
Marat de asaltarloscielos | Kaos en la Red
Hace pocas semanas un compañero de partido, Izquierda Anticapitalista, expresó en una reunión de organización un concepto que venía a dándome vueltas desde hace ya algunos años. Venía a decir algo así como “la izquierda institucional, PSOE e IU han renunciado a arrebatar Madrid a la derecha”.
Desde hace 18 años (1991) la derecha gobierna el Ayuntamiento de Madrid y desde hace 14 años (1995) gobierna también en la Comunidad de Madrid.
Independientemente de la ubicación y el juicio políticos que nos merezca el PSOE lo cierto es que la derecha sociológica es hoy mayoritaria en la capital y la región. Llegó a principios de los 90 para quedarse.
Se han analizado sobradamente las razones de esta inversión sociopolítica en la capital y la región madrileñas, por lo que nos limitaremos a mencionar sólo algunas de las principales:
- La desmovilización de las “izquierdas” mayoritarias y del movimiento ciudadano vaciado de cuadros a finales de los 70 y durante los 80 para ocupar las instituciones.
- La paulatina desindustrialización de la capital y también en gran medida de la región, esta última hacia las provincias limítrofes de Castilla-La Mancha, mucho más “generosas” en las condiciones de radicación industrial.
- La expulsión de las generaciones jóvenes de trabajadores y clases media y media-baja de la capital y la región como consecuencia del fuerte incremento del precio de la vivienda
- La transición de un modelo sindi.cal reformista pero aún parcialmente combativo a otro de gestión, pacto social y concertación.
- La ruptura de las redes tradicionales de socialización de la izquierda.
- El debilitamiento de la cultura política de la izquierda y el abandono del trabajo de concienciación política en beneficio de la expansión de los valores liberales y de fuerte individualismo durante las 3 décadas anteriores.
- La mesocratización ideológica de amplios sectores de las clases trabajadoras, seducidas por la cultura de consumo y de propietariado.
- La labor de expansión de las redes de clientelismo social de la derecha a través del asociacionismo conservador y de su enganche institucional.
¿Y en estos años de terrible imperio de la derecha en Madrid qué ha sucedido? Entre otras cosas....
La especulación urbanística (ciudad del Real Madrid, enterramiento de la M-30, desarrollo de la ciudad olímpica para mayor honra y gloria de Tutam-Gallardon,...) se ha convertido en la práctica más enloquecida del urbanismo madrileño. La alianza y la colusión de intereses entre los políticos de la derecha y la mafia de la construcción ha alcanzado las más altas cumbres del proceso de construcción de una ciudad para la burguesía y la expulsión de los sectores populares de la misma por la imposibilidad de encontrar una vivienda digna asequible.
El desmantelamiento más crudo e indecente de los servicios públicos: procesos hacia la privatización de la sanidad, de la enseñaza, del transporte público, del Canal de Isabel II,...en beneficio del negocio en sectores en los que la iniciativa privada debiera estar vetada.
La ruina municipal del Ayuntamiento más endeudado de España (26.000 millones de € en abril del 2009), la cual será enjugada con crecimientos siderales de los impuestos municipales (IBI, de circulación,....) y con el invento de nuevas tasas (basuras,....)
Un ataque brutal contra el laicismo(potenciación de los grupos próvida, creciente influencia de las ordenes religiosas y de los grupos católicos más ultraderechistas como el Opus Dei o Comunión y Liberación en la enseñanza,...)
Crecimiento a sus anchas de las bandas nazifascistas que semana sí y semana también cometen sus crímenes y tropelías sin que los cuerpos policiales al mando de las instituciones madrileñas hagan nada para frenarlos.
Conversión de CajaMadrid en la palanca financiera de los proyectos empresariales de un sector del gran capital (Iberia, Mapfre, Realia, Endesa, Indra, NH Hoteles,...) español, en detrimento de su dimensión de entidad privada de interés social.
La persecución, el hostigamiento y el derribo de las iniciativas sociales y populares que luchan por una forma de cultura no mercantilista.
¿Quién combatirá este estado de cosas, este lodazal en el que la derecha ha convertido Madrid?
¿El PSOE del Ministerio del Interior que reprime y practica la caza del inmigrante, el de Tomás Gómez cuyo plan para CajaMadrid se diferencia de poco del que tiene el PP y cuyos planes privatizadores apenas difieren de los de la derecha? ¿Ese PSOE que hace florituras dialécticas en el Parlamento Regional pero que, en la práctica, no se opone a Esperanza Aguirre, Ruiz Gallardón y las corruptelas de sus mariachis? Más bien no.
¿Izquierda Unida, con personajes tan turbios como Moral Santín, cómodamente instalado en CajaMadrid, en apoyo de una de la facción pepera de Gallardón, mientras las huestes de Tomás Gómez lo hacen a las de la señora Aguirre? ¿La IU que dio la mano al PP para facilitar el pelotazo de 83.0000 millones de € de Florentino Pérez en la recalificación de la vieja Ciudad Deportiva del Real Madrid, el “de las glorias españolas”? Me parece que tampoco.
Estas “izquierdas”son sociedades de socorros mutuos para el “desarrollo profesional” de un equipo de mercenarios de la política, sin otra pretensión que su propia supervivencia en la Comunidad, el Ayuntamiento y sus chiringuitos derivados y su oposición es mero simulacro para su galería de votantes. Han abandonado a la ciudad y la región de Madrid a su suerte a manos de la derecha depredadora.
No. La alternativa a la derecha, la recuperación de Madrid para la izquierda tendrá que venir de los sectores más sanos de su sociedad, del movimiento ciudadano, de los trabajadores y los sectores golpeados por la crisis capitalista, de la cultura crítica y opuesta a su mercantilización, de los ecologistas que cuestionan este sindios de ciudad del cemento que ha aniquilado un concepto de urbe a la medida del ser humano, de los altermundistas, de los que creen en una ciudad abierta y para la convivencia entre los que han nacido aquí y los que han nacido fuera, muchos de ellos más allá de nuestras blindadas fronteras, de los antifascistas, de los que luchan por una vivienda digna, del movimiento antiespeculación, de los urbanistas progresistas que no conciben una ciudad ni una región en la que primen los intereses privados y urbanísticos, de los grupos políticos que están a la izquierda de la izquierda, de muchos y diversos, de todos los que no nos resignamos a la resignación de esa “izquierda” pusilánime y entregada de hoz y coz al enterramiento de la inteligencia, el progreso y el carácter abierto, alegre y dinámico de la que un día fue una ciudad de la cultura con el punto irreverente de una sociedad que en los años 70 volvía a respirar el anhelo de unas libertades democráticas.
Se aducirá que el esfuerzo es gigantesco, que la derecha tiene bien tomada la medida a Madrid, que la pasividad y la falta de ganas de lucha frustrarán cualquier esperanza de cambio, que la pretensión es ilusa, que no hay energías para el cambio, que es pretencioso sólo el hecho de pensarlo. Y no le faltarán razones a quien así piensa pero las transformaciones sociales y de cultura política suelen nacer de las utopías desechadas por los “realistas” como impracticables.
Del carácter correcto de las propuestas, de su socialización y discusión abierta y en plaza pública, de su capacidad de contrastarse con la realidad, de la mentalidad de suma y de la voluntad basada en la pasión de los proyectos nacen dichas transformaciones y no de la fatalista resignación ante una realidad que no nos gusta.
Madrid necesita pensarse, ser para sí, perder ese complejo de ciudad y región casposas y fachas que otros interesadamente han querido dibujar en sus particulares fobias a partir de la búsqueda de identidades que deben más a la negación que a la afirmación.
No fue casposa ni facha resistiendo al fascismo bajo las bombas criminales de su aviación en la Guerra Civil, como tampoco lo fue en los duros años de lucha antifascista durante el franquismo y no tiene porque seguir siendo el feudo-experimento de la España reaccionaria que proyecta el PP, a menos que aceptemos como inevitable destino lo que es un presente ya demasiado largo.
Para cambiar esta realidad, a la que jamás debemos resignarnos, no bastará la reivindicación y la lucha contra lo que no queremos sino que serán fundamentales el pensamiento y las ideas, llevadas a la práctica, como anticipo de lo que queremos.
Necesitamos convertir Madrid en un laboratorio de ideas y propuestas, de experiencias de poder popular, de espacios de debate y participación que hagan frente a la carcoma institucional de la corrupción económica y política, el recorte a las libertades y el horrendo monumento a la insolidaridad que la acción de la derecha y la dejación cómplice de una “izquierda” acomodada a su esfera de influencia han construido.
Hay experiencias interesantes en el esfuerzo por
repensar Madrid. La del Observatorio Metropolitano, con su Manifiesto por
Madrid(http://www.observatoriometropolitano.org/manifiesto-por-madrid-
Es necesario también divulgar esas reflexiones, convertirlas en palanca de acción política y social de modo que lleguen a amplios sectores de la ciudadanía y la hagan suya como parte de un proyecto de transformación y cambio cultural y políticos que implique a miles de personas en una misma dirección: derrotar a la derecha en Madrid y reconstruir la izquierda.
Soplan malos vientos para la izquierda en España, no debemos engañarnos. La política económica liberal del PSOE, aderezada de pseudoproclamas de izquierda y de bienintencionadas “obras pías” como particular concepto de justicia social, se hará más dura y reaccionaria, para frenar la presión de la banca y la gran patronal y el chorro de críticas que les cae desde el ala derecha de su propia bancada política (Solchaga, Almunia, Fernández Ordóñez,....),
Frente a ese hecho no podemos ser ingenuos. La decepción que provoque el PSOE no favorecerá a las posiciones de izquierda en España y particularmente en Madrid. Los sectores desengañados, por su fuerte componente conservador y de bajo perfil político correrán a abrazar a la derecha, con Gürteles y sin Gürteles. Cuando la pseudoizquierda hace política de derechas descalifica a la izquierda en su conjunto y los desencantos por la izquierda suelen refugiarse en la abstención, la desmovilización y la frustración o, en el mejor de los casos, en una izquierda ligeramente menos desvaída. Hablo de izquierda en el sentido de tradición cultural para la ciudadanía no en su sentido político ni en su práctica.
En este contexto, el trabajo para recuperar la izquierda sociológica en Madrid y para reconstruir un bloque social de progreso que haga frente a la derecha más reaccionaria que tiene en la región y en la ciudad su joya de la corona de su estrategia fascistizante, no debe subordinarse a convocatoria electoral (por otro lado aún lejana) alguna ni a ninguna tentación de plasmar mecánicamente el esfuerzo social y político por lograrlo en un peso representativo concreto. Sería un error de bulto poner el objetivo en un nivel de apoyo electoral concreto. Ese sólo puede ser el resultado de hacer una buena labor de concienciación ciudadana y de refuerzo de las posiciones populares. Y ello no porque se desdeñe la expresión matemática de un cambio en la correlación de fuerzas izquierda-derecha sino porque se correría el riesgo de no comprender que lo decisivo es cambiar el estado de cosas en Madrid, la pasividad de la ciudadanía de izquierda, recuperar la iniciativa y la propuesta, reforzar el tejido social combativo, construir alternativa social y que sin ello no hay nada futuro en la esfera de lo político o sólo la realización de un trabajo en beneficio de su capitalización por parte de quienes menos merecedores son de ello, cuando no cómplices de la situación que hoy viven la ciudad y la región. Recordemos quién fue el beneficiario de las movilizaciones contra la marea negra del Prestige o de la Guerra de Irak.
De lo que se trata es de levantar una izquierda combativa de hechos y no de palabra, con apoyo social y capacidad de movilización, con ideas para Madrid y propuestas ilusionantes, que estimule el activismo social y la recuperación del sentido crítico de la ciudadanía de una izquierda que está sumergida pero existe, aunque sea en estado letárgico y al que haya que despertar.
Para lograr esa meta son necesarias muchas mediaciones, múltiples instrumentos y energías, una gran diversidad de espacios de lucha y pensamiento, capaces de converger, convivir, respetarse y sumar en ese objetivo que debe de ser común, si deseamos salir de la esterilidad y el ghetto al que la derecha reaccionaria madrileña pretende conducir las luchas parciales.
Ello supone abrirse a la ciudadanía progresiva, generar alianzas y complicidad, enriquecer el tejido asociativo, implicar a los que hoy están en su casa, potenciar una participación real y no meramente ritualizada, elevar la particularidad de las reivindicaciones a un plano superior, capaz de sintetizar y hacer converger demandas y finalidades, diversidades e intereses.
Las redes y el tejido asociativo son dos buenos medios para establecer relaciones y potenciar una comunicación que enriquezca la particularidad de cada sector en lucha con las aportaciones de otros, para generar sinergias y solidaridades, para integrarlas en una dirección concreta (sin pastoreos pero sin falsos apoliticismos).
Pero esas redes hoy son todavía débiles, parciales, sólo proyecto de su deber ser porque ni han alcanzado la dimensión necesaria, ni han pasado del plano de la militancia para convencidos al de la influencia social y la participación masiva de los aún no politizados, ni tampoco integran adecuadamente en cada lucha la resonancia solidaria del resto de las luchas progresivas.
Necesitamos conocer qué ciudad y qué región queremos (no basta saber lo que no queremos) y socializarlo, debatiéndolo con la gente, incorporando lo más enriquecedor de sus propuestas, y difundirlo.
Para ese trabajo de difusión no nos sirven los medios ajenos en los que ocasionalmente aparezcamos como eco testimonial y minoritario de un espacio comunicativo que sólo en parte nos sea próximo pero cuyos propósitos y finalidades no vayan a acompañarnos demasiado lejos.
Necesitamos uno propio, casi exclusivamente centrado en la meta de arrancar Madrid de la caspa reaccionaria, de hacer otro Madrid posible y de dar a conocer cómo lo haremos. Un medio propio con vocación de amplio seguimiento, apoyo y repercusión sociales, que rehuya la tentación de dirigirse sólo a los convencidos para centrarse en la intención de convencer a muchos.
¿Y de dónde puede surgir esa izquierda que inicie el proceso si apenas hay izquierda a la izquierda en Madrid?
Sin duda de la voluntad de poner un proyecto en marcha, del análisis correcto de la realidad en la que está inmersa la sociedad madrileña, de la capacidad elaborar alternativas adecuadas y de confrontación frente a esa realidad que no nos gusta, de mantener una actitud abierta y no patrimonial, de la generosidad para impulsar lo de todos antes que la ventaja propia, siempre de cortos vuelos, de la humildad para aceptar que tenemos mucho que aprender y una gran necesidad de escuchar antes de proponer.
El camino es largo, la desidia mucha, la traición de la izquierda institucional vergonzosa y la tarea titánica. Pero no hay otro camino. Eso o ver cómo el PP nos convierte Madrid en Berluscolandia II.

































































