Crónica sobre la Formación de Jóvenes de la IV Internacional

Jueves 3 de septiembre de 2009

“Una gran experiencia revolucionaria de diez días. Una de las mejores experiencias que hayamos vivido.”

Ernesto Manuel Díaz Macías, militante de Izquierda Anticapitalista y militante en el movimiento estudiantil

Ni estas ni veinte mil frases parecidas podrían resumir el contenido político, cultural y social que vivimos en la escuela de jóvenes de Ámsterdam, experiencia que nos traemos con nosotros como un dulce recuerdo. Pero que ni parezca por asomo que aquello se quedó en un intercambio mutuo de experiencias con los compañeros de otros países. ¡Nada más lejos de la verdad! Todos estábamos allí con un objetivo claro, convertirnos en grandes cuadros para algún día hacer la revolución. Desde las ocho y media de la mañana, hora tope para el levantar diario, la tensión política se hacía sentir. Un desayuno rápido precedía a las tres horas intensas de brillantes exposiciones por parte de una serie de ilustres camaradas, que durante los diez días se convertirían en no más que simples compañeros. Al término de esas tres horas, el trabajo colectivo autogestionado nos dejaba como resultado un gran almuerzo en el cual no cesaban ni los debates ni las cuestiones que rondaban nuestras cabezas, a riesgo de echar humo por las orejas. Un rato libre después de la comida, en el cual lo más normal era o leer o seguir debatiendo, precedía a tensos debates por idiomas que daban grandísimos frutos en forma de conclusiones. Y para culminar el día nada mejor que una exposición conjunta de dichas conclusiones y el inicio de un debate colectivo, que muchas veces dejaba sin aliento incluso hasta a los ya mencionados ilustres ponentes.

Pero todo no fue solo política…Desde el primer día la barrera del idioma hizo sentir su fría piedra. Pero la solidaridad y el saberse allí por un objetivo común fueron más que suficientes para que al tercer día ya todos chapurreáramos inglés, francés (cosa bastante más difícil) o aún las malas partíamos a la búsqueda de Alex para que nos tradujera. Definitivamente el idioma no iba a ser lo que nos separara. Todo ello dio lugar al despliegue de un grandísimo abanico de bromas que se entendían en todos los idiomas, y su solo pronunciamiento provocaba risas y miradas cómplices. Todo ello fue tomando forma, cuerpo e intensidad a lo largo de la escuela, lo que provocó que la despedida fuera mucho más amarga de lo que cabía esperarse…

Todo ello ha supuesto una inyección de energía política y vitamina revolucionaria para el curso que comienza. Al sabernos en las mismas luchas de alguna forma estaremos juntos con los compañeros de la escuela (parafraseando a un amigo) y así el dolor de la despedida es mucho menor.

 

Ernesto Manuel Díaz Macías, militante de Izquierda Anticapitalista y militante en el movimiento estudiantil

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