La extraña paradoja de una huelga

Lunes 15 de junio de 2009

Juan García Alonso *

Resulta difícil escribir una crónica de la huelga del sector del transporte por carretera de Asturias que se desarrollo durante los días 25 y 26 de Marzo, y esto, porque no queda claro, si por un lado fue necesaria y por otro si su resultado fue una victoria pírrica o no. Expliquemos brevemente los antecedentes. La patronal de mercancías, mayoritaria por el número de empresas, firmante del convenio colectivo para el sector se negó a la aplicación de la subida salarial pactada del IPC previsto (2%) más un 2% aplicable para este año (el Convenio es a 5 años del 2007al 2011), su argumento fue, además de la consabida letanía de las dificultades ocasionadas por la crisis, que el Ministerio de Economía no había hecho un previsión firme de inflación. Estos argumentos resultaban una falsedad manifiesta, pues desde hace ya varios años la previsión del 2% de IPC para todo el año, es norma por imperativo del BCE, que la considera un objetivo deseable aunque se pueda estar más o menos alejada de ella y todas las partes la asumen por convención explicita a la hora de pactar el convenio.

Los sindicatos manifestaron que no tolerarían el incumplimiento y se encaminarían a dar una respuesta contundente. El ambiente entre los trabajadores era de expectativa, pues creían que la patronal no podía incumplir algo ya firmado tan solo hace 2 años. Sin embargo, ésta se cerró en banda y mantuvo su postura. CCOO y UGT llamaron a una huelga indefinida a partir del 25 de Marzo y la asamblea de trabajadores decidió secundarla prácticamente por unanimidad. Sin embargo, el debate entre los trabajadores empezó justo en este momento y no antes como debería ser lo normal, las dudas no eran sobre la necesidad de responder a la patronal, eso estaba absolutamente claro, sino, si la magnitud de la respuesta aprobada era conveniente o no. Seguramente percibiendo este ambiente y por lo tanto la oportunidad, la organización patronal de empresas de viajeros decidió adelantarse ofreciendo aplicar la subida pactada en el convenio. Esta patronal se excluyó de la negociación y firma del convenio con la esperanza de dividir el mismo, en dos específicos para cada subsector. Fracasó y quedo fuera de su seguimiento aunque tuvo que aplicarlo al ser declarado de ámbito general por la autoridad laboral. Proponiendo aplicar la subida salarial la patronal de viajeros pretendió crear dudas ante la huelga y sobre todo entrar por la puerta de atrás en el convenio del que se autoexcluyeron, reconociéndoles como interlocutores válidos.

La fuerza sindical es diferente según el subsector que consideremos, importante en viajeros y débil en mercancías, directamente relacionada con las estructuras empresariales de ambos y la composición diferencial de la fuerza de trabajo. En viajeros hay empresas de mayor tamaño, en mercados protegidos por concesiones administrativas limitativas de la competencia y por lo tanto con un una fuerza de trabajo casi en su totalidad asalariada. En mercancías, las empresas son minúsculas, en un mercado cada vez más desregulado y con una fuerza de trabajo compuesta en un 70% por autónomos y el resto por asalariados, en muchos casos en relaciones con sus patronos fuera de convenio. La debilidad sindical en este último sector es providencial y en este conflicto quedó remarcada por la total oposición de los autónomos a tolerar la huelga y la escasa participación de los asalariados. En otras ocasiones el fuerte activismo de los piquetes integrados mayoritariamente de asalariados de las empresas de viajeros (urbanos en gran número) compensaba las carencias. En esta ocasión los piquetes fueron más pequeños y menos activos. Por lo tanto la huelga fue desigual: total en viajeros, aunque con escasa actividad en los piquetes y muy baja en mercancías. Desde que arrancó, la lucha no parecía que fuese a ir nada bien, las dudas entre los trabajadores eran cada vez mayores y el veneno de la división del convenio se propagaba como un virus en su conciencia. Las direcciones de los sindicatos jugaron una partida confusa desde el primer momento, oscilando entre un radicalismo teatral, y un transcurso negociador engañoso. Al final todo lo que dijeron que no harían lo hicieron: acordar la subida salarial con la patronal de viajeros, dando carta de legitimidad a sus aspiraciones de reconocimiento, y confiar la solución del conflicto del convenio con la otra patronal a un laudo arbitral dictado por la autoridad laboral.

La solución al callejón sin salida en el que se había metido la huelga se saldo teóricamente con una satisfacción para las aspiraciones de la mayoría de los trabajadores quedando el resto pendientes de un laudo que se prometía favorable. Y al final de este “camino de pasión” la pregunta es: ¿farsa o tragedia?

Sin duda las dos patronales han conseguido una victoria estratégica, pues ambas quieren convenios divididos con el doble objetivo de no depender la una de las servidumbres de la otra y además debilitar la fuerza estratégica que supone paralizar ambos sectores a la vez en una huelga. En cierto sentido se ha legitimado esta perspectiva para el futuro, incluso desde el punto de vista, de la opinión de una mayoría de los trabajadores del subsector de viajeros.

Se han puesto en evidencia ciertos métodos una vez más: escasa democracia real, manipulación informativa, nula visión estratégica y poca sinceridad. En definitiva, una vez más, queda claro que los trabajadores necesitamos afinar nuestros instrumentos de lucha, transformando el sindicalismo de clase mayoritario en un arma eficaz e inteligente de lucha y participando en la exigencia de una democracia obrera real en la práctica de nuestras organizaciones sindicales. Dentro de de dos años los trabajadores del transporte de Asturias afrontaremos la prueba de si podemos forjar esta perspectiva en una realidad.

* Juan García Alonso, comité empresa de TUA por CCOO

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