Manifestación en Barcelona contra Bolonia y la represión policial

Viernes 27 de marzo de 2009

 “¡Estos jóvenes son los que pueden cambiar este puñetero mundo!”

Interseccion[e]s / Marzo 27, 2009

He llegado al Centro de Barcelona del trabajo y me he dado cuenta de que eran casi las ocho. Se me hacía tarde para la manifestación. He pasado un momento por casa para dejar las cosas y coger la cámara y he empezado a andar rápido hacia Plaça Universitat. De camino hacía allí he visto las calles llenas de Mossos. El Portal de l’Àngel, las calles que rodean Plaça Catalunya, la calle Pelayo… mientras esperaba ante un semáforo para cruzar, oía como una señora de unos setenta años conversaba con un mosso d’esquadra y le decía que los estudiantes no son lo suficientemente maduros como para entender nada. El mosso asentía y la mujer seguía hablando. Yo la oía y me iba preguntando qué iba a pasar esta noche.

Me he cruzado con unos chicos jóvenes que iban riéndose mientras decían que todo el mundo “iba a recibir esta noche”. A mí en realidad en ese momento lo que más miedo me daba era encontrarme una Plaça Universitat vacía. Me preocupaba que, ante la incertidumbre respecto al cariz que iba a tomar la manifestación, hubiese gente que hubiera decidido quedarse en casa. Que dejaran a los estudiantes solos. Que dejaran a la lucha coja.

Al acercarme a la plaza y poder vislumbrar el gentío, he sonreído y me he relajado. Si el miércoles pasado estaba llena, hoy la gente no cabía en ella y ocupaba las calles que la rodean. En la cabeza de la manifestación se había colocado a profesores, que anunciaban que “Bolonya es futuro caduco”. Los fotógrafos invadían la parte izquierda de la plaza, las televisiones y las radios se colocaban para retransmitir la manifestación en directo, la gente se preparaba para recorrer una noche que no se sabía cómo iba a acabar.

Una de las preocupaciones que había era que se iba a intentar bajar por las Ramblas hacia Plaça Sant Jaume a pesar de las prohibiciones. Éste era uno de los primeros detonantes que podían derivar en violencia y represión. Sin embargo, sobre las 20:15 ha empezado a correr el rumor de que el trayecto de la manifestación había cambiado. Y efectivamente, en un dribbling a los dispositivos de seguridad y represión que ya estaban instalados por toda la zona, lo que era la cola de la manifestación se ha convertido súbitamente en la cabeza y lentamente hemos empezado a alejarnos del Centro intentando entrar en Ronda Sant Antoni. Al encontrarnos con la barrera policial, la manifestación ha girado a la derecha y hemos empezado a subir por la calle Aribau.

A partir de ahí, l’Eixample ha sido nuestro. Mientras recorríamos Diputación y virábamos por Calabria, docenas de vecinos se asomaban a sus balcones contemplando nuestro avance, el de más de diez mil personas gritando “llibertat d’expressió, policia no!” y “Què direm, què direm? no a Bolonya, no a Bolonya! Què farem, què farem? lluitarem, lluitarem!” y nos aplaudían, mostraban pancartas, nos tiraban flores o improvisaban caceroladas en señal de apoyo. La improvisación de la ruta ha derivado en sorpresa y confusión. El tráfico ha estado cortado durante horas, los mossos no sabían donde ponerse, los helicópteros intentaban en vano predecir nuestro siguiente paso. La preocupación por el cariz de la manifestación ha ido convirtiéndose en euforia, y los coros contra Bolonya, contra la crisis y contra el gobierno burgués en Catalunya han ido aumentando. Las estudiantes y no-estudiantes alzaban sus flores y libros como armas. La sensación de estar tomando las calles, de estar tomando la ciudad se ha ido incrementando a medida que nos acercábamos al Barrio de Sants. La sede de Esquerra Republicana ha sido rociada de pintura roja como denuncia a la mercantilización que este partido, que este gobierno, quieren hacer de la educación pública. Hoy Barcelona ha vibrado.

Esta mañana los medios de comunicación acusaban a los estudiantes barceloneses de querer desafiar a los Mossos con esta manifestación ilegal. Y, aunque por razones distintas a las que diarios como la Razón argüían, lo de hoy ha sido un desafío: a la obsesión del govern por querer controlar y encorsetar a las luchas, a la caracterización de los estudiantes como provocadores, criminales o terroristas, a la criminalización de los movimientos sociales en general, a un sistema político-económico que arrasa, destruye, margina, tortura, mata. Entre cánticos, euforia y sensación de triunfo, tanto estudiantes como no-estudiantes han dado, durante tres horas, una lección de creatividad, de democracia y de dignidad. Los estudiantes mostrando que, a pesar de las porras y acoso, la lucha no se ha acabado. El resto por estar ahí, por acompañar, por hacerse la lucha suya. Hoy Barcelona ha hablado.

Justo antes de entrar por la Avenida Roma ha llegado un compa de IA de Bilbao explicando que ha bajado de Euskadi porque tenía que estar en Barcelona en un día como éste. Nos contaba que había tenido que andar veinte minutos para llegar de la cabecera de la mani hasta donde estábamos nosotros. Si te subías a las vallas podías ver una marea de gente sin principio ni fin. Después de pasar por la Plaça de Sants y al llegar a una enanísima Plaça Osca donde no cabían ni una fracción de los manifestantes, se han leído manifiestos, han hablado estudiantes, profesores, se ha advertido de la presencia de los polis de paisano y se ha felicitado a todo el mundo por el éxito de la protesta. Un compañero sindicalista andaluz ha cerrado la rueda de intervenciones expresando su orgullo por lo que había visto hoy en Barcelona y compartiendo que “las calles que hemos recorrido hoy nunca encontraron tanta dignidad”. “Estoy convencido” ha gritado “que los jóvenes que tengo delante son los jóvenes que pueden cambiar este puñetero mundo!”

Independientemente de la lectura política auto-indulgente y demagógica que seguro hará mañana el govern d’entesa de la ausencia de violencia en la protesta, hoy el movimiento estudiantil y la izquierda (la de verdad) ha vencido. Y la victoria de hoy nos da mucha fuerza para seguir luchando: “Se va a acabar, se va acabar, se va a acabar la paz social!”.

El sábado más.

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