"La Pelle at la Pioche" (El pico y la pala), un comité
de precarias y precarios vinculado al Nuevo Partido Anticapitalista
(NPA) organiza picnics en diferentes supermercados desde el otoño de
2008.
Empezaron en París y han continuado en varias otras ciudades como Nancy,
Clichy-La-Garenne, Amiens, Pantin ... Este “picnic de final de mes
difícil” está organizado por el colectivo el último sábado de
cada mes en un supermercado diferente, desde septiembre del año pasado.
La reacción es en general buena por parte de los consumidores; se trata
“de una manera de denunciar el bajón del nivel de vida, los márgenes
comerciales alucinantes de la gran distribución, y el reparto injusto
de las riquezas en periodo de crisis”, indica el colectivo.
“Los productos de primera necesidad aumentan y todo el mundo sabe
que hoy, con el salario o la pensión ... ya no hay bastante para vivir;
pedimos protección social”, ha explicado Omar Slaouti, cabeza de
lista del NPA en Île-de-France. “¡La redistribución en la gran
distribución! El precio de los cereales cae un 50%, pero el precio
de las pastas sube el 32%. ¿Quién saca provecho"?. Las reivindicaciones
del movimiento son éstas:
- la congelación de los precios de los productos de primera necesidad y la tasación de los beneficios en la gran distribución,
- el incremento de los salarios: 300€ de aumento para todo el mundo; no a los salarios inferiores a 1500€,
- la supresión del IVA sobre los productos de primera necesidad,
- un consumo inteligente, solidario y ecológico.
El secuestro de patrones es otra manera de luchar
El NPA se ha declarado favorable al secuestro de empresarios o directivos
por parte de los trabajadoras. "La ley está mal hecha", declaraba
Olivier Besancenot, el portavoz más conocido del NPA. Esta formación
apoya las acciones de los y las trabajadoras: ocupación de fábricas,
protestas, huelgas, secuestros ... Acciones cada vez más radicales
ante la arrogancia, la falta de escrúpulos del patronato, pero también
ante la parálisis de las direcciones confederales de los principales
sindicatos.
El camino de las luchas es
raramente cubierto de rosas. Para una franja creciente de la población
trabajadora, estas formas de lucha poco convencionales son una reacción
de legítima defensa ante los ataques cada día más violentos que representan
los despidos y la realidad de una crisis que aboca familias enteras
a la precariedad o la pobreza.
¿Dónde está la violencia?
La violencia radica en la sociedad actual, en la sociedad capitalista, en un sistema de beneficios capaz de organizar guerras como las de Irak o Afganistán, o de negar el derecho a la existencia de Palestina. Un sistema capaz -como lo hemos podido ver hace bien poco aquí- de descargar la represión policial contra el movimiento estudiantil incluso a través de un gobierno supuestamente de izquierdas.
La violencia está en la negación de un futuro para millones de personas, está en las injusticias, como la negación de una vivienda para todos y todas o de pensiones dignos para la gente grande o discapacitada...
Como dijo Olivier Besancenot durante su reciente estancia en Barcelona
en respuesta a un periodista: "Siempre preguntáis a las personas
que nos declaramos anticapitalistas sobre la violencia. Con respecto
a la violencia, tendríais que interpelar sobre todo a los gobiernos".
Ante la ofensiva patronal, la defensa del derecho a la dignidad, del derecho a tener un trabajo y un salario suficiente, irá encontrando nuevas formas de lucha, radicalizando los métodos tradicionales y cuestionando la eficacia de las viejas rutinas sindicales.
Hay que apoyar este nuevo impulso del movimiento obrero.
¡Contra la violencia patronal, luchas obreras!
Izquierda Anticapitalista




