Caminar debatiendo. Movimientos sociales y representación política (IV)

Jueves 21 de mayo de 2009

Miguel Romero/ Diagonal

Hola Montserrat. Muchas gracias por la lectura atenta que has hecho del Manifiesto electoral de Izquierda Anticapitalista, por haberte tomado el tiempo de escribirnos la carta abierta que publica DIAGONAL en número 98 (Carta abierta a los amigos de Izquierda Anticapitalista. Montserrat Galcerán) y por las críticas fuertes, claras y siempre amistosas que nos diriges.

Planteas muchas cuestiones; tiempo y ocasión habrá para irlas discutiendo. He seleccionado ahora tres temas. En dos de ellos, me parece que no nos entendemos bien; en el tercero hay un desacuerdo claro, sobre el que seguiremos debatiendo mucho tiempo, pero que conviene acotar para que sea compatible con acciones que compartimos y con la reflexión sobre ellas, que finalmente será la clave para confirmar o rectificar propuestas y proyectos.

Club de lujo
El primer tema se refiere al Parlamento Europeo. Estamos de acuerdo en que ni tiene poder, ni puede existir en él un debate democrático. Es un club de lujo para políticos profesionales, premiados por sus partidos con prejubilaciones millonarias.

La muy remota, por no decir nula, posibilidad de que saliera elegido alguien de nuestra lista no ha tenido ningún papel en la decisión de presentarnos a las elecciones europeas. Dicho esto, y a título de pura hipótesis, creo que sería útil contar con ‘infiltrados( as)’ en ese parlamento. Por ejemplo, para las acciones que desarrollaremos los movimientos sociales durante la próxima Presidencia española de la Unión Europea, en el primer semestre de 2010. Digo ‘infiltrado’ porque ése debe ser el sentido que le damos a ésta y a cualquier otra participación en las instituciones políticas del sistema: se trata de ser abiertamente desleales con todo lo que esas instituciones representan, actuar como ‘cámaras’ y ‘micrófonos’ de los movimientos sociales en las salas, y en los sótanos, en los que se maquina la política establecida, trasvasar recursos hacia movilizaciones sociales, subvertir el coro parlamentario con las voces disonantes de las luchas de la calle. Ya sé que nada de esto tiene que ver con las prácticas parlamentarias al uso. Pero creo que debemos plantearnos si algo así es posible y sería útil para la rebelión contra el capitalismo que, desde puntos de vista distintos, estamos tratando de impulsar. Volveré sobre este punto al final de la carta.

¿Elecciones?
Entonces, ¿para qué nos presentamos a las elecciones? Éste es mi segundo tema. ¿Para, como supones, “testar la acogida de los electores” hacia IA? Francamente, creo que no. Los procesos electorales son un muy mal baremo para medir la influencia social de las propuestas alternativas al sistema que defenderemos en la campaña. La campaña electoral nos puede dar una idea de la simpatía con la que contamos y que podemos despertar, de las expectativas que existen sobre nuestro proyecto de reinventar la izquierda política anticapitalista, nada más. IA es una pequeña organización política y, aunque esperamos legítimamente crecer, lo seguirá siendo después de las elecciones. La influencia que nos importa está referida a la organización y la lucha social anticapitalista; se mide fundamentalmente día a día, al ras del suelo y en distancias cortas.

Humilde
A mi parecer, hay dos razones claves para presentarnos a las elecciones: la primera, avanzar en la elaboración y la difusión de un programa anticapitalista, es decir, una articulación de críticas, propuestas y objetivos que se proponga llegar a ser la base de un bloque social capaz de derrocar al capitalismo. La segunda, defender en la izquierda social la necesidad de construir una izquierda política, humilde porque reconoce y quiere aprender de los errores y fracasos del pasado, fiable porque esté integrada por militantes activos en los movimientos sociales, en los que tienen que dar cuenta cada día de lo que dicen y lo que hacen, y cuyo compromiso sea sin sombra de duda la subversión del capitalismo. Es un proyecto abierto, que se irá configurando a partir de experiencias y confluencias. Dice mi amigo Daniel Bensaid que tenemos que “inventar lo desconocido”. Me parece algo más que una frase hermosa. Podría ser un proyecto común de diversas corrientes anticapitalistas de los movimientos sociales que hoy ignoran o desprecian la organización política.

Desafíos
Y esto me lleva al tercer tema que es el más importante y, para mí, el más complejo de explicar. ¿Para qué se necesita, cuál es la función propia de la izquierda política en la lucha contra el capitalismo? Desde luego, no es ejercer, pretendidamente, el monopolio de la acción política. Al menos desde comienzos de los ‘80, puede decirse que todas las grandes cuestiones políticas que en nuestro país han desafiado al poder establecido y han originado luchas y organizaciones, han sido creadas por movimientos sociales: el derecho al aborto, la movilización contra la OTAN, la insumisión, el cambio climático, el derecho a la vivienda, la reivindicación de la memoria histórica, etc., en fin, todas sin excepción.

Es natural que sea así y no puede ser de otra manera: las reivindicaciones, los objetivos, las formas de organización de las luchas emancipatorias los crean “los trabajadores mismos” por recordar una expresión clásica, que siguen teniendo todo su sentido, aunque quizás la escribiríamos hoy con otras palabras.

Preguntar
La función de una organización política es promover sistemáticamente la articulación de esas luchas y movimientos, y destacar y proponer en cada momento los objetivos comunes que pueden ser más eficaces en la lucha contra los poderes capitalistas. Y pensamos que una parte de esa lucha, no la fundamental, pero sí necesaria, hay que hacerla en las instituciones del Estado. O por decirlo de una manera más polémica: no estamos de acuerdo en que el repertorio básico de los movimientos sociales, cuando se relacionan con las instituciones del Estado, lo cual es frecuente e inevitable, consista en el lobby sobre el partido político considerado ‘mal menor’, la demanda y gestión de subvenciones y, en las elecciones, el ‘voto útil’. Creemos que es imprescindible construir una organización política cuyo programa y razón de ser consista no en ‘gestionar el poder’, sino en luchar contra él, que esté dentro de las luchas y movimientos sociales, sea impulsada y pueda ser controlada por ellos, y por eso mismo merezca confianza.

¿Cómo hacerlo? algunas ideas y algunas modestas experiencias tenemos, pero lo fundamental es, efectivamente, caminar preguntando. Y también debatiendo, que es una forma de preguntar. Un abrazo.

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