Concédeme libertad ... o un día de compras

Sábado 18 de julio de 2009

 Jonathan Cook | Counterpunch

La realidad de las promesas de “paz económica” para los palestinos del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu no se están examinando en ningún sitio tanto como en Jenin, la ciudad del norte de Cisjordania que se está promoviendo agresivamente como un modelo potencial de cooperación con Israel.

Conocida una vez como Ciudad de los Mártires por la gran cantidad de suicidas que mandó a Israel, Jenin fue el escenario de un combate brutal en 2002 cuando el ejército israelí volvió a ocupar la mayor parte de Cisjordania.

A los israelíes les cuesta olvidar que ahí fue donde sufrieron la mayor cantidad de bajas en una sola batalla, 23 soldados muertos al volver a tomar la ciudad Israelis. A los palestinos les cuesta olvidar que el enorme campo de refugiados de Jenin fue arrasado con bulldozers y que se asesinó a 56 habitantes en unos pocos días.

Pero hoy Jenin, la primera ciudad palestina encerrada detrás del muro de separación de Israel, está siendo celebrada (al menos por Israel) como un exitoso experimento de construcción de paz .

Los palestinos armados que antes deambulaban por la ciudad se han ido y han sido sustituidos, durante el día, por fuerzas de seguridad palestinas ligeramente armadas y adiestradas en Jordania por un general estadounidense, Keith Dayton.

Los soldados israelíes, por su parte, tienen un acceso sin restricciones a la ciudad entre mediodía y el ocaso, aunque los habitantes de Jenin afirman que hoy en día raramente hacen incursiones.

Para Netanyahu Jenin representa su mejor esperanza de convencer a Washington de que los palestinos se contentarán con una “paz económica y diplomática”, como la calificó en el consejo de ministros del domingo, en vez de con Estado pleno.

El proceso de reducción de las restricciones empezó antes la toma de posesión de Netanyahu en marzo. El año pasado Ehud Barak, entonces como ahora ministro de Defensa, calificó a Jenin de “gran éxito” en lo que de forma generalizada se interpretó como una prueba de la preparación palestina para un Estado, en términos israelíes.

El pasado mes de mayo se permitió la presencia en la ciudad de fuerzas de seguridad palestinas. Desde entonces Israel ha eliminado varios de los checkpoints que separan a Jenin del resto de Cisjordania en un intento de incentivar el comercio.

La semana pasada Israel amplió esta política al anunciar que el puente del Rey Husein, la única conexión de los palestinos con Jordania y el mundo árabe, permanecería abierto 24 horas al día.

Además, el gobierno israelí ha respaldado la creación de un parque industrial patrocinado por Alemania cerca de Jenin que un día podría proporcionar miles de puestos de trabajo. Otros cuatro parques, todos ellos financiados con dinero extranjero, se han planificado para otras ciudades cisjordanas que se supone seguirán el ejemplo de Jenin.

Se ha dado permiso para trabajar dentro de Israel a unos pocos cientos de hombres de Jenin, la mayoría de ellos como trabajadores manuales, mientras que unos pocos empresarios tienen permiso para hacer negocios en Israel.

Pero se ha considerado que el efecto más inmediato sobre la economía de Jenin (aunque sea uno relativamente menor) es la decisión de permitir a los propios ciudadanos palestinos de Israel ir a Cisjordania en viajes de un día.

Los cálculos israelíes sugieren que los viernes y sábados, cuando las ciudades israelíes están cerradas para los negocios, cientos de ciudadanos palestinos de Israel (árabes israelíes, como los denomina el gobierno) viajarán a Jenin por el paso fronterizo de Jalameh.

Sin embargo, los negocios no son precisamente florecientes, reconoce Khaled Rabaya, jefe de ventas de Herbawi, unos grandes almacenes de cinco plantas abierto en mayo con la esperanza que de una mejoría económica.

“No se está asfixiando a Jenin como antes”, afirmó. “Las cosas están mejorando lentamente y esperamos que todavía mejoren aún más”.

Pero hasta el señor Rabaya tuvo que admitir que el número de compradores que se pasean entre los pasillos de productos europeos, desde sofás a vajillas, era fácilmente superado por el de los vendedores.

La mayoría de los habitantes de Jenin no se pueden permitir productos de lujo, mientras que aunque los ciudadanos palestinos en Israel se sientan atraídos por los precios más baratos, se encuentran constreñidos por la limitación de que sólo pueden entrar a pie.

Ali Kmaid, un taxista que transporta a los árabes israelíes los dos kilómetros que separan [el paso de] Jalameh de Jenin, afirmó que la ciudad estaba esperando ansiosamente a que, como se ha prometido, se abriera el paso a los coches en octubre.

El cambio más evidente en Jenin es en el campo de refugiados que ya no es el espacio devastado de hace unos pocos años. Se ha reconstruido con fondos del Golfo, aunque el ejército israelí insistió en unas limitaciones de construcción: las calles son lo suficientemente anchas como para que un tanque pueda circular por ellas.

Si pocos de los habitantes de Jenin ponen en duda los beneficios financieros de la más liberal política de Israel, existe el sentimiento generalizado de que la “paz económica” se ha hecho a la medida de los beneficios para Israel, del mismo modo que se ha reconstruido el campo.

“Si Netanyahu se cree que nos contentaremos con unos pocos compradores israelíes, se engaña”, afirmó Mohammed Larool, vendedor de melones. “Nuestros derechos como nación son más importantes que el que yo venda unos cuantos melones más”.

Khaled Hamour, de 26 años, que dirige el restaurante Mankal en Jenin, afirmó que la prosperidad de los negocios era relativa. “Las cosas han estado tan espantosamente mal aquí que el menor alivio se siente como un cambio importante”. “Pero mientras sigan aquí los asentamientos, se dispare contra nuestros agricultores y no tengamos control de nuestras fronteras, la paz económica es falsa”.

Shir Hever, un economista israelí de Jerusalén, afirmó que tenía dudas de que se fuera a abrir nunca el parque industrial de Jenin o de que los frutos de la paz económica fueran algo más que temporales. “Netanyahu no tiene un plan a largo plazo para la paz”, afirmó. “Esta es una táctica dilatoria y un intento de mejorar la imagen de Israel a nivel internacional sin hacer concesiones significativas”. Y añadió: “En esta política también hay un mensaje político para Jenin y el resto de Cisjordania: acordaos de que tenéis la suerte de no estar en misma situación que Gaza. No resistáis o acabaréis como ellos”

Hace una década los fines de semana Jenin estaba abarrotado de miles de árabes israelíes y de judíos. Pero las largas esperas, los agobienates registros de seguridad y la necesidad de pasar por interminables torniquetes de metal (todo lo cual recordaba demasiado al trato que daba Israel a los trabajadores palestinos cuando podían dejar Gaza) posiblemente desanimó a muchos ciudadanos palestinos.

“Israel espera que los palestinos dentro de Israel estén preparados para ayudar a los palestinos en los territorios ocupados”, afirmó Tareq Shehadeh, un agente turístico de Nazareth invitado a Nablus esta semana para dar una conferencia sobre cooperación a través de la Línea Verde. “Pero no irán a Cisjordania si se les trata como a terroristas cada vez que lo hacen”

Samia Ziadat, del pueblo árabe israelí de Mqeibleh, estaba esperando su turno para pasar por los controles de seguridad con sus cinco hijos después de una breve visita a su marido enfermo en Jenin. “No tengo más remedio que ir a Jenin, pero me sorprende que alguien quiera soportar esta humillación a menos que esté obligado a hacerlo” .

Jonathan Cook es un escritor y periodista que trabaja en Nazareth, Israel. Sus últimos libros son Israel and the Clash of Civilisations: Iraq, Iran and the Plan to Remake the Middle East (Pluto Press) y Disappearing Palestine: Israel’s Experiments in Human Despair (Zed Books). Su página web es www.jkcook.net.

Una versión de este artículo se publicó en The National (www.thenational.ae) de Abu Dhabi.

Enlace con el original: http://www.counterpunch.org/cook07152009.html

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos
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