Daniel Rodríguez Castro
El General Juan Yagüe Blanco, uno de los militares fascistas sublevados contra la Republica, conocido como El Carnicero de Badajoz, fue dejando su rastro de sangre, matanza tras matanza, por todos y cada uno de los lugares por los que paso al frente de La Legión durante la Guerra Civil.
Conocido por su brutalidad y por sus tácticas sanguinarias no dudo en ningún momento en confesarse responsable de los fusilamientos de mas de 4000 personas en Badajoz, cuando fue preguntado por el periodista norteamericano John T. Whitaker respondió: Claro que los fusilamos. “¿Qué esperaba? ¿Suponía que iba a llevar 4.000 rojos conmigo mientras mi columna avanzaba contrarreloj?”
Esa huella de sangre, que debería estar presente cada vez que se le menciona parece olvidarse en tierras sorianas, mas concretamente en su localidad de nacimiento, San Leonardo, donde hasta hace unos días existía un monumento en su honor. Ese monumento fue retirado hace solo hace unos días por el propio ayuntamiento de San Leonardo, decisión que a pesar de que llega tarde debería entrar dentro de la normalidad democrática. Pero la retirada estaba envenenada, ya que días después ese mismo ayuntamiento ha levantado un monolito de grandes dimensiones en el mismo lugar dedicado a Yagüe, provocando la indignación y el estupor en las asociaciones de recuperación de la memoria histórica.
La excusa del ayuntamiento ante tamaño atentado contra la democracia y el recuerdo de las miles de victimas, es que el nuevo monolito erigido es en honor a la labor de Yagüe “como vecino del pueblo”; pero nada mas lejos de la realidad, ya que la figura del General no se puede entender si no se tiene en cuenta su activa participación en el golpe militar del 18 de Julio de 1936, las matanzas que cometió durante la guerra y los cargos que ocupó durante la dictadura.
El ayuntamiento de San Leonardo y todos los que le han precedido han amparado la figura de un asesino, algo que se podría extender a los ayuntamientos de Soria, Burgos y demás instituciones por permitir que todavía existan calles, barriadas e incluso hospitales dedicados a figuras tan oscuras y repudiables de nuestro pasado.
Izquierda Anticapitalista




