supone una nueva relación, la que vincula al capitalista o poseedor de dinero y al trabajador asalariado o poseedor de fuerza de trabajo viva, la relación fundamental de la sociedad capitalista. La relación entre el capitalista y el trabajador asalariado es una relación económica particular que permite la acumulación de capital.
Acumulación y tendencia decreciente de la tasa de ganancia: La producción capitalista es producción de mercancías en tanto que son portadoras de valor y plusvalía, en tanto que el capital que ha sido adelantado para su producción encuentra en ella la fuente de su acumulación. La tasa de ganancia es su acicate y su fuerza impulsora; la valorización del capital es su único objetivo. Pero la existencia de una tasa de ganancia considerada suficiente para que la producción tenga lugar es el punto de partida de una acumulación cuyo resultado es una tendencia a la baja de la tasa de ganancia. A su vez, ésta provoca una aceleración de la acumulación cuyo objetivo es restablecer las condiciones de una rentabilidad deteriorada, pero que implica una nueva tendencia a la baja de la tasa de ganancia. La creciente dificultad de valorización del capital se expresa finalmente en una caída efectiva de la tasa de ganancia, en palabras de Marx, en “la sobreproducción, la especulación, las crisis y el capital superfluo, además de la población superflua”.
Capitalismo: modo de producción que hunde sus raíces en un largo proceso histórico concretado en tres transformaciones económicas y sociales:
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La separación de los productores de sus medios de producción.
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La formación de una clase social que monopoliza estos medios de producción: la burguesía industrial moderna.
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La transformación de la fuerza de trabajo en una mercancía.
El modo de producción capitalista funciona en base a las siguientes características:
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La producción es exclusivamente una producción de mercancías.
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La producción se efectúa para un mercado impersonal regido por las “leyes de la competencia”.
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El objetivo de la producción consiste en conseguir el máximo beneficio privado de los capitalistas (y no la satisfacción de las necesidades básicas de la población).
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Para conseguir el máximo beneficio, los capitalistas se ven obligados a aumentar la explotación (ya sea absoluta o relativa) del trabajo asalariado.
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La búsqueda de la maximización de los beneficios de cada capitalista y la competencia entre capitales hacen que el capital fluya hacia los sectores en los que la tasa de ganancia (la rentabilidad) es más elevada (dinámica que explica fenómenos consubstanciales al capitalismo como la “financiarización” y la “especulación”).
La evolución histórica del capitalismo ha registrado algunas constantes:
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La concentración del capital en cada vez menos manos.
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Los ciclos cortos y las ondas largas expansivas y depresivas. Y las crisis como puntos de inflexión entre periodos expansivos y recesivos.
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La tendencia decreciente de la tasa media de ganancia.
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La creciente socialización e internacionalización de la producción.
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La creciente contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas (la generación de cantidades fabulosas de capital, tecnologías, comunicaciones, mercancías, etc…) y las relaciones sociales de producción (marcadas por la apropiación privada en cada vez menos manos, por un lado, y por la explotación y la marginación de la mayoría de la humanidad y la destrucción del planeta, por otro).
Capital y plusvalor: El único valor de uso del cual nace y se incrementa el valor mismo es el trabajo vivo, actual, o trabajo como subjetividad, por oposición al trabajo muerto, incorporado en un producto. La única mercancía cuyo consumo productivo por el capital da lugar a su incremento es la fuerza de trabajo, fuente de plusvalor.
Crisis: Periódicamente, la tendencia a la baja de la tasa de ganancia se manifiesta en una reducción efectiva que provoca una crisis, es decir, una interrupción de la acumulación. La destrucción de valor que resulta de ella tiene como efecto el restablecimiento de las condiciones de rentabilidad necesarias para una reanudación de la acumulación. Las crisis, que nacen de una insuficiente valorización del capital y que tienen como función restablecer esta valorización, son un momento esencial de la acumulación del capital.
Imperialismo: a caballo entre el siglo XIX y el XX, la exportación de capital a terceros países, la formación de monopolios como consecuencia de la concentración de capital, la aparición del capital financiero y la creciente intervención del Estado a favor de los monopolios económicos nacionales explican el reparto del mundo en diferentes imperios coloniales y/o zonas de influencia entre las distintas potencias imperialistas. La lucha por la supremacía mundial entre los principales Estados capitalistas provocó las dos guerras mundiales que asolaron el siglo XX. A su vez, la estructura de poder imperialista y las fuerzas generadas por el mercado mundial están en la base de la creciente desigualdad económica global y del subdesarrollo y la miseria en la mayor parte del planeta.
I+D: investigación y desarrollo. Se refiere a las inversiones (tanto públicas como privadas) en estudios científicos y en nuevas tecnologías destinadas a la innovación industrial y a la generación de nuevas gamas de mercancías y servicios. Habitualmente, partidas muy considerables de los presupuestos públicos en I+D son destinados a investigación militar, un terreno enormemente lucrativo para las empresas del sector. A menudo, muchas innovaciones tecnológicas en la industria civil se han originado en la industria armamentística. El gasto público en I+D constituye también una demostración palmaria de que el Estado utiliza sistemáticamente dinero público para financiar la valorización del capital privado. Los cambios operados en la Universidad contemporánea también están expresando cada vez más claramente esta misma tendencia.
Keynesianismo: doctrina económica burguesa que cuestionaba los dogmas de la teoría clásica (que defendía la capacidad del capitalismo de generar un equilibrio espontáneo entre la oferta y la demanda autorregulándose a través del mercado) para buscar una salida a la gran depresión mundial iniciada en 1929. La economía keynesiana se centró en el análisis de las causas y consecuencias de las variaciones de la demanda agregada y sus relaciones con el nivel de empleo
y de ingresos. El interés final de Keynes fue poder dotar a unas instituciones nacionales o internacionales de poder para controlar la economía en las épocas de recesión o crisis. Este control se ejercía mediante el gasto presupuestario del Estado, política que se llamó política fiscal. La justificación económica para actuar de esta manera parte, sobre todo, del efecto multiplicador que se produce ante un incremento en la demanda agregada.
Ley del valor y fetichismo de la mercancía. El reparto del trabajo entre las diversas actividades se realiza por medio del intercambio de productos en tanto que valores. En este sentido, el valor no es una simple cantidad, una simple expresión de los costes de la producción. Expresa una relación social. La descripción de las relaciones sociales más o menos opacas que subyacen al proceso de valorización del capital (la explotación del trabajo asalariado) es lo que hizo Marx al desarrollar la ley del valor. Tales relaciones sociales se establecen entre los individuos por medio de cosas. El intercambio de mercancías en proporción a sus valores es el medio por el cual se reparte el trabajo en la sociedad capitalista y se establece la coordinación entre productores, por una parte, y productores y consumidores, por otra. La mercancía adquiere así el carácter de un fetiche regulador de la actividad económica. En la sociedad capitalista, la conexión entre los individuos sólo puede expresarse con una forma material, con la forma de los productos del trabajo que son las mercancías, en el intercambio.
Liquidez: disponibilidad de capital-dinero sin necesidad de endeudarse por parte de empresas o de particulares.
Mercancía: es a) un valor de uso, es decir, un objeto de utilidad que permite satisfacer una necesidad y que es el sustento del valor de cambio. b) un valor de cambio, es decir, un objeto que, mediante el intercambio, permite obtener otro bien, un bien equivalente en el plano del valor; el valor de cambio es la expresión exterior del valor. c) Un valor, es decir, una fracción del trabajo social repartido entre las diversas actividades por medio de los mecanismos del mercado.
Morosidad: incapacidad de hacer frente a deudas contraídas con empresas o particulares.
Rentabilidad: véase “Acumulación y tendencia decreciente de la tasa de ganancia”.
Sobreacumulación. El desarrollo de la productividad social, medio material para la mejora de las condiciones de vida y de trabajo, conduce, bajo el imperio del capital, a resultados que contradicen su finalidad. El modo de producción capitalista tiende a desarrollar sin límites las capacidades productivas materiales, es decir, a producir valores de uso, como único medio para asegurar la producción de valores, más precisamente de plusvalía. En consecuencia, el proceso normal de la acumulación de capital tiene como resultado una sobreacumulación de capital, no en el sentido de que haya sobreabundancia de medios de producción con relación a las necesidades de la población, sino en el sentido de sobreabundancia de medios de producción con relación a las necesidades de valorización del capital. Las dos caras de la moneda de la sobreproducción capitalista son el excedente de mano de obra (el paro) y de mercancías que no encuentran comprador, dos expresiones por antonomasia de las crisis periódicas.
Valor y valor de cambio: El valor de una mercancía determina las proporciones en las que se intercambia por otras mercancías; exteriormente se manifiesta con la forma del valor de cambio, es decir, de la relación de intercambio real que se establece en el mercado y que varía en función de las circunstancias. Tiene como sustancia el trabajo humano común a toda actividad, el trabajo abstracto despojado de las características particulares de los diversos trabajos concretos, un trabajo igual e indistinto, socialmente igualado por el intercambio. El trabajo es un contenido que adopta formas sociales diversas; en la sociedad mercantil en la que los productos del trabajo están necesariamente destinados al intercambio en tanto que mercancías, el contenido en trabajo privado sólo se convierte en social si, mediante el intercambio, es puesto en equivalencia, en tanto que valor, con los otros trabajos privados. Por tanto, no hay que confundir trabajo y valor. El valor no es una simple cantidad de trabajo. Es trabajo en una forma social determinada, la del trabajo repartido bajo el efecto de la igualación de las mercancías en el intercambio.
Notas
1 No nos detendremos en explicarlo detalladamente, pero para profundizar en esta cuestión recomendamos el estudio de alguno de los textos básicos de la teoría marxista. Por ejemplo, recomendamos el libro de A. Martín, M. Dupont, M. Husson, C. Samarý y H. Wilno (2002): Elementos de Análisis Económico Marxista, Los libros de la Catarata, Serie Viento Sur.
[2] Sobre las ondas largas y el desarrollo histórico del capitalismo recomendamos Mandel, Ernest (1986): Las ondas largas del desarrollo capitalista : la interpretación marxista, Siglo XXI, México, Albarracín, Jesús y Montes, Pedro (1996): “El capitalismo tardío: la interpretación de Ernest Mandel del capitalismo contemporáneo”, Madrid; disponible en http://daniloalba.blogspot.com
[3] Los países subdesarrollados se ven afectados por dicha crisis, pero con particularidades específicas cuyo exponente más claro es la explosión del problema de la deuda externa en los primeros años ochenta. Sobre este tema recomendamos la obra de nuestro compañero Eric Toussaint 2002 La bolsa o la vida. Las finanzas contra los pueblos, de Editorial Gakoa. Cuando no indiquemos lo contrario, los datos para países desarrollados que damos en este apartado se refieren a la OCDE.
[4] Recomendamos la lectura del libro de Manuel Garí, Jaime Pastor y Miguel Romero (eds.) (2008): 1968. El mundo pudo cambiar de base, Editorial Catarata, Madrid.
[5] Véase en este sentido el artículo de Álvarez, Nacho y Medialdea, Bibiana (2005): “Ajuste neoliberal y pobreza salarial: los working poor en la UE”, en Viento Sur, Año XIV, Número 82, septiembre 2005, Madrid.
[6] Véase a este respecto, Gowan, Peter (2000) La apuesta por la globalización. La geoeconomía y la geopolítica del imperialismo euro-estadounidiense. Akal, Madrid.
[7] La economía mundial contemporánea presenta una situación en cierto sentido similar a la que precedió a la Primera Guerra Mundial de 1914-1918: poderosa hegemonía del capital financiero internacional, predominio de dinámicas especulativas y atonía del crecimiento económico.
[8] El País Negocios, 21/09/08, pag.9
[9] El País, 19/10/08, pag. 26
[10] El Economista.es, 22/09/08
[11] El área de territorio ecológicamente productivo (cultivos, pastos, bosques o ecosistemas acuáticos) necesario para producir los recursos utilizados y para asimilar los residuos producidos por una población dada con un modo de vida específico de forma indefinida.
[12] La esperanza (o la fe) en la tecnología como fuente de soluciones no debe hacernos permanecer impasibles. No sólo por dudar razonablemente de esa posible salida, sino porque no parece factible el surgimiento y la aplicación de tecnologías en esa dirección en una sociedad cuyo vector director es el beneficio privado. En este sentido, los problemas del capitalismo no son técnicos o tecnológicos, sino que se desprenden de las relaciones sociales y ambientales en las que se funda este modo de producción.
[13]
Toussaint, Eric y Millet, Damien (2008): “Repaso de las causas de la crisis alimentaria mundial”, publicado en www.rebelion.org
Izquierda Anticapitalista




