Leni Jungclas (1917–2009)
Friedrich Dorn, Internationalviewpoint.org
Nuestra camarada Helene Jugclas, conocida como “Leni”, murió el 28 de junio de 2009. Nació con el nombrte de Helene Perz, el 22 de agosto de 1917, en una familia socialdemócrata de Colonia y empezó su actividad política en 1929 en las juventudes de la “Freidenker”, los “librepensadores” que, hasta la destrucción de las organizaciones obreras en 1933, proporcionaba una alternativa laica a las iglesias cristianas para socialistas y constituía un importante pilar del movimiento cultural obrero en países como Alemania y Austria.
Tras la guerra, como muchos de los antiguos miembros del SAP (que no había sobrevivido a los debates del exilio sobre el Frente Popular, el estalinismo, la unidad del movimiento socialista y demás), se unió al SPD y a la asociación de juventudes obreras en el seno de “Los Falcones” (Sozialistische Jugend – Die Falten). Desde 1947, Leni formó parte de una corriente marxista en el seno de la sección local del SPD, el futuro núcleo “trotskista” de Colonia. A principios de los años cincuenta, conoció a Georg Jungclas, conocido como “Schorsch”, se convirtió en su pareja, y posteriormente militó activamente en las filas de la sección alemana de la Cuarta Internacional. Schorsch fue el secretario político de la sección alemana desde 1946 hasta 1967 y miembro de la dirección de la Internacional entre 1948 y 1974 [véase el artículo de Ernest Mandel que adjuntamos al final].
Con él, estuvo en todas las batallas: trabajo “entrista” en el Partido Socialdemócrata y, sobre todo, en las organizaciones de juventud que tenían una hegemonía aplastante en el movimiento obrero de Alemania Occidental, contra el abandono definitivo del marxismo por parte del SPD, no solamente en la práctica, sino también a nivel programático (Programa de Bad Godesberg de 1959), movimientos contra el rearme y la bomba atómica, solidaridad con la Revolución argelina…
Sin integrarse en la corriente “trotskista”, su padre, Will Perz, aceptó convertirse en el director legal de la pequeña publicación Freies Algerien (Argelia libre, 1958-1962): “Si es útil para la revolución haré cualquier cosa”, afirmó el viejo militante socialdemócrata. Con sus camaradas de Colonia, Schorsch era el centro de la publicación y de abundantes iniciativas públicas, semilegales o clandestinas, en apoyo al Frente de Liberación Nacional argelino (FLN).
Leni describía así las condiciones en las que vivió la pareja: “el dinero que recibía Schorsch de la organización apenas era suficiente para pagar los sellos, el teléfono y una parte de los gastos del trabajo político. (…) Excepto durante periodos bastante cortos, no teníamos local, todo ocurría en nuestro piso, las reuniones se hacían en el comedor”.
En un discurso hecho en 1997 en el ochenta cumpleaños de Leni, nuestro camarada Jakob Moneta destacaba: “Se decía que Schorsch había llevado el peso del movimiento trotskista alemán sobre sus espaldas. Pero olvidamos añadir que, a su vez, era Leni quien llevaba a Schorsch sobre sus espaldas”. Fue Leni quien llevaba a cabo buena parte del trabajo doméstico y quien ganaba el dinero que les permitía sobrevivir y aportar su gran hospitalidad a tantos camaradas. Trabajó primero en una sombrerería (era propietaria de una tienda que servía a su vez de local de reuniones), más tarde en la administración de un servicio público.
Tras la muerte de Schorsch en 1975, Leni siguió apoyando las actividades de nuestra corriente como miembro del GIM (Grupo Marxista Internacional), del VSP y, tras nuestro esfuerzo de reorganización de 2001, en la Izquierda Socialista Internacional (ISL). Con sus consejos sobre la vida política, sus formidables almuerzos y sus anécdotas sobre la vida de no pocos líderes de la Internacional de los años cincuenta y sesenta siempre estará presente en la memoria de los que la conocimos, en Colonia y en otros lugares.
Georg Jungclas
Georg nació en una familia socialista de izquierda contraria al apoyo a la guerra imperialista prodigado por la dirección Ebert-Scheidemann-Noske del SPD a partir del 4 de agosto de 1914. A la edad de 14 años se adhirió a la Juventud Socialista de Altona (en los suburbios de Hamburgo), posteriormente militó en grupos ilegales y se adhirió a la Liga Espartaquista y al KPD [Partido Comunista Alemán]. Tuvo una actividad revolucionaria intensa que le obligó a pasar a la clandestinidad en 1921-22 y, de nuevo, en 1924-26. Se ligó a Hugo Urbahns, el jefe del aparato armado del KPD de Hamburgo y dirigente de la insurrección de octubre de 1923 en esa ciudad, en la que Georg Jungclas participó. Como Hugo Urbahns, perteneció a la fracción de izquierdas del KPD, dirigida por Ruth Fisher y Arkady Maslov. Sin embargo, mientras estos últimos capitularon ante Stalin junto a su jefe de filas internacional, Zinoviev, Urbahns continuó su combate de oposición, fue exluido en 1928 y fundó la Leninbund. Georg Jungclas siguió la trayectoria política de Urbahns, que le condujo a la Oposición de Izquierdas Internacional. Urbahns se separó rápidamente de ella debido a la cuestión de la defensa y la naturaleza de la URSS (debate precipitado por la cuestión del “ferrocarril chino” en 1929). Jungclas, al contrario, participó en el primer núcleo trotskista que cristalizó en el seno del Leninbund, y posteriormente también fuera, y que publicó el órgano Permanente Revolution. Será en este órgano donde aparecerán la mayor parte de los análisis de Trotsky durante los fatídicos años 1930-1933, análisis que llamaban –en vano– a la construcción de un frente único comunista-socialdemócrata contra el ascenso del nazismo y que buscaban agrupar a la vanguardia obrera alemana, insistiendo en el extraordinario peligro que representaba para el proletariado alemán, internacional y soviético la llegada de Hitler al poder.
La victoria del nazismo, a la que un puñado de trotskistas alemanes intentaron oponerse por todos los medios, obliga a Jugclas a emigrar, tras varios meses de actividad clandestina, (participación en la última conferencia nacional del clandestino IKD en Alemania misma) y un esfuerzo de reconstrucción del grupo trotskista de Hamburgo en la ilegalidad, Georg vivió en Dinamarca, país al que ya se había desplazado para encontrarse con Trotsky durante la conferencia pública que éste pronunció para celebrar el 15 aniversario de la revolución socialista de octubre. En ocasión de esta conferencia pública, Trotsky pudo entrar en contacto por primera vez con representantes de la mayoría de los grupos trotskistas creados en Europa, entre ellos Georg Jungclas. Desde Copenhague, Georg Jungclas (“Albert” en la clandestinidad) participó en las actividades del IKD clandestino, cuyos militantes estaban diseminados por toda Europa entre la emigración alemana. Contribuyó particularmente a la difusión del órgano Unser Word, publicado primero en Praga, posteriormente en París y finalmente en Amberes. Los lazos que tejió con la extrema izquierda danesa durante esos años de exilio se revelaron de un gran valor durante la ocupación de Dinamarca por el ejército nazi en marzo de 1940. Georg Jungclas fue un militante activo de la resistencia antinazi danesa, a la que aportó su gran conocimiento de las técnicas de lucha clandestina. Pudo salvar de ese modo la vida de numerosos militantes obreros y de numerosos judíos, tanto daneses como refugiados alemanes.
Su contribución a la creación del movimiento trotskista danés fue decisiva. Podemos decir sin riesgo de equivocarnos que fue el verdadero fundador del trotskismo en Dinamarca. Arrestado por la Gestapo en 1944, fue transferido a Hamburgo y condenado a muerte. Vivió durante semanas en una celda de condenados a muerte, al lado del futuro presidente del Bundestag Gerstenmaier, que había estado implicado en el complot del 20 de julio de 1944. Transferido por los nazis a Baviera en vísperas del hundimiento del Tercer Reich, escapó de milagro a la ejecución. Fue en ese momento cuando debió tomar una decisión que iba a determinar los últimos treinta años de su vida.
Como sucedió con la mayor parte de los antiguos prisioneros políticos antinazis, se le ofreció una carrera asegurada y muy bien remunerada en el seno del nuevo aparato de Estado en reconstrucción. Al contrario que la inmensa mayoría de los socialdemócratas, estalinistas y centristas, rechazó esta oportunidad de llevar una vida tranquila, tras más de veinte años de tormentas y privaciones, durante los cuales muy a menudo no tuvo nada que llevarse a la boca. Tomó cantimplora y camello y se puso en marcha, apoyado por menos de media docena de supervivientes de la organización trotskista de antes de 1933, para reconstruir la sección alemana de la IV Internacional. Hay que haber conocido los años sombríos de hambre de 1945-48; luego el decenio de restauración ultrarrápida del capitalismo germano-occidental (1949-1958); posteriormente los años desmoralizadores de retroceso de la conciencia de clase del proletariado bajo el efecto combinado de esta restauración, de la “guerra fría”, y de las traiciones políticas socialdemócratas y estalinistas, para comprender el mérito de Georg Jungclas, quien se consagró con una dedicación admirable a la tarea de mantener y rejuvenecer un núcleo trotskista en la RFA.
Durante esos años de un aislamiento extremo, -¡en ningún lugar de la Europa capitalista fue tan larga y oscura “la travesía del desierto” como en la RFA!- Georg mantuvo sus viejos lazos y tejió otros nuevos, combatió por cada militante, llegó a viajar centenares de kilómetros en trenes sin calefacción, en pleno invierno, para visitar un solo nuevo afiliado potencial. Se entregó con un coraje ejemplar para defender el programa, la línea y la táctica de la IV Internacional. Lo hizo con un gran sentido táctico, enriquecido por un profundo conocimiento de la clase obrera y del movimiento obrero de su país, aguijoneado por una experiencia excepcional que se apoyaba en el conjunto de la herencia del movimiento revolucionario alemán e internacional. Fue así como consiguió captar la importancia de la resistencia victoriosa de Tito y del PCY contra Stalin; como entendió el alcance de la oposición contra la remilitarización en la RFA; como operó el giro necesario hacia el entrismo en la socialdemocracia; como participó con entusiasmo juvenil en la lucha en apoyo a la Revolución argelina, lucha que organizó desde sus inicios hasta el final en la RFA con resultados muy notables. Fue así como presintió mejor que no pocos jóvenes el potencial que albergaba la oposición de los estudiantes socialistas (la SDS) al congreso de Bad-Godesberg. Cuando los camaradas de la SDS fueron expulsados del SPD, Georg, solo entre los “antiguos”, se solidarizó de un modo manifiesto con ellos y dimitió del SPD para protestar contra tal expulsión.
A partir del ascenso del movimiento estudiantil en 1967-68, Georg tuvo el gozo de ver cómo centenares de jóvenes ingresaban en la sección alemana de la IV Internacional. La “travesía del desierto” tocó a su fin. Tuvo la gran satisfacción todavía más profunda de ver el “avance” del trotskismo en Francia, en España y en otros países, de asistir al noveno y al décimo Congreso Mundial de la IV Internacional, que manifestaron un inicio de transcrecimiento de nuestro movimiento de un pequeño grupo de propaganda hacia una organización revolucionaria ya implantada entre las masas y capaz de influenciar la marcha de la lucha de clases. Fue entonces cuando se inició la cuarta etapa de su vida, quizás la más importante. Tuvo que garantizar prácticamente solo la transmisión a esos jóvenes cuadros y militantes la rica herencia del trotskismo germano e internacional. Para este antiguo estibador, que tenía grandes dificultades para escribir, que nunca tuvo confianza en sus capacidades intelectuales, por lo demás muy notables, fue un esfuerzo a menudo penoso trocar la cantimplora y el camello por la máquina de escribir, la actividad de dirigente de la organización por la de educador de los jóvenes.
Se aplicó a la tarea con un coraje comparable al que desplegó para abordar las demás actividades y necesidades que el movimiento le había impuesto. El resultado fue una serie de folletos y libros, como el de la historia de la I Internacional y el de la historia del Primero de Mayo, que nuestro movimiento tendrá el honor de traducir a varias lenguas, y la, desgraciadamente inacabada, historia del trotskismo alemán. Con Georg Jungclas, la IV Internacional y su sección alemana han perdido a un dirigente de una rectitud moral y política que resume lo mejor que ha habido en la clase obrera alemana, que ha dado al proletariado mundial tantos héroes y mártires, algunos de los más admirables de su historia. Hemos perdido a un camarada de combate y a un amigo muy querido, al que nos unía un combate común de treinta años. No hay más que un modo de honrar su memoria y su amistad: construir, reforzar, contribuir al “avance” de la sección alemana de la IV Internacional.
Izquierda Anticapitalista




