Publicado en corriente[a]lterna (http://www.anticapitalistas.org)

“El día después”

Publicado el 08/06/2009 - 15:00

 Boletín de campaña, 8/06/2009

[Cuando se trabaja en común, el balance que importa es el que se hace en común. Especialmente, cuando el futuro está determinado por la inteligencia y la generosidad que se apliquen a continuar el trabajo común en una etapa que será mucho más exigente y compleja que una campaña electoral. Así que la función de estas notas, escritas después del desayuno y de una ojeada rápida a la prensa en papel e Internet, provisionales por tanto, es contribuir al debate. La provisionalidad me permite no cuidarme en nada de la corrección política].

1. Trato de ponerme en la piel de los colegas de Diagonal que ayer andaban enfrascados en las tareas de cierre mientras un centenar de militantes, amigas y amigos de Izquierda Anticapitalista, montaban una fiesta en el piso de abajo, aplaudiendo con entusiasmo los modestos datos que iban saliendo por el proyector, buscando los del barrio de cada cual, y los de Asturies, Cantabria, Sevilla, Barcelona (o de ese pueblo murciano llamado Fortuna donde se han superado el 5%), unos mejores que otros, pero todos acogidos como propios… Me pongo en la piel de ese colega que, mientras corrige las pruebas de Diagonal a las tantas de la noche, escucha cantar abajo “La Internacional” o “A las barricadas” (con una letra heterodoxa, por cierto, o será que cada generación canta las canciones de siempre como le da la gana) y me pregunto: “¿Pero por qué están tan contentos, si total sólo han sacado 25.000 votos?”

2. Intento responderle. Estamos contentos porque hemos trabajado mucho, muchísimo si se tienen en cuenta los medios disponibles, las barreras económicas, mediáticas… que ha habido que intentar saltar… Porque hasta las ocho de la noche, lo que valía era nuestro balance: el casi milagroso centenar de actos organizados; la colaboración encontrada en gente no militante, conocida y desconocida; la impresión general de que hacíamos las cosas mejor al final que al comienzo de la campaña, etc. Pero muchos, o algunos, nos temíamos que después de las ocho, un mal resultado electoral pagara mal el esfuerzo realizado y comprometiera el futuro de nuestro proyecto, a menos a corto plazo.

Y resulta que habíamos obtenido 25.000 votos y es un resultado digno. Ni más, ni menos que digno. Especialmente, teniendo en cuenta que era nuestra primera campaña política en un terreno tan hostil como el electoral /1 y que, al no contar con “cobertura mediática”, ni con el menor rastro de “voto útil” (con el que, por el contrario, nos han acosado en algún momento al final de la campaña) … los resultados han sido ganados a pulso por el trabajo militante. Por eso se pueden pensar que son suficientemente buenos para seguir trabajando con una razonable confianza en el futuro (un futuro en el que afortunadamente no parece que vaya a haber elecciones a medio plazo) aunque no tan buenos como para justificar ningún subidón. O sea, que estamos contentos, pero como dice la copla, no estamos locos… y sabemos lo que queremos.

3. ¿Qué queremos? Leo que Pascual Serrano critica lo que llama “frenesí electoral de la izquierda radical española”. Y concluye: “No estoy sugiriendo renunciar a la presencia institucional en la medida en que pueda haber algo de apoyo electoral. Pero por muchos momentos he tenido la sensación de que esa izquierda radical que tan coherente ha sido siempre en su discurso había perdido el sentido de la realidad y nadie se atrevía a recordarle que ni cada una de esas candidaturas era epicentro de la revolución inminente, ni iban a sacar un solo representante en estas elecciones en las que con tanto apasionamiento ingenuo pedían el voto. Espero que hoy, 8 de junio, se hayan dado cuenta”. Francamente, no reconozco en este juicio sumario nada que tenga que ver con la campaña de IA.

¿Por qué es “patético” pedir el voto y, es más, esforzarse por lograrlo cuando se sabe con toda seguridad que no se van a obtener diputados, sin ninguna necesidad de esperar al día 8 para verificarlo? ¿Por qué no se puede utilizar una campaña electoral para difundir un proyecto político y pedir el voto como una manifestación de simpatía, interés o apoyo a ese proyecto? Y si ese proyecto consiste en construir una alternativa política anticapitalista, determinada por la lucha y la organización social, para la cual ésta y cualquier otra campaña electoral es un episodio secundario, ¿en qué se legitima al sistema?

Señala Serrano, y en este punto coincido con él, que una campaña electoral tiende a ser “simplista y mercadotécnica”: personalización de las candidaturas, sobredimensión de los slogan y consignas, dificultad de organizar debates políticos serios… Eso forma parte efectivamente del repertorio de las campañas electorales y no me parece fácil cambiarlo, aunque hay que proponérselo seriamente; sin duda, ha habido errores de ese tipo en la campaña de IA. Pero no estoy de acuerdo en que se valoren las campañas a partir de estos problemas, y por otra parte, no todas las candidaturas han sido equivalentes en éste, ni en otros aspectos.

Creo que una campaña electoral, como cualquier otra actividad militante, debe ser analizada por sus objetivos, sus medios y sus resultados. La campaña electoral de IA no es un modelo de nada, pero creo que para quienes nos la hemos trabajado, ha cumplido razonablemente sus objetivos. Ahora hay escuchar qué piensan, especialmente quienes nos han visto desde el anticapitalismo, pero “desde fuera”. No hay que pedir indulgencia, pero me extraña, y lamento, que Pascual Serrano nos descalifique con chistes tan toscos como eso del “epicentro de la revolución inminente”.

4. En una campaña electoral tan dominada como siempre por las ocurrencias de los “grandes partidos”, por los “números” prefabricados por agencias de publicidad, por el cutrerío de la política-espectáculo… creo que hay que concentrar la atención en lo que ha podido moverse a la izquierda de social-liberalismo, aquí y en la UE. No es mucho, pero hay elementos de interés.

Antes, dos palabras sobre los resultados del “bipartido”. Estamos enfangados en la UE, y aquí, en una paradoja de la que no se consigue escapar. Por una parte, hay un amplísimo espacio de coincidencias entre el “Partido Popular Europeo” y el “Partido Socialista Europeo” cuyo resultado es la UE que conocemos, por la que más de la mitad de sus ciudadanos piensan que no vale la pena ni ir a votar. Estas coincidencias se dan también en aspectos centrales de las políticas “nacionales” (en el caso de nuestro país, por ejemplo, cuestiones centrales de política económica y política internacional, inmigración, “antiterrorismo”,…). A pesar de ello, la vida política permanece encallada en la “alternancia”, y dentro de un par de años, si todo sigue igual, estaremos otra vez dominados por eso de “cualquiera menos el PP”, “cualquiera menos Rajoy”. Y “cualquiera” será otra vez el PSOE y quien esté al mando. Esta estabilidad bipolar del sistema político es lo que hay que romper para que puedan abrirse expectativas de cambios sociales y políticos, que puedan llega a ser tan profundos y radicales como son ya necesarios.

Es verdad que la derecha española, en sus expresiones políticas y en su base social, es especialmente reaccionaria. Es tremendo comprobar hasta qué punto está acorazada incluso frente a delitos flagrantes de corrupción, y puede ratificar con la misma impunidad el rijoso cinismo moral de la Iglesia Católica o a la demolición de los servicios públicos,… Pero lo que está ocurriendo en la UE, y se refleja en los resultados electorales, es que combatir a este adversario, máxime en una crisis capitalista global, agarrándose al clavo ardiendo del social-liberalismo es un suicidio, a corto o a medio plazo. Italia no está tan lejos.

No hay mucho tiempo, pero hay tiempo. Se trata de cambiar las relaciones de fuerzas en la izquierda política, o sea, se trata construir otra izquierda política anticapitalista. Hay en la UE procesos en curso que responden con contenidos muy diversos a este problema. Hay que reflexionar y discutir abiertamente sobre Die Linke, el NPA, el Bloco (sin olvidar el balance de Rifondazione, que hace sólo un par de años se presentaba como la respuesta más creíble a este desafío); han obtenido resultados electorales dispares, pero antes de aventurar valoraciones, espero lógicamente que den a conocer sus propias opiniones.

Aquí, IU forma parte del problema, no de la solución.

5. Forma parte del “problema”, a pesar de que el cambio de discurso político y la búsqueda de recuperar por medio de una persona (Cayo Lara) la credibilidad perdida en la práctica, ha tenido resultados electorales muy discretos. A lo largo de la campaña he escuchado a varios dirigentes de IU asegurar que mejorarían mucho sus anteriores resultados electorales; han retrocedido de una manera apreciable en votos, aunque mantienen los dos diputados; he leído no sé donde que Meyer está “eufórico”; debe ser que lo único que le importan son los diputados.

Pero, en realidad, lo importante es el apoyo político que reflejan esos más de 580.000 votos. Es obvio que no se puede construir otra izquierda sin que esa base social se mueva. Y para que se mueva hacia la izquierda, hace falta que mire hacia la izquierda y que encuentre allí un referente político, con el que haya desacuerdos y conflictos, sin duda, pero también acciones unitarias y debates serios. Hay aquí una tarea complicada, pero a mi parecer fundamental para IA.

Y no forma parte de la “solución”, porque el proyecto de su dirección efectiva, -que es básicamente la misma de siempre, pero ahora convencida de que sólo puede salvarse del naufragio remando en la misma tabla-, está orientado a ser “partido de gobierno” (y “de lucha” se suele añadir, pero ya sabemos lo poco que dura esta pareja), o sea ser un aliado subalterno del PSOE en futuros “gobiernos de progreso”. Ésta es la política que en la primera legislatura del PSOE se llamó “exigente e influyente”, con los resultados que saltan a la vista, y que continúan ahora en Catalunya y Asturies. No es extraño que el líder de Die Linke Oskar Lafontaine utilice a IU como ejemplo de lo que llama “compromisos nauseabundos” http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2223 [1].

Quien expresa más crudamente este proyecto es, como siempre, Ángel Pérez, un poder fáctico suficientemente sólido como para no tener que recurrir a la diplomacia. En este sentido, es significativo que en una de sus pocas apariciones en la campaña electoral haya estado acompañado del nº 2 de CC OO (esta naciente complicidad es un signo de por donde sopla el viento en las instituciones de la izquierda: Pérez no se ha movido de donde ha estado siempre; el representante de CC OO viene desde un remoto pasado en la izquierda sindical).

6. Escribe Gemma Usabart en Diagonal nº 103. “Mientras la presencia de II era necesaria en un momento de retroceso del Estado de Derecho, la concurrencia a elecciones por parte de IA puede ser objeto de debate. Con respeto por los compañeros y compañeras que han llevado adelante esta iniciativa, una apuesta estrictamente electoral sin una amplia realidad política detrás no me acaba de convencer. Su debilidad radica en que, de momento, una iniciativa electoral (de ámbito europeo, pero también nacional o estatal) no es la respuesta a una necesidad real de los movimientos sociales, al menos en Catalunya y en la mayor parte del Estado español”. Me parece interesante debatir sobre estas ideas, teniendo en cuenta el resultado electoral.

Estoy de acuerdo en que la presencia electoral de II ha sido muy positiva, particularmente porque ha significado por sí misma un desafío y una desautorización radical de la política “antiterrorista” del sistema y sus desmanes antidemocráticos; por cierto, y por si quedan dudas, en ningún momento hubo propuestas de lista unitaria ni de II, ni de IA. Hubo siempre el respeto mutuo que se ha mostrado en la campaña.

En términos de “realidad político” el tema es muy discutible. Creo que hubo valoraciones muy exageradas del proyecto político de II tras la legalización de la candidatura (“el proyecto más importante de la izquierda en la última década”, llegó a escribirse y se pronosticó la elección de dos diputados). No cabe duda que II ha conseguido recoger en Euskal Herria el voto abertzale y que éste es un dato político muy a tener en cuenta, especialmente porque Otegi vinculó el resultado electoral con la apertura de un nuevo “proceso de paz”; sin duda, se ha reforzado ante quien corresponda esta propuesta y la línea que él representa. También es importante la votación de II en Catalunya, pienso que por razones fundamentalmente solidarias. En el resto del Estado los resultados son modestos, equivalentes en cuanto a “realidad política” a los de IA, por encima o por debajo según los lugares. No veo por qué la “realidad política” sea un argumento favorable a la presentación de II, pero no a la de IA.

Siendo conscientes de que somos una pequeña organización y de que en los movimientos sociales en los que militamos la opinión mayoritaria es indiferente u hostil a la construcción de una organización política, pensamos que una iniciativa electoral podía ser un buen soporte para difundir nuestro proyecto y mostrarlo en la práctica como lo concebimos: abierto, basado en una crítica global del capitalismo, enfocado a la convergencia con la izquierda social, articulado con otras organizaciones anticapitalistas europeas…

¿Lo hemos conseguido? En la medida de lo posible en una campaña electoral, creo que nos hemos aproximado bastante a nuestros objetivos inmediatos. Pero ahora cambia la escala de los objetivos. Respecto al proyecto de construir una alternativa anticapitalista, creo francamente que lo que hemos conseguido, solamente, es mostrar con claridad un punto de partida. Está casi todo por hacer.

7. Pienso que conviene incluir en los balances de la campaña una serie de iniciativas sociales que me parecen sintomáticas de problemas en las relaciones entre organizaciones sociales y organizaciones políticas, y entre la izquierda social y la izquierda política. Un par de ejemplos. La Alianza contra la Pobreza, una red de organizaciones sociales creada por iniciativa de la Coordinadora de ONGD y normalmente poco activa, organizó un debate para conocer las opiniones de “los partidos” e invitó al PSOE, al PP e IU, con criterios similares a los debates televisivos. Dudo mucho que esos partidos hayan valorado la invitación, pero en todo caso, la selección refleja una idea de la acción política entendida como lobby sobre los “partidos grandes”, despreciando a las organizaciones políticas comprometidas efectivamente en la movilización social. Hubo también otra variante de este enfoque: por ejemplo, una plataforma de ONGs europeas www.electioncampaign.eu [2] difundió unos “compromisos” que deberían asumir futuros parlamentarios sobre diversos temas (regulaciones financieras, comercio, “responsabilidad social corporativa”…). En este caso, la iniciativa se dirigió a todas las candidaturas, pero el objetivo de buscar consensos amplios de parlamentarios “progresistas”, no favorecía ni el debate sobre temas muy importantes, ni el conocimiento de la gente sobre las políticas de las candidaturas.

Este tipo de iniciativas (búsqueda de “compromisos de representantes políticos” sobre objetivos de consenso) se utilizan mucho para la “incidencia política” de las ONG. Hay ya suficiente experiencia y se pueden valorar sus resultados: creo que son marginales, en el mejor de los casos. En cambio, se utiliza menos aquí un tipo de iniciativa habitual en Europa y más interesante: las organizaciones sociales envían una encuesta para verificar cómo responden los diversos programas políticos a los objetivos específicos de la organización (p. ej: antinucleares, derechos LGTB, solidaridad internacional,…, o cuestiones más concretas: un ERE, un trazado de AVE etc.) y luego dan a conocer su valoración sobre las respuestas recibidas y, si es necesario, sobre la coherencia entre esas respuestas y la práctica.

A mi entender, todo lo que puedan hacer las organizaciones sociales para favorecer el debate político y para lograr compromisos efectivos y verificables con las reivindicaciones concretas de los movimientos sociales es positivo. Pero la búsqueda de supuestos consensos parlamentarios no funciona.

8. Creo que estamos asistiendo en la Unión Europea al proceso más importante de organización política de la izquierda desde 1968. Es muy diferente al de hace 40 años, por las condiciones generales en la que se da, especialmente desde el estallido de la crisis capitalista, pero también por la naturaleza de los ejes políticos que lo caracterizan. Resumiendo cuestiones que, sin duda, requieren mayo desarrollo, en el 68 esos ejes eran doctrinales (trotskismos, maoísmos, libertarios… en conflicto abierto) y de modelos estratégicos (insurreccionales, guerrilleros, “doble poder”…); ahora se refieren a puntos centrales de un programa político en construcción (rechazo de la participación en la gestión gubernamental, reivindicación del “Estado social”, autogestión, desobediencia civil...) y al tipo de organización militante (participación en movimientos sociales, democracia, pluralismo, critica de la profesionalización…). Cuando se empeñan en calificar a IA de “organización trotskista” el problema no es que no nos guste, es que no es verdad. Quien quiera saber lo que somos tiene que interesarse por la política que hacemos; con etiquetas doctrinales se hacen titulares fáciles, pero no se entiende nada.

La situación actual es más arriesgada porque está bajo la presión de problemas globales urgentes (ataques a los derechos laborales básicos, cambio climático, inmigración, neoimperialismo, extrema derecha “antiterrorismo”…), pero tiene mayores posibilidades de éxito porque puede apoyarse en la critica de las experiencias del pasado y porque tiene un carácter fundamentalmente político, y por tanto referido a la acción (como dice un amigo, de una forma más bien provocadora: “es más importante tener capacidad de iniciativa, que tener razón”, lo que admite una formulación más templada: “para tener razón, hay que saber traducirla en iniciativa”).

La campaña electoral ha sido un terreno hostil, pero teníamos un “manual de instrucciones” que mas o menos nos orientaba. Ahora el terreno es amistoso: los movimientos sociales, las luchas…, pero no tenemos “manual”.

Tenemos algunos criterios programáticos básicos; algunas experiencias hechas; una organización con una buena cultura democrática, muy joven, aprendiendo todavía a construir una convivencia plural y leal; una red internacional en marcha… Y ahora, hemos ganado algo más de confianza, algo más de gente, algo más de responsabilidad…

Sobre todo, hemos tenido que hablar con miles de personas, explicarles lo que pensamos, escucharles, buscar y conseguir la colaboración en los actos, la comunicación, el programa de la campaña… Esto no lo teníamos y lo hemos ganado. Hay que tratarlo con cariño porque es una red todavía frágil. No se trata de conservarla, sino de extenderla. Seguir trabajando en los temas del programa, más allá de las consignas; seguir incorporando gente a pensar y crear iniciativas más allá de los mítines y de las pegadas de carteles; entrarle más y mejor a temas sólo esbozados: software libre, modos de vida, cuidados, territorio,…; llegar a ser un referente para los grandes temas de debate sobre la economía, la cultura, la filosofía, la comunicación…

Y, como suele decirse, esto sólo es el comienzo /2.

M.R. miroba17@orange.es [3]


1/ A la hostilidad “objetiva” le añadimos algún obstáculo por nuestra cuenta: aunque sea una cuestión menor, no hay que olvidar el galimatías de la papeleta de voto: doble nombre, y en algunos lugares triple, doble e invisible logo, siglas exóticas…: lo digo por experiencia, había que tener buena vista y ganas para identificarla en la mesa electoral; a ver si se puede arreglar para la próxima.

2/ O también, como diría Pep Guardiola: “¡Abróchense los cinturones!”.



Fuente:
http://www.anticapitalistas.org/node/3976