Entrevista a Kam Zarrabi, colaborador de la revista alternativa Counterpounch
Javier Espinosa / El Mundo
Kam Zarrabi es uno de esos iraníes que quiebran la uniformidad del análisis que se suele difundir desde la mayoría de los medios de comunicación occidentales. Durante su juventud, Zarrabi también participó en una de las explosiones de furia popular que suele registrar el escenario iraní de manera cíclica. En aquel entonces (1952) los chavales protestaban a favor de Mohammad Mosaddeq, el popular político que nacionalizó la industria del petróleo y cuya ascendencia suponía un desafío al poder del Sha, Mohammed Reza Pahlavi.
El iraní recuerda como sus compañeros estudiantes marchaban como hoy en día de casa en casa para recolectar firmas –a veces escritas con la propia sangre de los signatarios- que después se leían en la única radio que funcionaba en Teherán. Aquellas jornadas de alboroto también dejaron un truculento legado. Decenas de personas murieron bajo la represión de las tropas de Pahlavi hasta que la protesta le obligó a ceder frente a Mosaddeq. El refrendo de las multitudes no fue suficiente y un año más tarde el primer ministro Mosaddeq era apartado del poder por un alzamiento apadrinado por la CIA.
Pero su pasado como opositor no impidió que con el paso de los años Zarrabi -que porta una licenciatura en geología por la Universidad de California (EEUU)- se desempeñara como uno de los personajes claves del ministerio de Economía. Allí ejerció como director general y jefe del Departamento de Minas (1969-74) para después centrarse en la industria petrolera.
Con la victoria de la revolución islámica, Zarrabi decidió abandonar su país para instalarse en el territorio norteamericano donde adquirió la nacionalidad y combinó su profesión de geólogo, con la de investigador en filosofía, antropología o religión.
El autor de libros sobre Irán como ’Bajo la sombra de Zaratustra’ (2007) es uno asiduo comentarista de revistas alternativas norteamericanas como Counterpunch, donde intenta desmitificar los estereotipos establecidos en torno al régimen iraní que critica sin ambages pero sin caer en el maniqueísmo.
Zarrabi ha aceptado responder a una serie de preguntas que le envié por e-mail a su domicilio de EEUU, cuyas respuestas tienen aún mayor validez en unos días donde cualquiera -incluso sin haber estado nunca en Irán- se permite opinar sobre lo que está sucediendo allí.
-PREGUNTA: ¿Cree usted que las presente crisis ha sobrepasado el objetivo inicial, protestar por los resultados de los comicios, y los manifestantes están poniendo ahora en cuestión el propio sistema de la República Islámica?
-RESPUESTA: El movimiento fue desde el principio (una protesta) sobre el sistema y el liderazgo. Pero hay que ser muy cuidadosos. ¿Quiénes están dirigiendo este movimiento? Sólo mirando las imagines de los canales occidentales podemos advertir una gran multitud de manifestantes enfadados que portan pancartas escritas tanto en farsi (el idioma iraní) como en inglés. La mayoría de la juventud urbana, los estudiantes, académicos y la elite de la nación, (en definitiva) la burguesía que está descontenta con un gobierno basado en la religión ha exigido reformas ’democráticas’ desde hace mucho tiempo.
Aquí tenemos un problema del que no se está hablando. Que la nación (iraní) está compuesta de algo más que la elite urbana. La gran mayoría, los trabajadores de las aldeas, el herrero y el taxista, no están participando en esas manifestaciones. ¡Ninguno de ellos sabe inglés! Ellos también votaron y sus votos superaron claramente a los de la oposición. Para la mayoría silenciosa no existe problema alguno con el código de vestimenta y otras restricciones a las que sí se opone la burguesía.
-P: ¿Estamos ante la mayor crisis a la que se ha enfrentado el República Islámica?
-R: Si por ’crisis’ entiende manifestaciones y revueltas, sí. Hay que incidir en que en un sistema saludable la oposición y la disidencia son el motivo para los ajustes sociales que nos llevan a un mejor gobierno.
Pero en un sistema (el iraní) bajo la constante amenaza del cambio de régimen o de ataques, los gobernantes tienen la tendencia a posponer las reformas o ajustes para impedir las interferencias externas. Desgraciadamente, eso también puede usarse como excusa para mantener e incluso reafirmar el control y reprimir cualquier movimiento de oposición.
-P: ¿Qué importancia tiene en esta algarada la posible disputa entre Ali Khamenei y Hashemi Rafsanjani?
-R: Creo que es el asunto principal tras la escena. Las manifestaciones no habrían podido adquirir estas proporciones si no fuera por esta competición creciente por el poder entre los dos sectores de los clérigos. Rafsanjani era un empresario adinerado incluso antes de la revolución de 1979. Es un verdadero pragmático que ha acumulado una increíble fortuna pero carece de las credenciales religiosas suficientes para reemplazar a Khamenei. Si alguien sustituye a Khamenei tendría que tener el título de ayatolá (Rafsanjani sólo ha alcanzado un escalafón menor, el de Hoyatoleslam).
Pero cualquier continuación del sistema bajo un liderazgo religioso no será del gusto de los disidentes que se manifiestan en Teherán. Lo que quieren es reformar el sistema y pasar de uno islámico al secular.
-P: La Guardia Republicana y los Basiji ¿son cuerpos monolíticos que apoyan al líder de la República sin atisbo de duda?
-R: No creo que los diversos grupos militares y milicias sean sólo una pandilla de robots que siguen las órdenes de forma ciega. Pero sin embargo si están compuestos de gente común que suele inclinarse hacia la ortodoxia. Hay que recordar que cuando Sadam Hussein atacó Irán en 1982 las clases adineradas y a la última moda de las ciudades, los mismos que hoy vemos en las manifestaciones, no fueron los que formaron la línea del frente en las batallas ni sus hijos quienes se lanzaron a los campos de minas para limpiar el camino a las milicias de voluntarios que se enfrentaban al enemigo.
-P: Hossein Mousavi ha sido durante décadas un leal miembro del régimen, que se desempeñó como primer ministro entre 1981-89. ¿Por qué ha decidido desafiarlo ahora?
-R: Porque pensó que dado que sus credenciales ajenas al clero no le cualifican para enfrentarse al sistema podía ganar el apoyo de la clase media y alta, o lo que he llamado nueva burguesía. También creyó que tendría el apoyo de altos clérigos como Jatamí. Esa apuesta fue correcta y obtuvo la gran mayoría de los votos de esas clases. Pero sus seguidores, por muy visibles y ruidosos que sean, fueron menos (en las elecciones) que los leales al régimen, un hecho que los medios occidentales se niegan a admitir.
Hasta aquí las opiniones de Zarrabi, pero me gustaría añadir un dato más para quebrar la uniformidad informativa que se aprecia en los medios europeos. El resultado que las autoridades iraníes han otorgado a Mahmoud Ahmadineyad en estos comicios (62,6 por ciento de los votos) es casi igual al que obtuvo en la segunda vuelta de las votaciones del 2005 (61,69 por ciento). En cualquier caso para quienes deseen profundizar aún más en lo acaecido en estos sufragios lo mejor es remitirles a los dos mejores análisis que han aparecido, en mi opinión, en la prensa anglosajona, uno de la BBC y otro del diario de Emiratos Árabes Unidos, The Nacional.
Izquierda Anticapitalista




