En la primera quincena de Mayo hemos asistido a dos movilizaciones sindicales de diferente origen pero con similares protagonistas, el 1º de Mayo y la manifestación convocada por el CES en Madrid el día 14. Se hace necesaria una valoración de ambas citas para pulsar el estado de ánimo de los sectores más avanzados de la clase trabajadora y la disposición de las direcciones de las centrales sindicales mayoritarias a entrar en una dinámica de movilización.
La tradicional conmemoración del primero de Mayo se ha saldado este año con aumento de participación en las marchas y manifestaciones convocadas con respecto a las de anteriores años. Comienza a observarse un aumento en la preocupación de los trabajadores y trabajadoras por las persistentes amenazas de carácter chantajista que llevan profiriendo diferentes instancias patronales e institucionales con respecto al futuro de las pensiones, el coste del despido, etc,.. A su vez, se hace obligado señalar la presencia de cortejos de trabajadores afectados por EREs que, a pesar de constituir tan solo una minoría de los amenazados por la crisis, son los que están demostrando mayor capacidad de resistencia y visualización de su problemática. En definitiva, y sin caer en ilusiones sin fundamento, parece que algo se empieza a mover entre las bases sindicales.
La movilización del día 14 tuvo otro cariz. Convocada por las direcciones sindicales a nivel europeo, supuso sobre todo una demostración de fuerza del aparato sindical frente a los gobiernos. No en vano fue convocada a las 12 del mediodía de una jornada laborable, hecho que impidió a miles de personas asistir a esta manifestación. Pese a este detalle y a que el tono de las reivindicaciones estaban más cerca de lo institucional que de un llamamiento al combate y la resistencia, hay que valorar la primera movilización sindical europea en este periodo de crisis como una muestra de la capacidad de los sindicatos para mover y agitar a decenas de miles de personas. Ahora solo falta que exista la decisión sindical y política por parte de sus direcciones para iniciar un proceso de movilización sostenida y creciente que pueda hacer converger las luchas aisladas y parciales que se están dando.
Es en este último aspecto donde es necesario detenerse para posicionarse en el momento sindical, social y político que estamos viviendo. En una situación de permanente hostigamiento de la burguesía hacia la clase obrera es hace más imperativo que nunca levantar resistencias desde la base. Pero esto no es suficiente, es necesario que esta reorganización de la lucha desde la base tenga su reflejo en las direcciones de los sindicatos mayoritarios. Sabemos por experiencia que la burocracias sindicales están más ligada por sus intereses con el aparato estatal que con los trabajadores que sufren directamente los efectos de la crisis capitalista. Pero esto no las hace inmunes a la presión de sus afiliados de base y de los trabajadores en lucha. Debemos reforzar por tanto todos los procesos que puedan debilitar el control y la tarea de apaciguamiento social que ejerce la burocracia. Tanto desde dentro como desde fuera de los sindicatos mayoritarios se pueden poner en marcha estos mismos procesos y nosotros, como ha sido en el caso de la huelga general en Euskal Herria, tendremos que impulsarlos y apoyarlos sin fisuras si queremos que desemboquen en una movilización unitaria y una Huelga General que haga pagar a los capitalistas su crisis.
Izquierda Anticapitalista




