Tareas y funciones de la Cuarta Internacional

Domingo 12 de abril de 2009

16 Congreso Mundial de la IV Internacional

Borrador de resolución del Comité Internacional (*) 

La preparación del próximo congreso mundial está en marcha en un contexto marcado por una combinación sin precedentes de crisis económica y ecológica mundial, que representa un punto de inflexión de gran importancia. Esta doble crisis muestra el fracaso del sistema capitalista y pone en la agenda la necesidad de la reorganización y reconstrucción de un movimiento de lucha anticapitalista de las trabajadoras y los trabajadores.

 

1. Los ataques sociales y económicos y las contrareformas neoliberales contra las clases populares van a incrementarse. Habrán más guerras y conflictos. Las catástrofes ecológicas golpearán a millones de personas. Nuevas relaciones de fuerza económicas y políticas a escala mundial entre poderes imperialistas están tomando forma con el ascenso de nuevas fuerzas capitalistas como China, Rusia, India y Brasil. La combinación del debilitamiento de la hegemonía de los EEUU y la profundización de la competencia entre las potencias capitalistas (Europa, Rusia, Asia, EEUU) genera nuevas tensiones internacionales y tiene efectos geoestratégicos sobre las nuevas configuraciones políticas y militares, con un papel cada vez más importante de la OTAN. En años recientes, el imperialismo de los EEUU ha compensado su débil situación económica reorganizando su hegemonía militar a escala mundial. Las contradicciones sociales y económicas en EEUU llevaron al descrédito del anterior equipo de gobierno republicano liderado por George Bush. La elección de Obama es consecuencia de este descrédito y viene a ser una respuesta alternativa a la política imperialista de los EEUU. Su elección responde a las ilusiones por cambios reales por parte de un sector de la sociedad estadounidense, ilusiones que se girarán pronto en decepción.

En conclusión, la crisis hace obvio el fracaso de la ideología neoliberal, incapaz de ofrecer una solución. Todas las contradicciones inherentes a este sistema social van a explotar sin que la socialdemocracia ni el centro-izquierda sean capaces de ofrecer una respuesta adecuada. Las medidas neokeynesianas todavía no se han probado, pero en cualquier caso no serían suficientes para resolver esta crisis.

 

2. Las luchas sociales están creciendo a nivel mundial, pero de manera desigual. Siguen siendo luchas de carácter defensivo. En el año 2004 el movimiento por la justicia global sufrió un parón en su dinámica ascendente. El Foro Social Mundial de Belem muestra, sin embargo, la necesidad y la posibilidad de convergencias internacionales en un contexto en que las luchas están fragmentadas y dispersas.

En algunos países europeos –Francia, Grecia, Alemania, Polonia, Italia- las luchas sociales tienen un impacto sobre la escena política, pero al mismo tiempo no son suficiente para parar o revertir la ofensiva capitalista y los efectos de la crisis. No han sido lo suficientemente exitosas como para vencer el proceso de división y fragmentación de los trabajadores. Estas luchas defensivas todavía no han encontrado una expresión en términos de conciencia anticapitalista.

En este contexto, en ausencia de una izquierda anticapitalista que ofrezca alternativas, las alternativas racistas y xenófobas se fortalecen.

En Oriente Medio, los pueblos continúan resistiendo la ocupación y las agresiones de Israel y de fuerzas de Occidente en Palestina, Irak y el Líbano. La agresión asesina llevada a cabo por el gobierno sionista en Gaza, dos años después de la del Líbano, no ha sido capaz de derrotar a la resistencia. Aunque Hamas y Hezbollah son ahora las principales referencias políticas en esta resistencia, hay sectores que sitúan su acción en un contexto de liberación tanto nacional como social.

América Latina sigue siendo el continente con una situación social más explosiva, si bien en países clave como Argentina y Brasil las luchas son limitadas y desiguales. Es en América Latina donde han habido experiencias de victorias parciales sobre el imperialismo, en particular en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Paraguay.

En una serie de países capitalistas emergentes o de aquellos que emergieron con posterioridad a la restauración capitalista –China, India, Rusia o el antiguo bloque del Este- el torbellino de la globalización está tendiendo a proletarizar centenares de millones de seres humanos. Pero este nuevo poder social, el cual puede jugar un papel central en los próximos años, todavía no ha formado organizaciones de masas independientes, es decir, sindicatos, asociaciones y organizaciones políticas, capaces de enfrentar el desafío de esta reorganización global.

El saqueo de recursos en Africa en beneficio de las grandes multinacionales capitalistas está creciendo con la complicidad de los gobiernos. El crecimiento continuado de la producción en los últimos años en la África sub-sahariana no ha significado mejoras para la población. Enfrentadas con el deterioro de las condiciones de vida, han habido grandes luchas, como las huelgas generales en Guinea, las manifestaciones en Togo o la huelga general en el sector público en Sudáfrica. La crisis alimentaria de finales de 2008 fue motivo de importantes manifestaciones. Sin embargo, la ausencia de una alternativa política es un fuerte obstáculo de cara a conseguir el éxito de estas luchas, como sucede en Guinea o en Camerún. El resultado es que estas manifestaciones acaban favoreciendo a formaciones políticas burguesas, tal es el caso de Madagascar, se pierden en los callejones sin salida de las organizaciones religiosas, como en Nigeria o el Congo, o peor aún, fortalecen las organizaciones étnicas o racistas como sucede en Kenya o Sudáfrica.

La construcción de organizaciones populares, de trabajadores, que luchen por los derechos democráticos, sigue siendo una necesidad acuciante para el éxito de estas luchas.

-A largo plazo, los efectos combinados de la desintegración del bloque soviético y la globalización financiera se continuarán sintiendo en Asia a través de la existencia de guerras abiertas (Afganistán, Sri Lanka, isla de Mindanao en Filipinas), zonas de confrontación internacional (Corea del Norte, Pakistán, India), difíciles equilibrios entre potencias de la geopolítica (el Sureste asiático, China, Japón) y reducción de los espacios democráticos que habían sido previamente ganados (Tailandia, Filipinas, Indonesia…)

Estos desequilibrios están hoy marcados por la crisis financiera, económica y alimentaria, que hace cada vez más necesaria mayor coordinación regional y mayor convergencia de los movimientos sociales de lucha que existen en diferentes campos: antiguerra, antinuclear, contra la deuda externa, por la soberanía alimentaria y en defensa de los derechos sociales y ecológicos.

 

3. La dinámica de la globalización capitalista y la actual crisis también han cambiado el contexto, la evolución y el desarrollo de la izquierda tradicional. Del “reformismo sin reformas” hemos pasado al “reformismo con contra-reformas”. En varios países desarrollados la socialdemocracia y otras fuerzas equivalentes están experimentando una evolución hacia el social-liberalismo, es decir, estas fuerzas están directamente implementando políticas neo-liberales o neo-conservadoras. Todas las fuerzas políticas que están política o institucionalmente vinculadas con el social-liberalismo o el centro-izquierda, en grados que varían, están siendo arrastradas hacia estos cambios cualitativos y son incapaces de formular un plan para salir de la crisis. Es más, estamos viendo políticas, como las del gobierno de Lula en Brasil, que hacen empeorar la situación de crisis ecológica.

Los Partidos Comunistas tradicionales continúan en su largo declinar. Intentan romper está tendencia a la baja agarrándose al “clavo ardiendo” de las fuerzas hegemónicas de la izquierda liberal y los aparatos institucionales o echando mano de la nostalgia y posiciones autoafirmativas. Al mismo tiempo hay sectores o corrientes que desean construir los movimientos sociales con fuerzas anticapitalistas, como sucede con Synaspismos en Grecia. Estas fuerzas están condenadas a tener contradicciones y divisiones internas a causa de su naturaleza reformista. La combinación de resistencias sociales y esta evolución de los aparatos de la izquierda tradicional abre un nuevo espacio para la izquierda radical. Esto pone en la agenda la reorganización y reconstrucción del movimiento de lucha de los trabajadores sobre una nueva base, la del anticapitalismo y del ecosocialismo.

 

4. Queremos ser partícipes de esta reorganización con el fin de crear una nueva izquierda que sea capaz de afrontar el reto de este siglo y reconstruir los movimientos de lucha de la clase trabajadora, sus estructuras, su conciencia de clase y su independencia de las burguesías respectivas tanto a nivel político como cultural.

Queremos construir, en definitiva, una izquierda que sea:

-Una izquierda anticapitalista, internacionalista, ecologista y feminista.

-Una izquierda que se postula claramente como una alternativa a la socialdemocracia y sus gobiernos.

-Una izquierda que lucha por el socialismo del siglo XXI, autogestionada, democrática y con un programa coherente por el cual luchar.

-Una izquierda que es consciente de que para conseguir este objetivo ha de romper con el capitalismo y su lógica y que por tanto no puede gobernar con eso mismo que ha de romper.

-Una izquierda plural enraizada en los movimientos sociales y en los centros de trabajo que integra la combatividad de los trabajadores, las luchas por la liberación de las mujeres, LGTB y la lucha ecologista.

-Una izquierda no institucionalizada que basa su estrategia en la auto-organización de la clase trabajadora y los oprimidos sobre el principio de que la emancipación de los trabajadores ha de ser obra de los propios trabajadores.

-Una izquierda que integra nuevos sectores sociales, nuevos temas como los expresados por el Foro Social Mundial en Belem, y sobre todo que integra a las nuevas generaciones, porque no puedes hacer cosas nuevas sólo con material antiguo.

-Una izquierda internacionalista y antiimperialista que lucha contra toda dominación y guerra y trabaja por la construcción de un marco a favor de una Internacional de masas y democrática.

-Una izquierda capaz de enlazar la valiosa herencia del marxismo revolucionario crítico con los desarrollos del feminismo, ecosocialismo y los movimientos indígenas de América Latina

-Una izquierda que a través de la lucha de clases pelea por la formación de un frente de acción lo más amplio posible contra la crisis y por los derechos, las mejoras y las aspiraciones de los trabajadores y todos los oprimidos.

 

5. Esta es la aspiración en la cual se enmarcan los problemas de cara a la construcción de la Cuarta Internacional (CI), los nuevos partidos anticapitalistas y las nuevas corrientes internacionales. Lo venimos expresando desde 1992 y especialmente en los dos últimos congresos a través de la idea de “Nuevo período, nuevo programa, nuevo partido”, desarrollado en documentos de la Internacional. Confirmamos lo esencial de nuestras tesis en el último congreso mundial, en el año 2003, donde fijamos el objetivo de construir partidos anticapitalistas amplios. La Cuarta Internacional se enfrenta en estos momentos, de manera global, a una nueva fase.

Las corrientes, organizaciones y militantes marxistas revolucionarios deben trabajar por la construcción de nuevas formaciones políticas anticapitalistas y revolucionarias, con la perspectiva de establecer una nueva e independiente representación política de la clase trabajadora. Esto hay que gestionarlo teniendo en cuenta las particularidades de cada país. Hemos de construir en base a la experiencia adquirida a través de la lucha de clases, del desarrollo del movimiento por la justicia global, de las luchas defensivas, las movilizaciones antiguerra durante los últimos diez años, y en particular a través de las lecciones aprendidas tras la evolución del PT brasileño, del Partito della Rifondazione Comunista (PRC) en Italia y los debates de la izquierda anti-liberal francesa.

Los marxistas revolucionarios nos hemos implicado en los últimos años en la construcción del PSOL en Brasil, Sinistra Critica en Italia, del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) en Francia y Respect en Inglaterra. En esta perspectiva hemos continuado construyendo el Bloco de Esquerda en Portugal y la Alianza Roji-Verde en Dinamarca. El objetivo común, a través de vías diferentes, es el de la construcción de partidos anticapitalistas amplios. No es cuestión de llevar o asumir las viejas fórmulas de reagrupamiento, centradas casi únicamente en la unión de corrientes revolucionarias. El objetivo es reunir en una misma organización fuerzas que van más allá de las simplemente revolucionarias pero que estén por la construcción de partidos anticapitalistas. Si bien no hay un modelo único, ya que cada proceso de unidad ha de tener en cuenta la relación de fuerzas y las particularidades nacionales, nuestro objetivo debe ser buscar construir fuerzas políticas anticapitalistas, independientes de la socialdemocracia y el centro-izquierda, formaciones que rechacen cualquier política de participación o apoyo al colaboracionismo de clase en los gobiernos. Es en base a tal perspectiva que nos hemos de orientar. Lo que sabemos de las experiencias de diferenciación y reorganización en África y Asia va en la misma dirección. Es a través de este proceso que podemos hacer nuevos avances. Esta es la cuestión central que debe formar el contexto del próximo congreso de la Cuarta Internacional.

 

6. En base a este marco debemos tratar la cuestión de la relación entre la construcción de la Cuarta Internacional y una política anticapitalista unitaria a nivel nacional, continental e internacional. Debemos debatir sobre cómo fortalecer y transformar la Cuarta Internacional con el fin de hacer de ella una herramienta efectiva en la perspectiva de un nuevo agrupamiento internacional. Esto es lo que ya hemos empezado a hacer, con resultados limitados (todo sea dicho) dentro del contexto de las conferencias de la izquierda anticapitalista y otras conferencias internacionales. A nivel internacional tomamos parte en muchas conferencias y iniciativas de convergencia internacional, por ejemplo la constitución de la Izquierda Anticapitalista Europea (European Anti-Capitalist Left, EACL) con el Bloco de Esquerda portugués, la Alianza Roji-Verde danesa y el Scottish Socialist Party. También hemos trabajado con el SWP inglés. Otros partidos reformistas de izquierdas que tuvieron en algún momento un “giro a la izquierda” como PRC en Italia, o Synaspismos, también participaron en estas conferencias. También organizamos conferencias internacionales de organizaciones revolucionarias y anticapitalistas con ocasión de los Foros Sociales Mundiales en Mumbai (India) y Porto Alegre (Brasil). A este nivel, creamos vínculos de solidaridad con el PSOL brasileño en su rompimiento con el PT de Lula. Hemos apoyado los esfuerzos de nuestros compañeros italianos por construir una alternativa anticapitalista a las políticas de Rifondazione Comunista. Estos elementos muestran el tipo de orientación que queremos implementar. Las conferencias del último año, celebradas en París y Belem, muestran la necesidad y la posibilidad de la unidad en el debate y la acción de un gran número de organizaciones y corrientes de la izquierda anticapitalista en Europa. Es ahora necesario continuar con una política de reuniones abiertas y conferencias sobre temas estratégicos y programáticos y continuar la unidad de acción en campañas e iniciativas de movilización.

 

7. La Cuarta Internacional y sus secciones han jugado y todavía juegan un papel importante en la defensa, promoción e implementación de un programa de demandas que son al mismo tiempo inmediatas y transicionales hacia el socialismo. Defendemos una política de frente único que busca la movilización de masas de los trabajadores y sus organizaciones, una política de unidad de la clase trabajadora e independencia contra cualquier tipo de alianza estratégica con la burguesía nacional. Nos oponemos a la participación en gobiernos de los países capitalistas avanzados que una vez toman control parcial del Estado y de la economía capitalista abandonan cualquier vestigio de internacionalismo.

La Cuarta Internacional juega un papel importante de cara a mantener viva la historia de la corriente marxista revolucionaria, la necesidad de “entender el mundo”, para compartir y enriquecernos mutuamente mediante los análisis y las experiencias de los militantes y organizaciones revolucionarias que comparten la misma visión estratégica y la misma política de amplias convergencias sobre bases revolucionarias. La existencia de un marco internacional que hace posible “pensar sobre política” es un activo importante para la intervención de los revolucionarios.

Un internacionalismo consistente debe plantear la cuestión de un marco internacional. Pero por razones históricas que ya han sido analizadas, la Cuarta Internacional no tiene la legitimidad como para representar la nueva Internacional de masas que necesitamos. Por eso cuando hablamos de dar pasos adelante en la acción conjunta de fuerzas anticapitalistas, estas nuevas organizaciones, en particular en Europa y América Latina, no pueden estar vinculadas orgánicamente con una u otra corriente internacional identificada con las distintas “cuartas internacionales” existentes, y esto se aplica sea cual sea el punto de referencia: las corrientes morenistas, lambertistas, el SWP u otras variantes del trotskismo. Al mismo tiempo que se dice esto se ha de ser consciente de una gran diferencia entre la CI y todas estas corrientes (más allá de las diferencias políticas), y que es el crédito de la CI. La Cuarta Internacional está basada en una coordinación democrática de secciones y militantes, mientras que las otras tendencias internacionales son “internacionales-fracción” o coordinaciones basadas en “partidos-fracción”, los cuales no respetan las reglas del funcionamiento democrático, en particular el derecho a tendencia. Los límites históricos de estas corrientes internacionales “trotskistas”, como de otras ex-maoístas o ex-comunistas, impiden hoy avanzar en la cristalización de nuevas convergencias internacionales.

En lo que concierne a las llamadas de Chávez y otros por la formación de nuevas Internacionales, su idea no está situada en el mismo terreno.

En la presente correlación de fuerzas, la política para avanzar hacia una Internacional de masas debe tomar el camino de conferencias abiertas y periódicas sobre cuestiones políticas centrales que hagan posible la convergencia y la emergencia de polos anticapitalistas y revolucionarios. En los nuevos partidos anticapitalistas que pueden ser formados en los próximos años se ha de expresar el actual estado de combatividad, experiencia y conciencia de los sectores que están más comprometidos con la búsqueda de una alternativa anticapitalista.

 La cuestión de una nueva Internacional, por tanto, es y será de nuevo planteada. Actuaremos en clave no de posiciones históricas, que propician divisiones y escisiones. El proceso de confluencia debe plantearse sobre un doble nivel: por un lado, la convergencia política real sobre tareas de intervención a nivel internacional, por el otro el pluralismo de estas nuevas formaciones, que deben reunir corrientes de diversos orígenes: trotskistas de diversos tipos, libertarios, sindicalistas revolucionarios, nacionalistas revolucionarios y reformistas de izquierdas. Por tanto, en general, cuando hayan habido pasos concretos hacia esos nuevos partidos, hemos propuesto que el nuevo partido anticapitalista amplio funcione con el derecho a tendencia o corrientes, y que los seguidores de la CI en estos nuevos partidos se organicen de la manera que ellos mismos decidan, de acuerdo a la situación específica de cada partido. Nuestros compañeros portugueses en el Bloco de Esquerda, nuestros compañeros daneses en la Alianza Roji-Verde o nuestros compañeros brasileños en el PSOL están organizados de acuerdo a las particularidades de cada país: como una corriente de la CI o en corrientes amplias junto a otras tendencias políticas con las que compartimos la centralidad de la lucha de clases.

 

8. En este movimiento estamos confrontados con desincronizaciones entre la construcción de partidos a un nivel nacional y la construcción de nuevos agrupamientos internacionales. Puede haber, en la presente situación o en los próximos años, nuevos partidos anticapitalistas en una serie de países, pero el ascenso de una nueva formación internacional, o más aún, el nacimiento de una nueva Internacional, no es, en este momento, algo inmediato. Una nueva Internacional sólo será el resultado de un período prolongado de acción unitaria y un entendimiento común de las tareas necesarias para derrotar al capitalismo. Mientras afirmamos una política de convergencia internacional, esto confirma las responsabilidades particulares de la CI, y por tanto la necesidad de su reforzamiento. Podemos y buscamos representar un marco organizativo que sea atractivo, y democrático para las organizaciones revolucionarias que comparten los mismos proyectos políticos que el nuestro. En esta dinámica es en la que se encuentran los compañeros filipinos, pakistaníes y rusos, y es en la que se pueden encontrar mañana los compañeros de Polonia o Mali.

 

9. De hecho tenemos un papel particular que es reconocido por una serie de corrientes políticas. Podemos ser los únicos que pueden hacer converger a fuerzas de diversos orígenes. Esto es, por ejemplo, lo que en América Latina los compañeros venezolanos de corrientes de izquierdas del proceso bolivariano dicen de nosotros. Lo mismo en Europa, en el contexto de las relaciones del EACL y de otras corrientes. Por eso, el próximo congreso mundial debe ser un paso importante para la reunión de todas estas fuerzas. Queremos que la CI juegue el papel de “mediador” de convergencias en la perspectiva de nuevos agrupamientos internacionales.

 

10. Como resultado, para fortalecernos y jugar este papel todos los órganos de la Cuarta deben ser reforzados: reuniones regulares, comités internacionales, viajes e intercambio de experiencias entre las secciones. Es necesario reforzar la actividad desarrollada durante los últimos años: el funcionamiento regular de los órganos de dirección de la CI, las reuniones del Buró europeo y del comité internacional, que se han realizado cada año representando alrededor de 30 organizaciones deben asegurar la continuidad organizativa de nuestra corriente internacional.

El campamento de jóvenes, que se ha organizado cada año con alrededor de 500 compañeros/as, debe ser una prioridad para el trabajo de juventud de las secciones europeas.

El Instituto de formación en Amsterdam ha cobrado nuevos bríos. Ahora hemos de asegurar que las escuelas y seminarios se organizan, y asegurar el equilibrio en su dirección y organización. La CI debe abrir más su Instituto, que ha de ocupar un papel central, no sólo para formar a los cuadros de las secciones, sino también para contribuir a los intercambios entre distintas corrientes políticas y diversas experiencias internacionales. El seminario organizado sobre cambio climático abierto a una serie de expertos es un buen ejemplo. De igual modo que otros actos públicos, el resultado del seminario indica la necesidad y la posibilidad de que seamos un espacio político donde interactúen las corrientes anticapitalistas y revolucionarias en el trabajo de elaboración programática de cara a la elaboración programática sobre cuestiones esenciales que las corrientes anticapitalistas y revolucionarias están trabajando. Los actos públicos sobre mujeres, juventud y sindicalismo son un ejemplo de cara a la organización de más actos con otras temáticas. En definitiva, en el próximo período, y sobre una orientación que busque construir una nueva fuerza política internacional o una nueva Internacional, la Cuarta Internacional, como un marco internacional, representa un activo esencial para los/as marxistas revolucionarios/as.

 

* La Cuarta Internacional es una organización internacional que lucha por la revolución socialista. Está compuesta por secciones y militantes que comparten y aplican sus principios y programa. Organizada en secciones nacionales separadas, están unidas en una única organización mundial, actuando de manera unitaria sobre las principales cuestiones políticas, y debatiendo libremente al mismo tiempo que se respetan las reglas de la democracia.

* Extraído de www.internationalviewpoint.org

Traducción: Pablo F.

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