Antoine Boulangé/ NPA
En el contexto de crisis económica y política actual, Sarkozy, apoyado por su fiel caniche Besson (ministro de la inmigración ndt) juega la carta del nacionalismo y del racismo: “Es preciso reafirmar los valores de la identidad nacional y el orgullo de ser francés”.
El balance del gobierno es catastrófico: 700.000 parados más en un año, una congelación generalizada de los salarios, una precariedad en aumento, se está lejos del “trabajar más para ganar más”, por no hablar de la multiplicación de los escándalos… A cinco meses de las elecciones regionales, esta ofensiva política intenta unificar al electorado que podría utilizar el voto al FN (Frente Nacional, extrema derecha ndt) para protestar de la peor de las maneras contra la política actual.
Besson confiesa abiertamente el objetivo político de esta
operación cuando dice: “No habríamos debido abandonar jamás al Frente Nacional
un cierto número de valores que forman parte del patrimonio republicano”.
Parece mentira, pues desde hace años Sarkozy recupera todos los temas racistas y seguritarios del FN a fin de fagocitar su electorado. Pero para que eso funcione, tiene que ir cada vez más lejos en la puja. Esta política no es solo electoralista. Intenta mantener las divisiones en el seno de la clase obrera. Haciendo de la inmigración un problema, el gobierno quiere hacer creer que los extranjeros son una amenaza, de ahí la necesidad de “reafirmar nuestra identidad nacional”. Se encuentran chivos expiatorios que “roban el trabajo a los trabajadores franceses”, se desvía la cólera de los verdaderos responsables, los capitalistas. Este argumento fue ampliamente utilizado en los años que siguieron a la gran crisis de 1929, con las consecuencias trágicas que se conocen.
Sarkozy se inscribe completamente en la política del “choque de civilizaciones” que sirve de cobertura a las campañas imperialistas en Oriente. Cuando Besson declara que “no hay debate: el burka es inaceptable y contrario a los valores de la identidad nacional”, instrumentaliza los pocas centenares de mujeres concernidas diabolizándolas y las encierra en su casa cuando habría, al contrario, que permitirles volverse hacia el exterior, lo que significa medios para centros sociales, formación gratuita…
La defensa del laicismo, “valor nacional”, no carece tampoco de cinismo, cuando el recientemente elegido Sarkozy declaraba en 2007 que « el enseñante no podrá jamás reemplazar al cura o al pastor”, y cuando el gobierno no deja de multiplicar los regalos a la enseñanza católica concertada.
De hecho, esta campaña de estigmatización es la justificación ideológica de la guerra criminal que Francia lleva actualmente en Afganistán, es la preparación de una eventual guerra contra Irán.
La izquierda debería denunciar la maniobra política racista que no llevará más que a oponer a las comunidades entre ellas: blancos contra negros, occidentales demócratas contra integristas musulmanes… ¡Sin embargo, es al revés!. Segolene Royal (dirigente socialista ndt) declara que “es preciso reconquistar los símbolos de la Nación…La Nación en su origen es un concepto de izquierdas” y Arnaud Montebourg dice que “iremos a defender los valores de la Francia eterna”.
Para nosotros, anticapitalistas, hay que rechazar la defensa de la identidad nacional. La nación no es un concepto de izquierdas!. Es en nombre de esta identidad, de la misión “civilizadora de la República francesa” que se colonizó la mitad del mundo de 1880 a 1914. Es en nombre de esta República que se asesinó a 35.000 argelinos el 8 de mayo de 1945. Contrariamente a Segolene Royal, no estamos orgullosos de la bandera “azul-blanca-roja”. Se ha convertido en el símbolo de la opresión y de la explotación. .
Es siempre tras la bandera de la nación como se ha arrastrado a los pueblos a las guerras mundiales. Manouchian (héroe de la resistencia antinazi en Francia ndt), del que todo el mundo se reclama hoy, no luchaba contra los alemanes sino contra los nazis, su bandera era roja y no tricolor. Desde el siglo XIX, los primeros socialistas habían mostrado que el nacionalismo es uno de los peores obstáculos para derrocar al capitalismo pues oculta los verdaderos antagonismos, la lucha de clases. Da la ilusión de que como “franceses”, tendríamos intereses comunes con Pinault, Bouygues, Dassault (poderosos grupos económicos franceses ndt)…
Es la hora de actuar, reagrupando a todos quienes quieren luchar contra el racismo, por la regularización de los sin papeles, contra la Europa fortaleza e imperial. De Bamako, de Caracas, de Gaza, de Kabul, de Argel, de Nueva York… debemos unirnos alrededor de la bandera del internacionalismo, retomando por nuestra cuenta la conclusión del Manifiesto del Partido comunista, escrito hace 160 años, “¡Trabajadores de todos los países, uníos!”.
Somos internacionalistas y orgullosos de serlo.
Traducción: Alberto Nadal
Izquierda Anticapitalista




