Editorial
La crisis por la que atraviesa el sistema capitalista es una crisis de gran envergadura. No se trata tan solo de una crisis económica profunda ocasionada por la convergencia de factores como la caída de la tasa de beneficio de los capitalistas, la sobreproducción y la quiebra del sistema financiero, sino que es también una crisis ecológica y climática, energética y alimentaria. Los límites históricos del capitalismo aparecen ahora con tremenda claridad, así como la necesidad de encontrar una salida a sus cíclicas y cada vez más peligrosas sacudidas.
Sin embargo los inmensos problemas que han salido a la luz no suponen por sí mismos que el capitalismo se esté acercando a su final. Ciertamente una situación como la actual puede acabar desembocando en catástrofes de diferente naturaleza como guerras de gran magnitud, desastres ecológicos o hambrunas masivas, que podrían poner en peligro no ya al propio sistema que las ha originado sino a la humanidad y al planeta mismos. Pero el capitalismo, si frente a él no se alza una alternativa, tiene amplísimas posibilidades de encontrar una salida a la crisis a costa del sufrimiento de la clase trabajadora y de la gente oprimida del mundo. Así ha sido en anteriores ocasiones y así puede ser en ésta.
Lo que ocurra durante el desarrollo y al final de esta crisis no está escrito ni determinado. No depende de ciegos factores económicos que vayan a actuar de manera inexorable, sino que guarda estrecha relación con el tipo de políticas que se apliquen para darle solución. Si éstas consisten, como hasta ahora, en que los estados se conviertan en protectores de los causantes de la crisis y apuntalen el sistema (en la misma línea de lo decidido en la última cumbre de Londres del G-20), entonces resultarán inevitables los dramas sociales del paro masivo, del cierre de empresas, de la descomposición de los servicios públicos y de la quiebra de los sistemas de cobertura social.
Una salida anticapitalista a la crisis
Sin embargo, tal situación no es inevitable. De la crisis puede salirse también adoptando medidas que favorezcan a la clase trabajadora y apunten hacia una verdadera transformación social a escala mundial, aunque desde luego ésta no es la opción de los diferentes gobiernos de corte neoliberal.
Medidas como la expropiación de la banca y la creación de una banca pública bajo control social, la reapropiación pública del sector energético, la prohibición de los despidos en empresas con beneficios, la reducción de la semana laboral a 35 horas (y menos) y el reparto equitativo del trabajo sin reducción salarial, son algunas de las que deberían ser aplicadas para dar a la crisis una salida favorable a la clase trabajadora.
Pero tales medidas no serán puestas en marcha voluntariamente por los capitalistas y sus secuaces políticos, sino que han de ser impuestas a través de la lucha por la misma clase obrera y los sectores socialmente oprimidos. Se requiere un gran esfuerzo para pasar de la actual atomización y dispersión a una movilización masiva, coordinada y continuada, que haga bandera suya un plan alternativo anticapitalista.
Huelga general en Euskal-Herria
En el sentido anterior, la Huelga General convocada para el próximo 21 de mayo en Euskal Herria por los sindicatos ELA, LAB, ESK, STEE-EILAS, EHNE e HIRU será el primer intento de respuesta masiva en el Estado español en defensa de los intereses de la clase trabajadora. Por ello, aunque tal convocatoria se ha realizado a nuestro entender de forma errónea, descartando cualquier intento de unidad sindical más allá de las fuerzas impulsoras, Izquierda Anticapitalista a escala estatal, Ezker Alternatiboa en Euskadi, y Revolta Global en Catalunya, apostamos por ella.
Elecciones europeas
Para imponer una salida alternativa a la crisis, además de la movilización y organización de la clase trabajadora, resulta necesaria la presencia de sólidas organizaciones de izquierda anticapitalista. En la contienda electoral del próximo 7 de junio existe una voluntad de hacer aparecer a escala continental un referente de izquierda combativa, claramente independiente de las direcciones institucionalizadas de la izquierda oficial adaptada al orden neoliberal.
Varias organizaciones anticapitalistas se han lanzado a la campaña de las elecciones europeas con los mismos objetivos y propuestas: el NPA de Francia, la LCR de Bélgica, el PPP de Polonia, el Bloco de Esquerda de Portugal, el Partido Socialista de Suecia, Izquierda Anticapitalista, Ezker Alternatiboa y Revolta Global en el Estado español...
La candidatura que presentamos forma parte de este impulso general por llevar a las instituciones europeas la voz de la clase trabajadora y de la gente oprimida, planteando una real alternativa política a un sistema cuyos tremendos límites han sido evidenciados por la crisis que nos sacude.
Izquierda Anticapitalista




