Izquierda Anticapitalista Madrid
En defensa de unos
servicios 100% públicos, gratuitos y de calidad
Una
sociedad que desmantela sus servicios públicos es una sociedad que camina hacia
la barbarie.
Es la
existencia de unos servicios públicos gratuitos, universales y de calidad lo
que garantiza que las necesidades más básicas de la población no se vean
sometidas a los imperativos y caprichos del mercado. Su privatización, por el
contrario, promueve que derechos ciudadanos de crucial importancia (educación,
sanidad, vivienda, etcétera), pasen a ser una mercancía sólo al alcance de
quienes puedan pagar por ella. La mercantilización de espacios crecientes de
nuestras vidas no hace más que profundizar la enorme brecha económica y social
que caracteriza a nuestras sociedades, negando la posibilidad de llevar una
vida digna a grupos de población que, actualmente, ante la ofensiva
privatizadora en curso y bajo los estragos de la crisis económica, ya no pueden
ser considerados minoritarios.
El
ataque que el gobierno de Esperanza Aguirre en nuestra Comunidad y el de
Gallardón en la capital están llevando a cabo contra los servicios públicos madrileños
es implacable. Este gobierno, que ostenta el dudoso privilegio de haber sido
pionero -junto con el de la
Comunidad Valenciana- en la privatización de nuevos servicios
públicos y en la exploración de novedosas fórmulas privatizadoras, sigue
avanzando en su ofensiva neoliberal a un ritmo trepidante. Algunos ejemplos
recientes son suficientemente significativos de la gravedad de la situación en la Comunidad de Madrid:
El
sistema sanitario madrileño, cuya situación ya es de por sí alarmante, no deja
de sufrir ataques de envergadura. A la vuelta del verano el gobierno de la Comunidad
ha cerrado tres laboratorios públicos que funcionaban perfectamente y en los
que se acababan de instalar nuevos equipos. Estos cierres “inexplicables”
tienen un objetivo evidente: ahora las muestras a analizar se encargan a un
laboratorio privado, aunque para ello sea necesario recorrer, en ocasiones, más
de 80 kilómetros. Por otra parte, la
Consejería de Sanidad (con el Acuerdo de los sindicatos
presentes en la Mesa Sectorial)
ha decidido trasladar 380 camas y a 649 trabajadores/as del hospital Clínico a
otros siete hospitales, lo cual es el paso previo para “sacar” parte de esas
camas y de esos trabajadores/as del sistema público. También han optado, a
pesar de la férrea oposición de las asociaciones vecinales del distrito, por que
el futuro hospital de la cárcel de Carabanchel sea totalmente privado. Por
último, el PP madrileño se dispone a aprobar próximamente en la Asamblea de Madrid la llamada ley
de “Libre elección y Área Única”, lo que abrirá de par en par las puertas de la
sanidad madrileña a las empresas privadas.
La
ofensiva contra nuestro sistema educativo también se ha intensificado en los
últimos tiempos. Se está ampliando la concesión de conciertos educativos a
organizaciones religiosas cada vez más conservadoras, como los Legionarios de
Cristo o Comunión y Liberación. Además, si hasta hace poco se solían concertar
unidades ya existentes, ahora se promueve la cesión gratuita de suelo público a
este tipo de entidades, para que construyan en él sus colegios de carácter
privado y elitista. Es así como en los barrios de nueva creación proliferan los
centros privados concertados, quedando los centros públicos en clara desventaja
numérica; en ocasiones, cuando los centros privados ya están en funcionamiento
no existe todavía ni un solo centro de titularidad pública al cual acudir.
Simultáneamente, se va recortando el presupuesto destinado al sistema público, que
ve cómo sus condiciones de personal y medios son cada vez más precarias. La
actuación del gobierno de Aguirre en la etapa no obligatoria de la educación
infantil es particularmente alarmante: primero “solucionan” la falta de plazas potenciando
la matriculación en la privada y dando a los padres el “cheque escolar” como
presunta ayuda para sufragar los gastos, en vez de vez de construir nuevas escuelas
infantiles públicas; pero como buena parte de las escuelas infantiles privadas
no cumplen las condiciones mínimas de calidad legalmente establecidas, se aprueba
un nuevo decreto que sustituye al 1.014 y en el cual se baja considerablemente
esos criterios de calidad: ya no es necesario que las escuelas cuenten con
espacios ajardinados, se incrementa el número de niñ@s permitid@s por metro
cuadrado, se sube el ratio de niños por cada profesional educativo a cargo, y se
reduce la titulación necesaria de maestro a un ciclo formativo de grado medio (lo
que además lleva aparejada una notable reducción salarial). A esto hay que
añadir que la gestión de las nuevas escuelas infantiles públicas se otorga
mediante concursos en los que se priorizan los proyectos más baratos, no los de
mejor calidad educativa. Es así como estas escuelas pasan a ser gestionadas por
empresas del estilo de Ferrovial o el Corte Inglés.
Ahora el gobierno regional se propone dar un paso que hace
poco tiempo hubiera parecido impensable: privatizar el agua. El año pasado anunció el inicio de la privatización del
Canal de Isabel II, empresa responsable del abastecimiento de agua de la Comunidad de Madrid, mediante su transformación en una sociedad
anónima, así como la venta a particulares del 49 % de las acciones. A nadie se
le escapa que la gestión de un recurso natural limitado y escaso como es el
agua conlleva actuaciones que no debieran depender de su rentabilidad económica.
El hecho de que sea el criterio empresarial el que gestione el ciclo integral
del agua en nuestra región pondrá en riesgo aspectos ambientales y sociales de
suma importancia. A esto habría que añadir otros casos igualmente escandalosos,
como el que Aguirre haya convertido TeleMadrid –según denuncian sus trabajadores-en
su coto privado y en instrumento de censura de toda forma de disenso y de
intoxicación masiva, poniendo así el canal público al servicio de su política
neoliberal y de los intereses de la jerarquía eclesiástica y los sectores más
reaccionarios. También es alarmante, por ejemplo, cómo leyes como la Ley de Dependencia promueven que las empresas privadas hagan
negocio con las desatendidas necesidades de cuidados de la población
dependiente de nuestra región.
Lamentablemente
los ejemplos son numerosos y graves. Es por tanto evidente que detener la política
privatizadora en la Comunidad
de Madrid es una cuestión crucial. La renuncia tanto de la izquierda
institucional como de los sindicatos a hacer una verdadera oposición a un
gobierno que atenta tan directamente contra los intereses de la población es
incomprensible. Valga como ejemplo de esta complicidad tácita el papel que
juegan los sindicatos, especialmente en sanidad, actuando de comparsa y
apoyando con su firma la mayoría de las agresiones de Esperanza Aguirre.
Desde
IA nos comprometemos a trabajar para detener el avance del proyecto privatizador
y reaccionario que Esperanza Aguirre tiene para nuestra Comunidad. Esa
resistencia sólo puede surgir de la organización desde la base, de la constitución
en los barrios y pueblos de plataformas de usuarios y de trabajadores de los
servicios públicos, así como del trabajo comprometido de organizaciones sociales y políticas. Se trata
de avanzar hacia la formación de un amplio movimiento social que sea capaz de
evitar la privatización de los servicios públicos, reclamar la recuperación de
aquellos servicios públicos que ya nos han sido expropiados, y reivindicar que
éstos respondan no al interés económico de unos pocos, si no a las necesidades
sociales de la mayoría.
